Otra serenata inmaculada

Se acerca la Navidad y es tiempo propicio para festejar el regalo más grande que Dios Padre nos ha dado: el nacimiento mismo de Nuestro Señor Jesucristo, fuente única de vida eterna (Jn 3:16). En estos días especiales recordaremos el nacimiento del Niño Dios y la insuperable ternura de Nuestra Madre María a Él y meditaremos el comienzo de un caminar improbable y esencial que termina con Él libremente sacrificándose por nosotros en la cruz (Jn 19:17—30).

Estos son tiempos de misterios, de misterios hermosos e inefables. Son también tiempos de introspección, de introspección valerosa y eficaz, tiempos que nos invitan, en medio de los festejos, a adentrarnos en la existencia misma del cielo y el infierno. Estos son días aptos para la reflexión, para vernos por dentro y convertirnos, para soñar el regreso del único, meditando señales, incluida una higuera de la ciencia …

… Hace quince años, y en estos mismos días, celebramos aquí en Davis, y en compañía de buenos amigos, “una serenata inmaculada” que dio lugar a un bonito relato que incluye una canción para Ella llamada “Oh Virgen preferida”. Ésta, escrita para la celebración de Nuestra Señora de Guadalupe, se basa en una tonada colombiana muy conocida llamada “Pueblito Viejo” y hoy, lleno de fervor, me he vuelto a encerrar en el ropero para grabarla y ofrendarla de nuevo, confiado en que Ella escuche mi plegaria y que la melodía sea adoptada, algún día cual ranchera, por mis hermanos mexicanos:

Sucede que, por varios años aquí en Davis, se celebraron alegres y nostálgicas Serenatas Colombianas lideradas por Los Primos  y siempre alrededor del “día de la velitas,” el 8 de Diciembre de la Inmaculada Concepción de María. En una de ellas, hace ya más de una docena de años y a raíz de un telón no finalizado, es decir durante “otra serenata inmaculada”, se presentó un malentendido de mi parte con relación a una crucecita, el cual dio lugar, de una forma curiosa y súbita, a otra canción con ritmos colombianos, la cual, aunque bien intencionada, no fue del todo bien recibida.

A continuación viene una versión mejorada de dicha composición con el mismo título “¡Pon tu crucecita!”, una que espero sirva para reeditar rítmicamente, y sin malentendido alguno, nuestra necesidad imperiosa de acoger la cruz de Cristo, sin la cual estamos, en verdad, desprotegidos.

¡Que el Niño Dios llegue a todos los corazones en esta temporada!

¡Feliz Navidad para todos!

¡PON TU CRUCECITA!

¡A mi patria y a todo el mundo!

¡Para voces, palmas y guache!

Úsala, úsala, ay mira,
que es bendita,
usa, usa,
usa la crucecita.

No la olvides póntela,
su canción es exquisita,
ay pon, ay pon,
ay pon tu crucecita.

Ay acepta su dulzor,
santo verso necesitas,
usa, usa,
usa la crucecita.

Mujer santa la acogió
inmaculada virgencita,
ay pon, ay pon,
ay pon tu crucecita.

Dos palitos mira son
la razón de las velitas,
usa, usa,
usa la crucecita.

El sagrado corazón
a su gozo pleno invita,
ay pon, ay pon,
ay pon tu crucecita.

Usa, usa,
usa la crucecita,
ay pon, ay pon,
ay pon tu crucecita.

Puente de paz…

Ajá Colombia…

Shanti Setú…

Ay llega la navidad,
luz eterna nos visita,
usa, usa,
usa la crucecita.

No la rechaces ay no,
sólo en Él bien resucitas,
ay pon, ay pon,
ay pon tu crucecita.

Las novenas vienen ya,
ay limpia en fe tu casita,
usa, usa,
usa la crucecita.

Ay regresa a tu Señor,
ay renueva santa cita,
ay pon, ay pon,
ay pon tu crucecita.

A la muerte Él derrotó,
es grande la crucecita,
usa, usa,
usa la crucecita.

Positiva siempre es,
oh clemencia infinita,
ay pon, ay pon,
ay pon tu crucecita.

Usa, usa,
usa la crucecita,
ay pon, ay pon,
ay pon tu crucecita.

(Diciembre 2006/Diciembre 2019)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

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La clave del matrimonio

Lo sé muy bien y es así por experiencia propia: la clave del matrimonio es Jesús y sin Él no funciona. Esta aseveración no es, sin embargo, ni un simple cliché ni algo trivial, pues conformar una unión santa, dinámica y plena, no es algo sencillo.

Esto de lograr que los cónyuges se vuelvan uno, tal y como lo dijo Él hablando de la unión de un hombre y una mujer (Mt 19:4—6), no es fácil, pues solamente puede forjarse con ayuda divina. Además de la buena energía “positiva” del amor de los novios, se requiere del apoyo constante del Espíritu Santo para que ellos no olviden cómo llegar a ser fructíferos oyéndolo a Él, el sembrador (Mt 13:1—9, 18—23), de modo que cumplan sus mandatos amorosos, y, en particular, aprendan el humilde algoritmo de “pedir perdón y perdonar” para así restaurar y mantener la unidad.

Esta campanita contiene una crónica acerca de lo sucedido en una celebración matrimonial a la que fuimos invitados. Incluyo este curioso relato aquí—cual compartido animando a parejas cercanas en la celebración de sus bodas—confiado en que sus elementos universales y símbolos geométricos puedan serle útiles a otras parejas, para que sus matrimonios sean verdaderamente felices en Jesucristo… Todo sucedió en un campo florido, en medio de una bella plantación púrpura de lavanda, como si todo fuera cerca a Avignon en Francia y no aquí en California. Luego de la ceremonia civil, celebrada en una gran carpa, y una vez bajó el sol, llegó el momento esperado para la cena y el baile. Cuando los recién casados se acomodaron en su mesa, frente a la pista de madera situada en medio de un bien cuidado jardín, busqué el momento oportuno para llevarles mi regalo: mi pequeño libro ilustrado y en forma de parábola, La Hipotenusa, cuyo tema ya ha sido citado en otras campanitas, aquí y aquí.

Mientras felicitaba a los novios, me turbó que su mesa estuviera identificada por un número de madera, que en su caso no era el esperado número 1, sino el número 6. Al verlo, de una forma instintiva y enfática les dije que allí había un error, que ese número nunca era uno adecuado para una pareja, menos para una recién casada, pues simbolizaba los espirales negativos de la naturaleza. Les expliqué entonces, de improviso, cómo dicha figura se ligaba con la violencia natural y cómo ella siempre viajaba de más a menos, hacia adentro, como en un feroz huracán. Al decirles esto, agregué que ésa era también la figura universal del egoísmo diabólico, que al viajar siempre hacia adentro de más a menos, destruía matrimonios y muchas otras instituciones.

En concordancia con mis palabras, tomé entonces el número de madera y lo coloqué en la mesa invertido hacia arriba, primero para mostrarles que el número 9 representaba el espiral positivo opuesto al otro, y segundo para explicarles que dicho símbolo representaba la fuerza fundamental del amor, la misma, que al viajar de menos a más y siempre hacia afuera, les garantizaría la sinfonía deseada en su nueva relación matrimonial.

Los cónyuges se abrieron gozosos a las lecciones no planeadas y a ambos les gustó la conexión del nueve con el amor que viaja del uno hacia el otro. Entonces, fijando mi mirada sucesivamente en sus ojos, les enfaticé que eso era en efecto el caso, pero siempre y cuando el flujo, independientemente de las circunstancias de sus vidas, llevara siempre del menos al más, de modo que uno pensara primero en el otro, y siempre viajando desde lo negativo a la cruz positiva, es decir hacia el amor esencial, lo cual ellos comprendieron bien, así su celebración no hubiera sido religiosa.

Como ellos prestaban atención, procedí a hablarles de otros hechos sutiles y amorosos. Le apunté al plato redondo enfrente del novio y le pregunté si veía un número. Me dijo, “creo que es un cero”, y yo estuve de acuerdo. Entonces tomé el plato y lo coloqué encima de su cabeza y le pregunté a la novia si veía algo. Segundos después ella dijo, dudando, “¿es un ángel?”, a lo que repliqué, “no, no lo es, sino más bien un santo”, un concepto que ambos entendieron a la vez. Notando que les gustó la imagen, coloqué el plato también encima de la cabeza de ella y procedí a decirles que si ambos practicaban el amor encarnado en el 9 sin egoísmo, entonces ellos también podían satisfacer el volverse santos y que eso era realmente maravilloso para ellos como pareja.

En medio de este diálogo peculiar, de veras inesperado y a la vez bienvenido, les hice una pregunta “matemática”: “y, ¿cuánto da el marido a la potencia cero?”. Ambos se rieron sorprendidos ante mi ocurrencia y trataron de responder. La esposa dijo que debía ser cero, pero cuando les dije que eso no era correcto, el esposo dijo, “¡entonces debe ser infinito!”. Nos reímos mucho ante tal extrapolación de la santidad, y entonces les recordé que cualquier número (excepto el cero, en algunos casos) elevado a la potencia cero era simplemente uno. Les dije entonces, “el esposo a la potencia cero es uno” y “la esposa a la potencia cero es uno” y luego argumenté cómo dicha unidad mística nos relacionada con Dios y Su verdad y cómo el concepto nos recordaba—en la potencia del cero—la necesidad de la humildad y el abandono en nuestras relaciones, y ciertamente en las matrimoniales.

