Jesús, el equilibrio

En esta campanita, y en la siguiente, se resume lo que se encuentra más detalladamente en la parábola La Hipotenusa y en el primer capítulo del libro La Higuera & La Campana, cual relatada también, de viva voz, en la conferencia “Del Nobel a la paz“.

Esta exposición, más larga que campanitas anteriores al ser una lección de la ciencia moderna al amor de Dios, se basa en un par de procesos que ilustran cómo ocurre la fragmentación.

El primero es un juego de niños que se entiende fácilmente moldeando plastilina:

Dibujada arriba está una barra uniforme tal y como sale de la caja. El juego empieza cortándola por un factor dado, digamos el 70% a partir de la izquierda, como lo muestra la línea vertical. Luego el juego sigue, apilando el pedazo más grande hacia la izquierda y alargando el segundo pedazo, también hacia la izquierda, de modo que se formen dos piezas contiguas de igual tamaño horizontal. Claramente, la primera pieza es más alta que la barra original y la segunda es más baja.

El proceso continúa repitiendo lo mismo en cada pedazo y en la misma proporción. Así, al siguiente nivel aparecen cuatro elementos, cuyas masas son, de izquierda a derecha, el 70% del 70%, o sea el 49%; el 30% del 70%, o el 21%; el 70% del 30%, o el mismo 21%; y el 30% del 30%, que da el 9%. Claramente, 49 más 21, más 21, más 9 da 100%, en virtud al bien conocido principio de la “conservación de la plastilina”, algo que no funciona muy bien si hay niños traviesos en casa. Como se observa, el próximo nivel contiene ocho piezas y el rectángulo más masivo continúa creciendo en altura. Como la base del “rectángulo” allí mide la mitad de la mitad de la mitad, o sea 1/8, y como el área del rectángulo (en verdad el volumen) es igual a 0.7 al cubo, la altura da 1.4 al cubo, la cual es 2.74 veces más grande que la barra original.

Se puede calcular—sin mayor dificultad—lo que el juego produce si se emplean particiones arbitrarias p y q. Al primer nivel del juego, debajo de la barra inicial, las cantidades de masa son precisamente p y q. Al segundo nivel se obtiene, en orden, p de p, o p al cuadrado; p por q; q por p; y q al cuadrado, lo cual no es nada más que la expansión familiar de p más q todo al cuadrado.

Como de nivel a nivel las masas se dividen multiplicando por p a la izquierda y por q a la derecha, después de n niveles aparece la expansión de p más q todo a la potencia n y al juego, relacionado con el triángulo de Pascal, se le conoce como una cascada multiplicativa.

Luego de doce niveles, la barra original se rompe en muchas espinas (4.096 de ellas) ordenadas por capas, y la escala vertical para p = 0.7 aumenta dramáticamente pues es 1.4 a la potencia 12 o 56.69 unidades:

Como se observa, las espinas visibles y a su vez palpables con dolor al tocarlas desde arriba, tienen diversas densidades. La espina más alta, mostrada comprimida pues de lo contrario no cabría en la campanita, ocurre una vez y contiene p a la potencia 12 de la masa. El rectángulo más pequeño a la derecha, y ciertamente invisible cual un puntito, ocurre también una vez y contiene q a la 12 de la masa. Luego, existen 12 espinas grandes que contienen p a la 11 por q y también 12 espinas pequeñas (también invisibles) que contienen p por q a la 11, hay 66 espinas que contienen p a la 10 por q al cuadrado y otras 66 con p al cuadrado por q a la 10, y así sucesivamente. Las capas de espinas se entrelazan finamente y sus densidades aumentan simétricamente en la medida en que nos adentramos al triángulo de Pascal por lado y lado.

Ciertamente no es nada fácil caminar este objeto—y mucho menos cuando el número de niveles es verdaderamente grande y aumenta hacia el infinito—, pues para ir de un sitio a otro, perteneciendo a la misma capa de plastilina o no, se requiere bajar y subir muchísimas veces, pues dichas espinas, para cualquier capa, terminan estando separadas por brechas.

Este juego divisivo, bien denotado como “el juego de los desequilibrios”, produce eventualmente infinitas capas de espinas con tamaños infinitos, que en efecto no se tocan si pertenecen a la misma capa. Así, cada capa de espinas emana de una colección dispersa e infinita de puntos separados por brechas, los cuales, por lo tanto, tienen la estructura vacía del polvo. Lo que estaba unido antes de empezar el juego se fracciona en infinitas espinas infinitas sobre infinitos polvos y al objeto producido por el juego se le conoce como un multifractal.

Para apreciar plenamente la estructura vacía que existe en cada una de las capas del jueguito desequilibrado, es pertinente introducir otro juego de niños, tal y como se describe a continuación:

Este proceso también se juega moldeando plastilina, pero en vez de cortar la barra original por un valor de p igual al 70%, se hace por el medio, y apilando a la izquierda y a la derecha de modo que quede una brecha de tamaño un tercio en la mitad. Al igual que antes, este juego continúa dividiendo de la misma manera y apilando en cada pedazo usando la misma proporción, de modo que, al final, produzca una multitud de elementos de igual longitud que, al no tocarse, define una construcción curiosa de espaguetis perfectos.

Claramente, este juego sencillo y también divisivo, conocido como el juego de los vacíos, es otra cascada multiplicativa que genera espinas de igual tamaño que, al emanar de una colección de puntos separados por brechas, tiene, nuevamente, la estructura dispersa y vacía del polvo.

Sucede que al variar el tamaño de la brecha o hueco en este segundo juego, del valor 1/3 a un tamaño arbitrario h, la construcción ajusta la estructura topológica vacía de cada una de las capas presentes en el primer juego. Mientras que las capas más densas en el juego de los desequilibrios requieren de la propagación de una brecha pequeña en el juego de los vacíos, aquéllas más dispersas en el primer juego corresponden a huecos más grandes en el segundo juego.

La moraleja es que los dos juegos, aunque lucen diferentes, están, al final, íntimamente relacionados. Ambos son cascadas divisivas que fragmentan la barra original en espinas sobre polvo, con la salvedad que el juego de los vacíos vive dentro del juego de los desequilibrios en cada una de sus capas …

… Ocurre que el primer juego de niños se relaciona con la forma en que sucede la turbulencia natural en el aire, el mismo proceso común lleno de movimientos súbitos y violentos que asusta a los niños al viajar, por ejemplo, en un avión.

Cuando el número de Reynolds, Re = (v · L)/μ, es suficientemente grande, la inercia en el fluido, dada por el producto de la velocidad v y una distancia característica L (en el numerador), subyuga la cohesión del mismo, dada por su viscosidad μ (en el denominador), el fluido—el aire—no puede permanecer unido y se rompe en una cadena irreversible de remolinos, que se dividen en más remolinos, y así sucesivamente:

Dichos remolinos, que siempre viajan hacia adentro—o sea de más a menos como se observa por ejemplo en el flujo de un huracán—cargan consigo energías desiguales que corresponden precisamente a las masas de la cascada desigual, con el desequilibrio p curiosamente igual al 70%. La turbulencia resulta no ser predecible pues los remolinos más masivos no siempre suceden a la izquierda sino que lo hacen a ambos lados, como guiados por el “azar”, y la cascada tampoco ocurre hasta el infinito pues el proceso cinético ineludiblemente termina y se disipa en forma de calor, cuando los remolinos son suficientemente pequeños.

