Mi verdadera riqueza

Habiendo descrito en la campanita anterior (la número 41 de la colección) mi particular experimento de fe a futuro, uno ligado con Jesús en la raíz de dos, aquí en ésta, la campanita 42 de uno con “locura” pues la raíz cuadrada de dos es aproximadamente 1.4142, deseo darle gracias a Dios por las múltiples gracias ya recibidas en mi vida, por esos regalos inmerecidos que han llegado a mí y que de ninguna manera hubiera podido prever años atrás.

Para empezar, deseo agradecer a mi Señor por mi familia vital, por mi esposa Marta y nuestras hijas Cristina y Mariana, añadiduras reales (las tres) que engalanan mi vida y que proveen razones para vivir e insistir. Luego de haber pasado por vicisitudes dolorosas, acaso como las de cualquier otro lector, deseo reconocer, con todo mi amor, la mano de Dios en sus misericordiosos actos hacia mí. ¿Cómo no agradecer la restauración de mi vida luego de haber pasado por dos anulaciones matrimoniales más de veinticinco años atrás, cuya probabilidad seguramente es menor que la de ganar una lotería probable para lograr los fondos de Shanti Setú, para cantarle al Señor un canto nuevo? ¿Hoy por hoy, cómo no valorar la mano de Dios también en Patry, Xio, Mario, Willie y Connie, en los otros miembros de mi familia, en mis amigos cercanos y hasta en mis enemigos que le dan soporte a mis intentos, cual la ganancia de un premio hermoso y fiel en mi existencia? …

… Y ahora, luego de un bello y único patrón dentro de la campana de Gauss que le sirve de emblema a estos escritos, uno obtenido punto a punto hasta converger como un capullo convertido en rosa, deseo también agradecerle al Dios Trino el haberme dado la oportunidad de descubrir un camino matemático de la ciencia a la fe, uno que de una forma insólita se hizo realidad en mi vida, agregándole la razón esencial que le faltaba.

¿Cómo no sentirme gozosamente orgulloso al comprender que mi propia transformación inverosímil, de creerme falsamente suficiente hasta saberme un hijo de Dios, le ha proveído calorcitos dulces, reales y redentores a mi corazón? ¿Cómo no agradecer el haber tenido la oportunidad de escribir libros insospechados acerca del amor verdadero a partir de la ciencia y de compartir conferencias y cursos animando hacia la paz que sólo Jesús es capaz de dotar? ¿Cómo no sentir que me he ganado muchos sorteos cada vez que ha llegado una letra y una melodía para componer una nueva canción con un mensaje amoroso y unitivo? ¿Cómo no pensar que estoy siendo premiado por la simple escritura de estas campanitas de fe, oh regalo asombroso para este pequeñín, aún si nunca llegare a ver realizado el sueño de canción ya satisfecho en mi corazón? ¿Cómo no seguir adelante en la fe sabiendo que Él me ha perdonado una y otra vez y que Él nos provee su propia vida en hostias reales? ¿Cómo no proseguir con toda esperanza al reconocer que las espinas del desprecio por mi amor a Él no ha sido más que un adorno para mi creer espiritual?

Ahora, en la certeza de este instante orquestado sin azar, doy gracias a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por todo lo que tengo, por la riqueza esencial en mi vida, cual expresada a continuación en dos canciones escritas en el mismo mes hace ya veinte años. Primero una rima en español y con melodía sencilla que le gusta a mis hijas al habérselas cantado desde que eran pequeñitas, y luego otra en inglés—la primera y última del blog en dicho idioma—inspirada por un buen amigo que acompañó mi caminar por años y de quien aprendí mucho.

¡Gracias por todo Señor! ¡Gracias Dios mío! ¡Muchísimas gracias por todo! ¡Alabado eres, bendito eres! ¡Eres maravilloso!

¡Que siempre se pose en mí tu llama, oh Señor! ¡Y que María siempre guíe mi proceder!

TENGO, AY TENGO

¡Cómo no dar gracias!