Como mis discípulos impensados estaban felices, proseguí preguntándoles, y “¿cuánto es uno más uno?”. Al unísono ellos dijeron lo obvio, que era dos. Entonces, tomé sus cuchillos de la mesa y colocándoles uno siguiendo al otro, los convencí que, empleando no la aritmética sino la geometría, uno más uno era más bien otro uno: un uno más grande. Les encantó la metáfora, y así continué diciéndoles que esa era la definición de un Santo Matrimonio dada por Jesucristo (Mt 19:5), que el hombre y la mujer ya no eran dos sino uno, 1 + 1 = 1, una unidad que se podía además expresar por medio de la ecuación infinita 1 = 0.999…, que muestra, de una manera gráfica, que la reiteración del amor, y solo la del amor divino positivo en el 9, logra el ansiado milagro unitivo.

Cuando ya era el tiempo de irme pues había otras personas que querían saludar a los novios, les hice una última pregunta, y “¿cuánto es cero más cero?”. De nuevo, los dos estuvieron de acuerdo, “nada”. Pero entonces junté sus platos y les pregunté otra vez. Súbitamente, ayudada por su punto de referencia, ella dijo “¡ocho!” y le respondí, “¿y qué más?”. Hubo silencio hasta que seguí con un dedo el camino de los dos ceros pegados de arriba a la izquierda, abajo, a debajo a la derecha y arriba, etc., una y otra vez, hasta que le quedó claro al esposo que dibujaba su antes mencionado infinito. Entonces les hice repetir varias veces “cero más cero igual a infinito”, “cero más cero igual a infinito” y, cuando el mensaje quedó claro, procedí a repetirles (y acaso enseñarles) que cuando dos ceros (o más) están de acuerdo, allí está Jesús en medio de ellos y así a Él le podemos pedir (por su cruz bendita en el +) cualquier cosa, pues el amor santo de dos pequeñitos suma, en virtud del sacrificio “positivo” de Jesús, todo, o sea, entendido de una manera nuevamente geométrica, 0 + 0 = ∞ (Mt 18: 19—20).

Después de abrazos efusivos, finalmente les di mi regalo que incluye, aunque de una manera diferente, estas explicaciones y un poco más y regresé a mi mesa identificada por un número 4, en caso que quieran saberlo. Allí compartí con calma lo sucedido en mi visita con mi esposa Marta y con las dos parejas antes desconocidas con quienes nos pusieron, y todos se regocijaron con mis explicaciones, incluido el hecho, no citado a los novios, que cuando Jesús fue crucificado hubo oscuridad precisamente de la hora sexta a la hora novena (de las doce del día a las tres de la tarde), tal y como universalmente la hay si el egoísmo nos guía y no el amor.

Cuando llegó el momento de la exquisita cena, nos distinguimos de los otros invitados juntando nuestras manos en unidad y haciendo una plegaria a Dios por los recién casados haciendo un cero, que, como se puede comprender por lo relatado, fue también un significativo infinito. ¡Qué vivan los novios! …… Para finalizar, esta campanita contiene una canción que llegó intentando sanar un matrimonio en problemas, es decir uno que empezó con vital alegría. Tristemente, la composición no logró su cometido, pero felizmente sí sirvió posteriormente para sanar otro matrimonio. Ojalá esta tonada ya suene con la ayuda de la raíz de dos y llegue a ser útil para lograr reconciliaciones improbables.

¡Que el amor del niño Jesús, próximo a nacer, reine en todos los matrimonios! ¡Y que la Virgen María sea nuestro ejemplo y guía!

UNA HISTORIA FAMILIAR

Ay qué problema…

Vete ya egoísmo…

Voy a contarte
una historia familiar…

Una pareja de esas,
ay de las bellas,
halló un problema
que creció en queja,
no echó pa’lante,
hizo el silencio,
entró aquel ángel,
y se dejó de amar.

¡Ay Dios!

Ay qué problema
me causa pena,
esa pareja,
con to’ adelante,
olvidó el voto,
vino un desplante,
ay qué tristeza
y se dejó de amar.

¡Ay por Dios!

Y ahora viven separados
y discuten por centavos,
con el corazón cansado
olvidaron que soñaron.

Y ahora viven indignados
con amigos alineados,
empeñados en desprestigio
terminaron en litigio.

Ya no te quiero,
¡lo que hiciste no tiene perdón!

Y ahora viven acosados
intentando baile y canto,
huyendo de sus mentiras
ay ahondan sus heridas.

Y ahora viven despechados
culpándose el uno al otro,
ay por Dios, que bobería,
cosechan su cobardía.

Y por eso, ay les digo…

Puente de paz…

En serio, se puede…

Con Dios se puede…

Pídele perdón, no lo dudes,
pídele perdón, oh oh oh óh,
practica el amor, no pospongas,
ay sana el corazón. (2)

Oye consejo de amigo
ay confronta tu razón,
que el amor brotó consciente
dentro de tu corazón.

Pídele perdón, no lo dudes,
pídele perdón, oh oh oh óh,
practica el amor, no pospongas,
ay sana el corazón.

Sólo el amor valiente
vence toda incomprensión,
y por eso es que te digo
ay pídele, pídele perdón.

Pídele perdón, no lo dudes,
pídele perdón, oh oh oh óh,
practica el amor, no pospongas,
ay sana el corazón.

Este canto es sincero,
y por ende con razón,
oye mira no pospongas
y sana tu corazón.

Sana el corazón, se valiente,
sana el corazón, oh oh oh óh,
pídele perdón, se consciente,
ay, acepta tu porción. (2)

Que el amor lo puede todo
tú lo sabes, el amor,
ay aplica ya este coro
y sana, sana tu corazón.

¡Es lo mejor!

Sana el corazón, se valiente,
sana el corazón, oh oh oh óh,
pídele perdón, se consciente,
ay, acepta tu porción.

Ay no digas que no importa,
ay no finjas tu valor,
pues sólo el perdón eterno
es quien da toda razón.

Sana el corazón, se valiente,
sana el corazón, oh oh oh óh,
pídele perdón, se consciente,
ay, acepta tu porción.

Ay como duele, duele,
es rancio el desazón,
ay no lo dejes, no la dejes,
ve, ve y pídele perdón.

Pídele perdón, no lo dudes,
pídele perdón, oh oh oh óh,
practica el amor, no pospongas,
ay sana el corazón.

Sana el corazón, se valiente,
sana el corazón, oh oh oh óh,
pídele perdón, se consciente,
ay, acepta tu porción.

¿Óyeme, se perdonaron?

¡Verdad!

Y tuvieron muchos nietos…

Santa utopía, ¡por Dios!

(Mayo 2001)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

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Musicalidades de infancia

Como lo atestiguan estas campanitas de fe, la alegre música del Caribe ha jugado un papel preponderante en mi vida. A mis padres, Carlos y Dorita, les encantaba bailar y es así como mi afinidad por tales sonoridades se remonta hasta los tiempos en que estaba amorosamente protegido en el vientre de mi madre. Es desde allí, desde lejos, de donde proviene mi afición particular, la cual me ha acompañado siempre, dando lugar, acaso de una manera previsible, a composiciones propias que intentan animar hacia el amor de Dios.

Recuerdo de niño, cuando tenía unos tres años o acaso menos, que la invención del tocadiscos me causaba una particular fascinación. Así, me pasaba anonadado largos ratos enfrente de la radiola observando—quizás cual científico en potencia—cómo las rotaciones sucesivas concordaban con el sonido. Evoco, aunque ya han pasado unas tres nadas—para citar multiplicando aquella canción famosa de Carlos Gardel—, cómo me paraba tambaleante mirando el gramófono y sostenido por mis dientes incisivos frontales, los cuales, por reiteración en el mismo sitio, terminaron tallando dos ranuras en el mueble. ¡Vaya si me gustaba estar allí, absorto de principio a fin, y ya gozando al son de Celia Cruz y la Sonora Matancera! ¡Cuánta alegría me causa escribir esta anécdota antigua y bella!

Y siguiendo con el alborozo musical de mi niñez, deseo conmemorar aquí cómo después, algo así como a mis 5 o 6 años, me atrajo decididamente la percusión omnipresente de lo que se escuchaba en casa. Recuerdo que en una Navidad, mientras mis padres y otras parejas bailaban, me valí de unos lápices de colores (¡de veras, eran de colores!) y los empleé—cual baquetas de unos timbales primitivos—para extraerle sonido a la forja de la chimenea de la casa. Claro, la ocurrencia del chiquitín no pasó desapercibida y días después mis papás me regalaron mi primer bongó, uno pequeñito para mi edad y de la Casa Conti. ¡Bello recuerdo éste también! …

… El bongó es aquel instrumento compuesto por dos tambores pequeños de distintos tamaños, que el “bongocero”, típicamente sentado y sujetando el artefacto entre las piernas, percute con las manos. Éste, y no la más popular y armoniosa guitarra que hubiera podido llegar a estudiar, se convirtió en mi compañero a partir de mi adolescencia y hoy por hoy disfruto tocando uno, ya no pequeñito, que mi esposa Marta y mis hijas Cristina y Mariana me regalaron: un estupendo modelo profesional de Latin Percussion, que tiene un timbre muy bello.