Notablemente, y como lo reportaron los investigadores Charles Meneveau y Katepali Sreenivasan en 1988, las observaciones para diversos flujos, tanto naturales como en el laboratorio y que incluyen turbulencia atmosférica, capa límite, la estela de un cilindro y otros, exhiben siempre capas de energía cuando se mide a lo largo de una línea, y ellas son consistentes con el rompimiento sucesivo de remolinos en remolinos empleando siempre la razón 70-30 del primer juego de niños …

… Dado que el aumento en entropía de la turbulencia natural ocurre universalmente mediante una cascada sencilla, un buen día se me ocurrió, sin duda inspirado por la situación violenta que vivía mi patria Colombia, el emplear los procesos en cascada para modelar cómo nosotros los humanos creamos nuestra propia turbulencia. Después de todo y más allá de una metáfora, nosotros los niños, desde Afganistán hasta Zimbabue, confrontamos “fuerzas inerciales” que rompen nuestras “cohesiones internas” y, cuando esto sucede, al cruzar el umbral de nuestros propios números de Reynolds, se generan “comportamientos intermitentes” y turbulentos que eventualmente dan lugar a la violencia. Pues, aunque lo queramos negar, muchas veces nos equivocamos y pecamos repitiendo el mismo error, partiendo una y otra vez, ya sea basados en posturas de superioridad (o inferioridad):

o impidiendo la participación de algunos en el juego de la vida:

En este espíritu, mientras que el primer juego puede ser empleado para describir de una forma vívida la proliferación de desigualdades generada por nuestros instintos preferenciales y competitivos que dan lugar a un marcado cinismo en la gente (como le sucede a quién no le prestan el balón), la segunda cascada puede ser usada para representar los efectos atroces de las discriminaciones y sus relacionadas desconfianzas y miedos (como el que sabe que puede perder más que el balón) cuando se imponen “igualdades” a la fuerza.

Resulta que estas ideas sencillas y sus antropomórficos diagramas reflejan no solamente los sistemas políticos que han gobernado el mundo, sino también nuestras propias posturas y acciones egoístas, pues ellas expresan tristemente el por qué el “tercer mundo” compuesto por 2/3 de los habitantes, es decir el 0.666… de todos—el mismo número que se ve gráficamente y paso a paso en la secuencia de remolinos arriba—, vive bajo condiciones de gran pobreza; el por qué más de 2,000 niños mueren al día por falta de agua; y el por qué vivimos sumidos en una era de violencia, confusión y terror.

Ciertamente los dibujitos arriba—producto colombiano al haber sido elaborados por mi hermano duartecito—pueden parecer graciosos a primera vista, pero, en verdad, no lo son. De un lado, las relaciones interpersonales—amistades y matrimonios—han fracasado y comúnmente fracasan en virtud a la proliferación de desequilibrios o vacíos o a otros juegos de niños que combinan ambos elementos divisivos y, de otro lado, no pocos han muerto y aún mueren en huecos reales a los que son llevados por razones de odio u otras “justificaciones egoístas”, incluyendo, de una forma deplorable, niños despreciados desde el vientre de sus madres.

Como la historia ha comprobado, y hoy por hoy también comprueba, que el segundo juego no funciona en virtud a sus muros caídos, sus vacíos conspicuos y sus odios  implícitos—aunque aún haya sociedades totalitarias que no permitan entenderlo—, es relevante preguntar, a su vez, aún si esto resulta inapropiado o políticamente incorrecto, si la globalización de la primera cascada es la solución a los problemas que nos aquejan:

En este sentido, es útil recordar el triángulo de Pascal y hacer algunos cálculos. Si se toma un desequilibrio p = 0.7, como en la turbulencia natural, y se consideran n = 20 niveles de la cascada desigual, se puede estudiar en dónde está localizada la plastilina. Así, el 5, 10, 20 y 40% de las espinas más grandes contienen, en orden, el 57, 70, 84 y 95% de la masa. Esto se ajusta, tristemente, a la distribución sesgada de riqueza del país más poderoso del mundo, los Estados Unidos, pues en 1998 los más ricos allí tenían, para los mismos percentiles, el 59, 71, 84 y 95% de los recursos.

Ciertamente esta es una coincidencia indeseada que sin embargo provee una advertencia veraz y una clara moraleja. Si los desequilibrios continúan su propagación, tal y como ya ocurre en el siglo veintiuno, las leyes de la física y el sentido común—claramente respaldado por la fragmentación real de las relaciones interpersonales—nos aseguran que las energías se disiparán y “morderemos el polvo”. Pues la distribución de riqueza de cualquier país del mundo y para cualquier año, y no solo para la superpotencia, se puede ajustar mediante una cascada multiplicativa, aún si ella requiere del uso de particiones variables de nivel a nivel …

… A partir de estas reflexiones, tanto genéricas como universales, se puede observar que existe una única solución de sentido común para nuestra paz interior y la del mundo:

Ésta se basa en tres acciones que nosotros los niños podemos hacer, aunque en realidad son una sola: invertir la dirección de la cascada natural para reparar lo roto; vivir a números de Reynolds bajos para evitar la violencia y las ansiedades del mundo moderno y; para decirlo en el lenguaje de los antiguos profetas, “rellenar valles y cortar montañas” para reparar la brecha y restaurar la unidad.

Pues de una forma eminentemente gráfica, la unidad plenamente reconciliada en la barra original está compuesta por un número infinito de espirales amorosos, rotando hacia afuera (siempre buscando el bien del otro), elementos que viajan de una forma no natural de menos a más, y que se oponen a los espirales negativos (en coordenadas polares) inducidos por el diabólico poder del aire, valga la redundancia.

Pues es el diablo mismo, el “príncipe del imperio del aire” (Ef 2:2) y el “príncipe de este mundo” (Jn 12:31), quien, por medio de su división en cascada, es nuestro enemigo común. Pues es él quien falsamente susurra al oído de nosotros los niños que la muerte vence y que la hermandad y la paz son una utopía inalcanzable en este mundo, en el que él es el príncipe del desorden.

Aquí podemos ver, por nosotros mismos y a partir de la simple geometría, que existe una única solución posible, la cual refleja que no debemos jugar juegos divisivos, sino que más bien debemos hacer germinar el bien para vencer el mal. Claramente y desde un punto de vista práctico, la clave está en mantener la barra de plastilina original, tal y como salió de la caja paradisíaca al nivel cero—vaya manera de recordar a Adán y Eva, la serpiente y su polvo y la promesa futura en la descendencia de mujer (Gn 3:1–24)—practicando el 50-50 proverbial sin excepciones, es decir, sin brechas o vacíos, dando nuestro amor a aquellos a nuestro alrededor, evitando la acumulación de fuerzas inerciales y aumentando nuestras cohesiones internas para construir la amistad.

