Y ¿qué pasó con Silvio?

Para festejar mis 30 años de vida espiritual, hace pocas semanas llevé a cabo un bello viaje por mi patria. Tal y como está relatado en la campanita anterior, además de compartir dieciséis conferencias durante mi estancia, fui entrevistado dos veces en el programa “Construyendo Sociedad” de la emisora de la Universidad Piloto de Colombia.

En la segunda de dichas entrevistas, realizada por mi amigo Felipe Santamaría, conté cómo se forjó un proyecto de canción que se ha convertido en un sueño vital, este es, el llegar a constituir una gran banda Shanti Setú para cantarle al Señor un canto nuevo. Como lo pueden escuchar a continuación, si se toman una hora para hacerlo—oh intervalo larguísimo que no tenemos en estos tristes tiempos modernos—, el diálogo se centró en mi amor desde niño por la música cubana y, en particular, en mi interacción con los grandes músicos Silvio Rodríguez y José María Vitier.

Ya aquí en el blog habían sido citados estos dos artistas. Mientras Silvio apareció en el primer escrito como el buen “culpable” de mis intentos de canción—y esto en virtud a un silencio no acordado de su parte luego de que lo conociera en La Habana en 1995, José María afloró en el relato de mi regreso a la isla—cuando en el año 2002 participé en un primer congreso internacional acerca de la teoría de la complejidad y tuve la buena fortuna de conocerlo conjuntamente con su esposa Silvia.

Si oyen la simpática entrevista o si leen las dos campanitas acabadas de citar, notarán que no está descrito lo que sucedió cuando tuve la oportunidad de volver a ver a Silvio. De aquí surge el nombre de esta campanita que continúa con la historia …

… En efecto, en enero del año 2004, ¡cómo pasa el tiempo!, volví a Cuba al segundo congreso bi-anual acerca de la complejidad y, contrario a lo sucedido dos años atrás, esta vez Silvio si estuvo y así pudimos tener un bello encuentro.

Nos reunimos en el vestíbulo de mi hotel situado en el centro de convenciones en donde se realizaba el congreso. Allí compartimos por cuatro horas seguidas y sin interrupción, salvo para tomarnos un refresco al final. Después de un saludo fraternal y mis felicitaciones, pues él acababa de ser papá y abuelo a la vez, empezamos a entrar en calor y muy pronto el tema de conversación fue “el creer o no creer”, en Dios claro.

Una vez se definió la temática esencial, él lo primero que me dijo, de una forma serena y firme, fue que no creía, a lo cual repliqué, instintivamente, que yo sí. A mí, en verdad, me tomó por sorpresa su afirmación, pues por años me alimentaba de concordancias directas entre muchas de sus canciones y la temática del amor divino. ¿Qué querría decir él entonces en sus composiciones “¿Qué hago ahora?”, “Sólo el amor”, “El reparador de sueños” y en muchas más? ¿No era a Jesús a quién había hallado y quien ahora lo era todo para él? ¿No era acaso el amor que cambia en milagro el barro el mismo del Dios creador? ¿No era nuevamente Jesús ese “enanito” que hacía su mejor tarea llevándolo todo a su propia luz?

Él me dijo que ciertamente había leído la Biblia desde niño y que eso seguramente lo influenciaba y, para no desvirtuar mi presunción, recalcó que existían otras personas conocidas suyas que también creían, equivocadamente, que él creía.

Habiéndole llevado copias recientes de mis libros, en adelante me adentré en el mensaje de La Higuera & La Campana para contarle, en particular, cómo, a partir de la ciencia moderna y de una forma coherente con su canción “Tocando Fondo”, había experimentado una epifanía real que cambió mi vida. Nuestra conversación sucedió despacio y él le prestó toda su atención. De mi parte me esmeré para que él pudiera comprender las explicaciones matemáticas y físicas, sabiendo que él no tendría problema alguno en identificar los símbolos comunes en mi trabajo y en el suyo. Recuerdo bien cómo todo fluyó bellamente en un “toma y dame” respetuoso y profundo.

