Tic-tac: por Ende a Saramago

Esta campanita contiene una canción, Son 3, basada en trabajos de dos grandes escritores, el alemán Michael Ende y el portugués José Saramago. Aunque el relato comienza explicando mi improbable relación con el segundo, el título de la campanita refleja el orden empleado en la composición y, por ende, es correcto.

En el mes de septiembre del año 2003, en el infame día 11 para ser exactos, compartí una charla “De Platón a Borges” organizada por mi querido profesor Jairo Uribe Escamilla en la Escuela Colombiana de Ingeniería en Bogotá. Al terminar, su esposa Isabelita me instó enfáticamente a leer “La Caverna” de Saramago y, dada la vehemencia de la insinuación, me rendí inmediatamente a la sugerencia pidiéndole a mi padre, quien me acompañaba orgullosamente ese día, que me regalara el libro. Fue de esa manera como leí a este autor por primera vez en el que resultó ser un muy placentero regreso de Bogotá hacia Davis.

Habiendo captado el porqué de la prisa de Isabelita en la relación de la caverna con la misma cueva platónica presente en mi charla científica y habiendo comprendido la evidente razón por la cual el escritor ganó el premio Nobel de Literatura en 1998, llegué contento a casa habiendo gozado de la imaginación sutil del escritor que le dio vida hasta a un perro en el relato. Allí, en medio del encanto, concluí que, más allá de las obligaciones absorbentes de mi vida como profesor, a Saramago debía sacarle tiempo—cosa muy complicada y acaso cada vez más difícil en estos días modernos—pues su bella e inteligente prosa reclamaba su lectura.

Así, pocos días después y cuando todavía tenía tiempo antes que empezaran las clases, fui a la librería del centro de mi pueblo y terminé comprando un par de libros y pidiendo otros, dentro de los cuales estaba uno con un título particularmente interesante para mí: “El Evangelio Según Jesucristo”. Cuando me llegó el tal “evangelio”, y luego de haber disfrutado ya como abre bocas el excelente “Ensayo sobre la ceguera”, dejé mis quehaceres de investigación de los fines de semana a un lado y me dediqué a leer con particular atención, en verdad sin saber lo que encontraría en dicha novela.

Apenas empecé a leer, noté que el “evangelio según Saramago” contenía una versión tergiversada de los hechos revelados en los cuatro Evangelios. Como el escrito era ciertamente exquisito, continué leyendo y empecé a hacerlo cual si fuera una obra policíaca en la que mi labor era separar en la trama lo que era bíblico y lo que no. Asombrado por el ingenio del Nobel y entendiéndolo todo como un rompecabezas sutil con los papeles del diablo y de Dios trastocados, terminé una mañana riéndome a carcajadas al llegar al final de un capítulo en el que Jesús no puede revivir un árbol que él ha maldecido sin saber que podía hacerlo, y todo esto acompañado por un regaño de María Magdalena. Me causó mucha risa la ocurrencia contada con una humanidad conmovedora y de allí surgió la idea que le escribiría a Saramago para intentar explicarle lo que entendía con relación a una higuera que Nuestro Señor Jesucristo maldijo y secó durante la semana de su crucifixión y que dejó anonadados a sus discípulos.

Mi inesperada correspondencia con el Maestro José Saramago se encuentra aquí, al final, y, aunque toma tiempo leerla creo que merece la pena. Conjuntamente con mi primera carta, le envié al Nobel copias de mi parábola La Hipotenusa, de la charla antes nombrada “De Platón a Borges” y de un artículo que explicaba las conexiones que he observado por años entre una higuera de la ciencia y las de la Biblia. No obstante algunos amigos pensaron que no me contestaría, y aunque yo lo dudé también, en parte por su auto-calificación explícita de ateo, él regaló su tiempo y su respuesta elegante terminó sorprendiéndonos a todos.

Como su misiva vino con preguntas y esbozó la luz de una apertura, le escribí en mayo del 2004 una segunda carta larga que incluye un testimonio especial y poco usual que explica cómo mis propias investigaciones científicas me llevaron a experimentar el amor de Dios, algo que, aunque no me contestó, ojalá le haya sido útil en sus últimos días.

Aunque se planteó por correos electrónicos la posibilidad de una visita mía, esto finalmente no se pudo llevar a cabo, aunque sí tuve la oportunidad de rezar por él durante su funeral en Lisboa en el año 2010, pues él falleció casi a la misma hora en la que yo partía hacia Europa para participar en una conferencia acerca de la lluvia en Coimbra …

… Lamentablemente no recuerdo el nombre del sabio estudiante que me habló de la bella parábola “Momo” del magnífico escritor Michael Ende. Sólo sé que fue a raíz de una conversación acerca de mi parábola “La Hipotenusa”, la cual, como acaso lo acaban de leer si por curiosidad tuvieron tiempo, recibió un bello comentario del Nobel Saramago ligándola con un libro desconocido de Borges.

La verdad es que la parábola del Maestro Ende es formidable y la ocurrencia de una tortuguita llamada Casiopea—como una canción antes nombrada en otra campanita que me define—ayudando a la huérfana Momo a derrotar a los “hombres de gris”, ladrones del tiempo, es siempre digna de toda consideración, especialmente y como ya se ha dicho (por ende) en estos tiempos modernos carentes de tiempo.

A continuación se encuentra, y ya con su debida introducción, una canción sobre el tiempo basada en estos dos grandes autores. Los que han leído el brillante “Momo” seguro se acuerdan de un divertido e ingenioso acertijo repetido varias veces y los que han considerado el genial “Ensayo sobre la lucidez” de Saramago acaso recuerdan el santo y seña que debería emplearse para poder cruzar una frontera, que ahora se convierte en un coro, aunque sea en seña y santo.

Ojalá esta canción curiosa llegue a sonar y ayude un poco a recordar que sí hay tiempo, pues nos espera, si usamos bien el tiempo, la vida eterna.

Son 3

¡Ay que lio!

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

El primero, ay no está
pero pronto llega (2),
el segundo, ay se fue
y deja su estela (2).

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

El tercero es chiquitito
como un puntito (2),
y sin éste, ay tú ves,
los otros no juegan (2).

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

El tercero es un factor
ay muy importante (2),
pues por él primo hermanito
cambia su talante (2).

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

No puedes parar, ay no,
y ver al tercero (2),
pues los otros dos, seguro,
completan tu vuelo (2).

Ay que lío, ¿qué es?