Esto significa el vivir a números de Reynolds bajos—“despacio” y a la escala del día a día” (para disminuir nuestra inercia) y aumentando nuestra “viscosidad” por medio de la oración (para aumentar nuestra cohesión interna)—y así crecer espiritualmente de modo que evitemos las espinas de la ansiedad (Mc 4:18–19) y satisfagamos el poder santificador del cero que provee la unidad. Pues, sin duda, la mejor potencia es la del obediente santito, pues ella nos permite, en su intrínseca humildad, reflejar el amor y la ansiada paz:

Como se puede entender, en el contexto de las cascadas genéricas y sus combinaciones solo hay una única condición recta y sólida que, al no contener ni espinas ni polvo, podemos caminar sin temor. Esta resulta ser, de una forma coherente con la Palabra de Dios,  Jesucristo Nuestro Señor, el verdadero equilibrio definido en el bien sin mal, pues como lo explicó Juan Bautista recordando las palabras del profeta Isaías, “Todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios(Lc 3:5–6).

Aunque para algunos dicha asociación pueda parecer arbitraria y acaso intransigente ante la posibilidad no ecuménica de un solo camino, la condición amorosa está abierta a todos y su estado reconciliado—al mantener la planicie y nunca jugar juegos falsos, es decir al nunca mentir o pecarsiempre mantiene la energía vital sin disiparla y por eso es capaz de derrotar y derrota la muerte para dotar vida. Así, Jesús es también, en efecto, el camino, la verdad y la vida“, tal y como Él mismo categóricamente lo afirmó (Jn 14:6).

Al final, las ideas en esta campanita invitan al arrepentimiento, al perdón y a la rectificación. Ellas también nos recuerdan nuestras opciones personales y colectivas: el equilibrio o la turbulencia; la calma o la violencia; la rectitud o la maldad; la reconciliación o la separación; la integración y su símbolo en la letra “ese” esbelta o la división y su símbolo $ que la niega—pues “la raíz de todos los males es el afán de dinero” (1 Tm 6:10); la unidad y sus espirales positivos y amorosos yendo hacia afuera 1 = 0.999… o el polvo y su mentirosa fracción egoísta y diabólica 2/3 = 0.666…; la completez o el vacío; y la vida o la disipación, que vale la pena enfatizarlo, es la muerte.

A continuación se encuentra una canción que expresa la deseada transición desde un 6 egoísta y negativo a un 9 amoroso y positivo, la cual es consistente con la diferencia diametral que existe entre la oscuridad y la luz, tal y como ocurrió precisamente de la hora sexta a la hora nona cuando Jesucristo, coronado con las espinas de nuestro pecado, se erigió crucificado—en un signo más—para morder nuestro polvo y morir para redimirnos, por amor, a la hora nona (Mc 15:33–34).

¡Para Él todo honor y toda gloria!

6 0 9

¡Lecciones en espirales!

Seis, cero, nueve, mi canción
números que hablan del amor,
seis, cero, nueve, un pregón
símbolos para el corazón.

De seis en seis
con rotación adentro,
de seis en seis
me convertí en lamento.

De seis en seis
con sutiles razones,
de seis en seis
en egoístas divisiones.

De seis en seis
creyendo ser gran cosa,
de seis en seis
solo espina de la rosa.

Seis, cero, nueve, mi canción
números que hablan del amor,
seis, cero, nueve, un pregón
símbolos para el corazón.

Del seis al cero
le bajé velocidad,
del seis al cero
ya no fue tempestad.

Del seis al cero
recibí el perdón,
del seis al cero
escuché la voz.

Del seis al cero
supe de la paz,
del seis al cero
se fue la soledad.

Seis, cero, nueve, mi canción
números que hablan del amor,
seis, cero, nueve, un pregón
símbolos para el corazón.

Del cero al nueve
se volteó el espiral,
del cero al nueve
me atreví a amar.

Del cero al nueve
intenté oración,
del cero al nueve
quise ser reparador.

Del cero al nueve
el infinito fluyó,
del cero al nueve
a veces no fui yo.

Seis, cero, nueve, mi canción
números que hablan del amor,
seis, cero, nueve, un pregón
símbolos para el corazón.

De nueve en nueve
me convierto en mies,
de nueve en nueve
más cerca de si ser.

De nueve en nueve
venciendo oscuridad,
de nueve en nueve
creciendo en realidad.

De nueve en nueve
deseo ya vivir,
de nueve en nueve
la gloria del morir.

Seis, cero, nueve, mi canción
números que hablan del amor,
seis, cero, nueve, un pregón
símbolos para el corazón.

(Diciembre 1997)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Un santo y yo

En el año 1989, poco después de mi epifanía, cual relatada en una campanita anterior, tuve la oportunidad de vivir en mi patria, en Bogotá, rodeado de familiares y amigos cercanos, quienes mucho me ayudaron durante tiempos muy difíciles en los que se derrumbaba, y finalmente sucumbió, mi matrimonio de ocho años.

Cuando pocos creían que Dios pudiera haberme tocado el corazón, como si algo bueno no pudiera salir de Nazareth—valga la desproporcionada analogía de un Natanael que aparecerá en una campanita futura, Gladys,  mi querida y piadosa suegra de entonces y a quien mucho le gustó posteriormente mi canción Oh Virgen preferida, sí vislumbró que algo bueno había pasado en mí y, así, decidió llevarme, con toda fe, al famoso barrio El Minuto de Dios de la capital para que allí compartiera con un sacerdote mi testimonio de conversión.

Llegamos en una fría tarde a finales de julio y nos sentamos a esperar que un padre se desocupara. Allí, de pronto, me acordé de un compañero de universidad que salió del país como otros, pero que encontró su vocación más allá de las matemáticas o la ingeniería y, mejor aún, en el sacerdocio. Preguntamos por él y nos dijeron que fuéramos un par de puertas al salir a la derecha.

Efectivamente, mi hermano, el Padre Camilo Bernal, estaba allí, y tuvimos un bello reencuentro que además coincidió con su cumpleaños. Hablamos, primero en la compañía de Gladys, y luego a solas, y allí comprendí que dicha cita, guiada no sólo por la fe de ella sino por el albur de mis recuerdos, estaba siendo orquestada para mi salud espiritual en los meses y años por venir.

Con el paso del tiempo, el Padre Camilo y yo nos adentramos en la amistad y presenciamos juntos duros eventos para el país como el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán. Un día, en medio de nuestros encuentros frecuentes, él me contó que le había hablado de mí al Padre Rafael García Herreros, fundador de El Minuto de Dios, y que él quería conocerme.