Tengo razones para vivir
ay tengo, porqué seguir. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo colores por compartir
ay tengo, el buen sentir. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo dolores que son canción
ay tengo, la bendición. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo amores por añadir
ay tengo, porqué reír. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo calores por no mentir
ay tengo, la llama al fin. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo buen sueño, para qué más
ay tengo, en cantidad. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

Tengo a Cristo, en mi corazón
ay tengo, su redención. (2)

Tengo,
ay tengo. (2)

¡Vaya si tengo!

(Mayo 1999)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

I AM RICH

A mi amigo Benito…

I am rich
in details of love,
so very rich
in verses of hope.

I am rich
in taming slope,
so very rich
in friends all along.
o o.

I am rich
in bells of hyssop,
so very rich
in dreams with scope.

I am rich
in flowers and song,
so very rich
in littles that call.
o o.

I am rich
in whiteness of dove,
so very rich
in help from above.

I am rich
in playing the drum,
so very rich
in sharing God’s own.
o o.

I am rich
in prayers from old,
so very rich
in searching the gold.

I am rich
in circles and blood,
so very rich
in living the code.
o o.

I am rich
enduring the test,
so very rich
in finding good rest.

I am rich
alive and with thorns,
exceedingly rich
knowing they adorn.
o o.

(Mayo 1999)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Un experimento de fe

En la vida cotidiana es muy común escuchar expresiones como “todo pasa por una razón”, “nada sucede por casualidad” y “no hay mal que por bien no venga”, las cuales expresan nuestros deseos inmanentes de hallarle sentido a lo que sucede. Ciertamente existe allí, en el que el “azar” tenga una buena razón de ser, una forma de sustento, pues apoyados en dicha convicción se aligeran las cargas y se forjan anhelos para seguir adelante.

Más allá de proveernos una fe rudimentaria en el día a día, estos vocablos, casi triviales, tienen sin embargo sus complicaciones. Por un lado, sabemos por experiencia que las cosas no siempre resultan como las soñamos. Y por el otro, entendemos que si algo va a llegar a ocurrir, esto no pasa necesariamente en el momento en que lo deseamos. La vida viene acompañada de sus “misterios” y sus “sorpresas” y así casi siempre navegamos al futuro sin lograr la “certeza” que quisiéramos tener.

En la ciencia moderna que me tocó “por suerte” estudiar y enseñar, aparece la noción de que a lo que nos parece complejo y carente de orden no siempre se le puede atribuir como causa el concepto básico del “azar”. Esto es, no siempre es posible aducir a lo ininteligible y errático la idea intuitiva de que ello esté intrínsecamente guiado por la noción de jugar a los dados. Aunque sí existen circunstancias en las que el azar sirve de explicación, como por ejemplo con lo que ocurre a nivel cuántico en el átomo y contrario a la famosa expresión de fe de Albert Einstein “Dios no juega a los dados”, las variaciones en el clima, por ejemplo, sí pueden entenderse—más no predecirse con exactitud—sin emplear el concepto del azar.

Más allá de las escalas minúsculas, en efecto existen sistemas llamados caóticos que generan comportamientos que parecen suceder como guiados por el azar, pero ellos no ocurren así porque alguien juegue a los dados, sino más bien por razones eminentemente geométricas dictadas por sus ecuaciones constitutivas. De una manera similar y esto en mis propias investigaciones, existen a su vez modelos fidedignos de datos irregulares naturales “azarosos” que no son tampoco objetos del azar, sino que más bien son “sombras” de objetos geométricos fraccionados, lo cual acaso constata, de una manera inesperada, el dicho popular que afirma que “el león no es como lo pintan”.

El que algunos aspectos de la complejidad natural puedan ser entendidos sin el concepto del azar representa ciertamente uno de los adelantos más importantes de la ciencia en el último medio siglo, pero eso no significa que estemos ya cerca de poder predecir lo que sucederá. Tal y como se observa precisamente en esta temporada del año, no podemos aún vaticinar con varios días de antelación la trayectoria exacta de un feroz huracán, aunque sí sabemos, con triste seguridad, que de tocar tierra traerá consigo allí una destrucción indeseada por sus vientos y sus lluvias. Y es que aún si entendemos que lo que genera el evento violento es un proceso caótico que no requiere del azar, sabemos también, en virtud del llamado “efecto mariposa“, que cualquier defecto en nuestra especificación, por pequeño que sea, da lugar a una indeseada propagación de dichos errores que, de una forma insalvable, impide pronosticar con justeza.

