¡Llegó el Espíritu Santo!

En medio de mi testimonio de vida, relatado al famoso escritor José Saramago en la campanita anterior, se introdujo una transformación peculiar, como el perfil de una nube que evoca alas de ángeles, un objeto en forma de alambre, técnicamente una función de x a y, cuya construcción puede entenderse, una vez más, paso a paso:

Empezando con tres puntos (los extremos y el del medio, denotados por cuadrados con cruces), el objeto aparece agregando una infinidad de puntos hacia arriba: los dos primeros a una distancia Z a partir del punto medio de las líneas que unen los tres puntos iniciales, los siguientes cuatro a una distancia Z al cuadrado a partir del punto medio de las cuatro líneas mostradas más arriba de izquierda a derecha, y así sucesivamente, en potencias de dos para el número de puntos y en potencias de Z para sus desplazamientos verticales.

Resulta que cuando Z tiende a su valor máximo de 1, de modo que todas las potencias de Z tiendan también a una unidad, la transformación límite llena el espacio, tornándose masiva como el plano, y allí tiene la propiedad de llevar cualquier entrada dx (definida sobre un conjunto infinito e incontable de puntos) a una salida dy con forma de campana, la cual termina centrándose y concentrándose en el infinito.

Este hecho notable—válido solamente en el límite—se ilustra en el siguiente diagrama, mas no en el límite sino cuando Z = 0.99, empleando como entrada un objeto dx compuesto por muchísimas espinas, el mismo ente ya explicado en el blog con relación a la turbulencia en el aire:

Evocando la famosa alegoría de la caverna de Platón, aquí se observa cómo un tal alambre angelical de x a y (arriba a la izquierda), al ser “iluminado” por el objeto dx (abajo), produce una “sombra” dy con forma de campana (a la derecha). Al final, la construcción es conceptualmente sencilla y puede describirse como sigue: cuando el objeto dx sube verticalmente hacia los puntos respectivos de la función de x a y, entonces lo visto desde el eje de las y—sumando las espinas de dx correspondientes a las mismas alturas en y—genera la campana dy, de modo que las áreas de dx y dy se equiparan.

Tal y como se argumentó en campanitas previas, nuevamente aquí y aquí, la turbulencia natural en el aire está relacionada con un proceso en cascada curiosamente sencillo que termina generando el objeto dx:

El proceso, cual un “juego de niños” explicado jugando con plastilina, empieza con un elemento uniforme y equilibrado que corresponde a una masa cohesiva de aire, la cual se mantiene junta solamente cuando existe muy poco viento. Sin embargo, cuando la velocidad del aire aumenta, la dinámica turbulenta se activa y esto da lugar a una secuencia de remolinos que se rompen en remolinos, que se rompen en más remolinos, y así sucesivamente—objetos que siempre rotan hacia adentro dibujado en sus espirales un número 6—hasta que la energía se disipa.

De una forma admirable, lo sucedido a lo largo de una línea en la naturaleza es coherente con que cada remolino se divida en dos remolinos cuyas energías siguen una proporción 70-30% de la energía original (o acaso 30-70% si el mayor sucede hacia el otro lado). Así, al principio aparecen dos remolinos y luego el proceso en cascada genera cuatro remolinos, y luego ocho, etc. en potencias de dos, y siempre las energías de los remolinos resultantes (de menor tamaño horizontal) ocurren en la misma proporción 70-30% de la del remolino predecesor, así no se sepa si los valores más grandes suceden a la izquierda o a la derecha.

Al final, aunque el proceso es impredecible en virtud a los múltiples ordenamientos posibles de energías localizadas a izquierdas y a derechas, la turbulencia contiene diversos niveles de energía concentrados en espinas dispersas que emanan del polvo, las cuales generan violencia en las espinas más altas y definen el poder del aire, lleno de simbólicos remolinos o 6’s:

De una forma notoria, también resulta ser cierto que esta cascada no es solamente útil para describir la distribución de la violencia natural, sino que dicho proceso, puede emplearse para estudiar un “juego de niños” que jugamos nosotros, en la forma en que ocurren las desigualdades de la riqueza en el mundo, cual reflejadas en las diferentes capas de energía (posesiones o ingresos) de las naciones. Por ejemplo y de una manera conspicua, la distribución de la riqueza en los Estados Unidos en 1998 utilizando la misma proporción misteriosa del 70-30% en la turbulencia en el aire.