El Padre Rafael, quien partió en 1992, y con toda probabilidad al cielo, continúa siendo un importante icono en Colombia. Su obra pionera en diversos ámbitos, incluidos la televisión, la educación y la evangelización persisten hasta la fecha, y, claro, yo me sentí muy honrado de poder conocerlo …

… Un buen día el Padre Camilo me llamó por teléfono y me dijo que el Padre Rafael me estaba esperando. Yo le dije que me iba a arreglar y que tomaría un taxi apenas pudiera. Una vez le dije al taxista que iba al Minuto de Dios y habiendo yo compartido con él la emoción que tenía ante el encuentro con quien a diario se había comunicado al país por un minuto antes del noticiero (de allí consistentemente “El Minuto de Dios”), el hombre sintió la necesidad de desahogarse conmigo contándome sus dolorosas infidelidades y, aunque él supo que yo no podía perdonar pecados al no ser sacerdote, me pidió el debido consejo, que claramente correspondía a pedir perdón de corazón, buscando la reconciliación, la cual, también de corazón, le deseé en el debido perdón de su esposa.

Cuando llegué a mi destino, el Padre Rafael estaba sentado en medio de un sofá y me invitó a sentarme a su lado. Tenía la mirada translúcida y suavemente penetrante de un santo, y de pronto me preguntó: ¿Y cómo es que te llamas? Al oír la respuesta, él súbitamente se giró hacía mí y tocando mi sien delicadamente con los dedos pulgar y meñique de una de sus manos me dijo con firmeza: ¡Sueña carlitos, sólo los que sueñan hacen algo en la vida!

Sobra decir que todo esto me tomó por sorpresa. ¿A quién no, especialmente en un primer encuentro? Y debo agregar, a la vez, que aquel toque inesperado y su mensaje se tornaron esenciales en mi vida. ¡Vaya invitación la que recibí y proviniendo de quien escuchó el Espíritu de Dios para hacer bastante! Y sobre todo de parte de alguien considerado por muchos de ser digno de ser llamado algún día, ojalá cercano al estar en proceso, ¡San Rafael García Herreros!

Él quería tener allí en el barrio, modesto en recursos mas no en amor, una academia de matemáticas y yo colaboré donando algunos libros y compartiendo algunas charlas a las que él asistía aportando siempre las mejores preguntas. Él invitaba a ellas escribiendo breves artículos en algún periódico de la ciudad hasta catalogándome como un “joven sabio” y recuerdo una vez cómo demostró su desazón cuando alguna convocatoria suya no tuvo la acogida deseada, agregando que por eso no prosperábamos.

Con mucha alegría puedo afirmar que la presencia del Padre Rafael subsiste en mis días, en particular por medio de una foto suya titulada “Un profeta del siglo XX” que engalana mi oficina aquí en Davis y que me ayuda a no olvidar el encuentro inicial. Ciertamente, su recuerdo me acompaña pues además puedo decir, con vital agradecimiento, que él ha sido el sacerdote que más abiertamente me ha apoyado.

Con el auspicio bondadoso de los Padres Camilo Bernal, quien celebró mi matrimonio con mi Marta luego de dos anulaciones, ¡vaya misericordia de Dios!; Harold Castilla, amable rector de la institución por varios años y Diego Jaramillo, padre espiritual de muchos—incluido yo—y fiel heredero de la noble causa de El Minuto de Dios, en el transcurso de los años he compartido con mucha alegría diversas conferencias en la Universidad Minuto de Dios, Uniminuto, fundada por el Padre Rafael. No sé cuántas veces han sido, pero sí sé que las he dado con todo amor y en honor a él. En varias ocasiones, y en múltiples instancias en el mismo día, he repetido la que naturalmente es la primera de un ciclo de charlas que explica por qué Jesús es la hipotenusa y el camino de la paz, tal y como aparecerá resumido en una campanita por venir.

Hace unos años casi sale publicada una versión colombiana de mi parábola La Hipotenusa en la casa editorial de El Minuto de Dios, pero al final no sucedió. En el espíritu de la canción a continuación, confío que algún día sí se pueda realizar dicha empresa. También confío que existan aún más oportunidades para  dictar muchas más conferencias acerca de la verdadera paz, la de Jesucristo, a partir de la ciencia a todos los estudiantes de Uniminuto y por toda Colombia, y esto último con la ayuda de los extraordinarios Padres Eudistas, quienes continúan el legado de quien invitó a bien soñar para repetir que El Man está Vivo. Tengo la impresión que el Padre Rafael, patrono por toque propio de estas campanitas de fe, apoyaría dicho sueño.

Sueño, ay sueño

¡Para seguir soñando!

Sueño
que ya llega el día,
sueño
que vence el amor.

Sueño
y se anida poesía,
y el valor de la vida
es conciencia de unión.

Oh oh oh…

Sueño
que se oye este canto,
sueño
que ya reina la paz.

Sueño
y se vierte el encanto,
y el poder de lo sabio
se derrama cual más.

Ay sueño…

Sueño
que se abre el capullo,
sueño
que se escucha la voz.

Sueño
y se siente el arrullo,
y el clamor mío y tuyo
se refleja en la flor.

Oh oh oh…

Sueño
que se baila el pasito,
sueño
que se torna en acción.

Sueño
y se hunde otro mito,
y el saber infinito
es regalo del sol.

Ay sueño…

Puente de paz…

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Hoy lo veo venir,
ay creo,
será bendición.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Ay está cerca,
no hay quien lo trabe,
será fiel canción.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Como un capullo,
que crece a rosa
será protección.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Con su pasito,
mira qué rico,
será sanación.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Es un regalo,
inmerecido,
será nuevo sol.

Shanti Setú…

Sueña conmigo,
un nuevo sol.

Sueña conmigo
ay ven mi amigo.

Sueña conmigo,
un nuevo sol.

Ama a enemigo
mira te digo…

Sueña conmigo,
un nuevo sol.

Puente de paz…

Sueña mi amigo
el fiel abrigo.

Sueño, sueño,
ay sueño,
que vence el amor

Sueño…

(Junio 2002)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Ella y Él

Cuando termina la ∞ de Navidad—aunque no tiene fin—y celebramos la Solemnidad de la Santísima Virgen María, Madre de Dios, para iniciar el nuevo año, esta breve campanita incluye una canción basada en varios eventos bíblicos en la vida de Ella y Él.

La poesía llegó un buen día pensando en una graciosa canción de mi niñez del gran cantante puertorriqueño Tito Rodríguez, la cual relata cómo un monito y una jirafa se enamoraron en un circo …

… Esta canción, al igual que otra a Ella, ha sido por años una de las favoritas de mi hermana Xiomara. Será una alegría el poderla gozar aún más cuando esté bien hecha.

Agradeciendo el apoyo recibido a la primera novena de campanitas que ésta completa, les deseo a todos los que llegan hasta aquí un muy Feliz Año 2018, uno lleno de la verdadera paz que sólo regala la palabra y siempre acogiendo la insinuación amorosa de la mujer, quien es además madre nuestra.

La mujer y la palabra

¡Con un Rosario completo!

En un día muy hermoso
una mujer oía
la palabra más excelsa
que anunciaba fina poesía.