Son 3
ay mira tú, son familia,
son 3
tres en uno, es cómo es,
son 3
son un reino infinito,
son 3
es tu tiempo, ya lo ves.

Son 3
futuro, pasado, presente…

Son 3
la vida ocurre ahora,
son 3
el pasado ya no es,
son 3
el pequeño es el presente,
son 3
oh regalo para ser.

Son 3
futuro, pasado, presente…

Son 3
al pasado mira sana,
son 3
y al momento entrégate,
son 3
ay no fuerces el futuro,
son 3
que ya llega lo que es…

Shanti Setú…

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Parece que se acaba
pero la vida queda.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Con su tic tac seguro
si inviertes sanas pena.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Viene como un fluido
y todito lo llena.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

La muerte no lo acaba
y hacia lo eterno lleva.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Por eso dotó el cielo
oh increíble poema.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Si amas todo instante
evitas larga quema.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Mira mi buen amigo
el cielo casi llega.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

A paso de tortuga
caminas sin problema.

(Julio 2004)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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¡Ay Bendito!

En el transcurso de este año 2017 una canción emanó de Puerto Rico y llegó a ser la más famosa del planeta. Triste y pavorosamente, su temática impulsiva le marcó el rumbo a un horrendo ciclón, el cual, luego de quedarse “mirando” la isla “un rato” como atraído cual “metal al imán”,  se fue “acercando” y “armando” su “plan” perverso de vientos voraces y “acelerando el pulso” sirviéndose de “malicia con delicadeza”, es decir viajando de una forma “lenta” y a la vez “salvaje”, se movió con soberbia, “sobrepasando las zonas de peligro”, para arrasar despacito, poquito a poquito y pasito a pasito, los “lugares favoritos”, es decir, toda la Isla del Encanto.

Ha sido muy doloroso ver la devastación creada por un huracán irrespetuosamente denominado y observar el sufrimiento generalizado de nuestros hermanos allí y en otras islas.  Ha sido en verdad extremadamente lamentable el escuchar un muy desgarrador ¡Ay Bendito!, además “gritado por olas” y por corazones asustados haciendo “bom, bom”, uno tan triste como un ardiente “sello” “en una playa”, tal y como concluye la pegajosa canción con coros sencillos, mas no apta para niños de todas las edades.

Los huracanes, y otras calamidades naturales, son eventos espantosos que nos fuerzan a pensar acerca de los “laberintos” de la vida y que, naturalmente, nos instan a ayudar a nuestros semejantes, tal y como lo enseña el mejor de los “manuscritos”. Ellos también nos permiten comprender algunas facetas del flujo natural violento del bien hacia el mal, lo cual podemos evitar en nuestras vidas, con la debida “destreza”, para encontrar la ansiada paz.

En el centro de la tormenta, guiada por un desequilibrio causado por aguas muy calientes debajo que se evaporan y suben para después llover, existe una zona de baja presión que atrae hacia sí el aire aledaño a más alta presión. En la cuenca del Caribe, cuando dicho movimiento de energías llega a establecerse, se forma un visible y diabólico número 6 que termina destruyendo, viajando hacia adentro, rotando siempre en contra de las manecillas del reloj, como recordando eventos pasados igualmente amargos.

Tal es también lo que nosotros mismos hacemos, guardadas las proporciones, claro está,  cuando escogemos fluir hacia adentro de una forma egoísta, como si creyéramos, al olvidar quiénes somos y a veces hasta “nuestro apellido”, que nos situamos en el mismo centro del universo. Como lo podemos comprobar por experiencia, la opción de actuar guiados por instintos, con prisa y no “despacito”, conlleva corazones rotos y soledades reales que son pésimos remedos de la verdadera unión. Pues la búsqueda de un triunfo inmediato y a la vez carente de real bondad, en su inexorable viaje del más (+) hacia el menos (-), no sana la herida original sino que la acrecienta …

… La canción incluida en esta campanita se llama El Pasito y, por ende, evoca la famosa y premiada, mas no en su temática. Lo que ésta aboga es, en efecto, el caminar pasito a pasito, ciertamente despacito y poquito a poquito, con cada paso hacia adelante, acorde al tiempo y sus manecillas, como en la rueda mostrada arriba, de modo que todos, como niños buenos y con toda pureza y virtud, practiquemos en el día a día lo opuesto al ciclón para llegar a vivir de una forma plena.

En verdad se puede aprender de la naturaleza, pues la bella “pieza del rompecabezas” que siempre encaja, la esencia misma de la entrega vital, se logra en el espiral no natural que gira hacia afuera, es decir, en el amor auténtico que no busca un placer desechable y perecedero sino que más bien sueña primero con lo eterno, o sea con la unidad real.

Como tal, la mejor opción, pues hemos sido dotados del libre albedrío, es el atrevernos a dibujar en paz un simbólico número 9, que, contrario al dañino, viaja de todo menos (-) hacia el ansiado más (+), es decir desde el mal hacia el bien o desde el pecado impúdico hacia la cruz del Justo, de donde proviene la simbólica y sabia relación que liga, por medio del amor, la santidad y la unidad:

Es curioso, aunque acaso no, que la última estrofa en la canción aquí, ya mayor de edad aunque sin permiso de licor, termine con una alusión a caminar con Ella, nuestra Madre, María, quien, sobra decir, al igual que su fiel esposo José, nunca fue un huracán.

Y es que esta aclaración acaso no es tonta, pues antes de la calamidad final en Puerto Rico hubo tres tormentas (katia, irma y josé) que asustaron y destruyeron simultáneamente, esbozando un claro 666 que recuerda un peligroso enemigo universal (Ap 13:18). Y es que, tal y como lo recuerda el Evangelio según San Marcos (Mc 15:33–37), cuando Jesús fue crucificado hubo oscuridad entre la hora sexta y la novena—en la que Él murió–, algo que bien refleja también hoy por hoy las elecciones que podemos tomar: desde lo negativo del mal, hasta la plena y positiva luz del bien.

Me dará mucha alegría cuando esta canción llegue a sonar bien y más si su mensaje se vuelve popular. Qué bueno fuera que se convirtiera en una plena borinqueña, y navideña, que ayude a que expulsemos, con la ayuda de Santa María, al terrible animal que trata de devorarnos.  Ciertamente, me encantará si de allí surge un luminoso y optimista ¡Ay Bendito!, cual lo acabo de agregar al final del texto. ¡Que viva Puerto Rico!