Pero, aún de una forma acaso más insospechada, el mismo juego de niños, el cual define una cascada o cadena de desequilibrios, y “otro juego de niños” basado en la proliferación de vacíos y discriminaciones, el cual genera espinas dispersas, que, al no tocarse, emanan desde el polvo:

resultan ser particularmente propicios para ilustrar las formas genéricas que nosotros, como seres humanos, empleamos más allá de las desigualdades económicas, para romper, dividir o separar lo que no debemos en el día a día.

Esto es particularmente ilustrativo para nosotros, pues combinando los juegos y empleando a su vez diversas proporciones y variados tamaños de los vacíos (no siempre 1/3 como en la figura anterior), podemos visualizar cómo terminamos pecando—sí pecando, así la palabra parezca arcaica y ya muchos no la deseen oír. Pues, dichas estructuras divisivas bien reflejan la dinámica de nuestro mal proceder, ya sea mediante nuestros pensamientos, palabras, obras y omisiones, los cuales generan no pocas espinas y polvo, y causan, a la vez, no poco dolor a nuestros semejantes y a nosotros mismos.

Esto es así, pues la turbulencia natural (y la cascada recién mostrada) siempre termina en la disipación de la energía, es decir en la muerte del proceso, y nosotros, al dejarnos llevar por el príncipe de este mundo (Jn 12:31) y el príncipe del poder del aire (Ef 2:2), es decir el diablo mismo, terminamos experimentando las consecuencias de la división, creciendo espinas de pecado y, proverbialmente, mordiendo el polvo. 

En virtud a estas explicaciones y como la campana no se relaciona con la turbulencia sino más bien con la calma y con la paz—en particular con la forma en que ocurre la difusión natural ligada también con la conducción del calor y, por ende, contraria a procesos que esfuman la energía—el diagrama que muestra la transición de dx a dy, y mostrado nuevamente a continuación, es útil para reflexionar acerca de cuestiones más allá de la física, temas acaso inesperados pero particularmente relevantes, aún más en estos tiempos modernos tan llenos de falsas “normalidades”, y no me refiero únicamente a lo que el furor del virus con coronita ha creado.

Como el pago del pecado es la muerte (Rm 6:23) y como la función alada es capaz de transformar en campana una miríada de objetos que contienen espinas dispersas sobre el  polvo—por ejemplo todos los objetos generados por los dos juegos de niños y sus combinaciones, para proporciones arbitrarias en el primer juego y tamaños de los vacíos en el segundo y también todos sus posibles re-ordenamientos, ¡no poca cosa!—y más aún en una campana que eventualmente se centra en el infinito cuando Z tiende a uno, podemos percibir aquí una transición espléndida y universal del desorden al orden y de la disipación a la conducción, cuyo descubrimiento inesperado transformó mi vida del lamento al baile, haciéndome testigo de la certeza del amor y la luz de Jesucristo.

Pues en este diagrama formidable, uno claramente misericordioso al reflejar una relación universal con toda probabilidad, se puede entender cómo es posible trocar: la muerte en vida y paz (Rm 8:6), el lamento en gozo (Jr 31:13), los huesos secos a la vida  (Ez 37:1—14) y la amargura en bienestar (Is 38:17). Y también se pueden comprender, por el destino final de la campana en el cielo, las palabras jubilosas de San Pablo cuando afirmó con suma claridad, “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” (1 Co 15:55) …

… Como se observa en el diagrama de las tres componentes, la clave del éxito (o la gracia esencial) está relacionada con la existencia de la transformación vital, una siempre positiva que emana unidad por todas partes, la cual, al ser 1 = 0.999… y por ser el número 9 el espiral positivo opuesto al divisivo 6 del enemigo, contiene también una sinfonía doblemente infinita (si así pudiera llamarse) de amor. Sin duda, todo esto se relaciona con la persona de nuestro Señor Jesucristo quien satisfizo dicha unidad amorosa en su vida, y quien en virtud de haber acogido libremente la cruz positiva del bien y la verdad (y expirar en la hora nona), le agrega otro elemento simbólico y veraz a la construcción: el que ella contenga, a su vez, infinitas cruces que recuerdan de una forma potente el sacrificio por medio del cual se nos otorga la vida en abundancia.

