Cuando volví a Cuba

Pasaron los años y el mundo cambió en el 2001 con la caída de las torres gemelas en Nueva York. Para entonces yo intentaba dar conferencias “de la ciencia a la paz” en Colombia, pero una vez sucedió el infame 11 de septiembre comprendí que debía compartir en donde pudiera y en dos idiomas.

Para esa época me enteré que se celebraría en La Habana, en enero del 2002, un congreso acerca de las implicaciones de la teoría de la complejidad y, claro, sometí una ponencia pensando además que podría departir nuevamente con Silvio Rodríguez. A él le había enviado, no con poca dificultad, una copia de mi libro La Higuera & La Campana, terminado mas no editado, y no sabía si la había recibido o no.

Al día siguiente de llegar a Cuba, Machi, el mismo guía de mi primer viaje seis años atrás, me recogió para llevarme a varios sitios. Primero y muy temprano fuimos a los Estudios Ojalá, en donde desafortunadamente no se encontraba Silvio, pues estaba visitando algún lugar de la isla. Allí me mostraron en un cuartito el manuscrito que le había enviado y sus secretarias se alegraron al conocer quién era el que escribía con insistencia intentando comunicarse con el cantautor. Me dijeron que me avisarían si era posible un encuentro, pero éste al final no se dio pues él no regresó a tiempo.

Luego de los estudios, salimos hacia el centro de la ciudad y con dirección al Ministerio de Cultura. Allí fui a pedir los teléfonos de algunos músicos con quienes pensaba que acaso podría colaborar. Una señora sentada en un escritorio pequeñito, localizado cerca de la puerta principal, me dio con toda naturalidad la información requerida. Ella sacó de un cajón una libretita empleada muchas veces y buscando allí, sin parafernalia oficial alguna, me leyó los números que pedía. Salí asombrado y feliz hacia mi hotel para intentar comunicarme, todo esto antes que comenzara la conferencia.

Los números que me dieron o estaban fuera de servicio o no los contestaba nadie excepto uno, el del gran pianista y compositor José María Vitier. Marqué su teléfono y seguidamente entablé una amena conversación con una dama con quien hablamos de música y a la que le confesé que La llama de amor viva era para mí una de las más bellas canciones que había escuchado jamás. Ella se agradó ante el hecho que yo, siendo extranjero, apreciara la bella música del artista y hacia el final intuí quién era. “¿Eres Silvia?”, le pregunté y ella asintió. Era la esposa de José María a quien él comúnmente le ha dedicado su trabajo empleando sentidas expresiones de amor.

Después que ella hablara con su marido y contrario al vaticinio lógico de mi hermano Germán Vives quien pensó que dicho encuentro era muy difícil, fijamos una cita. Vinieron a mi hotel un sábado y hablamos sin parar por cinco horas. ¡Fue algo realmente hermoso! Nos contamos las vidas compartiendo nuestra fe común y supe, por ejemplo, que la bellísima Misa Cubana a la Virgen de la Caridad del Cobre, cuyos apartes fueron oídos en La Habana por el Papa Juan Pablo II en 1998, fue el pago a La Rosa por la sanación de su hijo José Adrián, luego de haber sido encomendado a Ella cuando de niño estaba desahuciado. José María al piano compuso la música universal y finamente cubana incluyendo algunas secciones en latín, y Silva escribió bellas letras en español, las cuales fueron grabadas con Silvio Rodríguez y Amaury Pérez.

Nos hicimos buenos amigos y así nos hemos mantenido hasta la fecha. A mis amigos de entonces, pendientes de lo que pudiera suceder en mi regreso a Cuba, les reporté: ¡bueno, no pude ver a Silvio, pero conocí a Silvia! Y es que el apellido de ella es también Rodríguez…

…La conferencia fue exitosa y en mi ponencia expliqué por qué la hipotenusa es el camino de la paz. Allí al final, y levantando de la mesa un pesadísimo micrófono, canté a capela una de mis canciones, que ya saldrá en otra campanita y que curiosamente apareció en las memorias del evento como si la hubiera escrito Silvio Rodríguez.

Debo agregar, aunque esta campanita se vuelva algo extensa, que además de los Vitier conocí también al gran científico cubano José de la Luz Montero, quien, aunque educado en la química, sabe más física y matemáticas que muchas personas. Él colaboró por años con otro destacado, Jesús Novoa, y, en contra de cualquier pronóstico, llegaron a avanzar muchísimo, con un tesón admirable por encima de las limitaciones en la isla.

