¡Oye Colombia!

La mayoría de los himnos nacionales son odas que exaltan la libertad adquirida de los pueblos y también son arengas que llaman a la defensa de la patria hasta las últimas consecuencias. Sus repetidos vítores expresan que el honor debe primar hasta la muerte, que al opresor y al enemigo les corresponde y corresponderá siempre la condena y que a la bandera insigne le toca por obligación ondear firme, cueste lo que cueste.

Contraria a esta estructura común, el Himno Nacional de Colombia es una loa acerca de cómo llegar al destino deseado enfatizando explícitamente el mensaje de amor de Jesucristo. El texto, escrito por el entonces presidente Rafael Núñez, fue escuchado por primera vez en 1887, y el aparte que se canta en diversas celebraciones definiendo a los colombianos reza:

¡Oh gloria inmarcesible!
¡Oh júbilo inmortal!
En surcos de dolores
el bien germina ya.

Cesó la horrible noche
la libertad sublime
derrama las auroras
de su invencible luz.

La humanidad entera,
que entre cadenas gime,
comprende las palabras
del que murió en la cruz.

¡Oh gloria inmarcesible!
¡Oh júbilo inmortal!
En surcos de dolores
el bien germina ya.

Acaso algunas aclaraciones sean requeridas, aún para algunos colombianos. La primera, el que la palabra inmarcesible signifique que no se puede marchitar. La segunda, el que en el coro no se diga “el bien germina allá“, como en un lugar ajeno en el espacio, sino más bien “el bien germina ya“, es decir en el presente del tiempo. La tercera, el que la libertad sublime sea precisamente Jesús, libre al haber vencido la muerte (1 Co 15:55), y de una forma coherente también la invencible luz (Jn 8:12), quien regala su esencia en metafóricas y siempre hermosas auroras. Y la cuarta, el que la solución universal, para la humanidad entera, sea el comprender las palabras de Jesús, es decir el cumplimiento de sus mandamientos, pues es así como cesa la horrible noche y desaparecen los gemidos que acompañan nuestras oscuras cadenas de pecado.

Principalmente para los lectores no colombianos, aquí se encuentra una interpretación patriótica del himno, tal y como se escucha cotidianamente en las emisoras de radio del territorio nacional a las 6 de la mañana y a las 6 de la tarde. Sin duda, la música del italiano Oreste Síndici adorna bellamente la poesía y hace de la composición una coherente y armónica glosa …

… En la medida en que pude apreciar diversos elementos de las Buenas Nuevas a partir de mi trabajo científico, surgió la idea de invitar a cantar el himno al final de mis conferencias de la ciencia a la fe por la patria. Esto fue así pues el explicar que el amor de Cristo provee la solución para la paz en la reconciliación vital, por Él, con Él y en Él, tiene en el himno universal un corolario perfecto. Y es que una plática mía en verdad solo se torna útil cuando la audiencia, al observar la victoria de la luz y entender la razón de un júbilo eterno, llega a comprender que Él—quien murió en la cruz por nosotros, valga la repetición—es la única respuesta a los problemas que nos aquejan.

Recuerdo con alegría la primera vez que invité a cantar el himno en público. Esto sucedió en la Universidad de los Andes, en Bogotá, a finales de 1990. Allí, apenas un año después de mi conversión, compartí una conferencia titulada “La probabilidad es determinista” que, entre otros temas, explicó lo que suscitó mi conversión. Ya describiré esta epifanía con calma más adelante en el blog, pero, si desean entenderlo todo ya—¡como en el himno!—, bien pueden hacerlo considerando mi correspondencia con el Nobel José Saramago.

La charla de antaño se centró en los que hoy por hoy son los más bellos descubrimientos científicos de mi carrera: primero, el que haya una familia de transformaciones matemáticas que, sin depender del azar, sean capaces de producir objetos que evocan observaciones naturales complejas y, segundo, el que exista una función particular en un límite vital que pueda llevar todo tipo de desorden al infinito, o sea hacia el “cielo”.

