La modernidad imperante

Estamos viviendo en estos últimos días un evento insólito que está afectando todos los confines de la tierra. Así, al encontrarnos proverbialmente en la “misma barca”, hemos sido convocados todos por el Papa Francisco a “despertar” a Jesús para que Él calme el ímpetu de la tormenta, de modo que no perezcamos (Mt 8:23—27). En verdad, no hay otra solución y debemos acudir a Él, tomándonos también de su mano, para sobrellevar con fe y sin miedo el temporal (Mt 14:22—33).

Cuando ya pronto comienza la Semana Santa, finalizando así la Cuaresma, es acaso pertinente también meditar acerca de otro evento en la Palabra de Dios, en el cual los papeles de los despiertos y el dormido se invierten, tal y como sucedió en el Jueves Santo antes de la Pasión del Señor, y como lo recordamos en el primer misterio doloroso del Santo Rosario:

Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: “Sentaos aquí, mientras voy allá a orar”. Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice:“Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo“. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú”. Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro:“¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil”.  Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: “Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Viene entonces donde los discípulos y les dice: “Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca” (Mt 26:36—46).

¿Está Nuestro Señor dormido en estos días aciagos e inesperados, o somos más bien nosotros—sus discípulos y sus no discípulos—los que dormimos? ¿Siente Él hoy tristeza y angustia ante su sacrificio inminente por la humanidad o tal vez tiene dichos sentimientos por nosotros, ante nuestra incapacidad de velar y orar juntos con Él?

Aunque algunos—y ojalá incluido yo—despiertan del sueño común al “tercer llamado”, arrepintiéndose de su pecado y ya listos para su pasión personal, es indudable que el mundo moderno (o pos-moderno, como lo llaman los expertos) anda, en gran medida, dormido.  Si comparamos lo revelado a nosotros en la Palabra antigua con la “normalidad” a la que se desea regresar una vez desaparezca el virus letal, podemos concluir que no todos navegan en la misma barca con Jesús. Al contrario, muchísimos no cuentan con su sustento y guía, tal y como lo ilustra el muy incompleto decálogo a continuación.

¿Duerme y no siente tristeza Jesús ante la pandemia de niños desechados desde el vientre materno y que no dejan ir a Él (Mt 19:14), unos 40 a 50 millones de personitas al año, que suman en tres años más muertos que las guerras mundiales juntas? ¿Duerme y no siente angustia Él ante las inmensas desigualdades económicas en la tierra alimentadas comunalmente por el príncipe de este mundo (Jn 16:11), disparidades que concentran la riqueza en pocas manos y naciones y que dejan a muchos en una pobreza real enfangada por hambrunas? ¿Duerme y no siente tristeza Jesús ante la velocidad ansiosa de la vida moderna más allá del día a día (Mt 6:25—34), la cual no da tiempo a muchos ni para pensar en ayudar masivamente a los más necesitados, incluidos los ancianos? ¿Duerme y no siente angustia Él ante la inmoralidad e impureza generalizadas y salpicadas de escándalos sexuales por doquier (Mc 7:20—23), incluidos aquéllos que no deberían suceder en la mismísima Iglesia que Él fundó? ¿Duerme y no siente tristeza Jesús ante el “orgullo” de quienes practican relaciones contra natura (1 Cor 6:19), los cuales, con ayuda de muchos gobiernos, se apoderaron del arco iris de una alianza divina para volverlo suyo? ¿Duerme y no siente angustia Él ante los sistemas que buscan el poder en el mundo, las cuales, empleando la corrupción, las mentiras y también el odio, terminan llamando mal al bien y bien al mal incitando a la violencia (Is 5:20)? ¿Duerme y no siente tristeza Jesús ante declaraciones aparentemente “unitivas” pero claramente apóstatas que implican que todo camino llega al cielo, negando así la necesidad del sacrificio suyo para nuestra salvación eterna (Hch 4:12) y también otras enunciaciones que minimizan el papel preponderante en dicha salvación de Nuestra Madre la Virgen María? ¿Duerme y no siente angustia Él ante la persecución continua de sus seguidores por regímenes vengativos, arrogantes y ateos, así Él haya predicho que por su causa así sería (Mt 5:11—12)? ¿Duerme y no siente tristeza Jesús ante el establecimiento de un nuevo orden mundial promovido por sociedades ocultas y visibles, en las que el hombre, siguiendo al diablo y sintiéndose falsamente poderoso, ya no aprecia a Dios, sino que se erige como Dios (2 Tes:7—8)? ¿Duerme y no siente angustia Él ante lo que sucederá con todos sus adversarios cuando Él venga con gran poder y gloria a juzgarnos a todos, sabiendo que Él es misericordioso y que su deseo esencial es el arrepentimiento del pecador (2 Pe 3:9)?