Dejándome llevar por el metrónomo de la música del Caribe, la llamada “clave” del son y también la de la rumba—ambas básicamente cubanas, con el paso de los años aprendí a adentrarme y abstraerme en las melodías con el toque coordinado de mi bongó, sabiendo que allí, en el fluir mágico de las notas al nivel de mis rodillas, palpaba, de una forma providencial, un pedacito del infinito. En estos días, cuando tengo la oportunidad de tocar mi peculiar número ocho—¡o el infinito claro!—al compás de mis artistas favoritos, lo hago soñando con hacerlo con mis propias composiciones, para así hacerle caso al salmo cantándole al Señor un canto nuevo. ¡Que el Dios trino ya permita la llegada de la raíz de dos y que ya pueda fundar Shanti Setú!, cual expresado a continuación pensando en mi canción “Fiesta eterna” al son de “D’Mambo” del maestro Luis “Perico” Ortíz:

… Aunque ha sido muy bello evocar gratos recuerdos de infancia—incluida Celia Cruz, la Reina de la Salsa, ya citada en estas campanitas en la dedicatoria de una canción por la unidad de Cuba en Cristo—, lo que le da el nombre a este escrito son dos canciones que llegaron a mí basadas en musicalidades de antaño. Estas son dos popurrís inspirados por los bellos trabajos de dos grandes grupos musicales que se escuchaban en casa y que aún escucho y disfruto en estos días, años después.

Como se notará a continuación, las dos canciones se llaman “Lecciones a lo Matamoros” y “Reescribiendo a Tito“, las cuales, con el debido respeto y admiración, proveen nuevas letras, primero, a sones ilustres y clásicos del cubanísimo Trío Matamoros y, segundo, a bellos boleros y otros ritmos sincopados del puertorriqueño Tito Rodríguez.

El famoso Trío Matamoros, compuesto por Siro, Cueto y Miguel, este último Matamoros como director y compositor, es más de la época de mis abuelos que la de mis padres, pues trabajaron desde 1925 hasta 1961. Es de ellos el muy conocido “Son de la Loma“, que expresa que aunque ellos cantaban en La Habana, provenían de Santiago de Cuba. En casa se bailaban y cantaban sus canciones pegajosas y me ha producido alegría el encontrar en la red informática la caratula de uno de los discos que teníamos:

Mi canción “Lecciones a lo Matamoros” emplea la estructura de cuatro canciones famosas del Trío: “Cuidaito compay gallo”, “El paralítico”, “El trío y el ciclón” y “Buche y pluma no má”,  para crear una composición que invita al amor verdadero y también, por su cadencia, a la alabanza. Dichas canciones aparecen expresamente citadas en el texto del popurrí y allí se encuentran enlaces que permiten escucharlas.

El gran Tito Rodríguez es, sin duda, unos de los mejores cantantes que ha dado la música popular del Caribe. Él se distinguió además como compositor y por liderar una gran orquesta que en los años 50 y 60 rivalizaba con la del otro Tito, Tito Puente. La cadencia especial y la claridad de la voz de Tito Rodríguez se aprecia, en particular, en su interpretación del famoso bolero “Inolvidable“, el cual produce una nostalgia peculiar cuando se considera que él murió muy joven, a los 50 años en 1973.

Habiendo bailado mis padres al son de los dos Titos en el famoso Palladium en Nueva York antes que yo fuera concebido, en casa se escuchaban los discos de ambos artistas. Acaso Rodríguez nos gustaba un poco más y la siguiente caratula, felizmente hallada en la red informática, corresponde a un álbum de 1962 que teníamos:

Mi canción inspirada por éste, “Reescribiendo a Tito“, usa respetuosamente como base cuatro de sus éxitos: “Si te contara”, “Cuando ya no me quieras”, “Cuándo, cuándo” y “Mamá guela”(con sólo el último tema de su autoría), para crear una canción que anima a la llegada de mi banda “Shanti Setú” para enfatizar, en estos tiempos inciertos del “todo vale”, la primacía de Jesucristo: “sólo en Cristo, sólo en Cristo”, en un coro potente al final. Como en la canción basada en los sones del Trío, estas composiciones aparecen citadas en el popurrí con enlaces para ser escuchadas.

Ya para finalizar y como testimonio de musicalidades ya no tan de infancia, comparto a continuación una foto con la mejor cantante del género, “La guarachera del mundo”, así no haya en esta campanita una canción basada en una interpretada por ella. Allí estamos, en un feliz día de 1977 en Bogotá, Celia y su esposo Pedro, flanqueados por mi hermana Xiomara (co-editora de estas campanitas junto a mi esposa Marta) y por mí.

¡Cómo ha pasado el tiempo, solamente miren mi corbata! ¡Pero vaya alegría la que refleja la fotografía, una que ojalá también transmitan mis dos canciones aquí!

¡Que estas musicalidades de infancia toquen los corazones de aquellos que puedan escucharlas muy bien cantadas, y no por mí a capela! ¡Y que ellas, cual buen “granito de arena”, lleven a “la clave”, quien más sino Él, Jesucristo Nuestro Señor, e inspiren el amor que necesitamos en este mundo moderno!

LECCIONES A LO MATAMOROS

Para bailar y gozar…

Cuidaito compay gallo“…

Para vencer el dolor
y para sembrar amor
debes hoy sanar tu herida.

Hay una salida cierta
sabia la opción siempre abierta
que en su candor dota vida.

Mejor tumbar ay toda muralla
para escuchar bien la voz
que a ti te invita a cantar, ay Dios.

Que si te dejas llevar
vas segurito a gozar, ay sí.

Así pues, oye te digo
así pues, ay ven amigo:
sana hoy tu corazón
pa’ que bailes este son.

Puente de paz…

El paralítico“…

Deja ya el cinismo y el rencor
y podrás vivir mejor,
ay deja ya el cinismo y el rencor
y podrás sembrar amor.

En estos tiempos modernos, ay sí,
con tanta consternación, ay Dios,
en estos tiempos modernos, ay sí,
con tanta consternación, ay Dios,
es fácil perder el centro, oye
cayendo en la desazón.

Deja ya el cinismo y el rencor
y podrás vivir mejor,
ay deja ya el cinismo y el rencor
y podrás sembrar amor.

En estos tiempos modernos, ay sí,
en medio de la confusión, ay Dios,
en estos tiempos modernos, ay sí,
en medio de la confusión, ay Dios,
podemos hallar la esencia, oye
practicando el buen amor.

Deja ya el cinismo y el rencor
y podrás vivir mejor,
ay deja ya el cinismo y el rencor
y podrás sembrar amor.

En estos tiempos modernos, ay sí,
de tonta retaliación, ay Dios,
en estos tiempos modernos, ay sí,
de tonta retaliación, ay Dios,
debemos cambiar el rumbo, oye
nunca negando el perdón.

Deja ya el cinismo y el rencor
y podrás vivir mejor,
ay deja ya el cinismo y el rencor
y podrás sembrar amor.

Shanti Setú…

El trío y el ciclón“…

Y cada vez que olvidamos el amor
no comprende el corazón,
cada vez que negamos el amor
arremete un gran ciclón.

El ciclón es egoísta, ay sí
y destruye sin azar, ay Dios,
el ciclón es egoísta, ay sí
y destruye sin azar, ay Dios,
y para lograr la calma, oye
tienes que jugar al más.

Y cada vez que olvidamos el amor
no comprende el corazón,
cada vez que negamos el amor
arremete un gran ciclón.

El ciclón es divisivo, ay sí
y priva de libertad, ay Dios,
el ciclón es divisivo, ay sí
y priva de libertad, ay Dios,
y para vencerlo, oye
debemos amar y amar.

Y cada vez que olvidamos el amor
no comprende el corazón,
cada vez que negamos el amor
arremete un gran ciclón.

El ciclón es embustero, ay sí
y habita en el corazón, ay Dios,
el ciclón es embustero, ay sí
y habita en el corazón, ay Dios,
y para sanar la casa, oye
el verso ha de ser canción.

Y cada vez que olvidamos el amor
no comprende el corazón,
cada vez que negamos el amor
arremete un gran ciclón.

Puente de paz…

Buche y pluma no má“…

El amor de verdad
lo sana todo,
el amor de verdad,
y abrazo de unidad
lo puede todo
por la caridad.

Ay no dudes, no no
ese es el modo
santa caridad,
sin mentiras mi bien
lo hallas todo
y sueñas en paz.

El amor de verdad
lo sana todo,
el amor de verdad,
y abrazo de unidad
lo puede todo
por la caridad.

Un camino, te digo
solo hay
y es en libertad,
el abrigo
basado en la verdad
al final ganará.

El amor de verdad
lo sana todo,
el amor de verdad,
y abrazo de unidad
lo puede todo
por la caridad.

Así que…

Deja ya el cinismo y el rencor
y podrás vivir mejor,
ay deja ya el cinismo y el rencor
y podrás sembrar amor.

Y cada vez que olvidamos el amor
no comprende el corazón,
cada vez que negamos el amor
arremete un gran ciclón.

(Agosto 2007)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

REESCRIBIENDO A TITO

¡Gracias Rodríguez, Tito!

Para Marta, mi esposa, en el día de nuestras bodas de granito

Si te contara“…

Si ya llegara
el gran acierto
si ya saliera
la raíz de dos
que vela mi intento,
mi experimento
de ya varios años
de fe en el mecenas,
arde mi entraña
sueño ay la victoria
¡oh santa faena!

Si ya llegara,
me encantaría,
si ya plantara
esa añeja rueda
de lluvia y vigía,
pues si se posa
con pétalos ella
sería mi lirismo,
pa’ salir cantando
invitando al reino
del todo acogido.

Cuando ya no me quieras“…

Cuando llegue mi día
cuídame oh cariño,
vela tú mi humildad,
emoción y vigor.

Pues si olvido mi vía
no estaré con el niño,
no me dejes negar
ay no no, mi verso interior.

Partiremos cantando
el poema y su acervo,
diremos por la senda
que Jesús es el verbo.

Y con la bella banda
inspirando su ritmo,
llegaré a mi destino
y en nombre del hijo
así cantaré.

Cuándo, cuándo“…

Ay si el día llega ya
gozaré cantando tanto,
si se asoma ay verás
el sueño será capaz.

