La lluvia y mi hora

Esta campanita relata lo sucedido el día anterior a que surgiera la entrada anterior del blog: “!17 diciembres después!”, la cual contiene mi plegaria “Oh Virgen preferida” bellamente interpretada en la Basílica de Santa María de Guadalupe en la Ciudad de México por Fabiola Jaramillo y los Camperos de México, a partir de un elegante arreglo musical de Lázaro Alemán.

El día 14 de diciembre de 2021 volví a San Francisco, la gran ciudad californiana llamada así en honor al muy popular santo de Asís, para cantar la versión final de mi plegaria en la Catedral Metropolitana de Santa María de la Asunción, tal y como lo había hecho exactamente 17 años atrás con su versión original, en el mismo día de San Juan de la Cruz. Como sucedió en el pasado, encontré el templo básicamente vacío pues solo había allí dos personas más: el guarda que chequeaba que la gente usara mascarillas y un feligrés joven curiosamente llamado Aquarius, a quien le pedí me grabara cantando enfrente de la bella imagen de la Guadalupana hecha con mosaicos pequeños multicolores y bellamente adornada con flores rosadas.

Cuando el guarda se enteró de mi deseo, pues lo hablé con Aquarius cerca de él, me dijo que no podía cantar allí sin un permiso y entonces, sabiendo que no había tiempo para intentar conseguirlo, optamos por grabar la canción afuera de la muy imponente edificación, que como lo pueden ver es particularmente hermosa tanto por fuera como por dentro.

Así pues, pasamos la puerta abierta debajo del majestuoso vitral que muestra a Nuestro Señor Jesucristo resucitado, y nos colocamos en el otro extremo, yo muy dispuesto, a pesar del frío, a entonar mi plegaria a capela y con toda emoción.

Aunque todo empezó bien, cuando llegué a la última estrofa, y sin duda teniendo presente en mi mente la interpretación potente de Fabiola, la voz se me quebró y no pude subir lo que debía. Nos tocó pues parar y empezar de nuevo y en esta ocasión, hacia el final de mi segundo intento y cuando repetía la misma última estrofa que empieza diciendo “En este día sagrado”, sopló una ráfaga súbita de viento y lluvia y yo me estremecí mientras cantaba, pues tal y como intentaré explicarlo a continuación, el suceso no me pareció ni insignificante ni fortuito …

… Resulta que, desde hace al menos 32 años, o sea desde antes de mi epifanía vital cual explicada a José Saramago aquí, me he identificado con una canción del famoso cantautor cubano Silvio Rodríguez llamada “El vigía”, la cual en diversas ocasiones me llevó a las lágrimas, tal y como se lo conté a él cuando nos conocimos hace 26 años diciéndole que creía que había sido escrita para mí. Tal y como se puede notar oyéndola debajo, dicha canción, contenida en un tríptico que Silvio produjo cuando yo terminaba mi doctorado en 1984, consta de dos breves y sentidas estrofas, con la primera cantada dos veces y haciéndole un sándwich a la segunda, y con aquella repetida cantada con tal énfasis la segunda vez que parece que el autor la estuviera casi gritando, expresando una frustración veraz o un justo coraje: https://www.youtube.com/watch?v=TE6Npnk6FA8.

En el texto del medio, el poeta se define como un concepto antiguo, algo conocido y a la vez vital: como un arroyo, el viento, como un ave, un espejo, como el amor y el invento, y concluye resumiendo y repitiendolo que él sólo es un vigía, amigo del jardinero, alguien que además tiene la pupila en el día que llegará el aguacero. Curiosamente, esta estrofa me conmovió aún antes de entender todo lo que significaba, pues guiado posteriormente por los regalos del cielo que he recibido en libros y canciones, me he convertido también en un improbable centinela, sin duda un vigía casi insignificante, alguien pendiente de señales en medio de maldades (como dice mi plegaria a María Santísima), y ciertamente alguien que ha intentado ser amigo del mismísimo Jesús que María Magdalena confundió con el jardinero después de la resurrección (Jn 20:15) o amigo de Dios Padre quien es el buen jardinero que nos poda para que produzcamos más y más fruto (Jn 15:1–10). Y es que, aún por medio de señales definidas en la ciencia moderna que no pocos desechan, he comprendido que la Palabra es cierta y que ya ha de venir ese aguacero apocalíptico que nos llama a la conversión y que es el tema de varias de mis más sugerentes composiciones, por ejemplo, aquí, aquí, aquí, y aquí.

