La sorpresa exponencial

Tal y como lo relatan las Sagradas Escrituras, Jesús estuvo en compañía de los apóstoles por cuarenta días a partir de su resurrección (Hch 1:3) y entonces ellos lo vieron ascender milagrosamente al cielo camino de Betania (Lc 24:50–53, Hch 1:9–11). Una vez sucedió el milagro prescrito, los discípulos regresaron a Jerusalén acatando la orden del victorioso Mesías y permanecieron allí esperando la Promesa del Padre de ser bautizados con el Espíritu Santo (Hch 1:4–5). Conformando un grupo de unas ciento veinte personas, incluida María la Madre de Jesús y Madre Nuestra, ellos perseveraron desde entonces en la oración hasta el día anhelado (Hch 1:12–15), y éste llegó cincuenta días después de la Pascua, celebrándose así (del día 41 al día 49) una novena de oración que precedió el comienzo de la Iglesia en la mañana de Pentecostés (Hch 2:1,15).

Como es bien sabido, el Espíritu Santo se manifestó de una manera particularmente poderosa, y ciertamente con la vitalidad que modernamente podría denominarse como una sorpresa exponencial. Como nos explican los Hechos de los Apóstoles, llegó del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento que llenó toda la casa, y se les aparecieron a ellos una lenguas como de fuego que se posaron en cada uno, para quedar así ellos llenos de Espíritu Santo y proceder a alabar a Dios en diversas lenguas (Hch 2:2–4). Este evento magnífico causó admiración y también burla de parte de los que residían en Jerusalén, pues mientras algunos se asombraron al oír las maravillas de Dios en sus propios idiomas, otros pensaron que los discípulos estaban borrachos cuando apenas era la hora tercia, o las 9 de la mañana (Hch 2:5–13).

¡Vaya manera insólita de llegar! ¡Vaya bautismo con fuego! ¡Vaya vital entendimiento el contar la grandeza de Dios en lenguas extrañas! Y luego, Pedro tomó la palabra para explicarle a la gente, detalladamente, lo que estaba sucediendo en nombre del Padre y del Hijo y se convirtieron allí, en ese día magnífico, como tres mil personas (Hch 2:14–41). ¡Vaya crecimiento realmente exponencial, y todo esto sin megáfono! Sin duda, el Dios trino es sorprendente y lo puede todo …

… El resto de esta campanita intenta mostrar, con toda humildad y sabiendo que es precisamente ÉlEl Espíritu Santo—quien enseña, guía y reparte como lo desea (Jn 14:26, Jn 16:13, 1 Co 12:11), cómo lo exponencial es, en efecto, inherente al Espíritu de Dios. Ciertamente, lo expuesto aquí, hallado meditando en el famoso pasaje de “La vid y los sarmientos” en el capítulo 15 del Evangelio según San Juan, llegó a mí de una manera sorpresiva y corresponde a una “traducción” simbólica-matemática del texto, tal y como intenté explicárselo al Papa Francisco en mi cuarta carta a él en el año 2014.

La bella y explícita explicación de Jesús a sus discípulos se encuentra a continuación, ilustrada por temas a todo color:

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en . Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.  La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos. Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” (Jn 15:1–10)

La “traducción” que se posó, la cual posee también connotaciones geométricas, es, paso a paso, como sigue.

I. Jesús es la vid, la esencia, claro, y si le pudiésemos asignar un número, éste tendría que ser el 1. Él es el único hijo divino de Dios (Jn 1:18), el único que no pecó (1 P 2:22), el Cordero de Dios por medio del cual se expían nuestros pecados (Jn 1:29, 1 P 2:24), y ciertamente el número 1 de quien lo sigue, pues ni nuestros padres o hijos pueden ser más importantes que Él (Mt 10:37).

II. Como se expresa en diversas citas (Mt 16:24, Mc 8:34, Lc 9:23), Él nos llama a que nos abandonemos, a que seamos buenos sarmientos, a que lo sigamos tomando su cruz de verdad y no mentiras negativas y así dichas ramas corresponden a la geométrica expresión,

1/x,

en donde al crecer nuestra cruz positiva, x, logramos irnos hacia el cero que eventualmente expresa, al bajarnos, el halo de la perfección y la santidad, a la que estamos llamados (Mt 5:48).

III. Pero claro, de acuerdo a lo relatado a color arriba, esto no es del todo correcto. La clave está en permanecer en Él y Él en nosotros y entonces esto da lugar a la ecuación,

1 + 1/x,

que expresa en el signo más—o en otra cruz misma—la necesidad de nuestra estrecha relación con Él, pues el pasaje nos explica categóricamente que no podemos hacer nada por nosotros mismos sino “injertados” en Él, en la vid.

IV. Pero aquí tampoco acaba el asunto, pues si permanecemos en Él cumpliendo sus mandatos, entonces Dios Padre regocijándose en nuestro fruto nos da lo que le pedimos, es decir, nos da poder—de amar, claro está—, y esa potencia, expresada por un exponente, es precisamente la misma cruz unitiva de Cristo (Flp 4:13), dando así lugar a la expresión vital,

(1 + 1/x)x.