Y si el día viene al fin
y mi banda va sonando,
si bailan gozando ay sí
ay será puente de paz.

El compás de su son
sana todo el engaño,
llegue ya raíz de dos
pa’ animar al rebaño.

Ay si el día llega al fin
y mi verso van gozando,
animando hacia el más
hipotenusa sin jamás.

El compás de su son
sana todo el engaño,
dota pronto oh Señor
pa’ animar al rebaño.

Mamá guela“…

Sólo en Cristo, sólo en Cristo
oye, la banda en escena,
sólo en Cristo, sólo en Cristo
mira, Shanti Setú suena,
sólo en Cristo, sólo en Cristo
oye, ay ama de veras,
sólo en Cristo, sólo en Cristo
mira, Él es vida nueva.

Sólo en Cristo, sólo en Cristo
mira, su amor sana pena,
sólo en Cristo, sólo en Cristo
oye, Él da vida nueva,
sólo en Cristo, sólo en Cristo
mira, María es la buena,
sólo en Cristo, sólo en Cristo
oye, la madre serena.

Sólo en Cristo, sólo en Cristo
<bongó>
sólo en Cristo, sólo en Cristo
<bongó>
sólo en Cristo, sólo en Cristo…

(Enero 2016 / Junio 2019 / Octubre 2019)

Casi toda la canción a capela se puede escuchar aquí…

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Me toca a mí y te toca a ti

Hace pocas semanas, en el mes de septiembre, tuve la oportunidad de volver a mi patria, Colombia, para hacer lo que creo me toca a mí: el intentar explicar cómo la ciencia moderna ilumina urgentemente el amor de Jesucristo como la única y mejor opción en nuestras vidas.

Aunque no pude romper el récord de dieciséis conferencias antes establecido, cual relatado en un festejo bonito aquí, pude hacer, gracias a Dios, quince pláticas que creo dejaron buenas semillas en diversas audiencias, tanto en universidades, como en un Seminario, como en un Grupo de Oración.

Contribuyendo así a la Nueva Evangelización de una manera novedosa y con el debido ímpetu de un acto amoroso proselitista que muestra e invita al único camino al Padre, logré mi cometido guiado por las sorpresas del Espíritu Santo que, entre otras cosas, me permitió, acompañado de cánticos inspirados (como los hallados en estas campanitas), el conocer a nuevos y valiosos amigos en la verdadera fe.

Cuando hoy por hoy me parece que todo fue un sueño, como suele sucederme una vez regreso a California, le doy gracias a Dios por permitirme hacer el poquito que me toca para contribuir a Su Reino. Pues, más allá de la clase seminario que hago en estos días por estas latitudes y a lo largo del año académico—lo cual también es sólo un poquito—, ciertamente sueño desde ya con hacer otro poquito en viajes futuros, ya sea por mi patria o más allá …

… Como se puede constatar, la conferencia que más compartí en mi última excursión fue la de La Hipotenusa, la más sencilla de todas y hallada en forma de video aquí, la misma que nos permite entender cómo podemos aprender de la forma en que sucede la turbulencia natural para escoger volvernos amorosos y pacíficos. Como repaso a lectores asiduos o como aperitivo a aquellos que me leen por primera vez, a continuación explico un poco acerca del geométrico asunto.

Existe una forma genérica de la fragmentación, generada por la turbulencia en el aire, la cual es coherente con el rompimiento del equilibrio en remolinos sucesivos, que llevan consigo variadas y fijas energías y que tienen (los remolinos) escalas que son cada vez más pequeñas:

Este proceso, en el cual se observa la metafórica fracción 2/3—en el movimiento del espiral hacia adentro que bien expresa el egoísmo, aunque en el dibujo aparezca como un ente estático—termina denotando correctamente, de la ciencia a la Palabra de Dios, la labor divisiva del “príncipe del poder del aire” (Ef 2:2) y el “príncipe de este mundo”  (Jn 12:31), el mismísimo diablo, pues su invitación falsa, yendo siempre hacia lo negativo, da lugar a las desigualdades genéricas en el mundo y a la eventual carencia de cohesión por doquier, simbolizada por el polvo prescrito de la muerte (Gn 3:19).

Si tenemos en cuenta que tenemos, como humanos con alma, la opción de unir en vez de dividir, podemos emplear el mismo diagrama proverbial, pero con el flujo antinatural del amor, es decir al revés de la diabólica codicia, para animar hacia la conversión y así hallar la misericordiosa reconciliación:

Este gran Sacramento se logra “rellenando todo valle y rebajando todo monte” (Lc 3:5), para al rectificar definir, en la debida calma y sin turbulencia alguna, la única manera en que puede hallarse la verdadera paz. Esto corresponde, claro debe estar, a nuestra elección de entregarnos a la pureza y a la virtud en nosotros y de darnos amorosamente a los demás cual denotado por un simbólico espiral positivo, el mismo que denota la cruz del mayor sacrificio imaginable, el cual sucedió precisamente a la hora nona (Mc 15:34) por nuestros divisivos pecados.

Es evidente que una vez esto está entendido, es decir que Jesús (el equilibrio y la hipotenusa acumulando) sea la única solución, nuestro primer deber debe ser el arrepentirnos de corazón de nuestro pecado, para luego poner en práctica Sus enseñanzas y así caminar amorosamente y en santidad hacia la unidad.

Aunque este hacer, interno y externo, parezca ser sólo un poquito, al final no lo es, pues allí está la única manera de hallar la plenitud dentro de nosotros y de mejorar, entre todos, el mundo que nos rodea.

La canción a continuación fue inspirada por un estudiante de física llamado Bryan quien se acercó a mí hace años, uno sonriente que se maravillaba con la posibilidad del amor que hace la verdadera diferencia. Ojalá ya salga la raíz de dos para que esta tonada suene con vehemencia y así dote un poquito de conciencia. No hay duda que a todos nos toca ser la diferencia, a mí y a ti, y sobre todo en estos tiempos extraños pero reales del “todo vale”.

LA DIFERENCIA

¡A todos nos toca!

Y nos toca entre todos…

Una voz se dijo al pensar,
una voz se dijo al pensar,
¡ay que incoherencia!
mira tú como van las cosas
con problemas multiplicados
y con líos por todos lados
oh cuánta impotencia…

Esa voz se dijo en verdad,
esa voz se dijo en verdad,
¡ay que intransigencia!
mira tú la vida está loca
y no veo cómo resolverla
ay por Dios, que cosa mi hermano,
pierdo la paciencia…

Y esa voz se dijo al pensar,
y esa voz se dijo al pensar,
¡hay tanta inclemencia!
mira tú parecen todos tontos
se matan los unos a otros
dividen a buenos y a malos
oh vana insolencia…

Y esa voz se dijo en verdad,
y esa voz se dijo en verdad,
¡ay que irreverencia!
mira tú la sangre calienta
y la mentira crece suelta
no parece que sea cierto
que haya providencia…

Y allí muy adentro
esa voz oyó,
y allí muy adentro
esa voz oyó,
una vocecita
que le susurró…

¿Y qué dijo?

¿Qué dijo, mi hermano?

Para ti y para mí…

¡Conversión!

Ay tonifica tu inteligencia
mira tú eres la diferencia,
úsala ya con eficiencia
mira tú eres la diferencia,
ay ama bien, con consistencia
mira tú eres la diferencia,
amigo y enemigo sin displicencia
mira tú eres la diferencia,
ay no practiques la indiferencia
mira tú eres la diferencia,
mejor clemencia por excelencia
mira tú eres la diferencia,
no más, que va, falsa apariencia
mira tú eres la diferencia,
enmienda to, con transparencia
mira tú eres la diferencia.

¡Es mejor admitir
me equivoqué,
que subir los hombros
con un a mi qué! (4)

Ay utiliza tu independencia
mira tú eres la diferencia,
porque en ti está toda congruencia
mira tú eres la diferencia,
escoge hoy vital conciencia
mira tú eres la diferencia,
puente de paz es la prudencia
mira tú eres la diferencia,
sueño de unión es pura ciencia
mira tú eres la diferencia,
ay hazlo hoy con obediencia
mira tú eres la diferencia,
a la fuerza no, es sin violencia
mira tú eres la diferencia,
ay vamos ya con toda esencia
mira tú eres la diferencia.

Es vital asumir
óyelo bien,
que culpar al otro
perdiendo la fe. (4)

Mira tú eres la diferencia… (8)

(Octubre 2003)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Mi verdadera riqueza

Habiendo descrito en la campanita anterior (la número 41 de la colección) mi particular experimento de fe a futuro, uno ligado con Jesús en la raíz de dos, aquí en ésta, la campanita 42 de uno con “locura” pues la raíz cuadrada de dos es aproximadamente 1.4142, deseo darle gracias a Dios por las múltiples gracias ya recibidas en mi vida, por esos regalos inmerecidos que han llegado a mí y que de ninguna manera hubiera podido prever años atrás.