Mientras algunos dicen que la peste en estos últimos tiempos es un castigo coherente con el plan divino, otros repiten—falsamente—que Dios no castiga, ni antes, ni ahora ni después, y mucho menos eternamente. Ciertamente, lo que sucede durante la cuarentena generalizada es por lo menos un llamado consonante a nuestra conversión en medio de la Cuaresma, de modo que las cosas no sigan “como si nada”, sino que cambiemos, pues lo que ocurre nos recuerda la necesidad de estar preparados para el retorno súbito de Cristo. Pues las plagas—la peste—son, en efecto, señales previas a su venida (Lc 21:11), tal y como lo es el advenimiento de una higuera que aparece el próximo Martes Santo—así no lo festejemos en dicha ocasión—y que también nos invita literalmente a velar y a orar (Lc 21:29—33).

En estos tiempos modernos en los que la “ciencia” y el “progreso” han alejado al hombre de la sabiduría del temor a Dios (Prov 1:7), lo que está sucediendo debe servir como mínimo para recordar lo esencial, pues el estar despiertos es en efecto de vital importancia, tal y como lo afirma Jesús mismo durante su discurso escatológico:

“Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!(Mc 13:33-37).

Así pues, que el final de esta Cuaresma con cuarentena forzosa nos lleve a arrepentirnos plenamente para así acercarnos al único quien nos salva …

… Para seguir meditando acerca de la modernidad imperante, a continuación incluyo con un gusto especial un lúcido credo publicado en 1936 por el sacerdote argentino Leonardo Castellani (1899-1981), el cual me ha acompañado desde que lo descubrí en la red informática. Escrito con la misma estructura y cadencia del Credo de los Apóstoles, allí se resume, con buen humor, cómo el hombre rebelde trastoca lo verdadero para declararse encima de Dios.

EL CREDO DEL INCRÉDULO

Creo en la Nada Todoproductora, d’onde salió el Cielo y la Tierra.
Y en el Homo Sapiens, su único Hijo Rey y Señor,
Que fue concebido por Evolución de la Mónera y el Mono.
Nació de la Santa Materia,
Bregó debajo del negror de la Edad Media.
Fue inquisionado, muerto achicharrado
Cayó en la Miseria,
Inventó la Ciencia
Ha llegado a la era de la Democracia y la Inteligencia.
Y desde allí va a instalar en el mundo el Paraíso Terrestre.
Creo en el libre Pensante,
la Civilización de la Máquina,
la Confraternidad Humana,
la Inexistencia del pecado,
El Progreso Inevitable,
la Rehabilitación de la Carne
y la Vida Confortable.
Amén.