La mujer y la palabra
tomaron rumbo aquel día,
y los hijos jubilosos
cantan hoy con alegría.

Oye palabra eterna
cubre ay con tu ciencia,
oye mujer querida
guía tu clan arriba.

Oye palabra cierta
llénanos de tu esencia,
oye mujer de vida
tú eres la preferida.

En un día muy hermoso
una mujer veía
la palabra encarnada
que la miraba y sonreía.

La mujer y la palabra
cambiaron todo aquel día,
y desde entonces los hijos
repiten con valentía.

Oye palabra eterna
cubre ay con tu ciencia,
oye mujer querida
guía tu clan arriba.

Oye palabra cierta
llénanos de tu esencia,
oye mujer de vida
tú eres la preferida.

En un día muy hermoso
una mujer sufría
la palabra silenciosa,
vilipendiada, se moría.

La mujer y la palabra
fueron herencia aquel día,
y los hijos del misterio
reiteran con hidalguía.

Oye palabra eterna
cubre ay con tu ciencia,
oye mujer querida
guía tu clan arriba.

Oye palabra cierta
llénanos de tu esencia,
oye mujer de vida
tú eres la preferida.

En un día muy hermoso
una mujer ardía
la palabra enamorada
posaba lenguas de fantasía.

La mujer y la palabra
atan al viento hoy día,
y por eso ya los hijos
alaban en compañía.

Oye palabra eterna
cubre ay con tu ciencia,
oye mujer querida
guía tu clan arriba.

Oye palabra cierta
llénanos de tu esencia,
oye mujer de vida
tú eres la preferida.

(Marzo 2000)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

¿Por qué vivo?

Complementando el testimonio compartido en la campanita anterior, cual contado al Maestro José Saramago, aquí incluyo en ésta la octava campanita del blog, es decir la del ∞ rotado, una poesía llamada Lo admito y lo confieso seguida por una canción llamada ¡Vivo!, la cual puede escucharse pues cuenta con un bello arreglo hecho por Lázaro en Cuba.

Aunque la poesía a continuación fue escrita ya hace más de quince años, admito y confieso, cuando ya celebramos la más bella de las fiestas en el Nacimiento mismo del amor, que sigue siendo cierta en mi vida. ¡Cuántas veces he olvidado la esencia del mejor nacimiento! ¡Cuántas veces mi amor no ha sido como el de Él! ¡Cuántas veces te he negado Dios mío! ¡Ciertamente más de tres!

Lo admito y lo confieso

Si no, mentiría…

Lo admito, al principio,
no lo reconocí,
mi vida era ser centro
y mi atención no di.

Me hablaron del misterio,
y no lo comprendí,
mi sueño era concreto
y su canción no oí.

Lo admito, fue más tarde,
que lo reconocí,
fue al saber de muerte
que mi atención le di.

Confrontando mi miseria,
así lo comprendí,
y en medio del silencio
a la canción oí.

Lo admito, muchas veces,
no reconozco aún,
pues al planear un verso
me pierdo su canción.

Es verdad…

Lo confieso, muchas veces,
olvido su sufrir,
me centro en mi pobreza
y pierdo su reír.

A pesar de su grandeza,
persisto en afligir,
me apego a la tristeza
y mancho el porvenir.

Lo confieso, muchas veces,
preferiría el morir,
contemplo mi flaqueza
y dudo mi partir.

Aunque sé de riqueza,
escojo el exigir,
diluyo su proeza
forzando mi vivir.

Lo confieso, muchas veces,
camino sin oír,
me estimo en la cabeza
y crezco mi mentir.

(Enero 2002/Abril 2002)

… Empero, a pesar de mi pecado y sin lugar a dudas sin merecerlo, también puedo proclamar en mi vida la fiel presencia de Jesús quien repara los sueños y los moldea hacia una realidad futura y vital, como un diseño a un palito que crece a capullo y luego a rosa. Ciertamente, los años desde mi conversión inicial, es decir desde que nací de nuevo hace ya unos 28 años, han sido los mejores de mi vida y ha sido un gran privilegio el experimentar el amor de Dios, infinito y verdadero que me hace exclamar: ¡Vivo!

Hoy, sumándome al canto de los ángeles, oh dualidad sutil en el positivo signo + de la suma y también en el dolor de la cruz que he causado yo, deseo también declarar que vivo por Él, por quien dio su vida por mí, por quien, por su sacrificio, merece todo honor y toda gloria, pues sin Él, y como lo dicen sus claras explicaciones en el capítulo 15 del Evangelio según San Juan, que darán lugar a otra campanita, no puedo hacer nada.

Dándole gracias al Dios trino por este instante, por todo lo que he vivido, por tantos bellos regalos, por su perdón a mis pecados confesados, por mi hermosa familia, por mis amigos y enemigos, por sus enseñanzas sencillas, por la paz y el tiempo, por las charlas que he podido compartir, por el honor de soñar con Shanti Setú y por tanto más, deseo concluir diciendo ¡Feliz Navidad! ¡Que el Señor nos regale la más bella de las celebraciones y que nazca plenamente en nuestros corazones! ¡Y que María Santísima ore por nosotros!

¡Vivo!

¡Pues Él vive!

Humildemente a Jesús,
el reparador de sueños.

Él en verdad merece
todo honor y toda gloria…

Sin Él no puedo…

Vivo,
saboreando su alivio,
creciendo al destino,
escuchando su trino
a mí alrededor.

Vivo,
degustando su brillo,
intentando el camino,
ponderando lo fino
en mi corazón.

Vivo,
y recuerdo promesas de amor,
imagino que serán mí hoy,
y me sueño completo.

Vivo,
y en silencio retumba su voz,
me estremezco con su compasión,
y me siento pequeño.

Vivo,
saboreando su alivio,
creciendo al destino,
escuchando su trino
a mí alrededor.

Vivo,
degustando su brillo,
intentando el camino,
ponderando lo fino
en mi corazón.

Vivo,
y gozoso contemplo su bien,
incremento mis ansias de fe,
y me estimo despierto.

Vivo,
y sediento recibo su ser,
me conforta su flama de miel,
y me sé redimido.

¡Vivo!

(Agosto 2000)

La canción se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Tic-tac: por Ende a Saramago

Esta campanita contiene una canción, Son 3, basada en trabajos de dos grandes escritores, el alemán Michael Ende y el portugués José Saramago. Aunque el relato comienza explicando mi improbable relación con el segundo, el título de la campanita refleja el orden empleado en la composición y, por ende, es correcto.

En el mes de septiembre del año 2003, en el infame día 11 para ser exactos, compartí una charla “De Platón a Borges” organizada por mi querido profesor Jairo Uribe Escamilla en la Escuela Colombiana de Ingeniería en Bogotá. Al terminar, su esposa Isabelita me instó enfáticamente a leer “La Caverna” de Saramago y, dada la vehemencia de la insinuación, me rendí inmediatamente a la sugerencia pidiéndole a mi padre, quien me acompañaba orgullosamente ese día, que me regalara el libro. Fue de esa manera como leí a este autor por primera vez en el que resultó ser un muy placentero regreso de Bogotá hacia Davis.