El pasito

!Qué gran baile!

¡Para construir el amor!

Apréndete el pasito…

Escúchalo y practícalo…

Shanti Setú, para bailar…

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito recto
y otro de verdad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito justo
y otro en hermandad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito noble
y otro en humildad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito excelso
y otro en santidad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito bello
y otro en caridad.

Shanti Setú…

¡Lo estás haciendo muy bien!

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito nuevo
y otro en igualdad.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito puro
y otro en claridad.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito bueno
y otro sin jamás.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito cuerdo
y otro en libertad.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito Trino
y otro con Mamá.

Puente de paz…

Ay pero que rico…

¡Ay Bendito!

(Junio 1999)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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De capullo a rosa

Desde mi niñez he estado rodeado por mujeres expertas en el manejo de las flores que han tenido un amor especial hacia las rosas. Ellas incluyen a mi abuelita materna Fanny quien se ganó la vida haciendo bellísimos ramos de novia, mi mamá Dorita quien gozaba de sus rosales y tenía una intuición particular para hacer arreglos, mi tía María Teresa, hermana de Fanny, quien continúa innovando bellos diseños cuando ya ha pasado los 95 años, su hija Miriam, mi prima, quien de cuando en cuando también ha hecho ramos de novia excepcionales incluido el de mi Marta, mi hermana Patricia quien trabaja en el género de las flores y quien es una verdadera experta en inventar ramos hermosos, y mi hermana Xiomara quien siendo ingeniera también hace deliciosas trufas y bellos floreros. Imagino que por todo eso sea yo, aunque últimamente con competencia de mi hija Cristina, quien arregle los floreros en casa.

Por años, se ha convertido en tradición en mi hogar el cortar las rosas del jardín para ofrendárselas a María Santísima y así adornar el altar casero que hemos armado en el estante que le sirve de límite a la chimenea. Allí, colocada en el medio se encuentra una estatuilla de madera de Ella cargando a su Hijo y, a cada lado, un par de candelabros hechos de mosaicos pequeños que emiten, al son de sus velitas, bellas danzas multicolores. La representación de la Virgen y el Niño nos la trajeron de Portugal dos queridos sacerdotes de los cuatro que estuvieron presentes en los bautizos de nuestras hijas: uno vivo mas por años lejano y otro en el cielo pero cotidiano, pues éste último, el Padre Richard Blinn, bendijo la casa que habitamos.

Además de lo antes descrito, el altarcito incluye otros objetos significativos: un pesebre de madera hecho en Jerusalén cuyo fondo enmarca la adoración de los Reyes Magos empleando la forma de una campana que además contiene una campanita que pende sobre la silueta de una iglesia simbólica; un colibrí verde y rojo, regalo de mis hijas Cristina y Mariana, asido por un hilo desde un brazo acrílico transparente, lo cual lo hace parecer que está quedo en una flor; una foto de Nuestro Señor Jesucristo, inestimable regalo de mi tocayo y fiel amigo Carlos Molano, encuadrada en madera color vino tinto y, finalmente, otros candelabros con adornos de flores en medio de cristales triangulares, los cuales he encendido, al igual que los otros, para rezar y también para inspirarme y escribir campanitas …

… En Enero del año 2000, cuando nuestra hija Mariana era recién nacida y cuando aún estábamos en nuestra primera casa—ésta también debidamente bendecida—apareció en el jardín un capullo de rosa que esbozaba un color amarillo intenso. Esto fue ciertamente extraño por dos razones. Una, porque para entonces el frío impide que salgan flores. Y la otra, porque Valentín, nuestro experto jardinero, ya había podado los rosales al menos un mes atrás.

Instintivamente, corté el capullo salido a destiempo y lo ofrecí colocándolo en medio de la estatuilla de Ella con Él y la foto de Él. Admirando el suceso y meditando en la dicotomía entre lo probable y lo posible, me pregunté si dicho capullo se abriría o no, y una noche, inspirado por la estructura poética de una bella canción de Silvio Rodríguez llamada Paloma mía, escribí la primera parte de Mi rosa amada, que se encuentra debajo, en la cual esbocé un paralelo entre la apertura de la flor y la realización de mis propios sueños.

Para mi pesar, y aunque forcé el asunto hasta agregando un pedacito de aspirina al jarroncito, aquel capullo nunca llegó a rosa y así la respuesta a mi pregunta esencial, en ese momento, fue un predecible no. Mi “hermana”, como llamé al capullo en mi poesía, se quedó para siempre erguida, congelada en su tiempo, pero mostrando su color cual una esperanza posible.

Como era de esperarse, cuando llegó la primavera todo cambió. El jardín se llenó de color y, claro, apareció un capullo amarillo de la misma planta que sí llegó a rosa, la cual, acaso sobra decir, ofrendé con alegría. Así, ante la emoción del evento probable (y ahora posible) y adentrándome en la libertad creativa de la poesía y de los sueños, le escribí una segunda parte a la canción antes citada en la que predecía que dicho capullo alegórico al final abriría. Tenía que ser así, por ser fruto del amor, y así reanimé mi fe sabiendo en mi fuero interno que yo también llegaría, algún día y con la ayuda de Dios, a mi mejor destino.

Durante la misma temporada, con pocos días de diferencia, llegó para reforzar la idea otra canción llamada El capullo, la cual contiene la expresión jubilosa ¡se abrió el capullo! que, hoy por hoy, acompaña la flor matemática rosada presente en estos escritos en la parte superior derecha del blog.

Estas dos canciones se encuentran a continuación y se pueden escuchar en su totalidad. Aunque las ideas musicales son mías, no podrían sonar así si mi hermano José de la Luz Montero no me hubiera presentado en La Habana al gran músico y arreglista Lázaro y si este no hubiera involucrado al gran pianista Israel. Estas inspiraciones las hemos gozado en casa ya por años, desde el 2011, y ellas permiten imaginar, muy a pesar del vocalista, cómo podría llegar a sonar Shanti Setú.

Siento particular alegría al recordar que mi padre Carlos alcanzó a bailar con Connie estas composiciones. Y siento una emoción singular al notar que estas canciones llegan a este blog, y sin haberlo planeado así, precisamente en el día del vigésimo segundo aniversario de mi feliz matrimonio con Marta, mi Puchunguita. ¡Vaya si es verdad que el amor valiente—humilde y arrepentido al ciento—dota semilla: dos capullitos!