Como se puede notar, el Padre Castellani entendía muy, pero muy bien, ya desde el año en que nació el también argentino Papa Francisco. En efecto, este credo refleja nuestros tiempos, tanto sin y como con el virus presente, y así merece varias lecturas …

… Para terminar, esta campanita incluye dos canciones que ojalá sean útiles para seguir invitando a la conversión durante la Semana Santa que se avecina y también después. La primera contrasta las opciones finales que siempre tenemos, malas o buenas, para invitar al matrimonio definitivo (Ap 19:7—8), así los tiempos de la cuarentena estén pasando para algunos sin pensar en lo fundamental, es decir viviendo “como si nada”. La segunda es un himno alegre que empieza describiendo algunas facetas del hombre moderno para posteriormente invitarlo a volverse a Jesús, Nuestro Salvador y Señor.

¡Que Dios nos bendiga a todos!

COMO SI NADA

¡Ay que lio!

Los días pasan
como si nada, como si nada,
como si el verbo
no convocara, no convocara.

El mundo vive
como si nada, como si nada,
como si el cielo
no sentenciara, no sentenciara.

Se viene el tiempo
del aguacero,
de polvo extraño
de caos severo.

Se acerca el tiempo
del equilibrio,
de trecho llano
de amplio alivio.

Se viene el tiempo
del precipicio,
de rancio llanto
de eterno juicio.

Se acerca el tiempo
del testimonio,
de atuendo blanco
de buen binomio.

Los días pasan
como si nada, como si nada,
como si el verbo
no convocara, no convocara.

El mundo vive
como si nada, como si nada,
como si el cielo
no sentenciara, no sentenciara.

Se viene el tiempo
del agujero,
de averno huraño
de ardor certero.

Se acerca el tiempo
del fiel convivio,
de gozo sano
de bello atisbo.

Se viene el tiempo
del desperdicio,
de alma ingrata
de gran desquicio.

Se acerca el tiempo
del matrimonio,
de aceite puro
de santo encomio.

Los días pasan
como si nada, como si nada,
como si el verbo
no convocara, no convocara.

El mundo vive
como si nada, como si nada,
como si el cielo
no sentenciara, no sentenciara.

(Agosto 2001/Marzo 2020)


La canción a capela se puede escuchar aquí…

 

HOMBRE MODERNO

O pos-moderno para ser exactos

Siguiendo el ritmo de la Típica 73…

Hombre moderno
con penas de amor,
recorres tu tiempo
buscando el control.

Tu visión es borrosa
y el misterio no ves,
el trabajo te acosa
y en regalo no crees.

Tu ciencia no cambia
es de muerte la voz,
tus entrañas reniegan
y deseas ser Dios.

Hombre moderno
con penas de amor,
recorres tu tiempo
buscando el control.

En el ruido reposas
desafiando la luz,
y malgastas tus horas
olvidando la cruz.

Tu mentira es inmensa
y tu éxito infiel,
la ganancia te guía
y a un hermano no ves.

Hombre moderno
con penas de amor,
recorres tu tiempo
buscando el control.

Puente de paz…

Ay hombre moderno
con penas de amor,
regresa a tu esencia
que es mucho mejor.

Ay vive el camino
sin más decepción,
ay vuélvete nuevo
con fiel corazón.

Aprende tu coro
regalo del bien,
ay canta seguro
que sana también.

Shanti Setú…

En el amor puro
lo bello se ve,
el guía tu tiempo
con su buena fe.

Ay óyeme hermano
con dudas de amor,
intenta lo cierto
y sana el dolor.

Ay sé inteligente
y no artificial
regresa a lo eterno
todita verdad.

Ay deja el cinismo
y suma tú ya,
ay no da lo mismo
ven hoy a alabar.

En el amor puro
lo bello se ve,
el guía tu tiempo
con su buena fe.

Ay óyeme hermano
decídete a dar,
ya cambia tu signo
vente a celebrar.

Ay busca tu puesto
sin más ansiedad,
confía ya en Cristo
que todo lo da.

En el amor puro
lo bello se ve,
el guía tu tiempo
con su buena fe. (2)

(Septiembre 1999/Noviembre 2019)


La canción a capela se puede escuchar aquí…

 

Esta entrada fue publicada en Campanitas. Guarda el enlace permanente.