Habiendo captado el porqué de la prisa de Isabelita en la relación de la caverna con la misma cueva platónica presente en mi charla científica y habiendo comprendido la evidente razón por la cual el escritor ganó el premio Nobel de Literatura en 1998, llegué contento a casa habiendo gozado de la imaginación sutil del escritor que le dio vida hasta a un perro en el relato. Allí, en medio del encanto, concluí que, más allá de las obligaciones absorbentes de mi vida como profesor, a Saramago debía sacarle tiempo—cosa muy complicada y acaso cada vez más difícil en estos días modernos—pues su bella e inteligente prosa reclamaba su lectura.

Así, pocos días después y cuando todavía tenía tiempo antes que empezaran las clases, fui a la librería del centro de mi pueblo y terminé comprando un par de libros y pidiendo otros, dentro de los cuales estaba uno con un título particularmente interesante para mí: “El Evangelio Según Jesucristo”. Cuando me llegó el tal “evangelio”, y luego de haber disfrutado ya como abre bocas el excelente “Ensayo sobre la ceguera”, dejé mis quehaceres de investigación de los fines de semana a un lado y me dediqué a leer con particular atención, en verdad sin saber lo que encontraría en dicha novela.

Apenas empecé a leer, noté que el “evangelio según Saramago” contenía una versión tergiversada de los hechos revelados en los cuatro Evangelios. Como el escrito era ciertamente exquisito, continué leyendo y empecé a hacerlo cual si fuera una obra policíaca en la que mi labor era separar en la trama lo que era bíblico y lo que no. Asombrado por el ingenio del Nobel y entendiéndolo todo como un rompecabezas sutil con los papeles del diablo y de Dios trastocados, terminé una mañana riéndome a carcajadas al llegar al final de un capítulo en el que Jesús no puede revivir un árbol que él ha maldecido sin saber que podía hacerlo, y todo esto acompañado por un regaño de María Magdalena. Me causó mucha risa la ocurrencia contada con una humanidad conmovedora y de allí surgió la idea que le escribiría a Saramago para intentar explicarle lo que entendía con relación a una higuera que Nuestro Señor Jesucristo maldijo y secó durante la semana de su crucifixión y que dejó anonadados a sus discípulos.

Mi inesperada correspondencia con el Maestro José Saramago se encuentra aquí, al final, y, aunque toma tiempo leerla creo que merece la pena. Conjuntamente con mi primera carta, le envié al Nobel copias de mi parábola La Hipotenusa, de la charla antes nombrada “De Platón a Borges” y de un artículo que explicaba las conexiones que he observado por años entre una higuera de la ciencia y las de la Biblia. No obstante algunos amigos pensaron que no me contestaría, y aunque yo lo dudé también, en parte por su auto-calificación explícita de ateo, él regaló su tiempo y su respuesta elegante terminó sorprendiéndonos a todos.

Como su misiva vino con preguntas y esbozó la luz de una apertura, le escribí en mayo del 2004 una segunda carta larga que incluye un testimonio especial y poco usual que explica cómo mis propias investigaciones científicas me llevaron a experimentar el amor de Dios, algo que, aunque no me contestó, ojalá le haya sido útil en sus últimos días.

Aunque se planteó por correos electrónicos la posibilidad de una visita mía, esto finalmente no se pudo llevar a cabo, aunque sí tuve la oportunidad de rezar por él durante su funeral en Lisboa en el año 2010, pues él falleció casi a la misma hora en la que yo partía hacia Europa para participar en una conferencia acerca de la lluvia en Coimbra …

… Lamentablemente no recuerdo el nombre del sabio estudiante que me habló de la bella parábola “Momo” del magnífico escritor Michael Ende. Sólo sé que fue a raíz de una conversación acerca de mi parábola “La Hipotenusa”, la cual, como acaso lo acaban de leer si por curiosidad tuvieron tiempo, recibió un bello comentario del Nobel Saramago ligándola con un libro desconocido de Borges.

La verdad es que la parábola del Maestro Ende es formidable y la ocurrencia de una tortuguita llamada Casiopea—como una canción antes nombrada en otra campanita que me define—ayudando a la huérfana Momo a derrotar a los “hombres de gris”, ladrones del tiempo, es siempre digna de toda consideración, especialmente y como ya se ha dicho (por ende) en estos tiempos modernos carentes de tiempo.

A continuación se encuentra, y ya con su debida introducción, una canción sobre el tiempo basada en estos dos grandes autores. Los que han leído el brillante “Momo” seguro se acuerdan de un divertido e ingenioso acertijo repetido varias veces y los que han considerado el genial “Ensayo sobre la lucidez” de Saramago acaso recuerdan el santo y seña que debería emplearse para poder cruzar una frontera, que ahora se convierte en un coro, aunque sea en seña y santo.

Ojalá esta canción curiosa llegue a sonar y ayude un poco a recordar que sí hay tiempo, pues nos espera, si usamos bien el tiempo, la vida eterna.

Son 3

¡Ay que lio!

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

El primero, ay no está
pero pronto llega (2),
el segundo, ay se fue
y deja su estela (2).

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

El tercero es chiquitito
como un puntito (2),
y sin éste, ay tú ves,
los otros no juegan (2).

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

El tercero es un factor
ay muy importante (2),
pues por él primo hermanito
cambia su talante (2).

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

No puedes parar, ay no,
y ver al tercero (2),
pues los otros dos, seguro,
completan tu vuelo (2).

Ay que lío, ¿qué es?

Son 3
ay mira tú, son familia,
son 3
tres en uno, es cómo es,
son 3
son un reino infinito,
son 3
es tu tiempo, ya lo ves.

Son 3
futuro, pasado, presente…

Son 3
la vida ocurre ahora,
son 3
el pasado ya no es,
son 3
el pequeño es el presente,
son 3
oh regalo para ser.

Son 3
futuro, pasado, presente…

Son 3
al pasado mira sana,
son 3
y al momento entrégate,
son 3
ay no fuerces el futuro,
son 3
que ya llega lo que es…

Shanti Setú…

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Parece que se acaba
pero la vida queda.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Con su tic tac seguro
si inviertes sanas pena.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Viene como un fluido
y todito lo llena.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

La muerte no lo acaba
y hacia lo eterno lleva.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Por eso dotó el cielo
oh increíble poema.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Si amas todo instante
evitas larga quema.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Mira mi buen amigo
el cielo casi llega.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

A paso de tortuga
caminas sin problema.

(Julio 2004)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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¡Ay Bendito!