Mi rosa amada

¡Vivencias amorosas!

Ay capullito de rosa amada,
¿será que abres de fantasía?
¿tendrá tu aroma fina poesía?
¿vendrás hermosa de madrugada?
Pues si tú eres santa soñada
volando pronto yo partiría,
la lluvia fuera mi mejor día
oh bella rosa, mi fiel hermana.

Ay capullito de rosa amada,
¿será que abres de fantasía?
¿tendrá tu aroma fina poesía?
¿vendrás hermosa de madrugada?
Ahora te miro, acompañada
en medio de Ella y la Alegría,
todita erguida, con valentía
oh bella rosa del buen mañana.

Ay capullito de rosa amada,
¿será que abres de fantasía?
¿tendrá tu aroma fina poesía?
¿vendrás hermosa de madrugada?
Pues si tú eres señal sagrada
hacia mi centro yo llegaría,
el canto eterno proveería
oh bella rosa, abre mi hermana.

Puente de paz…

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre. (2)

Al final esta rosa
refleja mi ser,
el misterio vivido
soñando mí bien.

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre.

Al final este verso
refleja quien soy,
mi esperanza crecida
el regalo del sol.

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre.

Al final esta rima
refleja mi amor,
el creer en el ciento
sembrando el dulzor.

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre.

Al final este canto
refleja a quién voy,
mi morada querida
el reposo y su voz.

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre.

Al final esta ofrenda
refleja mi flor,
la constancia del reino
mi futuro de hoy.

Seguro que abre, corazón,
seguro que abre,
por ser fruto del amor,
seguro que abre. (2)

(Enero/Abril 2000)


La canción se puede escuchar aquí…

El capullo

¡Oh señal inefable!

Se abrió el capullo
ay llegó el día,
el tiempo suyo
es de alegría.

Se abrió el capullo
y hoy es rosa,
con suave arrullo
en fe reposa.

Esa si es
ay señal tierna,
y hoy sin dudar
se halla abierta.

Ella si es
regalo eterno,
y con su luz
muestra lo cierto.

Shanti Setú…

Podría bien ser
de otro modo,
pétalo adentro
sin creer todo.

Podría bien ser
introvertida,
sola llorando
sin ser de vida.

Ya ella es rosa
y es bella ofrenda,
su aroma evoca
la Santa Reina.

Ay, hoy es rosa
flama amarilla,
su amor valiente
es ya semilla.

Se abrió el capullo
llegó el destino,
y en su abandono
se aprecia el trino.

Se abrió el capullo
y es hoy tonada,
su hermoso sueño
tendrá mañana.

(Abril 2000)


La canción se puede escuchar aquí…

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Cuando volví a Cuba

Pasaron los años y el mundo cambió en el 2001 con la caída de las torres gemelas en Nueva York. Para entonces yo intentaba dar conferencias “de la ciencia a la paz” en Colombia, pero una vez sucedió el infame 11 de septiembre comprendí que debía compartir en donde pudiera y en dos idiomas.

Para esa época me enteré que se celebraría en La Habana, en enero del 2002, un congreso acerca de las implicaciones de la teoría de la complejidad y, claro, sometí una ponencia pensando además que podría departir nuevamente con Silvio Rodríguez. A él le había enviado, no con poca dificultad, una copia de mi libro La Higuera & La Campana, terminado mas no editado, y no sabía si la había recibido o no.

Al día siguiente de llegar a Cuba, Machi, el mismo guía de mi primer viaje seis años atrás, me recogió para llevarme a varios sitios. Primero y muy temprano fuimos a los Estudios Ojalá, en donde desafortunadamente no se encontraba Silvio, pues estaba visitando algún lugar de la isla. Allí me mostraron en un cuartito el manuscrito que le había enviado y sus secretarias se alegraron al conocer quién era el que escribía con insistencia intentando comunicarse con el cantautor. Me dijeron que me avisarían si era posible un encuentro, pero éste al final no se dio pues él no regresó a tiempo.

Luego de los estudios, salimos hacia el centro de la ciudad y con dirección al Ministerio de Cultura. Allí fui a pedir los teléfonos de algunos músicos con quienes pensaba que acaso podría colaborar. Una señora sentada en un escritorio pequeñito, localizado cerca de la puerta principal, me dio con toda naturalidad la información requerida. Ella sacó de un cajón una libretita empleada muchas veces y buscando allí, sin parafernalia oficial alguna, me leyó los números que pedía. Salí asombrado y feliz hacia mi hotel para intentar comunicarme, todo esto antes que comenzara la conferencia.

Los números que me dieron o estaban fuera de servicio o no los contestaba nadie excepto uno, el del gran pianista y compositor José María Vitier. Marqué su teléfono y seguidamente entablé una amena conversación con una dama con quien hablamos de música y a la que le confesé que La llama de amor viva era para mí una de las más bellas canciones que había escuchado jamás. Ella se agradó ante el hecho que yo, siendo extranjero, apreciara la bella música del artista y hacia el final intuí quién era. “¿Eres Silvia?”, le pregunté y ella asintió. Era la esposa de José María a quien él comúnmente le ha dedicado su trabajo empleando sentidas expresiones de amor.

Después que ella hablara con su marido y contrario al vaticinio lógico de mi hermano Germán Vives quien pensó que dicho encuentro era muy difícil, fijamos una cita. Vinieron a mi hotel un sábado y hablamos sin parar por cinco horas. ¡Fue algo realmente hermoso! Nos contamos las vidas compartiendo nuestra fe común y supe, por ejemplo, que la bellísima Misa Cubana a la Virgen de la Caridad del Cobre, cuyos apartes fueron oídos en La Habana por el Papa Juan Pablo II en 1998, fue el pago a La Rosa por la sanación de su hijo José Adrián, luego de haber sido encomendado a Ella cuando de niño estaba desahuciado. José María al piano compuso la música universal y finamente cubana incluyendo algunas secciones en latín, y Silva escribió bellas letras en español, las cuales fueron grabadas con Silvio Rodríguez y Amaury Pérez.

Nos hicimos buenos amigos y así nos hemos mantenido hasta la fecha. A mis amigos de entonces, pendientes de lo que pudiera suceder en mi regreso a Cuba, les reporté: ¡bueno, no pude ver a Silvio, pero conocí a Silvia! Y es que el apellido de ella es también Rodríguez…

…La conferencia fue exitosa y en mi ponencia expliqué por qué la hipotenusa es el camino de la paz. Allí al final, y levantando de la mesa un pesadísimo micrófono, canté a capela una de mis canciones, que ya saldrá en otra campanita y que curiosamente apareció en las memorias del evento como si la hubiera escrito Silvio Rodríguez.