Así pues, la ciencia moderna ayuda mas no resuelve el problema del futuro y entonces no queda más remedio sino apelar a la fe, así para algunos el concepto sea demasiado “religioso” aunque acaso no su definición: “la fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven” (Heb 11:1). En verdad, no queda más que vivir con la debida esperanza para conocer más adelante lo que resultará, como sucede, por ejemplo, en la búsqueda de un premio anhelado mediante una apuesta vital …

… Y bueno, habiendo resumido cómo la ciencia permite discurrir un poco acerca del azar y sus consecuencias, es pertinente ahora dar un brinquito al “otro bando” y hablar un poco más sobre el misterio de la fe, pero ahora desde el punto de vista de lo que está revelado en la Santa Biblia.

Con relación a las expresiones que le dieron inicio a esta campanita, es pertinente notar que la Palabra es mucho más explícita con relación a las razones que garantizan una bondad futura. Por ejemplo, tal y como lo describe San Pablo, “sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman, de aquellos que han sido llamados según su designio (Rom 8:28), lo cual claramente le agrega una premisa al futuro en el amor esencial que no siempre satisfacemos, por lo menos yo.

Esto es coherente en otras exhortaciones hacia el “límite del amor”, como las bien conocidas palabras de Jesús en el Sermón en la Montaña cuando dijo: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mt 7: 7–8), las cuales, sin embargo, no vienen de gratis, pues allí mismo aparece la exhortación fundamental del amor en hacer a los demás lo que quisiéramos que ellos hicieran por nosotros (Mt 7:12), y luego el difícil acto de entrar por la puerta angosta (Mt 7:13), lo cual recuerda que debemos llegar a ser perfectos como Dios en el cielo es perfecto (Mt 5:48).

Evidentemente, no todo lo que pedimos se nos da, y esto es así por diversas razones. Por ejemplo, puede ser que Dios en su providencia sepa que lo que pedimos no nos convenga y así no nos lo otorgue. O puede ser que a lo que pedimos no le ha llegado su tiempo. O acaso, más comúnmente, también puede ser que no recibamos pues no siempre cumplimos la difícil premisa del amor límite y santo, y esto lo digo por mí.

Claro, solo Dios conoce el corazón de todos los hombres (He 1:24) y Él, en su infinita sabiduría, sabe muy bien cuándo responder, o inmediatamente, o después, o nunca, y esto es así sin contradecir un ápice su promesa en el bello relato de La Vid y los Sarmientos, ya analizado aquí: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis” (Jn 15:7), pues en el texto, y en ninguna de las citas antes mencionadas, aparece nombrada la palabra “inmediatamente”.

Jesús, para darle un énfasis vital a algunos de sus milagros inmediatos, nos enseña que “según sea nuestra fe así nos sucederá” (Mc 5:34, Mt 8:13, Mt 9:29), pero Él también nos exhorta a persistir en dicha fe, como en la Parábola de la Viuda y el Juez Injusto, en la que ella finalmente alcanza lo que justamente requería por insistir (Lc 18:1-5).

Ciertamente, la fe que no duda es la que mueve montañas (Mc 11:23), y así es menester en nosotros el crecer al amor esencial, perseverando pacientemente y así esperando ver los frutos prometidos, ya sea treinta por uno, o sesenta por uno o ciento por uno, tal y como Jesús lo explica en la Parábola del Sembrador (Mt 13:8) …

… Resulta que lo aquí explicado a partir de la Palabra también tiene una contraparte en la ciencia moderna pues, además de lo antes expuesto en relación al azar y al caos, existen también instancias en las que el empleo de reglas matemáticas guiadas por el azar da lugar, al final, a resultados ordenados que, inesperadamente, no reflejan el azar.