En el transcurso de este año 2017 una canción emanó de Puerto Rico y llegó a ser la más famosa del planeta. Triste y pavorosamente, su temática impulsiva le marcó el rumbo a un horrendo ciclón, el cual, luego de quedarse “mirando” la isla “un rato” como atraído cual “metal al imán”,  se fue “acercando” y “armando” su “plan” perverso de vientos voraces y “acelerando el pulso” sirviéndose de “malicia con delicadeza”, es decir viajando de una forma “lenta” y a la vez “salvaje”, se movió con soberbia, “sobrepasando las zonas de peligro”, para arrasar despacito, poquito a poquito y pasito a pasito, los “lugares favoritos”, es decir, toda la Isla del Encanto.

Ha sido muy doloroso ver la devastación creada por un huracán irrespetuosamente denominado y observar el sufrimiento generalizado de nuestros hermanos allí y en otras islas.  Ha sido en verdad extremadamente lamentable el escuchar un muy desgarrador ¡Ay Bendito!, además “gritado por olas” y por corazones asustados haciendo “bom, bom”, uno tan triste como un ardiente “sello” “en una playa”, tal y como concluye la pegajosa canción con coros sencillos, mas no apta para niños de todas las edades.

Los huracanes, y otras calamidades naturales, son eventos espantosos que nos fuerzan a pensar acerca de los “laberintos” de la vida y que, naturalmente, nos instan a ayudar a nuestros semejantes, tal y como lo enseña el mejor de los “manuscritos”. Ellos también nos permiten comprender algunas facetas del flujo natural violento del bien hacia el mal, lo cual podemos evitar en nuestras vidas, con la debida “destreza”, para encontrar la ansiada paz.

En el centro de la tormenta, guiada por un desequilibrio causado por aguas muy calientes debajo que se evaporan y suben para después llover, existe una zona de baja presión que atrae hacia sí el aire aledaño a más alta presión. En la cuenca del Caribe, cuando dicho movimiento de energías llega a establecerse, se forma un visible y diabólico número 6 que termina destruyendo, viajando hacia adentro, rotando siempre en contra de las manecillas del reloj, como recordando eventos pasados igualmente amargos.

Tal es también lo que nosotros mismos hacemos, guardadas las proporciones, claro está,  cuando escogemos fluir hacia adentro de una forma egoísta, como si creyéramos, al olvidar quiénes somos y a veces hasta “nuestro apellido”, que nos situamos en el mismo centro del universo. Como lo podemos comprobar por experiencia, la opción de actuar guiados por instintos, con prisa y no “despacito”, conlleva corazones rotos y soledades reales que son pésimos remedos de la verdadera unión. Pues la búsqueda de un triunfo inmediato y a la vez carente de real bondad, en su inexorable viaje del más (+) hacia el menos (-), no sana la herida original sino que la acrecienta …

… La canción incluida en esta campanita se llama El Pasito y, por ende, evoca la famosa y premiada, mas no en su temática. Lo que ésta aboga es, en efecto, el caminar pasito a pasito, ciertamente despacito y poquito a poquito, con cada paso hacia adelante, acorde al tiempo y sus manecillas, como en la rueda mostrada arriba, de modo que todos, como niños buenos y con toda pureza y virtud, practiquemos en el día a día lo opuesto al ciclón para llegar a vivir de una forma plena.

En verdad se puede aprender de la naturaleza, pues la bella “pieza del rompecabezas” que siempre encaja, la esencia misma de la entrega vital, se logra en el espiral no natural que gira hacia afuera, es decir, en el amor auténtico que no busca un placer desechable y perecedero sino que más bien sueña primero con lo eterno, o sea con la unidad real.

Como tal, la mejor opción, pues hemos sido dotados del libre albedrío, es el atrevernos a dibujar en paz un simbólico número 9, que, contrario al dañino, viaja de todo menos (-) hacia el ansiado más (+), es decir desde el mal hacia el bien o desde el pecado impúdico hacia la cruz del Justo, de donde proviene la simbólica y sabia relación que liga, por medio del amor, la santidad y la unidad:

Es curioso, aunque acaso no, que la última estrofa en la canción aquí, ya mayor de edad aunque sin permiso de licor, termine con una alusión a caminar con Ella, nuestra Madre, María, quien, sobra decir, al igual que su fiel esposo José, nunca fue un huracán.

Y es que esta aclaración acaso no es tonta, pues antes de la calamidad final en Puerto Rico hubo tres tormentas (katia, irma y josé) que asustaron y destruyeron simultáneamente, esbozando un claro 666 que recuerda un peligroso enemigo universal (Ap 13:18). Y es que, tal y como lo recuerda el Evangelio según San Marcos (Mc 15:33–37), cuando Jesús fue crucificado hubo oscuridad entre la hora sexta y la novena—en la que Él murió–, algo que bien refleja también hoy por hoy las elecciones que podemos tomar: desde lo negativo del mal, hasta la plena y positiva luz del bien.

Me dará mucha alegría cuando esta canción llegue a sonar bien y más si su mensaje se vuelve popular. Qué bueno fuera que se convirtiera en una plena borinqueña, y navideña, que ayude a que expulsemos, con la ayuda de Santa María, al terrible animal que trata de devorarnos.  Ciertamente, me encantará si de allí surge un luminoso y optimista ¡Ay Bendito!, cual lo acabo de agregar al final del texto. ¡Que viva Puerto Rico!

El pasito

!Qué gran baile!

¡Para construir el amor!

Apréndete el pasito…

Escúchalo y practícalo…

Shanti Setú, para bailar…

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito recto
y otro de verdad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito justo
y otro en hermandad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito noble
y otro en humildad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito excelso
y otro en santidad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito bello
y otro en caridad.

Shanti Setú…

¡Lo estás haciendo muy bien!

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito nuevo
y otro en igualdad.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito puro
y otro en claridad.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito bueno
y otro sin jamás.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito cuerdo
y otro en libertad.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito Trino
y otro con Mamá.

Puente de paz…

Ay pero que rico…

¡Ay Bendito!

(Junio 1999)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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De capullo a rosa

Desde mi niñez he estado rodeado por mujeres expertas en el manejo de las flores que han tenido un amor especial hacia las rosas. Ellas incluyen a mi abuelita materna Fanny quien se ganó la vida haciendo bellísimos ramos de novia, mi mamá Dorita quien gozaba de sus rosales y tenía una intuición particular para hacer arreglos, mi tía María Teresa, hermana de Fanny, quien continúa innovando bellos diseños cuando ya ha pasado los 95 años, su hija Miriam, mi prima, quien de cuando en cuando también ha hecho ramos de novia excepcionales incluido el de mi Marta, mi hermana Patricia quien trabaja en el género de las flores y quien es una verdadera experta en inventar ramos hermosos, y mi hermana Xiomara quien siendo ingeniera también hace deliciosas trufas y bellos floreros. Imagino que por todo eso sea yo, aunque últimamente con competencia de mi hija Cristina, quien arregle los floreros en casa.