La transformación límite, por ende, da testimonio de Jesús y proviene de Él y del infinito (en donde habita Dios Padre, en el cielo, claro está) (Jn 15:26). Y entonces, dicho objeto refleja la acción del Espíritu Santo, “el Espíritu de la verdad” (Jn 14:16—18), quien llegó plenamente como promesa certera a los apóstoles y otros (incluida María) en Pentecostés, para transformarlos, así a otros les hubiera parecido que estaban era borrachos (Hch 2:1—22). El alambre alado y vital representa entonces al paráclito, el consolador, que les recordaría a los discípulos todo lo que Él les había enseñado y los llevaría a la totalidad de la verdad (Jn 14:26, 15:13—15), incluyendo el poder entender mejor las buenas nuevas del Evangelio

… Habiendo introducido así una conexión inusual en la aparición de un objeto que refleja el Espíritu Santo (¡Llegó el Espíritu Santo!), una representación increíble para aquellos que piensan que la ciencia y la fe o la fe y la ciencia se deben reñir (incluyendo personas pertenecientes a ambos bandos), a continuación se tejen diversas citas bíblicas reflejadas en el diagrama ya repetido dos veces, y siempre pensando en el precioso límite.

Para empezar, a partir del alambre infinito del Espíritu Santo, una función alada majestuosa, podemos apreciar un poco más la gran verdad de la salvación, pues no hay condenación alguna para quienes están en Cristo Jesús y Su Espíritu (Rm 8:1–2). Similarmente, allí podemos visualizar que si creemos que Él murió y resucitó con el poder mismo del Espíritu Santo, de la misma manera Dios nos traerá de vuelta (1 Ts 4:14), usando la misma fuerza universal.

Todo esto no es poca cosa, claro está, y ciertamente es algo sorprendente, pero como lo explica San Pablo, si vivimos según la carne, el pecado reflejado en un espinoso dx, moriremos, pero si con el Espíritu hacemos morir las obras del cuerpo, viviremos para siempre (Rm 8:13, Jn 6:63), y esto se observa claramente en el diagrama notando que la carne (el pecado) y el Espíritu se oponen el uno al otro (Ga 5:17), pues un dx espinoso y polvoriento es perpendicular a la campana en el infinito dy, la cual no contiene mancha o aspereza alguna, o para decirlo de otra forma, ninguna entropía.

La salvación es pues, sin lugar a dudas, un regalo inefable (¡o doblemente inefable y mucho más!) que, como lo explica nuevamente San Pablo, sucede por gracia mediante la fe (Ef 2:8–9). Como tal, es reconfortante saber que “en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rm 8:28) y que “todas las sendas de Yahveh son amor y verdad para quien guarda su alianza y sus dictámenes” (Sal 25:10), lo cual está bellamente reflejado también en el diagrama, una vez más mostrado debajo ¿por qué no?, pues el destino celestial sólo puede lograrse en la plenitud de la fe y el Espíritu, o sea cuando Z tiende a 1, y solamente allí.

Y es que es cierto gráficamente que el amor (la transformación límite) cubre una multitud de pecados (un dx dividido) (1 P 4:8). Y así, para enmendar nuestras cascadas, trocando la muerte en vida, y para que nosotros podamos ser elevados a la vida eterna en el cielo, esto es, para que tengamos cómo experimentar la libertad por excelencia, tienen que suceder, universalmente, para cada uno de nosotros, una infinidad de signos más unitivos, pues sólo el sacrificio infinito de Jesús en la cruz hace posible el milagro que nos lleva de regreso al Padre (Jn 14:6).