Esta aparente contradicción se observa, por ejemplo, en las rosetas mismas que acompañan estos escritos, pues, tal y como se explicará en detalle en alguna campanita futura, ellas provienen de un diálogo entre dos funciones—del plano al plano y correspondientes también a un límite especial, acaso como el amor total—que se lleva a cabo siguiendo los lanzamientos sucesivos de una moneda.

Aunque aquí tampoco puede preverse el patrón exacto que se obtendrá—pues depende de la secuencia precisa de la moneda que da lugar a una sucesión única de puntos—, sí es sabido que, después de un tiempo, los puntos obtenidos forman objetos bellos y armoniosos que eventualmente vienen a conformar una campana de Gauss circular, definiendo así un orden oculto en el azar.

Como lo obtenido se torna siempre bello, aunque de punto en punto no se observe un orden aparente, estas nociones límite (pero solamente en el límite) proveen una metáfora certera de la fe para nuestros tiempos de dudas, una en la cual la paciencia se torna vital para esperar a que surja la belleza anhelada, sea ella cual fuere…

… En esta campanita que sin azar considera cuestiones relacionadas con el azar, ahora deseo continuar relatando el experimento de fe específico que le dota el nombre a esta entrada del blog. Sucede que hace años, al menos veinticinco, cuando por la naturaleza de mi trabajo científico y de mis propias limitaciones ya me costaba trabajo conseguir fondos para llevar a cabo mis investigaciones y cuando ya se vislumbraba que las conexiones que observaba de la ciencia a la fe eran la esencia de mi vida, un profesor católico en la escuela de leyes de mi universidad llamado Daniel Fessler, amigo de mi compadre Akin Orhun, y consciente de mis debilidades, sintió compasión de mí y decidió ayudarme.

Primero, él me presentó a un alto ejecutivo de Pacific Bell con quien él trabajaba en una importante comisión del Estado de California y éste me ayudó con una donación de la empresa de la “campana pacífica”, ¡valga la coincidencia!, por medio de la cual, y de una manera providencial, conocí a mi esposa Marta, de por sí un suceso ya digno de contar y agradecer. Más adelante, hace unos veinte años, el mismo Dan me presentó a una pareja de altruistas católicos multi-millonarios involucrados en el negocio inicial de la fibra óptica—aquí no hay contradicción alguna, ni en el dinero ni en su fibra—, quienes acaso hubieran podido convertirse en mis mecenas.

Recuerdo que fui a Tucson, Arizona, a una reunión del Observatorio Vaticano allí, entidad que dicha pareja apoyaba económicamente, y, aunque por un tiempo llegué a pensar que me ayudarían, arribó a ellos un comentario “secreto” acerca de mi libro La Higuera & La Campana de parte de un sacerdote célebre—tanto que éste adelantó su tesis doctoral bajo la dirección del mismísimo Joseph Ratzinger, o sea el que llegó a ser el Papa Benedicto XVI,—que en su carácter de Editor en Jefe de una prestigiosa casa editorial Jesuita simplemente me dijo a mí, por medio de una postal por correo, que el libro no cuadraba allí. Sin nunca saber lo que este hombre pudo haber esgrimido a mis potenciales patrocinadores y amigos suyos (y es que éste ni siquiera pasó al teléfono cuando yo lo llamaba a pedirle consejo), al final la pareja en cuestión optó por no acogerme y entonces continué siendo “huérfano”.

Fue así como surgió una oración, algo desesperada, en la que le dije a Dios, “bueno, si todo esto es de ti y si, en particular, lo que entiendo provino de ti, incluido lo de la higuera, se Tú quien confirme y provea”. Allí, en la soledad de mi oficina al final de un fin de semana lleno de trabajo, decidí embarcarme en un experimento de fe comprando la Lotería de California para lograr los fondos requeridos, lo cual ha continuado hasta la fecha sin éxito, pero animado, en la inspiración del paso de los años, en cantarle al Señor un canto nuevo, mediante mi banda Shantí Setú, Puente de paz en sánscrito.