Por años, se ha convertido en tradición en mi hogar el cortar las rosas del jardín para ofrendárselas a María Santísima y así adornar el altar casero que hemos armado en el estante que le sirve de límite a la chimenea. Allí, colocada en el medio se encuentra una estatuilla de madera de Ella cargando a su Hijo y, a cada lado, un par de candelabros hechos de mosaicos pequeños que emiten, al son de sus velitas, bellas danzas multicolores. La representación de la Virgen y el Niño nos la trajeron de Portugal dos queridos sacerdotes de los cuatro que estuvieron presentes en los bautizos de nuestras hijas: uno vivo mas por años lejano y otro en el cielo pero cotidiano, pues éste último, el Padre Richard Blinn, bendijo la casa que habitamos.

Además de lo antes descrito, el altarcito incluye otros objetos significativos: un pesebre de madera hecho en Jerusalén cuyo fondo enmarca la adoración de los Reyes Magos empleando la forma de una campana que además contiene una campanita que pende sobre la silueta de una iglesia simbólica; un colibrí verde y rojo, regalo de mis hijas Cristina y Mariana, asido por un hilo desde un brazo acrílico transparente, lo cual lo hace parecer que está quedo en una flor; una foto de Nuestro Señor Jesucristo, inestimable regalo de mi tocayo y fiel amigo Carlos Molano, encuadrada en madera color vino tinto y, finalmente, otros candelabros con adornos de flores en medio de cristales triangulares, los cuales he encendido, al igual que los otros, para rezar y también para inspirarme y escribir campanitas …

… En Enero del año 2000, cuando nuestra hija Mariana era recién nacida y cuando aún estábamos en nuestra primera casa—ésta también debidamente bendecida—apareció en el jardín un capullo de rosa que esbozaba un color amarillo intenso. Esto fue ciertamente extraño por dos razones. Una, porque para entonces el frío impide que salgan flores. Y la otra, porque Valentín, nuestro experto jardinero, ya había podado los rosales al menos un mes atrás.

Instintivamente, corté el capullo salido a destiempo y lo ofrecí colocándolo en medio de la estatuilla de Ella con Él y la foto de Él. Admirando el suceso y meditando en la dicotomía entre lo probable y lo posible, me pregunté si dicho capullo se abriría o no, y una noche, inspirado por la estructura poética de una bella canción de Silvio Rodríguez llamada Paloma mía, escribí la primera parte de Mi rosa amada, que se encuentra debajo, en la cual esbocé un paralelo entre la apertura de la flor y la realización de mis propios sueños.

Para mi pesar, y aunque forcé el asunto hasta agregando un pedacito de aspirina al jarroncito, aquel capullo nunca llegó a rosa y así la respuesta a mi pregunta esencial, en ese momento, fue un predecible no. Mi “hermana”, como llamé al capullo en mi poesía, se quedó para siempre erguida, congelada en su tiempo, pero mostrando su color cual una esperanza posible.

Como era de esperarse, cuando llegó la primavera todo cambió. El jardín se llenó de color y, claro, apareció un capullo amarillo de la misma planta que sí llegó a rosa, la cual, acaso sobra decir, ofrendé con alegría. Así, ante la emoción del evento probable (y ahora posible) y adentrándome en la libertad creativa de la poesía y de los sueños, le escribí una segunda parte a la canción antes citada en la que predecía que dicho capullo alegórico al final abriría. Tenía que ser así, por ser fruto del amor, y así reanimé mi fe sabiendo en mi fuero interno que yo también llegaría, algún día y con la ayuda de Dios, a mi mejor destino.

Durante la misma temporada, con pocos días de diferencia, llegó para reforzar la idea otra canción llamada El capullo, la cual contiene la expresión jubilosa ¡se abrió el capullo! que, hoy por hoy, acompaña la flor matemática rosada presente en estos escritos en la parte superior derecha del blog.

Estas dos canciones se encuentran a continuación y se pueden escuchar en su totalidad. Aunque las ideas musicales son mías, no podrían sonar así si mi hermano José de la Luz Montero no me hubiera presentado en La Habana al gran músico y arreglista Lázaro y si este no hubiera involucrado al gran pianista Israel. Estas inspiraciones las hemos gozado en casa ya por años, desde el 2011, y ellas permiten imaginar, muy a pesar del vocalista, cómo podría llegar a sonar Shanti Setú.

Siento particular alegría al recordar que mi padre Carlos alcanzó a bailar con Connie estas composiciones. Y siento una emoción singular al notar que estas canciones llegan a este blog, y sin haberlo planeado así, precisamente en el día del vigésimo segundo aniversario de mi feliz matrimonio con Marta, mi Puchunguita. ¡Vaya si es verdad que el amor valiente—humilde y arrepentido al ciento—dota semilla: dos capullitos!

Mi rosa amada

¡Vivencias amorosas!

Ay capullito de rosa amada,
¿será que abres de fantasía?
¿tendrá tu aroma fina poesía?
¿vendrás hermosa de madrugada?
Pues si tú eres santa soñada
volando pronto yo partiría,
la lluvia fuera mi mejor día
oh bella rosa, mi fiel hermana.

Ay capullito de rosa amada,
¿será que abres de fantasía?
¿tendrá tu aroma fina poesía?
¿vendrás hermosa de madrugada?
Ahora te miro, acompañada
en medio de Ella y la Alegría,
todita erguida, con valentía
oh bella rosa del buen mañana.

Ay capullito de rosa amada,
¿será que abres de fantasía?
¿tendrá tu aroma fina poesía?
¿vendrás hermosa de madrugada?
Pues si tú eres señal sagrada
hacia mi centro yo llegaría,
el canto eterno proveería
oh bella rosa, abre mi hermana.

Puente de paz…

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre. (2)

Al final esta rosa
refleja mi ser,
el misterio vivido
soñando mí bien.

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre.

Al final este verso
refleja quien soy,
mi esperanza crecida
el regalo del sol.

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre.

Al final esta rima
refleja mi amor,
el creer en el ciento
sembrando el dulzor.

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre.

Al final este canto
refleja a quién voy,
mi morada querida
el reposo y su voz.

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre.

Al final esta ofrenda
refleja mi flor,
la constancia del reino
mi futuro de hoy.

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre. (2)

(Enero/Abril 2000)


La canción se puede escuchar aquí…

El capullo

¡Oh señal inefable!

Se abrió el capullo
ay llegó el día,
el tiempo suyo
es de alegría.

Se abrió el capullo
y hoy es rosa,
con suave arrullo
en fe reposa.

Esa si es
ay señal tierna,
y hoy sin dudar
se halla abierta.

Ella si es
regalo eterno,
y con su luz
muestra lo cierto.

Shanti Setú…

Podría bien ser
de otro modo,
pétalo adentro
sin creer todo.

Podría bien ser
introvertida,
sola llorando
sin ser de vida.

Ya ella es rosa
y es bella ofrenda,
su aroma evoca
la Santa Reina.

Ay, hoy es rosa
flama amarilla,
su amor valiente
es ya semilla.

Se abrió el capullo
llegó el destino,
y en su abandono
se aprecia el trino.

Se abrió el capullo
y es hoy tonada,
su hermoso sueño
tendrá mañana.

(Abril 2000)


La canción se puede escuchar aquí…

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