Empleando las ayudas visuales en mi libro, nos adentramos en los apartes más importantes, capítulo a capítulo. Fue así como estudiamos las cascadas multiplicativas diabólicas de la turbulencia natural, la ecuación logística para comprender el caos infernal en el calentamiento excesivo de los fluidos, y una transformación renovadora y vital capaz de vencer la muerte y llevarlo todo hacia el infinito en una campana singular. Hablamos de aguaceros apocalípticos inspirados por una higuera caótica de la ciencia, como en sus canciones “El vigía”, “Rabo de Nube”, “Y tantos huesos chocarán” y “El día feliz que está llegando”; ponderamos los signos esenciales y la victoria del más sobre el menos y del equilibrio sobre la turbulencia, como en sus obras “¿Qué signo lleva el amor?”, “Canto arena”, “La maza”, “Entre el espanto y la ternura” y “Lo de más”; consideramos la mentira inherente en las inmensas desigualdades en el mundo y su origen diabólico, entendido en su “El viento eres tú” y “Quiero cantarte un beso”; y yo le dije, acaso no en el encuentro sino antes o después, que creía que la Madre que caminaba codo a codo con su clan en su “Cuando digo futuro” era en efecto la Virgen María, la Lupe, la Guadalupana, la rosa, a quien veía también en sus “Casiopea”, “En estos días” y “En el jardín de la noche”.

Cubrimos bastante territorio y al final exaltamos la preeminencia del amor, de mi parte entendido como el de Jesús entregado por nosotros, y de la suya en el mismo “Jerusalén año cero” que él cita y que percibo en varios de sus hermosos himnos como “Por quién merece amor” y “Con un poco de amor”. El encuentro fue, sin duda, muy bonito y estoy seguro que, al haber sido diferente e inesperado, también fue muy especial para él. Entiendo que apreció la forma, así hubiera sido extraña a partir de la ciencia, en que sucedieron mi conversión y epifanía, pues cuando pocos meses después le relaté ese mismo testimonio al Nobel José Saramago y le envié una copia, él reconoció que eso era precisamente de lo que habíamos hablado.

A veces, cuando comparto conferencias acerca de “La Hipotenusa”—cuya temática aparece en las campanitas Jesús, el equilibrio y Jesús, la hipotenusa—opto por nombrar al trovador para lograr una mayor atención en la audiencia. Y es que allí aprovecho para decir que él exclamó vigorosamente “¡qué nombre tan bien puesto!” cuando entendió en La Habana lo que eran “las escaleras del diablo”.

El encuentro pospuesto por casi diez años concluyó con un largo apretón de manos en medio del cual le dije que creía que él estaba muy cerca de creer—¡valga el juego de palabras! Él me respondió diciendo “pudiera ser…” o “acaso ser…”, lo cual yo no sabía era parte de su canción “Qué sé yo” que estaba contenida en su último y estupendo álbum “Cita con Ángeles” que me acababa de regalar y que, por ende, aún no conocía …

… Al regresar a casa, contento por haber compartido las buenas nuevas de nuestra salvación con mi trovador-—¡no poca cosa!—, me valí de diversas canciones del gran Silvio para escribir una larga poesía-canción “Creí que creías” que intenta explicar que mi “confusión” no había sido solamente un acto de locura, así sea cierto que mi canción favorita de él sea precisamente “Locuras”.

Mi composición, cual un agradecido homenaje, se encuentra a continuación y puede ser leída y/o escuchada sin canto. Ella sigue, línea por línea, y estrofa por estrofa, el orden progresivo de las 71 canciones que se encuentran aquí, en una lista bellamente elaborada por mi amiga Sharel Charry. Esta colección puede escucharse en cualquier orden, claro está,  y representa, al final, sólo una muestra de la gran producción del cantautor que ha acompañado con su especial lirismo y profundidad a no pocos, o sea a muchos, que no expresa exactamente lo mismo, pero es igual.

CREÍ QUE CREÍAS

Para mi buen trovador

Creí que creías
por miles amores,
por signo olvidado,
¡oh trino al destino!,
por flores, colores
y días con abrigo…

Creí que creías
por hallar la risa,
por roca cantora,
¡oh mentira prima!,
por arena buena
sin viento de prisa…

Creí que creías
por mujer y estrella,
por deseo y semilla,
¡oh hijo y el padre!,
por rosa en la noche
su clan y esa silla…

Creí que creías
por huesos chocando,
por honda tonada,
¡oh llanto de muerte!,
por luz y su cielo
intactos, conscientes…

Creí que creías
por rancio problema,
por alas, ternuras,
¡oh señas del alma!,
por besos cantados
y duendes en calma…

Creí que creías
por sueño lanzado,
por sana locura,
¡oh Dios y su acto!,
por enanito en tierra
secando tu llanto…

Creí que creías
por verbo despierto,
por amor sangrado,
¡oh Rey y su año!,
por ojalá encarnado
vigía del rebaño…

Creí que creías
por tus coordenadas,
por verano terrible,
¡oh serpiente arpía!,
por singular caricia
y un después, todavía…

Creí que creías
por tu tocar fondo,
por ave a las doce,
¡oh noche de Juan!,
por maza, silencio
y causa sin azar…

Creí que creías
por virtud en juego,
por toda esperanza,
¡oh rocío eterno!,
por eso encontrado
en Biblia y empeño…

Creí que creías
por hueso y cincel,
por abismo dulce,
¡oh lucero aquel!,
por mañana terca
acaso con él…

Creí que creías
por agua y aurora,
por amistad pura,
¡oh mi jardinero!,
por sol encendido
esperando su hora…

Pensé que creías
sensible poeta,
pues ya sospechabas
todita la orquesta.