Cuando empecé la aventura, existía una sola lotería llamada SuperLotto que valía un dólar y que jugaba dos veces a la semana. Después de unos años, aparecieron dos posibilidades más, Powerball y MegaMillions, loterías interestatales mucho más difíciles de ganar—si es que se puede diferenciar lo que a todas luces es matemáticamente “imposible”—y que juegan dos veces a la semana valiendo cada una dos dólares por sorteo. Al principio le apostaba a los números que me salían en mensajes coherentes dentro de galletas de la fortuna que regalan en restaurantes chinos, pero en los últimos años he hecho el procedimiento más uniforme, y en mi corazón más coherente, pues he jugado siempre, y en las tres loterías números que corresponden a la raíz de dos, el mismo número irracional (como seguro le parezco en estos momentos a algunos de mis lectores al saber que he gastado 40 dólares al mes durante unos veinte años) que corresponde a la corta hipotenusa, que denota, como lo he explicado aquí y en muchas conferencias, a Jesús, el único camino al Padre.

Si algún día usted escucha que las canciones en estas campanitas ya no suenan cantadas por mí a capela sino que empiezan a hacerse muy bien—¡como Dios manda!, con cantantes que de veras sepan de su arte y con Shanti Setú por grito de batalla—usted podrá concluir que Dios quiso, no por azar, que saliera la raíz de dos en algún tique—con cinco numeritos pasando por un dibujo de la raíz cuadrada en la parte superior del boleto y con el dos representando el número de la serie, debajo. ¡Vaya locura cuando llegue el día y todo ocurra! Ciertamente será algo especial y digno de toda alabanza y entonces repartiré las ganancias proclamando que algunos “imposibles”, como un Tour de Francia ya logrado y acaso la mismísima paz, pueden llegar a ser posibles.

Ya terminando este escrito “al desnudo”, deseo aclarar que comprendo muy bien que no sé si ese día, mí día, llegará. Aunque algunos científicos amigos, que saben de Bernoulli y Pascal como yo, me dicen con “certeza” y algo de “burla” que lo que anhelo no sucederá, de mi parte seguiré con fe el experimento, y sobre todo intentando la santidad del límite del amor que entiendo es lo más importante. ¿Cómo no seguir si el juego ya me ha ayudado a reconocer mi pecado y a crecer espiritualmente? ¿Cómo no continuar si el sueño establecido en mi plegaria inicial ha estado acompañado por señales y coincidencias que hacen que sueñe hasta con la razón?

De mi parte aquí proclamo, con humilde valentía, que continuaré con fe “corriendo hacia la meta” (Fil 3:14), anhelando mi premio para animar al amor sabiendo que “el Señor lo acabará todo por mí” (Sal 138:8). Y esto, claro está, sin olvidar quien es el verdadero premio mayor.

A continuación, vienen, no una, sino dos canciones que han acompañado mi largo experimento de fe por llegar a enseñar mejor y más abundantemente de la ciencia a la fe y por el advenimiento de Shanti Setú. La primera refleja algunos eventos bellos ya sucedidos que le han dado soporte al sueño y que repiten que si Dios lo quiere así ha de ser, no solamente para mí, sino para cualquier otro fiel soñador. Y la segunda expresa, con no poca alegría, cómo contaría la historia “imposible” aquí cerquita, seguramente inspirando un gran gozo súbito que refrende, de una vez y para siempre, que el persistir en la fe representa nuestra mejor réplica al amor de Dios.

¡QUIÉN QUITA!

Inspirado por un Santo
yo sigo soñado…

Yo no sé si llega el día o no
y si es mi suerte vivirlo, (2)
las señales se repiten
cual augurio renovao,
el capullo llegó a rosa
ya creciendo enamorao,
y la ilusión se mantiene
con misterios orquestados.

Yo no sé si llega mira o no
y el cielo dota su ritmo, (2)
las lecciones ay suceden
cual sorpresa por puñao,
a tiempo brotaron libros
en versiones por dos laos,
y el sueño se acrecienta
con ardores confirmados.