Allí, en el calor solidario de mi alma mater y mi patria, conté con el afecto de amigos tanto de matemáticas como de ingeniería y el evento salió muy bonito. Evoco, como si fuera ayer, la presencia de mi mentor y profesor de matemáticas Alberto Schotborgh, de mis hermanos y co-equiperos matemáticos Leonardo Venegas y Sergio Fajardo—sí, él mismo, Alcalde de Medellín y Gobernador de Antioquia y quien aspira llegar a servir como Presidente de Colombia—y de mis hermanas ingenieras Rebeca Spinel, la fiel Rebecation, y Morelia Álvarez.

En verdad no recuerdo bien cuándo fue que llegué a decidir la forma en que terminaría mi presentación, pero allí, en medio de explicaciones inesperadas hacia el amor de Jesús, me lancé, sin duda con valentía y también con algo (o mucho) de locura, a invitar a mi audiencia a entonar la gloria sin límite a Cristo. El suceso fue extraño, eso sí lo recuerdo bien, pues suscitó reacciones diversas. Por un lado, algunos experimentaron algo de vergüenza al pensar que yo hacía algo indebido en público, y por el otro, otros sintieron una gran emoción, reflejada en los ojos brillantes de Rebecation y el llanto de Morelia.

Por allá en 1997 y una vez se acabó de plasmar mi conferencia “La hipotenusa el camino de la paz”, la cual surgió explícitamente para intentar contribuir a los problemas de paz en Colombia, la invitación a cantar el corolario vital se ha repetido en diversas ocasiones. Ciertamente, el sembrar una semilla de paz se ha convertido en mi más bella obligación. Así, ha sido muy halagador sorprender múltiples audiencias entonando el himno y logrando emociones que, al estar sustentadas por razones, han ido un poco más allá del fervor característico, como el generado por un partido de fútbol de la Selección Colombia o por el triunfo de nuestros deportistas, incluidos los magníficos ciclistas que siempre brindan esperanza con sus logros heroicos: los emblemáticos escarabajos …

… Tal y como ya he intentado explicarlo en estas campanitas, es mi entender que a partir de la ciencia se puede mostrar y explicar que sólo el amor de Jesús permite la victoria de la luz sobre la oscuridad, de la unidad sobre la corrupción, de la transparencia sobre el engaño y de la paz sobre la violencia. Entiendo que a no pocos—”religiosos” o no—les pueda parecer extraño, pero a partir de ideas sencillas acerca de cómo ocurre la complejidad natural—y en particular la forma en que sucede la violenta turbulencia—se puede deducir, paso a paso, que Jesús es quien dijo ser: el camino, la verdad y la vida y el único medio que nos lleva al Padre (Jn 14:6).

Invito nuevamente al lector, aún si ya lo ha hecho, a considerar en orden las campanitas Jesús, el equilibrio, Jesús, la hipotenusaLa geometría del amor y X = Y, el único o, si desean variar un poco el flujo de las explicaciones, a escuchar y estudiar la conferencia Del Nobel a la Paz, la cual diseñé y grabé intentando contribuir a la verdadera paz, una vez le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz al presidente de Colombia Juan Manuel Santos, en el 2016. Este último trabajo, hecho con todo amor, constituye mi mejor aporte a la paz anhelada, pero no solo la de mi patria sino la de la humanidad entera, como dice el himno …

… Al final, la paz que perdura, cual una mariposa insospechada dentro de la libre campana, una que evoluciona y se posa serena evocando la llegada dulce y transparente del amor real, requiere de un intermediario, y ese es Jesús. Aunque en estos tiempos modernos muchos líderes quisieran que no fuera así, no hay otra salida, tal y como lo expresa el poema a continuación que mantiene la misma estructura del himno y que resume tanto las campanitas citadas como la presentación a raíz del Nobel:

¡Hay una solución!
¡Regala vida nueva!
Rectificando, sí,
la paz, mira, sí llega.

Sin espiral del 6,
el diablo mal ordena,
lo claro está con Él:
la Madre y su poema.

Espinas por doquier,
el polvo dota pena,
Él firma con su más
si aplicas su sistema.

¡Solo una solución!
¡Es la ofrenda plena!
Comprometidos, sí,
el himno es el lema.