Para empezar, deseo agradecer a mi Señor por mi familia vital, por mi esposa Marta y nuestras hijas Cristina y Mariana, añadiduras reales (las tres) que engalanan mi vida y que proveen razones para vivir e insistir. Luego de haber pasado por vicisitudes dolorosas, acaso como las de cualquier otro lector, deseo reconocer, con todo mi amor, la mano de Dios en sus misericordiosos actos hacia mí. ¿Cómo no agradecer la restauración de mi vida luego de haber pasado por dos anulaciones matrimoniales más de veinticinco años atrás, cuya probabilidad seguramente es menor que la de ganar una lotería probable para lograr los fondos de Shanti Setú, para cantarle al Señor un canto nuevo? ¿Hoy por hoy, cómo no valorar la mano de Dios también en Patry, Xio, Mario, Willie y Connie, en los otros miembros de mi familia, en mis amigos cercanos y hasta en mis enemigos que le dan soporte a mis intentos, cual la ganancia de un premio hermoso y fiel en mi existencia? …

… Y ahora, luego de un bello y único patrón dentro de la campana de Gauss que le sirve de emblema a estos escritos, uno obtenido punto a punto hasta converger como un capullo convertido en rosa, deseo también agradecerle al Dios Trino el haberme dado la oportunidad de descubrir un camino matemático de la ciencia a la fe, uno que de una forma insólita se hizo realidad en mi vida, agregándole la razón esencial que le faltaba.

¿Cómo no sentirme gozosamente orgulloso al comprender que mi propia transformación inverosímil, de creerme falsamente suficiente hasta saberme un hijo de Dios, le ha proveído calorcitos dulces, reales y redentores a mi corazón? ¿Cómo no agradecer el haber tenido la oportunidad de escribir libros insospechados acerca del amor verdadero a partir de la ciencia y de compartir conferencias y cursos animando hacia la paz que sólo Jesús es capaz de dotar? ¿Cómo no sentir que me he ganado muchos sorteos cada vez que ha llegado una letra y una melodía para componer una nueva canción con un mensaje amoroso y unitivo? ¿Cómo no pensar que estoy siendo premiado por la simple escritura de estas campanitas de fe, oh regalo asombroso para este pequeñín, aún si nunca llegare a ver realizado el sueño de canción ya satisfecho en mi corazón? ¿Cómo no seguir adelante en la fe sabiendo que Él me ha perdonado una y otra vez y que Él nos provee su propia vida en hostias reales? ¿Cómo no proseguir con toda esperanza al reconocer que las espinas del desprecio por mi amor a Él no ha sido más que un adorno para mi creer espiritual?

Ahora, en la certeza de este instante orquestado sin azar, doy gracias a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por todo lo que tengo, por la riqueza esencial en mi vida, cual expresada a continuación en dos canciones escritas en el mismo mes hace ya veinte años. Primero una rima en español y con melodía sencilla que le gusta a mis hijas al habérselas cantado desde que eran pequeñitas, y luego otra en inglés—la primera y última del blog en dicho idioma—inspirada por un buen amigo que acompañó mi caminar por años y de quien aprendí mucho.

¡Gracias por todo Señor! ¡Gracias Dios mío! ¡Muchísimas gracias por todo! ¡Alabado eres, bendito eres! ¡Eres maravilloso!

¡Que siempre se pose en mí tu llama, oh Señor! ¡Y que María siempre guíe mi proceder!

TENGO, AY TENGO

¡Cómo no dar gracias!

Tengo razones para vivir
ay tengo, porqué seguir. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo colores por compartir
ay tengo, el buen sentir. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo dolores que son canción
ay tengo, la bendición. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo amores por añadir
ay tengo, porqué reír. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo calores por no mentir
ay tengo, la llama al fin. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo buen sueño, para qué más
ay tengo, en cantidad. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo a Cristo, en mi corazón
ay tengo, su redención. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

¡Vaya si tengo!

(Mayo 1999)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

I AM RICH

A mi amigo Benito…

I am rich
in details of love,
so very rich
in verses of hope.

I am rich
in taming slope,
so very rich
in friends all along.
o o.

I am rich
in bells of hyssop,
so very rich
in dreams with scope.

I am rich
in flowers and song,
so very rich
in littles that call.
o o.

I am rich
in whiteness of dove,
so very rich
in help from above.

I am rich
in playing the drum,
so very rich
in sharing God’s own.
o o.

I am rich
in prayers from old,
so very rich
in searching the gold.

I am rich
in circles and blood,
so very rich
in living the code.
o o.

I am rich
enduring the test,
so very rich
in finding good rest.

I am rich
alive and with thorns,
exceedingly rich
knowing they adorn.
o o.

(Mayo 1999)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Un experimento de fe

En la vida cotidiana es muy común escuchar expresiones como “todo pasa por una razón”, “nada sucede por casualidad” y “no hay mal que por bien no venga”, las cuales expresan nuestros deseos inmanentes de hallarle sentido a lo que sucede. Ciertamente existe allí, en el que el “azar” tenga una buena razón de ser, una forma de sustento, pues apoyados en dicha convicción se aligeran las cargas y se forjan anhelos para seguir adelante.

Más allá de proveernos una fe rudimentaria en el día a día, estos vocablos, casi triviales, tienen sin embargo sus complicaciones. Por un lado, sabemos por experiencia que las cosas no siempre resultan como las soñamos. Y por el otro, entendemos que si algo va a llegar a ocurrir, esto no pasa necesariamente en el momento en que lo deseamos. La vida viene acompañada de sus “misterios” y sus “sorpresas” y así casi siempre navegamos al futuro sin lograr la “certeza” que quisiéramos tener.

En la ciencia moderna que me tocó “por suerte” estudiar y enseñar, aparece la noción de que a lo que nos parece complejo y carente de orden no siempre se le puede atribuir como causa el concepto básico del “azar”. Esto es, no siempre es posible aducir a lo ininteligible y errático la idea intuitiva de que ello esté intrínsecamente guiado por la noción de jugar a los dados. Aunque sí existen circunstancias en las que el azar sirve de explicación, como por ejemplo con lo que ocurre a nivel cuántico en el átomo y contrario a la famosa expresión de fe de Albert Einstein “Dios no juega a los dados”, las variaciones en el clima, por ejemplo, sí pueden entenderse—más no predecirse con exactitud—sin emplear el concepto del azar.

Más allá de las escalas minúsculas, en efecto existen sistemas llamados caóticos que generan comportamientos que parecen suceder como guiados por el azar, pero ellos no ocurren así porque alguien juegue a los dados, sino más bien por razones eminentemente geométricas dictadas por sus ecuaciones constitutivas. De una manera similar y esto en mis propias investigaciones, existen a su vez modelos fidedignos de datos irregulares naturales “azarosos” que no son tampoco objetos del azar, sino que más bien son “sombras” de objetos geométricos fraccionados, lo cual acaso constata, de una manera inesperada, el dicho popular que afirma que “el león no es como lo pintan”.

El que algunos aspectos de la complejidad natural puedan ser entendidos sin el concepto del azar representa ciertamente uno de los adelantos más importantes de la ciencia en el último medio siglo, pero eso no significa que estemos ya cerca de poder predecir lo que sucederá. Tal y como se observa precisamente en esta temporada del año, no podemos aún vaticinar con varios días de antelación la trayectoria exacta de un feroz huracán, aunque sí sabemos, con triste seguridad, que de tocar tierra traerá consigo allí una destrucción indeseada por sus vientos y sus lluvias. Y es que aún si entendemos que lo que genera el evento violento es un proceso caótico que no requiere del azar, sabemos también, en virtud del llamado “efecto mariposa“, que cualquier defecto en nuestra especificación, por pequeño que sea, da lugar a una indeseada propagación de dichos errores que, de una forma insalvable, impide pronosticar con justeza.

Así pues, la ciencia moderna ayuda mas no resuelve el problema del futuro y entonces no queda más remedio sino apelar a la fe, así para algunos el concepto sea demasiado “religioso” aunque acaso no su definición: “la fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven” (Heb 11:1). En verdad, no queda más que vivir con la debida esperanza para conocer más adelante lo que resultará, como sucede, por ejemplo, en la búsqueda de un premio anhelado mediante una apuesta vital …

… Y bueno, habiendo resumido cómo la ciencia permite discurrir un poco acerca del azar y sus consecuencias, es pertinente ahora dar un brinquito al “otro bando” y hablar un poco más sobre el misterio de la fe, pero ahora desde el punto de vista de lo que está revelado en la Santa Biblia.

Con relación a las expresiones que le dieron inicio a esta campanita, es pertinente notar que la Palabra es mucho más explícita con relación a las razones que garantizan una bondad futura. Por ejemplo, tal y como lo describe San Pablo, “sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman, de aquellos que han sido llamados según su designio (Rom 8:28), lo cual claramente le agrega una premisa al futuro en el amor esencial que no siempre satisfacemos, por lo menos yo.

Esto es coherente en otras exhortaciones hacia el “límite del amor”, como las bien conocidas palabras de Jesús en el Sermón en la Montaña cuando dijo: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mt 7: 7–8), las cuales, sin embargo, no vienen de gratis, pues allí mismo aparece la exhortación fundamental del amor en hacer a los demás lo que quisiéramos que ellos hicieran por nosotros (Mt 7:12), y luego el difícil acto de entrar por la puerta angosta (Mt 7:13), lo cual recuerda que debemos llegar a ser perfectos como Dios en el cielo es perfecto (Mt 5:48).

Evidentemente, no todo lo que pedimos se nos da, y esto es así por diversas razones. Por ejemplo, puede ser que Dios en su providencia sepa que lo que pedimos no nos convenga y así no nos lo otorgue. O puede ser que a lo que pedimos no le ha llegado su tiempo. O acaso, más comúnmente, también puede ser que no recibamos pues no siempre cumplimos la difícil premisa del amor límite y santo, y esto lo digo por mí.

Claro, solo Dios conoce el corazón de todos los hombres (He 1:24) y Él, en su infinita sabiduría, sabe muy bien cuándo responder, o inmediatamente, o después, o nunca, y esto es así sin contradecir un ápice su promesa en el bello relato de La Vid y los Sarmientos, ya analizado aquí: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis” (Jn 15:7), pues en el texto, y en ninguna de las citas antes mencionadas, aparece nombrada la palabra “inmediatamente”.