Debo agregar, aunque esta campanita se vuelva algo extensa, que además de los Vitier conocí también al gran científico cubano José de la Luz Montero, quien, aunque educado en la química, sabe más física y matemáticas que muchas personas. Él colaboró por años con otro destacado, Jesús Novoa, y, en contra de cualquier pronóstico, llegaron a avanzar muchísimo, con un tesón admirable por encima de las limitaciones en la isla.

Cuando nos conocimos pocos minutos después de mi ponencia, él me preguntó, seguramente para ponerme a prueba, “para ti, ¿cuál es el número más importante de todos?”, y yo le dije que el cero, explicando que eso era así pues cualquiera de nosotros elevados a dicha potencia logramos la unidad. Desde entonces y a pesar de las aguas y sistemas que dificultan comunicaciones, hemos sido amigos cercanos. Él fue quien tomó la fotografía mostrada arriba con el Maestro Vitier en una visita posterior…

…Volviendo a José María y Silvia, una de las canciones que les di gozoso en nuestro largo encuentro se llama Por la Bandera, una que fue inspirada por la famosa historia del entonces niño Elián González, quien en el año 1999 sobrevivió lo que su madre no: el venirse de Cuba a Estados Unidos por alta mar en una balsa. Como es bien sabido, la llegada del “balserito” suscitó una batalla campal entre cubanos de aquí y de allá, lo cual fue un espectáculo bochornoso que duró varios meses de odios. Las arengas se repitieron empleando improperios variados–hasta con Rosarios en mano–y la historia terminó violentamente con la entrega del niño a su papá quien lo regresó a Cuba. Fueron tiempos turbulentos que causaron muchas heridas y por ese incidente aumentó la desunión.

Meditando en lo que sucedía, un buen día me apropié, como en la campanita anterior, de una canción conocida, esta vez cubana, y la más famosa de todas: la Guantanamera. Con el debido respeto a todo un pueblo cuya música he admirado y gozado desde niño, acaso desde el vientre de mi madre, me valí de una versión alegre de Irakere y le modifiqué el coro y las coplas para convertirla en un llamado hacia la unidad y la paz de los cubanos.

Sabiendo bien que es cierto que “debemos levantar el recinto del pan y la verdad”, empleé en el coro una alusión clara al  bello himno “Vamos a andar” de Silvio Rodríguez y le pedí a mi hermano Fernando Duarte, duartecito, quien hizo las bellas carátulas de mis libros y dibujos variados que adornan mis libros y este blog, que hiciera un ícono alusivo a la bandera uniendo las dos costas.

Esta campanita, aunque sin las referencias a las rosas blancas de José Martí y a La Rosa de la Misa que he agregado recientemente, se la he regalado a diversos artistas cubanos en el transcurso de los años. Se la di, por ejemplo, a Pablo Milanés al final de un concierto en San Francisco, diciéndole que era el sueño de un colombiano para los cubanos. También se la regalé personalmente a Silvio Rodríguez en una visita posterior por contar, y a Chucho Valdés, Elíades Ochoa, Giraldo Piloto, Maraca Valle y Juan de Marcos González, entre otros que han venido a dar conciertos aquí en la Universidad de California en Davis o en el área de San Francisco.

El Maestro Vitier me dijo inmediatamente que tuviera cuidado con lo que hiciera empleando la famosa melodía, enfatizando con la debida seriedad: “no te metas con la Guantanamera”. Yo le he explicado que acaso alguien pudiera arreglar mi versión de modo que evoque la famosa sin llegar a sonar igual, pero su advertencia no ha cambiado.

Habiendo oído la famosa melodía en la plaza de San Pedro en Roma hace un par de años, pero con una letra no familiar en italiano, pienso que acaso esta campanita sí pueda llegar a sonar (con el debido respeto, claro está) para invitar a lo que sería maravilloso no sólo para los cubanos sino para todos, así a mí me llegaran a demandar por soñador.

Por la bandera

¿Será sólo una utopía, como dar rosas blancas a amigo y enemigo?

Inspirada por una versión de
“Guantanamera” de Joseíto Fernández por Irakere…

A la memoria de
Celia Cruz y Compay Segundo…

También para
Gloria Estefan y Pablo Milanés…

Y, claro, para José Martí…

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

El enigma sí se arregla
cuando todos comprendamos,
el enigma sí se arregla
cuando todos comprendamos,
que debemos perdonarnos:
por Rosa somos hermanos.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

El asunto no es culpar
al otro por el problema,
el asunto no es culpar
al otro por el problema,
hoy debemos ya acabar
con el rencor y la queja.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

El dilema no es externo
(no es la bandera)
ni viene a ser un sistema,
el dilema no es externo
ni viene a ser un sistema,
el reto es volverse ejemplo
trocando en amor la pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

Por la bandera me voy.

Shanti Setú, para soñar…

Con la bandera ay soy.

Por la bandera me voy
salgo en humildad,
con la bandera ay soy
llevo una rosa blanca,
por la bandera me voy
canto con claridad,
con la bandera ay soy
llevo idea franca,
por la bandera me voy
con los de aquí y los de allá,
con la bandera ay soy
sembrando la balanza,
por la bandera me voy
creciendo la amistad,
con la bandera ay soy
sanando sin revancha,
por la bandera me voy
sin dejar nadie afuera,
con la bandera ay soy
sin egoísmo y otra mancha,
por la bandera me voy
perdona ya y tú verás,
con la bandera ay soy
como el problema se va,
por la bandera me voy
en libertad ven ama ya,
con la bandera ay soy
sigue La Rosa blanca,
por la bandera me voy
rectificando de verdad,
con la bandera ay soy
y por Martí a la unidad…

Por la bandera me voy.

Puente de paz…

Con la bandera ay soy.

Shanti Setú…

Por la bandera me voy.

Puente de paz…

Con la bandera ay soy.

(Marzo 2000/Noviembre 2017)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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Una serenata inmaculada

Durante la vivencia lejos de la patria hemos tenido la alegría de contar con buenos amigos que han hecho más llevadero el “exilio” de vivir en el extranjero. Prominentes entre ellos ha habido un grupo fiel aquí en Davis liderado por José Nel Becerra y Tina Castillo, quienes además han sido baluartes para muchos estudiantes latinoamericanos en la universidad.