Yo no sé si llega fino o no
y se consume el designio, (2)
campanitas se entrelazan
con refuerzos ay grabaos,
el mensaje se oye claro
en periplo programao,
y el deseo se alimenta
con azares ordenados.

Viene Shanti Setú.

¡Shanti Setú, soy yo!

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Seguro mira sí ay
no es rifa,
y si lo quiere Dios
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

A la victoria Él ay
siempre invita,
y si lo surte ay sí
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Todo lo puede Él ay
mira mijita,
no por azar ay Dios
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Y si lo quiere Él ay
quién lo quita,
raíz de dos oh oh
se puede.

Puente de paz…

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Y si lo quiere Él ay
sana herida,
y un calorcito de más
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Oh misterio de Dios ay
sin espina,
en equilibrio mi amor
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Y si lo dona mi bien ay,
enseguida,
se escucha esta canción
se puede.

Puede ser, acaso ser,
quien quita,
puede ser, de golpe ser,
se puede.

Oh confluencia del son ay,
provee la vida,
Shanti Setú ay sí sí
se puede.

Puente de paz…

(Agosto 2006 /Agosto 2019)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

LA LOTERÍA MAMÁ

A San Judas Tadeo, mi Santo Patrón.

Inspirado por Adalberto Álvarez y su Son

Mami,
acabo de enterarme,
tengo una primicia,
creo que va a gustarte.

Mami,
es por Dios dotada,
no tiene malicia,
echa una mirada.

¿Qué es?

¡Ya llegó la lotería, mamá!

¡La raíz de dos!

Insistiendo llegó la fantasía
ya llegó la lotería, mamá,
yo creía que ella llegaría
ya llegó la lotería, mamá,
llegó su poesía, ay qué día
ya llegó la lotería, mamá,
ay te digo, sí que se podía
ya llegó la lotería, mamá,
rezando y rezando Él dijo ría
ya llegó la lotería, mamá,
raíz de dos ay crece fantasía
ya llegó la lotería, mamá.

¡Increíble, que alegría!

El cielo provee, santo misterio,
los numeritos salieron, mamá,
y no por azar ellos surgieron
los numeritos salieron, mamá,
manaron de cruz y su silueta
los numeritos salieron, mamá,
por razón de fe ay no tenían vuelta
los numeritos salieron, mamá,
ay campanitas para la gran fiesta
los numeritos salieron, mamá,
oh baile te digo vibrante la gesta
los numeritos salieron, mamá.

Ya llegó la lotería, mamá,
los numeritos salieron, mamá. (2)

Shanti Setú…

Los numeritos salieron, mamá,
ya llegó la lotería, mamá. (2)

Puente de paz…

Si lo puedo yo, lo puede cualquiera
sueña limpio y ganarás también,
ay oye mi amigo, persiste de veras
sueña limpio y ganarás también,
ay viene del cielo toda añadidura
sueña limpio y ganarás también,
no tengas, no, ninguna duda
sueña limpio y ganarás también,
hazlo limpio, te digo, y lo vas a ver,
sueña limpio y ganarás también,
ay, por mitad el justo obsequia bien
sueña limpio y ganarás también.

Ya llegó la lotería, mamá,
los numeritos salieron, mamá. (2)

Shanti Setú…

Los numeritos salieron, mamá,
ya llegó la lotería, mamá. (2)

Puente de paz…

¡Bueno, ahora a repartir!

Mi número es el ocho,
y también el nueve, je je je,
y siempre, claro, la raíz de dos…

(Agosto 2000/Agosto 2011/Agosto 2019)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

¡Ay con Egan el Tour me gané!