¿Cómo no contemplar la transformación unitiva y positiva e implorar con los discípulos, Señor, “auméntanos la fe” (Lc 17:5)? ¿Cómo no suplicar con el Salmista, “Retira tu faz de mis pecados, borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva” (Sal 51:11–12)? ¿Cómo no reflexionar acerca del diagrama que expresa la excelente transición de la muerte hacia el infinito y repetir fervorosamente la profunda oración en la liturgia de la Iglesia que Él fundó, Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: ‘La paz os dejo, mi paz os doy’, no tengas en cuenta nuestros pecados (un dx polvoriento y espinoso), sino la fe de tu Iglesia (la transformación límite, Z → 1) y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad (la campana pacífica y unida concentrada en el infinito y sin turbulencia alguna). Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos”? ¿Cómo no acoger la alegría de la Pascua en el diagrama vital, aquella que nadie nos puede quitar (Jn 16:22)? …

… Claramente, las nociones aquí expuestas no implican que nuestra respuesta deba ser el pecado mezclado con la fe, pues Jesús nos exhorta a ser perfectos tal y como Dios Padre es perfecto (Mt 5:48). Así, nuestra mejor réplica se ilustra a continuación, una vez más para el valor de Z = 0.99, a partir de un dx que expresa nuestras acciones reconciliadas en el equilibrio (expresando una condición compuesta por el bien sin mal), y de manera tal que el área de la campana dy sea igual a la del rectángulo dx, así no lo parezca al tener los dos dibujos escalas diferentes:

Ciertamente, la coherencia de la Buenas Nuevas implica que la fe y las obras deben ser parte esencial de nuestras acciones (St 1:22—23), de modo que satisfagamos otras citas como, “Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por las preocupaciones de la vida” (Lc 21:34) y “no os preocupéis del mañana: cada día tiene bastante con su propio mal” (Mt 6:34). De aquí se desprende que para saborear ya en la tierra la campana vital, debemos cumplir un famoso teorema asociado con la campana (técnicamente conocida como la campana de Gauss), el teorema del límite central, ¡vaya notación consecuente!, que expresa que al sumar variables aleatorias independientes o débilmente dependientes (algo así como azares no sistemáticos) siempre se produce, en el límite, una campana, también llamada una curva normal.

Así, la traducción en acciones para que nosotros podamos llegar a “santitos”—es decir a convertirnos en seres “normales”, ¡vaya notación perfecta nuevamente!, y así ser literalmente “salvados por la campana”, ¡para emplear el argot del boxeo!—, consiste en “agregar” muchos actos amorosos día a día (independientemente de lo sucedido en el pasado y también de lo que pasará en el futuro, es decir centrándonos en el presente), de modo que podamos satisfacer el gran mandato de amarnos los unos a otros (Jn 13:34), para aspirar así a habitar mansiones en el cielo (Juan 14:2—3). ¡Si este fuera el anhelado retorno a la “normalidad” después de la pandemia, qué cosa maravillosa fuera!

Y es que para este efecto no estamos solos, sino que contamos con la ayuda divina de los siete dones del Espíritu Santo recibidos en el Sacramento de la Confirmación, el don de sabiduría, el don de entendimiento, el don de consejo, el don de fortaleza, el don de ciencia, el don de piedad, y el don de temor de Dios. (Is 11:2); los cuales nos propelen a lograr en la plenitud de la iluminación esencial las nueve componentes del fruto del Espíritu Santo, amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, y dominio de sí (Ga 5:22—23). Como lo pueden notar, los rosetones escogidos para adornar esta campanita no fueron escogidos por azar, pues ellos tienen 7, 8 y 9 puntas, con la del ocho empleada para denotar el ∞ rotado.

De una forma certera, las nociones en esta campanita nos recuerdan que no hay otra alternativa que se equipare con el amor pleno, el único que nos lleva a una unidad verdadera y real (Jn 17:20—23) y a un matrimonio puro y fenomenal con el Cordero de Dios (Ap 19:7—9), pues en los diagramas límite podemos escuchar la exhortación siempre vigente, “no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios” (Rm 12:2 y Ef 4:22—24). Pues allí, en el límite, y sólo allí, podemos apreciar la relevancia de lo que dijo Jesús, “si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8:31—32), cual reflejado en la campana, símbolo común de la libertad, y más aún, en la hermosa expresión “la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rm 8:21).

Posponiendo para la siguiente campanita otras reflexiones a partir del diagrama que emana de la entrada equilibrada, es decir aquel cuyo dx tiene la forma de una “piedra angular”, y habiendo publicado ya acerca del misterio maravilloso de Pentecostés, aquí y aquí, aquí se incluyen, para continuar cantando y alabando, dos canciones más que intentan reafirmar el teorema amoroso del límite central.