Dadas sus claras dotes musicales y su energía vital, por años ellos organizaron, con sus hijos Felipe y Carlos y diversos amigos, un bello evento llamado La Serenata Colombiana, el cual se llevó a cabo en la primera semana de diciembre para hacerlo coincidir en lo posible, aunque no religiosamente, con el “día de las velitas”, la fiesta celebrada para conmemorar, el día 8, la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María.

Para mi alegría, en el 2004 me invitaron por primera vez a ser parte de la serenata y así sumarme a Los Primos en la sección de percusión, en la que me defiendo casi cual si fuera cubano. Ante una audiencia entusiasta interpretamos canciones colombianas provenientes de diversas regiones del país y recuerdo, con particular gusto, el cariño de la gente y la deliciosa y refrescante agua de panela que se sirvió al final. Fue un día espléndido que dio lugar a otras presentaciones y a muchos gratos momentos…

… La semana siguiente era la última de clases y yo estaba muy ocupado preparando un afiche que presentaría en San Francisco el día 14 de diciembre en la conferencia de otoño de la Unión Americana de Geofísica. El trabajo era particularmente relevante para mí pues cerraba una trilogía basada en mi entender de la ciencia a la fe, atreviéndome a presentar ante mis colegas, y en un contexto dispar, algo en verdad inesperado: un modelo de la Santísima Trinidad, algo parecido a lo que no hace mucho tiempo compartí en Roma en una conferencia llamada ¡Hágase la luz!

Para evitar distracciones en la universidad, le pedí a mi Marta que me dejara trabajar en casa y que se llevara a nuestras hijas Cristina y Mariana en la tarde, después de la escuela, para poder inspirarme mejor. Contrario a mis deseos, Mariana, quien entonces tenía 5 años y cursaba el kínder, irrumpió un día emocionada en la oficina y me preguntó, “¿quieres oír lo que voy a decir la semana entrante?”–-esto es, en una recreación de la Navidad en la que ella iba a ser un ángel con alitas y halo plateados y vestida de blanco brillante—y, claro, yo le dije que sí. Me dijo llena de entusiasmo y en inglés sus palabras memorizadas, “gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” y de mi parte supe, al instante, que no debía buscar más con qué expresión terminar mi afiche.

En medio de la semana recibí una llamada de parte de mi “prima” Marisa Escobar, alguien que he considerado más como una hermana, en la que me invitaba a acompañar al grupo el siguiente domingo cuando se celebraba, el 12 de diciembre, el día de Nuestra Señora de Guadalupe. Dije que sí con alegría y a su vez le pregunté qué cantaríamos y me dijo que simplemente lo mismo de la serenata, tal y como ya habían hecho varias veces en el pasado. Sabiendo del amor de los mexicanos a su Reina, a mí me pareció que eso no debería ser así pues las canciones que hicimos, aunque hermosas, no eran alusivas a Ella.

Así, en medio de la escritura del afiche, la contribución de mi Mariana y el hecho que ese viernes compartiría en la última clase de hidrología la charla “La hipotenusa el camino de la paz”—hoy por hoy también conocida como “Del Nobel a la paz”—, de la noche del jueves al viernes me apropié de la melodía de una sentida canción colombiana llamada Pueblito viejo del Maestro José A. Morales, que es como un himno patrio y que habíamos interpretado en la serenata, y le cambié los versos para escribir la campanita que se encuentra aquí bajo el título ¡Oh Virgen preferida!

De viernes a sábado, después de mi conferencia en la que explicaba por qué es bueno evitar los diabólicos catetos relacionados con la división, pulí lo escrito un poco y le canté la melodía primero a mis suegros Enrique y Gloria y luego, por teléfono, a mis padres Carlos y Connie en Colombia. A todos les gustó mucho y me lo dijeron emocionados y a Gloria además se le salió una lágrima que corroboró que la composición había quedado buena.

Cuando llegó el momento de la presentación, al otro día, no se hizo, al no estar debidamente ensayada, pero días después, cuando empezaron las novenas navideñas incluyendo primos y no primos, la plegaria, con bella introducción de guitarra de mi “primo” y tocayo Carlos Rueda, se convirtió en el último villancico, lo cual se repitió así, por años.

Cuando fui a San Francisco el día 14, cuando además celebrábamos  a uno de mis santos favoritos, San Juan de la Cruz, me atreví a cantar mi tonada ante una réplica de la tilma milagrosa, ésta hecha con mosaicos multicolores, en la muy hermosa Catedral de Santa María de la Asunción, en la cual, hoy por hoy, preside un fiel y valiente líder que, al cumplirse 100 años de las apariciones de la Virgen en Fátima, consagró su Arquidiócesis al Inmaculado Corazón de María. A propósito, el afiche fue bien recibido por los que estaban destinados a hacerlo y ese bello día tuve un sentimiento dulce de misión cumplida.

He pensado por años que esta canción puede llegar a ser un danzón o acaso también una sentida ranchera para ofrecérsela a Ella en la celebración de sus mañanitas. Hoy por hoy, y con el debido respeto al Maestro Morales,  la cantamos siempre al final del rezo del Rosario.

¡Oh Virgen preferida!

 ¡Para la Guadalupana!

Oh virgen preferida
Reina de los cielos,
fiel promesa eterna
regalo de Dios,
para que sanaran
toditos los pueblos,
oh Virgen divina
con fe en el amor.

Virgencita querida
por siempre enamorada,
por tus humildes votos
nació el buen Señor:
Él que enseñó a querer
con savia de tu ser,
y presto nos acoge
con tierno corazón.

En medio de maldades
soñando con verdades,
y con el alma abierta
deseando ya vencer,
pido Virgen querida,
oh Madre inmaculada,
recibe esta tonada
y guía mi proceder.

(Diciembre 2004)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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El origen de Shanti Setú

Al regreso de mi año sabático en 1998, cuando contaba con unas veinte canciones, empecé a pensar que podrían ser útiles para animar. Así, un buen día, dándole rienda suelta a mis instintos, me atreví a llamar al gran músico y trompetista puertorriqueño Luis “Perico” Ortiz, quien tuvo, en mi opinión, la mejor banda de salsa por años, ciertamente en los ochentas. La elegancia y originalidad de su música siempre me cautivó, tanto que sólo manejaba de Boston a Nueva York a bailar si él era parte de la cartelera, y decidí llamarlo además pues él ya proclamaba el dejar entrar el amor de Dios.