La estrofa repetida en la canción de Silvio habla de un retoño que tuvo empezar amargo – vaya si no lo somos todos después del pecado original, digo yo – que para sanarse requiere de agua (mi profesión en la ciencia y en la fe), es decir el ya citado llamado al arrepentimiento o la conversión. Y mi trovador prosigue diciendo, ya con frustración, pienso yo, que va a ser falta un buen otoño tras un verano tan largo (larguísimo en la repetición enfática de la estrofa al final) y es que el verde se está secando y el viento sur se demora – y nada que viene Él, entiendo yo, y eso da coraje para casi gritarlo ante tanta mentira en el mundo actual, lleno de corrupción por doquier, falsedades ecuménicas y templos vacíos – pero allí, al final, el buen Silvio expresa su fe, digo yo, aunque le parezca a algunos (o quizás a muchos) que habla de algo distinto, diciendo: “pero yo sigo esperando, que lleguen cantando la lluvia y mi hora”, esa misma fe que es absolutamente la mía, pues esa hora es para mí la del triunfo final, la del cielo que ya viene, la misma expresada en la plegaria cantada afuera del templo en “soñando con verdades y con el alma abierta deseando ya vencer”, y la misma en diversas canciones del trovador, citadas en un par poesías que hice para él luego que habláramos largamente en La Habana …

… En aquel martes feliz, «como hace un barco tras sus meses» diría él, llegó lluvia del cielo cuando me grababa Aquarius. No llovió entonces sobre mojado cual Tláloc persistente, como se entendería en México, sino que más bien sucedió para acompañar mi canto por una estrofa. Y mis ojos se humedecieron una vez más mientras le cantaba a Ella, a María mi Madre, y así comprendí que le llegaba la hora a mi proyecto esencial. Vaya coincidencia exquisita planeada desde siempre, pienso yo. ¡En verdad le llegó la hora a Shanti Setú o Puente de paz! ¡Gloria a Dios!

Y Silvio me dijo, hace ya 26 noviembres, que él creía que si me había gustado “El vigía” entonces me iba a gustar “Casiopea” y vaya si me ha definido: https://www.youtube.com/watch?v=SbSHQATlZLk. Los invito a escucharla sabiendo que he esperado como un millón de años hasta tener la dicha de un comienzo avalado por signos cuerdos y queridos, y agregando, sin mayor explicación, que hoy por hoy, mientras sigo compartiendo coordenadas, intento no estar lejano de mi estrella y de mi gente.

Aunque algunos acaso, amigos queridos, quisieran escuchar mi sentido canto a María, lo que importó ese día del místico favorito de muchos, San Juan de la Cruz, fue la historia aquí relatada. Y como todo surgió de mi plegaria ya en las redes, aprovecho más bien la ocasión para re-lanzar con toda alegría y emoción el canto insuperable de mi canción a Ella por Fabiola Jaramillo y su mariachi Camperos de México.

María, Madre de Dios, Madre nuestra, acompáñanos y guíanos en este 2022.

Esta entrada fue publicada en Campanitas. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La lluvia y mi hora

  1. Qué camino más curioso y misterioso, el que nos conduce hacia Dios, pero con la mano de la Virgencita, el viaje es más tranquilo. Te felicito y agradezco Prof. Carlos, por proveernos en este diciembre de una hermosa dedicatoria a la madre de nuestro Señor y por inspirarnos a seguir el ejemplo de María, fuente de paz y amor.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.