Cuando nos conocimos pocos minutos después de mi ponencia, él me preguntó, seguramente para ponerme a prueba, “para ti, ¿cuál es el número más importante de todos?”, y yo le dije que el cero, explicando que eso era así pues cualquiera de nosotros elevados a dicha potencia logramos la unidad. Desde entonces y a pesar de las aguas y sistemas que dificultan comunicaciones, hemos sido amigos cercanos. Él fue quien tomó la fotografía mostrada arriba con el Maestro Vitier en una visita posterior…

…Volviendo a José María y Silvia, una de las canciones que les di gozoso en nuestro largo encuentro se llama Por la Bandera, una que fue inspirada por la famosa historia del entonces niño Elián González, quien en el año 1999 sobrevivió lo que su madre no: el venirse de Cuba a Estados Unidos por alta mar en una balsa. Como es bien sabido, la llegada del “balserito” suscitó una batalla campal entre cubanos de aquí y de allá, lo cual fue un espectáculo bochornoso que duró varios meses de odios. Las arengas se repitieron empleando improperios variados–hasta con Rosarios en mano–y la historia terminó violentamente con la entrega del niño a su papá quien lo regresó a Cuba. Fueron tiempos turbulentos que causaron muchas heridas y por ese incidente aumentó la desunión.

Meditando en lo que sucedía, un buen día me apropié, como en la campanita anterior, de una canción conocida, esta vez cubana, y la más famosa de todas: la Guantanamera. Con el debido respeto a todo un pueblo cuya música he admirado y gozado desde niño, acaso desde el vientre de mi madre, me valí de una versión alegre de Irakere y le modifiqué el coro y las coplas para convertirla en un llamado hacia la unidad y la paz de los cubanos.

Sabiendo bien que es cierto que “debemos levantar el recinto del pan y la verdad”, empleé en el coro una alusión clara al  bello himno “Vamos a andar” de Silvio Rodríguez y le pedí a mi hermano Fernando Duarte, duartecito, quien hizo las bellas carátulas de mis libros y dibujos variados que adornan mis libros y este blog, que hiciera un ícono alusivo a la bandera uniendo las dos costas.

Esta campanita, aunque sin las referencias a las rosas blancas de José Martí y a La Rosa de la Misa que he agregado recientemente, se la he regalado a diversos artistas cubanos en el transcurso de los años. Se la di, por ejemplo, a Pablo Milanés al final de un concierto en San Francisco, diciéndole que era el sueño de un colombiano para los cubanos. También se la regalé personalmente a Silvio Rodríguez en una visita posterior por contar, y a Chucho Valdés, Elíades Ochoa, Giraldo Piloto, Maraca Valle y Juan de Marcos González, entre otros que han venido a dar conciertos aquí en la Universidad de California en Davis o en el área de San Francisco.

El Maestro Vitier me dijo inmediatamente que tuviera cuidado con lo que hiciera empleando la famosa melodía, enfatizando con la debida seriedad: “no te metas con la Guantanamera”. Yo le he explicado que acaso alguien pudiera arreglar mi versión de modo que evoque la famosa sin llegar a sonar igual, pero su advertencia no ha cambiado.

Habiendo oído la famosa melodía en la plaza de San Pedro en Roma hace un par de años, pero con una letra no familiar en italiano, pienso que acaso esta campanita sí pueda llegar a sonar (con el debido respeto, claro está) para invitar a lo que sería maravilloso no sólo para los cubanos sino para todos, así a mí me llegaran a demandar por soñador.

Por la bandera

¿Será sólo una utopía, como dar rosas blancas a amigo y enemigo?

Inspirada por una versión de
“Guantanamera” de Joseíto Fernández por Irakere…

A la memoria de
Celia Cruz y Compay Segundo…

También para
Gloria Estefan y Pablo Milanés…

Y, claro, para José Martí…

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

El enigma sí se arregla
cuando todos comprendamos,
el enigma sí se arregla
cuando todos comprendamos,
que debemos perdonarnos:
por Rosa somos hermanos.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

El asunto no es culpar
al otro por el problema,
el asunto no es culpar
al otro por el problema,
hoy debemos ya acabar
con el rencor y la queja.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

El dilema no es externo
(no es la bandera)
ni viene a ser un sistema,
el dilema no es externo
ni viene a ser un sistema,
el reto es volverse ejemplo
trocando en amor la pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

Por la bandera me voy.

Shanti Setú, para soñar…

Con la bandera ay soy.

Por la bandera me voy
salgo en humildad,
con la bandera ay soy
llevo una rosa blanca,
por la bandera me voy
canto con claridad,
con la bandera ay soy
llevo idea franca,
por la bandera me voy
con los de aquí y los de allá,
con la bandera ay soy
sembrando la balanza,
por la bandera me voy
creciendo la amistad,
con la bandera ay soy
sanando sin revancha,
por la bandera me voy
sin dejar nadie afuera,
con la bandera ay soy
sin egoísmo y otra mancha,
por la bandera me voy
perdona ya y tú verás,
con la bandera ay soy
como el problema se va,
por la bandera me voy
en libertad ven ama ya,
con la bandera ay soy
sigue La Rosa blanca,
por la bandera me voy
rectificando de verdad,
con la bandera ay soy
y por Martí a la unidad…

Por la bandera me voy.

Puente de paz…

Con la bandera ay soy.

Shanti Setú…

Por la bandera me voy.

Puente de paz…

Con la bandera ay soy.

(Marzo 2000/Noviembre 2017)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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Una respuesta a Cuando volví a Cuba

  1. jacqueline castell dijo:

    Te felicito es una linda composicion, la musica se adpta muy bien hay una gran armonia y ni decir de su profundo mensaje

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