En medio de una conversación amable, me arriesgué a cantarle un par de rimas. Para mi alegría, a él le gustaron y me pidió que se las enviara. Después de un tiempo, recibí en respuesta un bello mensaje que me acompañó visible en un costado de una biblioteca en mi oficina por no sé cuántos años.  El recado, como otro espaldarazo, decía que esperaba algún día hacerle la música a las composiciones que consideraba sencillas y a la vez profundas, y todo con una significativa despedida que rezaba: “por el bienestar de nuestra música”

… Con el paso de los años la producción siguió en aumento y el sueño de hacer las campanitas se posó en mí de una forma definitiva, a punto que empecé a pensar en cómo debería llamarse la banda que las interpretaría.

Inspirado por el misterioso nombre del gran grupo cubano de jazz Irakere (bosque en lenguaje Yoruba),  empecé a buscar un apelativo que fuera interesante y que además suscitara el preguntar cuál era su significado.

Un buen día en el 2005, y luego de haber intentado “puente de amor” y “puente de paz” en diversos idiomas, el enigma lo resolvió mi amigo Ravi, un hombre respetuoso y sabio, quien celebraba el que acompañara mi comida hindú con agua y no con una bebida gaseosa. ¡La solución estaba en el lenguaje del Melquíades del gran Nobel de mi patria y los 100 años de soledad! Lo que buscaba venía prescrito también en el sánscrito implícito en la obra de Gabo y era Shanti Setú traduciendo un Puente de Paz.

Ciertamente, la frase fue amor a primera oída y el título buscado se posó para quedarse. Y el que setú (puente) sea una invitación a ser como eres tú y el que la sigla también se halle al rezar el Padre Nuestro (hágase tu voluntad) confirmaron, ahora también con la razón emocionada, que el nombre enigmático era el perfecto grito de batalla para la banda futura.

A continuación viene una campanita que le sirve de introducción al proyecto musical y que esboza, basado en varios Salmos, por ejemplo el número 96, la invitación esencial de cantarle al Señor un canto nuevo.

Los entendidos comprenderán que la alusión inicial a un día feliz se relaciona con una sentida canción del “culpable” de mis escritos, Silvio Rodríguez, y que el carnaval citado más adelante alude a una bella canción popular que invita a no llorar.

Un Canto Nuevo

¡Un día feliz va llegando!

Un canto nuevo: Shanti Setú,
gozo sincero en plena luz,
un canto nuevo: Shanti Setú,
la vida brota ay de la cruz.

Ay vive mira con toa verdad
es medicina para sanar,
ay cree oye, no temas ná
el hijo siempre regala paz.

Un canto nuevo: Shanti Setú,
gozo sincero en plena luz,
un canto nuevo: Shanti Setú,
la vida brota ay de la cruz.

Ay vive mira con caridad
es plan eterno para llegar,
ay cree oye, no dudes más
el hijo siempre regala paz.

Un canto nuevo: Shanti Setú,
gozo sincero en plena luz,
un canto nuevo: Shanti Setú,
la vida brota ay de la cruz.

Ay vive mira con fe real
es requisito para soñar,
ay cree oye, no mientas más
el hijo siempre regala paz.

Un canto nuevo: Shanti Setú,
gozo sincero en plena luz,
un canto nuevo: Shanti Setú,
la vida brota ay de la cruz.

Ay ven a cantar…

Y a bailar…

Para alabar…

Carnaval, carnaval real
Shanti Setú, para alabar,
carnaval, carnaval real
Puente de Paz, para alabar.

Ay únete a este canto
ay goza ya su ritmo,
entrégate y sé bueno
y halla su equilibrio.

Carnaval, carnaval real
Shanti Setú, para alabar,
carnaval, carnaval real
Puente de Paz, para alabar.

Ay repite tu coro
ay siente su estribillo,
atrévete a lo sano
y encontrarás alivio.

Carnaval, carnaval real
Shanti Setú, para alabar,
carnaval, carnaval real
Puente de Paz, para alabar.

Ay ven canta amigo
ay vive hoy sin miedo,
acércate a lo bello
y gozarás de lleno.

Carnaval, carnaval real
Shanti Setú, para alabar,
carnaval, carnaval real
Puente de Paz, para alabar.

No te equivoques…

Carnaval, mira de verdad:
el hijo siempre regala paz.

Ay únete ya, a ésta tu fiesta
el hijo siempre regala paz,
entra hoy, ay no te la pierdas
el hijo siempre regala paz,
ay ésta es, oye ésta es eterna
el hijo siempre regala paz,
paso a pasito, ay qué bonito
el hijo siempre regala paz.

Carnaval, mira de verdad:
el hijo siempre regala paz.

Ay alabao el hijo, te lo digo
el hijo siempre regala paz,
rectecito Él, ay todita verdad
el hijo siempre regala paz,
ay fiel amor, veraz ganador
el hijo siempre regala paz,
pidiendo perdón, ay por amor
el hijo siempre regala paz,
ay con enemigo, oye amigo
el hijo siempre regala paz.

Puente de paz…

Carnaval, mira de verdad:
el hijo siempre regala paz.

Carnaval, majestuoso y real
el hijo siempre regala paz,
un canto nuevo, Shanti Setú,
la vida brota ay de la cruz,
un canto nuevo, Puente de Paz,
el hijo siempre regala paz,
hay fiesta eterna en plena luz
la vida brota ay de la cruz.

¡Vaya, Puente de paz!

¿Y no era Shanti Setú?

(Febrero/Marzo 2006)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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La primera campanita

Esta historia, improbable como lo van a ver, empezó en Noviembre de 1995 cuando supe, en medio de mi luna de miel en Cancún de más de dos semanas, que podía ir a Cuba. Una vez asegurado el debido permiso conyugal de mi Marta, quien no podía ir pues su visa sólo le permitía entrar a México una vez, tomé camino hacia La Habana una tarde con el objetivo de llenar de discos la maleta que me acompañaba y regresar temprano la mañana siguiente.

Mi guía, Machi, me recogió en el aeropuerto y me llevó a varias tiendas en donde compré lo que me faltaba, lo cual, para mi sorpresa, no era mucho. Cuando terminamos le dije, “¿oye Machi, por qué no me llevas donde Silvio?” –el famoso cantautor cubano Silvio Rodríguez, claro está, para quienes saben de él– a lo que él me dijo que no sabía dónde vivía. Yo le insistí y lo insté a que averiguáramos. En la última tienda, cerca de la heladería Coppelia, nos dijeron que era por Miramar.