Jesús, para darle un énfasis vital a algunos de sus milagros inmediatos, nos enseña que “según sea nuestra fe así nos sucederá” (Mc 5:34, Mt 8:13, Mt 9:29), pero Él también nos exhorta a persistir en dicha fe, como en la Parábola de la Viuda y el Juez Injusto, en la que ella finalmente alcanza lo que justamente requería por insistir (Lc 18:1-5).

Ciertamente, la fe que no duda es la que mueve montañas (Mc 11:23), y así es menester en nosotros el crecer al amor esencial, perseverando pacientemente y así esperando ver los frutos prometidos, ya sea treinta por uno, o sesenta por uno o ciento por uno, tal y como Jesús lo explica en la Parábola del Sembrador (Mt 13:8) …

… Resulta que lo aquí explicado a partir de la Palabra también tiene una contraparte en la ciencia moderna pues, además de lo antes expuesto en relación al azar y al caos, existen también instancias en las que el empleo de reglas matemáticas guiadas por el azar da lugar, al final, a resultados ordenados que, inesperadamente, no reflejan el azar.

Esta aparente contradicción se observa, por ejemplo, en las rosetas mismas que acompañan estos escritos, pues, tal y como se explicará en detalle en alguna campanita futura, ellas provienen de un diálogo entre dos funciones—del plano al plano y correspondientes también a un límite especial, acaso como el amor total—que se lleva a cabo siguiendo los lanzamientos sucesivos de una moneda.

Aunque aquí tampoco puede preverse el patrón exacto que se obtendrá—pues depende de la secuencia precisa de la moneda que da lugar a una sucesión única de puntos—, sí es sabido que, después de un tiempo, los puntos obtenidos forman objetos bellos y armoniosos que eventualmente vienen a conformar una campana de Gauss circular, definiendo así un orden oculto en el azar.

Como lo obtenido se torna siempre bello, aunque de punto en punto no se observe un orden aparente, estas nociones límite (pero solamente en el límite) proveen una metáfora certera de la fe para nuestros tiempos de dudas, una en la cual la paciencia se torna vital para esperar a que surja la belleza anhelada, sea ella cual fuere…

… En esta campanita que sin azar considera cuestiones relacionadas con el azar, ahora deseo continuar relatando el experimento de fe específico que le dota el nombre a esta entrada del blog. Sucede que hace años, al menos veinticinco, cuando por la naturaleza de mi trabajo científico y de mis propias limitaciones ya me costaba trabajo conseguir fondos para llevar a cabo mis investigaciones y cuando ya se vislumbraba que las conexiones que observaba de la ciencia a la fe eran la esencia de mi vida, un profesor católico en la escuela de leyes de mi universidad llamado Daniel Fessler, amigo de mi compadre Akin Orhun, y consciente de mis debilidades, sintió compasión de mí y decidió ayudarme.

Primero, él me presentó a un alto ejecutivo de Pacific Bell con quien él trabajaba en una importante comisión del Estado de California y éste me ayudó con una donación de la empresa de la “campana pacífica”, ¡valga la coincidencia!, por medio de la cual, y de una manera providencial, conocí a mi esposa Marta, de por sí un suceso ya digno de contar y agradecer. Más adelante, hace unos veinte años, el mismo Dan me presentó a una pareja de altruistas católicos multi-millonarios involucrados en el negocio inicial de la fibra óptica—aquí no hay contradicción alguna, ni en el dinero ni en su fibra—, quienes acaso hubieran podido convertirse en mis mecenas.

Recuerdo que fui a Tucson, Arizona, a una reunión del Observatorio Vaticano allí, entidad que dicha pareja apoyaba económicamente, y, aunque por un tiempo llegué a pensar que me ayudarían, arribó a ellos un comentario “secreto” acerca de mi libro La Higuera & La Campana de parte de un sacerdote célebre—tanto que éste adelantó su tesis doctoral bajo la dirección del mismísimo Joseph Ratzinger, o sea el que llegó a ser el Papa Benedicto XVI,—que en su carácter de Editor en Jefe de una prestigiosa casa editorial Jesuita simplemente me dijo a mí, por medio de una postal por correo, que el libro no cuadraba allí. Sin nunca saber lo que este hombre pudo haber esgrimido a mis potenciales patrocinadores y amigos suyos (y es que éste ni siquiera pasó al teléfono cuando yo lo llamaba a pedirle consejo), al final la pareja en cuestión optó por no acogerme y entonces continué siendo “huérfano”.

Fue así como surgió una oración, algo desesperada, en la que le dije a Dios, “bueno, si todo esto es de ti y si, en particular, lo que entiendo provino de ti, incluido lo de la higuera, se Tú quien confirme y provea”. Allí, en la soledad de mi oficina al final de un fin de semana lleno de trabajo, decidí embarcarme en un experimento de fe comprando la Lotería de California para lograr los fondos requeridos, lo cual ha continuado hasta la fecha sin éxito, pero animado, en la inspiración del paso de los años, en cantarle al Señor un canto nuevo, mediante mi banda Shantí Setú, Puente de paz en sánscrito.

Cuando empecé la aventura, existía una sola lotería llamada SuperLotto que valía un dólar y que jugaba dos veces a la semana. Después de unos años, aparecieron dos posibilidades más, Powerball y MegaMillions, loterías interestatales mucho más difíciles de ganar—si es que se puede diferenciar lo que a todas luces es matemáticamente “imposible”—y que juegan dos veces a la semana valiendo cada una dos dólares por sorteo. Al principio le apostaba a los números que me salían en mensajes coherentes dentro de galletas de la fortuna que regalan en restaurantes chinos, pero en los últimos años he hecho el procedimiento más uniforme, y en mi corazón más coherente, pues he jugado siempre, y en las tres loterías números que corresponden a la raíz de dos, el mismo número irracional (como seguro le parezco en estos momentos a algunos de mis lectores al saber que he gastado 40 dólares al mes durante unos veinte años) que corresponde a la corta hipotenusa, que denota, como lo he explicado aquí y en muchas conferencias, a Jesús, el único camino al Padre.

Si algún día usted escucha que las canciones en estas campanitas ya no suenan cantadas por mí a capela sino que empiezan a hacerse muy bien—¡como Dios manda!, con cantantes que de veras sepan de su arte y con Shanti Setú por grito de batalla—usted podrá concluir que Dios quiso, no por azar, que saliera la raíz de dos en algún tique—con cinco numeritos pasando por un dibujo de la raíz cuadrada en la parte superior del boleto y con el dos representando el número de la serie, debajo. ¡Vaya locura cuando llegue el día y todo ocurra! Ciertamente será algo especial y digno de toda alabanza y entonces repartiré las ganancias proclamando que algunos “imposibles”, como un Tour de Francia ya logrado y acaso la mismísima paz, pueden llegar a ser posibles.

Ya terminando este escrito “al desnudo”, deseo aclarar que comprendo muy bien que no sé si ese día, mí día, llegará. Aunque algunos científicos amigos, que saben de Bernoulli y Pascal como yo, me dicen con “certeza” y algo de “burla” que lo que anhelo no sucederá, de mi parte seguiré con fe el experimento, y sobre todo intentando la santidad del límite del amor que entiendo es lo más importante. ¿Cómo no seguir si el juego ya me ha ayudado a reconocer mi pecado y a crecer espiritualmente? ¿Cómo no continuar si el sueño establecido en mi plegaria inicial ha estado acompañado por señales y coincidencias que hacen que sueñe hasta con la razón?

De mi parte aquí proclamo, con humilde valentía, que continuaré con fe “corriendo hacia la meta” (Fil 3:14), anhelando mi premio para animar al amor sabiendo que “el Señor lo acabará todo por mí” (Sal 138:8). Y esto, claro está, sin olvidar quien es el verdadero premio mayor.

A continuación, vienen, no una, sino dos canciones que han acompañado mi largo experimento de fe por llegar a enseñar mejor y más abundantemente de la ciencia a la fe y por el advenimiento de Shanti Setú. La primera refleja algunos eventos bellos ya sucedidos que le han dado soporte al sueño y que repiten que si Dios lo quiere así ha de ser, no solamente para mí, sino para cualquier otro fiel soñador. Y la segunda expresa, con no poca alegría, cómo contaría la historia “imposible” aquí cerquita, seguramente inspirando un gran gozo súbito que refrende, de una vez y para siempre, que el persistir en la fe representa nuestra mejor réplica al amor de Dios.

¡QUIÉN QUITA!

Inspirado por un Santo
yo sigo soñado…

Yo no sé si llega el día o no
y si es mi suerte vivirlo, (2)
las señales se repiten
cual augurio renovao,
el capullo llegó a rosa
ya creciendo enamorao,
y la ilusión se mantiene
con misterios orquestados.

Yo no sé si llega mira o no
y el cielo dota su ritmo, (2)
las lecciones ay suceden
cual sorpresa por puñao,
a tiempo brotaron libros
en versiones por dos laos,
y el sueño se acrecienta
con ardores confirmados.

Yo no sé si llega fino o no
y se consume el designio, (2)
campanitas se entrelazan
con refuerzos ay grabaos,
el mensaje se oye claro
en periplo programao,
y el deseo se alimenta
con azares ordenados.

Viene Shanti Setú.

¡Shanti Setú, soy yo!

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Seguro mira sí ay
no es rifa,
y si lo quiere Dios
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

A la victoria Él ay
siempre invita,
y si lo surte ay sí
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Todo lo puede Él ay
mira mijita,
no por azar ay Dios
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Y si lo quiere Él ay
quién lo quita,
raíz de dos oh oh
se puede.