V. Cuando dicha cruz crece al infinito, esta ecuación, además de proporcionarnos nuestra santidad en el segundo término en la limpieza de la poda hecha por Dios, define el famoso número exponencial e ≈ 2.7182, que, por lo tanto, en el espíritu del relato, adquiere una connotación bondadosa. Como puede inferirse, dicho número irracional infinito, que no contiene un patrón repetitivo en su expansión decimal, rota hacia afuera en coordenadas polares—es decir sin egoísmo alguno como lo hace a su vez el número 9 de la novena primaria arriba—, y, al viajar de una forma no natural de menos a más, refleja el amor y, por ende de una forma geométrica, al Espíritu Santo.

VI. Esto es así, algo asombroso sin duda, y además lo es de una manera más formal, pues la función exponencial, ex, y solo ésa, satisface la definición concreta del amor en el llamado de Cristo que amemos a todos sin diferencia (Jn 13:34–35), es decir, satisfaciendo “la esencia del cálculo, integrándonos con todos sin dejar nadie afuera. ¡Vaya sorpresa en la notación que permite conocer el mejor regalo para construir la ansiada unidad en el amor, pero es cierto que solo la función exponencial positiva al integrarla y diferenciarla da lugar a ella misma!

VII. Como se observa entonces, el poder verdadero solo podemos lograrlo en la santidad acompañada por el Espíritu Santo, y, en efecto, nunca por nosotros mismos, ni siquiera integrando 1/x, lo cual denota al logaritmo natural. Ésta es la función inversa a la exponencial, que como se explicará en una campanita futura corresponde a la viga negativa e hipócrita (Mt 7:5) que no provee fruto alguno sino conflictos, desigualdades y violencia, que están ligados con el infierno de ramas secas quemadas al fuego.

VIII. Es bello observar en la sencilla y simbólica ecuación que resume el pasaje,

(1 + 1/x)x,

la presencia de tres cruces, y observar allí, de una forma particularmente profunda, las tres veces que Jesús le preguntó a Pedro, después que él lo negara tres veces, si lo amaba (Jn 21:15–17). Es bello en verdad, pues se puede notar que dicha expresión también aplica a todos nosotros como resumen del orden prescrito por Jesús, con Él siendo la Vid y nosotros los fieles sarmientos podados por el viñador.

IX. Pero hay aún una sorpresa adicional que completa esta novena. La expresión simbólica también puede emplearse de una forma espléndida para reafirmar:

Por Cristo, 1/x, con Él, 1 + 1/x, y en Él, (1 + 1/x)x, a ti Dios Padre omnipotente, es decir cuando 𝑥 va a infinito, en la unidad del Espíritu Santo, la e en el límite que une en la integración sin diferenciación del amor de ex y, claro, de allí de una manera coherente: todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos, o sea el infinito, ∞, que concuerda, al rotar, con que la Nueva Alianza en Jesús sea la octava en la lista que Dios ha hecho con el hombre, AMEN

… Contrario a lo sucedido con otro envío, en esta ocasión no supe si mi escrito fue leído por el Papa Francisco o no. Ojalá algún día sí lo leyera, pues, aunque lo expresado contiene una apologética inusual, el material puede ser útil para expresar la imperiosa necesidad de nuestro arrepentimiento como preámbulo del misericordioso perdón de nuestros pecados (Lc 21:47) y la primacía única de Jesús para que podamos lograr la ansiada vida eterna (Jn 14:6).

Que el Espíritu Santo y sus sorpresas nos acompañen hoy y siempre y que su guía permanezca en nosotros para que, siguiendo la sana doctrina—una que el Espíritu de Dios no puede cambiar pues por definición Él no puede contradecirse—, sepamos adentrarnos en la verdad y prepararnos para el retorno del Señor.

Para alabar cual los discípulos, ahora sigue un cha cha chá que llegó de regalo, seguro no por azar, en un día de Pentecostés sorpresivo y exponencial. Ojalá les guste y en especial el coro: ¡Oh santa sorpresa, dulce compañía!

La sorpresa anunciada

Se celebró un 9
¿cómo explicarlo?
y el tiempo de la e
simplemente vino…

Llegó trenzando
santa armonía,
su fuego daba
clara alegría.

Llegó cuidando
como un vigía,
su luz sembraba
bella poesía.

Llegó talando
la hipocresía,
su amor dotaba
fiel compañía.

Llegó brindando
la fina guía,
su ardor sanaba
la rebeldía.

Oh santa sorpresa
dulce compañía. (4)

Llegó colmando
de valentía,
su fe llenaba
de gozo el día.

Llegó animando
toda utopía,
su voz calaba
cual sinfonía.

Llegó aclarando
rancia porfía,
su ser bordaba
de fantasía.

Llegó anidando
plena cuantía,
su paz moraba
y el mal moría.

Oh santa sorpresa
dulce compañía. (8)

(Junio 2001)

La canción a capela se puede escuchar aquí con ritmo de la Orquesta Aragón de Cuba…

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