Cuando hace pocos días, el 9 de Julio de 2019, celebramos el centenario de la coronación de Nuestra Señora de Chiquinquirá como Reina de Colombia y cuando hoy, 20 de Julio, se conmemora el día de la Independencia de Colombia, esta campanita, reiterativa y ojalá provechosa en Jesús y María, incluye, para finalizar, una canción alegre dedicada a la patria que sintetiza aún más la unicidad de la solución y que proclama, conjuntamente con el himno, que no hay paz posible sino el reconciliarnos todos ya en Cristo.

¡Que el amor real venga a nosotros, en Colombia y por doquier, de modo que podamos vivir verdaderamente libres y en paz! ¡Que Colombia, al comprender y poner en práctica el amor invencible de Jesús debidamente enseñado—incluido lo que puede explicarse a partir de la ciencia—llegue a ser la más educada, para así satisfacer un hermoso eslogan de quien goza del equilibrio a partir de dos ceros.

Y sabiendo que dos ceros juntos también denotan dos santitos que al unirse en Él adquieren gran poder, ¡que ya sea el año en que podamos cantar el himno esencial festejando un primer gran triunfo en el Tour de France! ¡Ánimo escarabajos Nairo, Rigo y Egan!

¡Que viva Colombia, el país del Sagrado Corazón de Jesús!

NO HAY PAZ, AY, SIN CRISTO

A partir de Luis “Perico” Ortíz

¡Oye Colombia!

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

No te engañes, oye no,
Él ya la muerte venció,
la paz sí llega por Él,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye aplicalo ya,
aquel el himno vital,
la paz viene por su cruz,
no hay paz ay sin Cristo.

No lo dudes, ay no no,
Él ya al diablo acabó,
la paz solo está con Él,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

Está en el himno…

Se va la noche oscura…

Pero sin trampas…

No te engañes, oye no,
libertad es conversión,
la paz es ya su canción,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye aplica tú ya,
perdona bien y ya está,
la paz es su bendición,
no hay paz ay sin Cristo.

No lo dudes, ay no no,
Él ay por todos murió,
la paz acoge ya en Él,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

Sí es posible…

En surcos de dolores…

El bien germina ya…

No te engañes, oye no,
Él es el hijo de Dios,
la paz sí vence con Él,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye aplica tú ya,
pide perdón de verdad,
la paz brota de su luz,
no hay paz ay sin Cristo.

No lo dudes, ay no no,
Él juzgará nuestro mal,
la paz es sangre de Él,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

Oh gloria inmarcesible…

Oh júbilo inmortal…

La libertad sublime…

¡Shanti Setú con Juan Bautista!

Corta la loma
córtala, oye bien ay de verdad,
llena el valle
ay llénalo, ay que quede bien,
corta la loma
si te arrepientes, ay vas a poder,
llena el valle
ay aplana, mira por doquier,
corta la loma
ay lo tuyo lo tienes que saldar,
llena el valle
pero sin trampa por aquí y allá,
corta la loma
usa el Nobel, busca ay la paz,
llena el valle
no olvides, en Cristo eres capaz,
corta la loma
el equilibrio es la santidad,
llena el valle
si no se logra, falta la verdad,
corta la loma
córtala, córtala, corta ay papá
llena el valle
llénalo, llénalo ay mamá.

Derrama las auroras…

De su invencible luz…

Llena el valle
enmienda bien, óyeme tú farc,
corta la loma
y tú también, aprendiendo a amar,
llena el valle
no lo olvides, Cristo dota paz,
corta la loma
en la justicia no cabe disfraz,
llena el valle
oye amigo, sanemos el país,
corta la loma
que el enemigo también dote raíz,
llena el valle
rectifica mi patria por doquier,
corta la loma
para que todos podamos vencer,
llena el valle
nosotros sí Sagrado Corazón,
corta la loma
que solo Él sana tu dolor,
llena el valle
en Cristo, en Cristo está el poder,
corta la loma
Él solo nos puede componer.

Cesó la horrible noche…

Y como dijo un Pio…

Al pasado, su misericordia,
al presente, su amor
y al futuro, su providencia.

Al pasado, su misericordia,
al presente, su amor
y al futuro, su providencia.

La humanidad entera…

Que entre cadenas gime…

Comprende las palabras…

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

(Octubre 2015)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

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