Pensé que creías
ya cerca la huerta,
sabía que sufrías
por esos sin fiesta.

Ven vamos hermano
la lluvia se acerca,
la vergüenza humilde
dota recompensa.

Ven vamos hermano
de savia y de sal,
ya llega anidando
tu tema total.

Ven vamos hermano
se viene feliz,
tu día anhelado
se arrima por fin.

Ven vamos hermano
con fe en el don,
tu amigo mayor
derrotó el dolor.

Ven vamos hermano
de ímpetu fiel,
unamos bandera
con verso de miel.

Ven vamos hermano,
humano leal,
la vida regala
siempre lo de más.

(Enero 2004)

La poesía-canción leída se puede escuchar aquí…

Aunque no suscribo necedad que impida la conversión sincera a la verdad, ni rebeldías modernas de Evas que permitan desechar seres indefensos desde sus vientres, ni tampoco comparto una valoración vengativa de un ser sideral que venga a matar, cual canalla, a otros canallas, creo que a Silvio Rodríguez, por sus múltiples contribuciones poéticas en la lengua española y primordialmente por sus composiciones acerca del “Vamos a andar” del verdadero amor, le deberían otorgar, como ya sucedió con Bob Dylan, el Premio Nobel de Literatura.

Cual tres soles de catorce puntas dentro de la campana, que así sea, ojalá  …

… En el ya citado álbum “Cita con Ángeles” hay una canción también ya nombrada, “Quiero cantarte un beso”, en la que el trovador expresa que tal no es posible en medio de tantos líos sucediendo en el mundo que hacen poner en duda la existencia misma de la humanidad. Inspirado en dicha obra y respondiendo a su vez a la canción “Cita con Ángeles” allí mismo en el mismo álbum, escribí la canción a continuación que expresa que Jesús es la razón de que sí haya humanidad: sólo el amor real del hijo fiel—son en inglés y un ritmo esencial—quien siempre provee, por su nobleza, un beso veraz.

Sé que le gustaron a Silvio esta canción y el poema anterior. Lo sé porque José María Vitier me lo dijo.

SILVIO, SÍ HAY HUMANIDAD

Para siempre cantar un beso…

Con tanto lío
a diestra y siniestra,
con tanta desgracia
parece no haber.

Con tanta distancia
truenos y revancha,
con tanto misterio
pudiera no ser.

Con tanta avaricia
arriba y abajo,
con tanto sepelio
oh “Dios sin poder”.

Con tanto suspenso
inercia implacable,
con tanta injusticia
difícil creer…

Pero el amor vence
certero, sin mancha,
en instante pleno
de exquisito ardor.

Y en un acto eterno
dos palos recuerdan
oh verso imposible:
la vida volvió.

Por eso reescribo
salterio inmutable,
por eso me atrevo
a sueño y canción.

Por eso hoy intento
extender la gracia,
por eso te envío
un beso del son.

Oye bien…

Si hay humanidad
esa es la verdad,
un amigo bueno
regaló la paz.

Si hay humanidad
ay es toa verdad,
sinfonía del cielo
sanación leal.

Si hay humanidad
verbo colosal,
infante sincero
multiplicó el pan.

Si hay humanidad
ay vamo a cantar,
se acerca su hora
la de la hermandad.

Si hay humanidad
ay mira es verdad,
solo su nobleza
borra todo el mal.

Si hay humanidad
y es aquí y allá,
con toda certeza
llega su unidad.

Si hay humanidad
su signo es el más,
sana toa tristeza
con su caridad.

Si hay humanidad
ay ya pagarán,
se viene ya el día
de la libertad.

Si hay humanidad
y arcángel capaz,
converge locura
oh historia genial.

Si hay humanidad
ay para alabar,
se alinean los signos
vuelve la verdad…

(Abril 2004)

La canción a capela se puede escuchar aquí y no por azar la acompaña un colibrí…

Esta entrada fue publicada en Campanitas. Guarda el enlace permanente.