Recuerdo con mucha alegría cómo fue que llegué a tener mi primera bicicleta. Un amiguito que vivía enfrente de nuestra casa tenía dos y me prestaba la que iban a vender. Un domingo, y sin dar muestra alguna de que lo haría, mi abuelo materno, Don Julito Angulo, la compró y con todo amor me la regaló. Aún me acompaña la emoción que sentí al poder viajar a la izquierda y a la derecha en mi cuadra montado en mi propio velocípedo amarillo y a la velocidad que podía un niño de seis años. ¡Cuán bello fue dicho sentimiento de libertad—oh dinamismo poético del equilibrio—el cual se mantiene hasta estos días, pues la bicicleta es mi medio de transporte!

Aunque nunca me animé a competir, en la medida en que crecí me aficioné, como otros niños colombianos, al ciclismo. Así, empecé a seguir las gestas de nuestros corredores, tanto en la patria como fuera de ella. Cuando tenía ocho años, mi ciclista favorito era el gran Martín Emilio “Cochise” Rodríguez y esto lo recuerdo muy bien pues en mi Primera Comunión recé por él para que ganara alguna carrera, seguramente la Vuelta a Colombia que terminó ganando cuatro veces. Desde esos días de Cochise, nuestro primer campeón mundial en 1971 cuando yo cursaba quinto de bachillerato, y por más de medio siglo, he seguido los heroicos pedalazos de los ciclistas colombianos, los famosos “escarabajos”, y he soñado con sus triunfos en las carreras más importantes del mundo, sabiendo que en cada victoria no gana un ciclista sino todo un país.

En 1980, cuando salí de la patria a estudiar en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, representando así a mi país cual ciclista en el exterior, un equipo colombiano iba a participar por primera vez en el Tour de l’Avenir, o el Tour del Porvenir, la carrera más importante de ciclistas aficionados del mundo. Creyendo que dicha competencia la podíamos ganar—¡nótese el énfasis en el plural!—, en esos días iba ansioso a Harvard Square, enfrente de la otra universidad emblemática de Boston, a buscar información en periódicos franceses, pues en esa época sin internet no tenía otra manera de enterarme acerca de lo que sucedía. Recuerdo la emoción que sentí cuando en algún artículo durante el evento nombraron a nuestros ciclistas como “los hijos de Cochise” y también recuerdo, ¡cómo no recordarlo!, el gran gozo que experimenté al enterarme, varios días después que finalizara la carrera, que Alfonso Flórez Ortiz había ganado con honores, derrotando de paso a un gigante soviético que había vencido en los dos años anteriores y que además era el campeón del mundo. Recuerdo que no tuve con quién compartir la emoción en ese momento, pero vaya si me alegré pues era la revalidación de un buen sueño para mi país.

Con el paso del tiempo, el probar fuerzas en el mítico Tour de Francia se convirtió en la meta colectiva. Nuestros valientes corredores ciertamente demostraban que estaban entre los mejores escaladores del mundo, es decir yendo cuesta arriba, pero no se sabía si podrían competir de igual a igual con ciclistas profesionales que poseían una contextura física claramente superior. En 1983, en la primera participación de un equipo colombiano aficionado en el Tour, de por sí un reconocimiento de los organizadores, José Patrocinio Jiménez, el “viejo Patro”, pasó primero por el Tourmalet, una montaña tenebrosa en los Pirineos, y así mostró, aunque no ganó al final del día, que los colombianos eran en efecto magníficos.

Al otro año, en el 1984 en el que ya terminaba mi doctorado, y cuando ya seguía las carreras empleando un radio de onda corta, llegó, en efecto, un primer gran triunfo de etapa en el Tour, es decir al final de un día de competición, y éste sucedió en el famoso y temible Alpe d’Huez, en los Alpes claro, cuando el gran Luis “Lucho” Herrera, entonces corredor aficionado, dejó atrás a encumbrados rivales profesionales con su pedaleo excepcional. Recuerdo como si fuera hoy el júbilo que sentimos ese día con mi hermano Carlos Gerardo Molina mientras armábamos nuestra carpa, pues viajábamos en carro juntos de Boston a San Francisco.  En el atardecer y atacados por feroces mosquitos, movimos cuidadosamente el dial hasta que al fin oímos la noticia que anhelábamos y que creíamos posible. ¡Ganó Lucho!, vaya emoción aquella que expresamos con vítores y abrazos, una alegría que, hoy por hoy, los dos creemos fue comparable a la que hemos sentido estos días con el triunfo en todo el Tour de Francia por parte de Egan Bernal.