¡Que este Pentecostés, al final de una cincuentena Pascual extraña por la incertidumbre del virus pero fielmente acompañada por las congruentes enseñanzas del Señor Obispo Juan Antonio Reig Pla de Alcalá de Henares a donde he “viajado” virtualmente día a día no por azar, sea el mejor de todos!

¡Ven Espíritu Santo y renueva nuestros corazones!

EL LÍMITE CENTRAL

¡El teorema de la libertad escogida!

Ya la campana sí suena
la noche oscura ya se aleja, se aleja,
la gran campana bien suena
oye mira, acoge el bello sistema.

Si tú sales libre de día en día
amando presto y dando fruto de hermano,
oye converges a un gran matrimonio
de gloria en gloria tú viajas de su mano.

Y si no, te quedas en ayer
continúan las dudas,
no puedes crecer.

Ya la campana sí suena
luz invencible aquí llega, aquí llega,
la gran campana bien suena
oye mira, aquí te explico el teorema.

Si tú viajas por el camino recto
cual fiel sarmiento adherido al justo,
Él te ensalza con todito lo bueno
y en auroras tú ya sueñas el cielo.

Y si no, no ríes y lloras
estás en cadenas,
no entiendes de paz.

Puente de paz…

Vamos a andar ya sin pena
oye mira, el infinito ya llega.

Tilín tilín, talán talán
la campana siempre llama,
su clave está adentro
allí en tu corazón…

Vamos a andar ya de veras
oye mira, el bendito niega.

No sigas más en el lío
vete despacio y perdona,
no vayas más a esa sombra
entiende el buen desafío…

Vamos a andar con la Madre
oye mira, que ya nada te espante.

La mujer te guía a estrella
y acompaña clan futuro,
Ella es también la Reina
la semilla de lo puro…

Vamos a andar sin ceguera
oye mira, no te quedes afuera.

Trenzando las banderas
y en libertad sublime,
se entienden los dolores
y se encuentra quien vive…

Vamos a andar sin cizaña
oye mira, que lo malo se vaya.

El justo venció la muerte
si perdonas tienes fruto,
el amor es to’ lo cierto
y la cruz es su sustento…

Vamos a andar ya con todo
oye mira, no nos comerá el lobo.

Los sacramentos son oro
y acompañan día a día,
la trinidad lo puede todo
y las ovejas con María…

Shanti Setú…

Vamos a andar, ay sí
vamos a andar ay sí, sí… (3)

(Noviembre 1997/Mayo 2020)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

UNO POR UNO

¡Una plena para hallar lo pleno!

Para multiplicar bien hacia el límite central…

Paso a pasito, día a día…

Uno por uno
sigue hoy Su guía,
vete ya despacio
canta tu alegría. (2)

Que ya el pasado
atrás se quedó,
céntrate en el día
lo viejo acabó.

Uno por uno
sigue hoy Su guía,
vete ya despacio
canta tu alegría.

Que el futuro
sólo él sabrá,
usa hoy tu día
no sabes si habrá.

Uno por uno
sigue hoy Su guía,
vete ya despacio
canta tu alegría.

Que el buen amigo
ya por ti sanó,
entrega la queja
ven al gozo hoy.

Uno por uno
sigue hoy Su guía,
vete ya despacio
canta tu alegría.

Que la ansiedad
te alarga la herida,
vente con confianza
únete a tu vida.

Uno por uno
sigue hoy Su guía,
vete ya despacio
canta tu alegría.

Que los momentos
son de luz o muerte,
oye el buen consejo
juégale a tu suerte.

Shanti Setú o Puente de paz…

Uno por uno
vive Su armonía,
vete ya derecho
canta en compañía.

Que en el amor
es donde está todo,
búscalo de lleno
no te hagas el bobo.

Uno por uno
vive Su armonía,
vete ya derecho
canta en compañía.

Que la esperanza
es fruto de un regalo,
sigue la balanza
crece bien abajo.

Uno por uno
vive Su armonía,
vete ya derecho
canta en compañía.

Que la amistad
dota libertad,
sueños y canciones
triunfo de unidad.

Uno por uno
vive Su armonía,
vete ya derecho
canta en compañía.

Que hoy el sol
en tu corazón sale,
únete al reino
vive lo que vale.

Uno por uno
vive Su armonía,
vete ya derecho
canta en compañía. (2)

(Mayo 1999/Mayo 2020)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

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