Tomamos su carro, no tan antiguo como los de las fotos, y por la 5a avenida él paró y preguntó: “¿oye, tú sabes donde vive Silvio?” y nos contestaron “por allá”. Tomamos hacia esa dirección y luego él repitió la pregunta, “¿oye, tú sabes dónde vive Silvio?” y volvió otra pista igual pero diferente: “por allá”. Así, siguiendo una secuencia certera hacia el más allá, llegamos a la casa del trovador.

Ya se adentraba la noche y acompañaba la oscuridad habanera. No había un timbre y entonces Machi, en contra de mis indicaciones, empezó a gritar, “¿hay alguien aquí?”, “¿hay alguien aquí?”. Se abrió la puerta y salió Silvio. Machi se volteó hacia mí para confirmar, “¡Es Silvio!” y éste, al escucharlo, dijo “¿Y qué querías que fuera Pablito?”. Machi me dijo que él me presentaría y, por su clara emoción ante el icono, lo hizo exagerando: le dijo que yo había venido a la isla exclusivamente para conocerlo a él.

La conversación fue breve y en la puerta de su casa pues el artista había estado grabando todo el día. Yo le dije que algunas de sus canciones me llegaban muy hondo, como si hubieran sido compuestas para mí, en particular una llamada El vigía, que, por un jardinero, un aguacero y un viento sur, me conmovía. Le conté que estaba trabajando en un libro acerca de cómo la ciencia moderna invitaba al amor y le dije que el material acaso debía ser plasmado también de una forma poética y que si había alguien quien podía hacerlo, debería ser él. Le agregué, con firmeza, que si él me contestaba yo le escribiría y él asintió. Me dio su número de fax en un papelito y me regaló su último disco diciéndome: “si te gustó el vigía, creo que te va a gustar Casiopea”, y así es, a pesar de que el millón de años de espera prescritos allí se hayan convertido proféticamente en una realidad en mi vida.

Pasó el tiempo, y la luna de miel, y le escribí, cual lo acordado, resúmenes de lo que hoy por hoy constituyen los capítulos principales de mi libro La Higuera & La Campana. Ante el silencio, no acordado, algunos amigos, previamente emocionados por el encuentro, me empezaron a explicar que no debía esperar yo una respuesta de tan importante personaje. Silvio, en efecto, no respondió…


…Los regalos de vida llegaron con el nacimiento de nuestra primera hija Cristina en 1996 y cuando ella era pequeñita partimos de año sabático hacia el Instituto Santa Fe, especializado en el estudio de la complejidad y ubicado en Nuevo México. Allí, en medio de lecturas bíblicas y escritura de notas para el texto final de mi libro, un buen día surgió una locura como un reto: el escribir una canción basada en mi entender pero de la forma en que Silvio la escribiría.

Así brotó la primera campanita El cedro y la higuera que se incluye aquí, la cual está basada en diversas citas acerca de la higuera en las Sagradas Escrituras: la conversión súbita de uno de los doce al saberse visto por Jesús bajo tal árbol (Jn 1:47-51); la maldición extraña y acaso fuera de carácter de tal símbolo sin fruto por Él pocos días antes de su muerte (Mt 21:18-22, Mc 11:12-23); el cubrimiento de la desnudez original de Adán y Eva usando tales hojas (Gn 3:7) y una lección urgente a partir del mismo árbol que anuncia un retorno deseado y a la vez terrible (Mt 24:32-35, Mc 13:28-21, Lc 21: 29-33).

La canción, que en verdad no sé cómo suena, no es mi mejor poema. Sin las explicaciones bíblicas es muy difícil de seguir y su coro es seguramente demasiado recio, pero a ésta Silvio sí respondió y su amable mensaje sirvió de espaldarazo a este pequeñín intentando comunicar lo que entendía a partir de la ciencia a un público general: el que todo ese misterio de la higuera se podía comprender a partir de la moderna teoría del caos.

Cuando llegó la respuesta de mi trovador, llamándome además “buen Carlos”, yo ya me había atrevido a adentrarme un poco en la composición y esto inspirado por una bella vivencia de un par de meses en el Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe en Pecos, Nuevo México. Hoy por hoy digo, sin embargo, que Silvio Rodríguez, al no haber contestado a tiempo, es el feliz culpable de mis escritos, de estas “campanitas” a las que me referiré en este blog y que anhelo puedan ser útiles (con un acento para un gran helado que él cantó) para mejorar el mundo y que ojalá (valga la redundancia) lleguen a sonar para también animar con buena música.

El cedro y la higuera

¡Para el buen Silvio!

Un buen amigo comparte
promesa vital, verdad hallada,
y pese a duda, al Él tocarle
plenitud de vida, su tonada.

Por fruto de lágrima comprende
que bajo el árbol Él lo vio,
y camino en fe éste ya emprende
a vivir el sueño que Él pagó.

Oh pobre aquel, a su imagen
que a pesar de buen abono,
al creerse un cedro hermoso
no halla razón de abandono.

Este la luz dice ver
mas sólo en visos se pierde,
para este corazón, casi inerte
canto mi conocer.

Una vez cuando Él hambriento
pasó por árbol aún sin fruto,
lo maldijo y lo dejó seco
punto final, juicio del justo.

Y explicándoles desorden y mal
les dio conocimiento pleno:
las montañas al mar ya se van
si sin duda se pide de lleno.

Oh pobre aquel, a su imagen
que a pesar de buen abono,
al creerse un cedro hermoso
no halla razón de abandono.

Este la luz dice ver
mas sólo en visos se pierde,
para este corazón, casi inerte
canto mi conocer.

Alegoría física insinúa
en higuera tierna y caos podrido,
verano cerca, mucha muerte
pago de no perdón, tiempo cumplido.

Desnudez vital hojas no cubren
lo quebrado es hueco, con vacíos,
cielo y tierra llegan a su suerte
la palabra queda: el buen amigo.

Oh pobre aquel, a su imagen
que a pesar de buen abono,
al creerse un cedro hermoso
no halla razón de abandono.

Este la luz dice ver
mas sólo en visos se pierde,
para este corazón, casi inerte
canto mi conocer.

(Junio 1997)

Un fragmento leído se puede escuchar aquí…

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