Puente de paz…

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Y si lo quiere Él ay
sana herida,
y un calorcito de más
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Oh misterio de Dios ay
sin espina,
en equilibrio mi amor
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Y si lo dona mi bien ay,
enseguida,
se escucha esta canción
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Oh confluencia del son ay,
provee la vida,
Shanti Setú ay sí sí
se puede.

Puente de paz…

(Agosto 2006 /Agosto 2019)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

LA LOTERÍA MAMÁ

A San Judas Tadeo, mi Santo Patrón.

Inspirado por Adalberto Álvarez y su Son

Mami,
acabo de enterarme,
tengo una primicia,
creo que va a gustarte.

Mami,
es por Dios dotada,
no tiene malicia,
echa una mirada.

¿Qué es?

¡Ya llegó la lotería, mamá!

¡La raíz de dos!

Insistiendo llegó la fantasía
ya llegó la lotería, mamá,
yo creía que ella llegaría
ya llegó la lotería, mamá,
llegó su poesía, ay qué día
ya llegó la lotería, mamá,
ay te digo, sí que se podía
ya llegó la lotería, mamá,
rezando y rezando Él dijo ría
ya llegó la lotería, mamá,
raíz de dos ay crece fantasía
ya llegó la lotería, mamá.

¡Increíble, que alegría!

El cielo provee, santo misterio,
los numeritos salieron, mamá,
y no por azar ellos surgieron
los numeritos salieron, mamá,
manaron de cruz y su silueta
los numeritos salieron, mamá,
por razón de fe ay no tenían vuelta
los numeritos salieron, mamá,
ay campanitas para la gran fiesta
los numeritos salieron, mamá,
oh baile te digo vibrante la gesta
los numeritos salieron, mamá.

Ya llegó la lotería, mamá,
los numeritos salieron, mamá. (2)

Shanti Setú…

Los numeritos salieron, mamá,
ya llegó la lotería, mamá. (2)

Puente de paz…

Si lo puedo yo, lo puede cualquiera
sueña limpio y ganarás también,
ay oye mi amigo, persiste de veras
sueña limpio y ganarás también,
ay viene del cielo toda añadidura
sueña limpio y ganarás también,
no tengas, no, ninguna duda
sueña limpio y ganarás también,
hazlo limpio, te digo, y lo vas a ver,
sueña limpio y ganarás también,
ay, por mitad el justo obsequia bien
sueña limpio y ganarás también.

Ya llegó la lotería, mamá,
los numeritos salieron, mamá. (2)

Shanti Setú…

Los numeritos salieron, mamá,
ya llegó la lotería, mamá. (2)

Puente de paz…

¡Bueno, ahora a repartir!

Mi número es el ocho,
y también el nueve, je je je,
y siempre, claro, la raíz de dos…

(Agosto 2000/Agosto 2011/Agosto 2019)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

¡Ay con Egan el Tour me gané!

Recuerdo con mucha alegría cómo fue que llegué a tener mi primera bicicleta. Un amiguito que vivía enfrente de nuestra casa tenía dos y me prestaba la que iban a vender. Un domingo, y sin dar muestra alguna de que lo haría, mi abuelo materno, Don Julito Angulo, la compró y con todo amor me la regaló. Aún me acompaña la emoción que sentí al poder viajar a la izquierda y a la derecha en mi cuadra montado en mi propio velocípedo amarillo y a la velocidad que podía un niño de seis años. ¡Cuán bello fue dicho sentimiento de libertad—oh dinamismo poético del equilibrio—el cual se mantiene hasta estos días, pues la bicicleta es mi medio de transporte!

Aunque nunca me animé a competir, en la medida en que crecí me aficioné, como otros niños colombianos, al ciclismo. Así, empecé a seguir las gestas de nuestros corredores, tanto en la patria como fuera de ella. Cuando tenía ocho años, mi ciclista favorito era el gran Martín Emilio “Cochise” Rodríguez y esto lo recuerdo muy bien pues en mi Primera Comunión recé por él para que ganara alguna carrera, seguramente la Vuelta a Colombia que terminó ganando cuatro veces. Desde esos días de Cochise, nuestro primer campeón mundial en 1971 cuando yo cursaba quinto de bachillerato, y por más de medio siglo, he seguido los heroicos pedalazos de los ciclistas colombianos, los famosos “escarabajos”, y he soñado con sus triunfos en las carreras más importantes del mundo, sabiendo que en cada victoria no gana un ciclista sino todo un país.

En 1980, cuando salí de la patria a estudiar en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, representando así a mi país cual ciclista en el exterior, un equipo colombiano iba a participar por primera vez en el Tour de l’Avenir, o el Tour del Porvenir, la carrera más importante de ciclistas aficionados del mundo. Creyendo que dicha competencia la podíamos ganar—¡nótese el énfasis en el plural!—, en esos días iba ansioso a Harvard Square, enfrente de la otra universidad emblemática de Boston, a buscar información en periódicos franceses, pues en esa época sin internet no tenía otra manera de enterarme acerca de lo que sucedía. Recuerdo la emoción que sentí cuando en algún artículo durante el evento nombraron a nuestros ciclistas como “los hijos de Cochise” y también recuerdo, ¡cómo no recordarlo!, el gran gozo que experimenté al enterarme, varios días después que finalizara la carrera, que Alfonso Flórez Ortiz había ganado con honores, derrotando de paso a un gigante soviético que había vencido en los dos años anteriores y que además era el campeón del mundo. Recuerdo que no tuve con quién compartir la emoción en ese momento, pero vaya si me alegré pues era la revalidación de un buen sueño para mi país.

Con el paso del tiempo, el probar fuerzas en el mítico Tour de Francia se convirtió en la meta colectiva. Nuestros valientes corredores ciertamente demostraban que estaban entre los mejores escaladores del mundo, es decir yendo cuesta arriba, pero no se sabía si podrían competir de igual a igual con ciclistas profesionales que poseían una contextura física claramente superior. En 1983, en la primera participación de un equipo colombiano aficionado en el Tour, de por sí un reconocimiento de los organizadores, José Patrocinio Jiménez, el “viejo Patro”, pasó primero por el Tourmalet, una montaña tenebrosa en los Pirineos, y así mostró, aunque no ganó al final del día, que los colombianos eran en efecto magníficos.

Al otro año, en el 1984 en el que ya terminaba mi doctorado, y cuando ya seguía las carreras empleando un radio de onda corta, llegó, en efecto, un primer gran triunfo de etapa en el Tour, es decir al final de un día de competición, y éste sucedió en el famoso y temible Alpe d’Huez, en los Alpes claro, cuando el gran Luis “Lucho” Herrera, entonces corredor aficionado, dejó atrás a encumbrados rivales profesionales con su pedaleo excepcional. Recuerdo como si fuera hoy el júbilo que sentimos ese día con mi hermano Carlos Gerardo Molina mientras armábamos nuestra carpa, pues viajábamos en carro juntos de Boston a San Francisco.  En el atardecer y atacados por feroces mosquitos, movimos cuidadosamente el dial hasta que al fin oímos la noticia que anhelábamos y que creíamos posible. ¡Ganó Lucho!, vaya emoción aquella que expresamos con vítores y abrazos, una alegría que, hoy por hoy, los dos creemos fue comparable a la que hemos sentido estos días con el triunfo en todo el Tour de Francia por parte de Egan Bernal.

¡Ganó Egan! es así, y por ende hemos ganado—¡en plural!—la carrera más importante del mundo. ¡Cuánto nos hemos regocijado ante esta hazaña! Y es que, además, él es, a sus 22 años, el ciclista más joven en ganar la carrera en más de 100 años. ¡Allez joven maravilla!, como él es correctamente denotado, joven modelo 97 del siglo pasado, como se expresa aquí en su honor utilizando una bicicleta gozosa cuyas ruedas contienen rosetones de 9 y 7 puntas (dentro de la campana) y con colores colombianos …

… El destino final de mi viaje de costa a costa no era la ciudad de uno de los santos más queridos del santoral católico, sino más bien aquélla asociada con los seres alados sobrenaturales, Los Ángeles, en donde se celebraban los Juegos Olímpicos. Recuerdo que uno de los eventos que vi con especial interés fue la prueba de ciclismo de ruta, la cual se llevó a cabo en un circuito en Misión Viejo (escrito así en inglés con el género errado). Allí participó con honores Fabio Parra, quien fue uno de los favoritos, el mismo que posteriormente se convirtiera en el primer colombiano en subir al podio del Tour de Francia en 1988, es decir el primero en quedar entre los tres mejores.

Evoco con alegría cómo, en 1986 y dos meses antes de convertirme en profesor de la Universidad de California, tuve la oportunidad de seguir el Tour de Francia en directo por varios días, tanto en las montañas de los Pirineos como en las de los Alpes. La ilusión la teníamos todos los colombianos puesta en Lucho Herrera, quién batalló valientemente con los mejores, pero, al final, el que ganó fue el gran campeón californiano Greg Lemond. Ese año, habiendo estado en vivo en las carreteras empinadas, comprendí que todos los ciclistas, desde el primero hasta el último, eran dignos de todo reconocimiento, pues las escaladas que hacen son en verdad temibles y el esfuerzo que realizan es excepcional. Recuerdo en una ocasión cómo, después de una etapa que terminó en una montaña cercana al Santuario Mariano de Lourdes, quise saludar a algunos de nuestros ciclistas y al verlos comprendí que mi mejor tributo era dejarlos en paz.

En 1986, en efecto, asumí mi obligación de representar a Colombia en el extranjero, como los ciclistas, pero ahora con una mayor responsabilidad al ser profesor de la Universidad de California en Davis.  Una vez llegué a ser miembro de la facultad, supe que el hijo de un nuevo colega en mi edificio era amigo de Greg Lemond, y así el campeón llegó a firmar una foto mía que tristemente perdí, diciendo “To Carlos, you Colombians take great photos”—”A Carlos, ustedes los colombianos toman bellas fotos”—y es que él, acompañado por una moto desde donde lo filmaban cuando subía de primero, quedó centrado en la foto y allí, en el instante único de la fotografía de antaño, quedó retratado un espectador con una gorrita con la bandera francesa que decía TOUR 86 y a sus vez allí, como si hubiera sido planeada la composición, quedaron plasmadas las majestuosas montañas nevadas contrastadas por el viso rojo de la bandera colombiana debajo de la cual oprimí el obturador.

Siguiendo con la historia de nuestros ciclistas, tal y como aparecerá resumida en una canción en homenaje al campeón Egan Benal al final, en el año 1987 y de una forma heroica, Lucho Herrera ganó la Vuelta a España, una de las tres competencias más importantes del mundo, conjuntamente con el Tour de Francia y el Giro de Italia. Recuerdo que la forma en que me enteraba de lo que sucedía ya no era con mi radio de onda corta sino saliendo a medio día en mi carro, alejándome de mi pequeña ciudad, para llegar a sintonizar una emisora de San Francisco en la que contaban lo ocurrido día a día. Recuerdo también que el número que Lucho llevó en su camiseta era el 111, una repetición de unidad muy especial, la cual le expliqué al “Jardinerito de Fusagasugá” un par de años después, cuando viví por un año en Colombia. Y esto lo cito, no como algo superfluo, sino porque Egan Bernal acaba de ganar el Tour de Francia precisamente por 1:11 sobre su compañero de equipo el galés Geraint Thomas, un minuto once segundos, lo cual para mí es una bella coincidencia de tres unos como lo explicaré al final de este escrito.

Con el paso del tiempo continué siguiendo los progresos de nuestros escarabajos. En un momento dado, en 1988, fui a ver una etapa del extinto Coors Classic en un bello circuito bordeando un lago en la ciudad de Oakland y allí estaba muy serio Álvaro Mejía, un gran ciclista y ahora médico, quien llegó a ser el mejor joven del Tour de Francia en 1991 (el segundo colombiano en hacerlo después de Fabio Parra en 1988) y cuarto en el Tour del año 1994.

Luego, cuando yo ya subía en el escalafón de mi universidad y ya me perfumaba de valiente (para citar a Silvio Rodríguez) intentando hablar acerca de la paz y el amor a partir de la ciencia, vinieron las gestas de Santiago Botero y Víctor Hugo Peña a principios del siglo y, en los últimos años, las hazañas de Nairo Quintana, Rigoberto Urán y Fernando Gaviria que han reanimado la afición por el deporte de las bielas.

“Santi” Botero fue un ciclista colombiano atípico, pues además de ser estupendo cuando la carretera se empina, fue, evocando al gran Cochise Rodríguez, campeón mundial en carreras individuales contra el reloj, incluyendo un notable triunfo de etapa en el mismísimo Tour de Francia del año 2002, en el cual terminó cuarto. Víctor Hugo Peña tiene a su haber el ser el primer ciclista colombiano en vestirse con la camiseta amarilla de líder del Tour, y esto lo logró por tres días felices en el 2003.

Y bueno, ya para terminar esta crónica inspirada por la gran victoria de Egan Bernal que no hace más que avivar la fe expresada en estas campanitas, debo decir que Nairo Quintana y Rigoberto Urán en verdad se han distinguido en los últimos años en el pelotón internacional (así se llama al conjunto de ciclistas en una carrera cuando viajan todos juntos, ¡hay quien no sabe de ciclismo!). Nairo, apodado entre otros apelativos “Nairoman”, se ha convertido en el mejor ciclista en la historia de Colombia y también de Latinoamérica, pues además de haber conquistado el Giro de Italia en el 2014 y la Vuelta a España en el 2016, ha sido dos veces segundo (2013, 2015) y una vez tercero (2016) en el Tour de Francia, en donde también ha sido el mejor joven dos veces. Hace tres años, en el 2016, fuimos en familia a animarlo al Tour en los Alpes y he aquí una foto de él conmigo detrás con bandera y todo:

Rigoberto Urán, “Rigo”, es otro gran ciclista colombiano cuyos logros han traído mucha alegría al país. Después de terminar segundo en la gran prueba de ruta de los Juegos Olímpicos de Londres del 2012 y de ser segundo en los Giros de Italia de los años 2013 y 2014, él también acabó segundo en el Tour de Francia del año 2017. Esta cadena de segundos, que dividida por dos genera más unidad, 1111, para nada empaña su maravilloso esfuerzo, el cual está bellamente acompañado por su carisma y buen humor. Y para concluir con otro ciclista de la Antioquia de Cochise, Botero y Rigo, es menester nombrar a otro ciclista colombiano atípico, Fernando Gaviria, quien vence a los expertos a gran velocidad al final de las etapas llanas. Este “sprinter” ganó una etapa en el Tour de Francia del año 2018 y eso le valió el honor de portar la camiseta amarilla de líder por un día, no poca cosa al ser el único desde Víctor Hugo Peña y uno de tres si se agrega a Egan.

Y bueno, llegó la ansiada convergencia y finalmente un colombiano, Egan Bernal, ganó el Tour de Francia 2019.  A continuación incluyo la letra de una canción “Allez Egan, Allez, Allez” que escribí en su honor mientras volaba de regreso a casa y luego de haber estado presente en el festejo del triunfo en el Parque de la Esperanza de Zipaquirá, la tierra del campeón, en donde canté el Himno Nacional.  Y luego viene un video que hice a partir de mi canción a capela, el cual sirve para resumir la alegría de lo ocurrido y que incluye, en su última línea, una exclamación espontánea y emocionada del joven maravilla que bien expresa mi emoción y la de muchos. Ojalá les guste el video a Egan y a su familia y ojalá la canción llegue a ser interpretada por grandes artistas colombianos para festejar el suceso. Ojalá se de este sueño inspirado por la más importante victoria en la historia del deporte colombiano, pues imagino que si la canción se hace muy bien, todos la bailaremos, así esto requiera, para algunos, de “un par de cervezas”.

Ciertamente las gestas de los escarabajos han acompañado mi “exilio” en estas bellas tierras californianas y sus triunfos han proveído un ánimo vital que ha contribuido a que yo también haya podido representar bien a mi país en la distancia. Ojalá este último triunfo sirva para entender que otros “imposibles” son posibles, como la ansiada y verdadera paz en Colombia, cuyo himno de amor revela la ruta unitiva, como se ha explicado y se seguirá explicando en estas campanitas.

Y es que el número correspondiente al nombre de quien murió en la cruz, sumando correspondencias en griego, es 888, y éste dividido por 8 da el 111 citado dos (o acaso tres) veces, el cual traducido de regreso al griego da ρια (100 + 10 + 1), lo cual denota lo que la fe real incita: RIA.

¡Vaya (o la exclamación de Egan) si nos hemos reído bastante por el gran triunfo en el Tour! ¡Y cuánto más nos reiremos en el futuro llenos de fe!

¡Allez Egan, Allez, Allez! ¡Que viva Colombia!

¡ALLEZ EGAN, ALLEZ, ALLEZ!

¡Allez Egan Bernal!

¡Felicidades por el primer Tour!

Y así fue…

Voló el gran Cochise ay por el pavé,
pasó el viejo Patro por el Tourmalet,
ay devoró Lucho el Alpe d’Huez,
en el Tour de Francia ay huele a café.

Y ya vino ay Parra, acabó de tres,
y el joven Mejía subió bien después,
ay Santi Botero reloj al revés,
en el Tour de Francia ay huele a café.

Y con Víctor Hugo ay líder cortés,
llegó Nairoman dos dos y un tres,
ay Rigo se ríe, el dos casi fue,
en el Tour de Francia ay huele a café.

Gaviria amarillo embala en un pie,
Egan de gregario lo hizo muy bien,
y ahora ya gana, oh Egan, allez,
en el Tour de Francia ay huele a café.

Y ahora fue…

Allez oye Egan, allez, allez,
no fue en Italia, el tour es de miel,
allez oye mijo, te repito allez,
hoy el Tour de Francia está a tus pies.

22 añitos y en Ineos ay fue,
joven maravilla, pa’lante, allez,
se escapó ay Egan, no pueden con él,
hoy el Tour de Francia está a tus pies.

En col de l’Iserán y avalancha de café,
mejor amarillo que blanco te ves,
ay por 1:11 has vencido al galés,
hoy el Tour de Francia está a tus pies.

Por años ay mira, por años soñé,
de Zipa a Zipa, histórico allez,
de Efraín a Egan trepando hacia el cien,
hoy el Tour de Francia está a tus pies.

Por toda la patria…

Que viva Colombia, ay óyeme allez,
oh luz invencible ay sí por doquier,
bello suena el himno, pa’lante y allez,
ay el Tour de Francia también lo gané.

Gran escarabajo, flamante grimpeur,
y todos los otros ay que no nombré,
hijo ejemplar y hombre de bien,
ay el Tour de Francia también lo gané.

Empieza la era de Egan se ve,
no es sueño papito, ganó bien es él,
oh beso con Xiomi, besito de fe,
ay el Tour de Francia también lo gané.

Bendice uno a otro, oh anhelo del ser,
se forja el destino, germina como es,
llorando contigo, qué lindo, allez,
¡mierda ay con Egan el Tour me gané!

(31 de Julio de 2019)

Un video a partir de la canción a capela se puede observar aquí…

Publicado en Campanitas