¡Ganó Egan! es así, y por ende hemos ganado—¡en plural!—la carrera más importante del mundo. ¡Cuánto nos hemos regocijado ante esta hazaña! Y es que, además, él es, a sus 22 años, el ciclista más joven en ganar la carrera en más de 100 años. ¡Allez joven maravilla!, como él es correctamente denotado, joven modelo 97 del siglo pasado, como se expresa aquí en su honor utilizando una bicicleta gozosa cuyas ruedas contienen rosetones de 9 y 7 puntas (dentro de la campana) y con colores colombianos …

… El destino final de mi viaje de costa a costa no era la ciudad de uno de los santos más queridos del santoral católico, sino más bien aquélla asociada con los seres alados sobrenaturales, Los Ángeles, en donde se celebraban los Juegos Olímpicos. Recuerdo que uno de los eventos que vi con especial interés fue la prueba de ciclismo de ruta, la cual se llevó a cabo en un circuito en Misión Viejo (escrito así en inglés con el género errado). Allí participó con honores Fabio Parra, quien fue uno de los favoritos, el mismo que posteriormente se convirtiera en el primer colombiano en subir al podio del Tour de Francia en 1988, es decir el primero en quedar entre los tres mejores.

Evoco con alegría cómo, en 1986 y dos meses antes de convertirme en profesor de la Universidad de California, tuve la oportunidad de seguir el Tour de Francia en directo por varios días, tanto en las montañas de los Pirineos como en las de los Alpes. La ilusión la teníamos todos los colombianos puesta en Lucho Herrera, quién batalló valientemente con los mejores, pero, al final, el que ganó fue el gran campeón californiano Greg Lemond. Ese año, habiendo estado en vivo en las carreteras empinadas, comprendí que todos los ciclistas, desde el primero hasta el último, eran dignos de todo reconocimiento, pues las escaladas que hacen son en verdad temibles y el esfuerzo que realizan es excepcional. Recuerdo en una ocasión cómo, después de una etapa que terminó en una montaña cercana al Santuario Mariano de Lourdes, quise saludar a algunos de nuestros ciclistas y al verlos comprendí que mi mejor tributo era dejarlos en paz.

En 1986, en efecto, asumí mi obligación de representar a Colombia en el extranjero, como los ciclistas, pero ahora con una mayor responsabilidad al ser profesor de la Universidad de California en Davis.  Una vez llegué a ser miembro de la facultad, supe que el hijo de un nuevo colega en mi edificio era amigo de Greg Lemond, y así el campeón llegó a firmar una foto mía que tristemente perdí, diciendo “To Carlos, you Colombians take great photos”—”A Carlos, ustedes los colombianos toman bellas fotos”—y es que él, acompañado por una moto desde donde lo filmaban cuando subía de primero, quedó centrado en la foto y allí, en el instante único de la fotografía de antaño, quedó retratado un espectador con una gorrita con la bandera francesa que decía TOUR 86 y a sus vez allí, como si hubiera sido planeada la composición, quedaron plasmadas las majestuosas montañas nevadas contrastadas por el viso rojo de la bandera colombiana debajo de la cual oprimí el obturador.

Siguiendo con la historia de nuestros ciclistas, tal y como aparecerá resumida en una canción en homenaje al campeón Egan Benal al final, en el año 1987 y de una forma heroica, Lucho Herrera ganó la Vuelta a España, una de las tres competencias más importantes del mundo, conjuntamente con el Tour de Francia y el Giro de Italia. Recuerdo que la forma en que me enteraba de lo que sucedía ya no era con mi radio de onda corta sino saliendo a medio día en mi carro, alejándome de mi pequeña ciudad, para llegar a sintonizar una emisora de San Francisco en la que contaban lo ocurrido día a día. Recuerdo también que el número que Lucho llevó en su camiseta era el 111, una repetición de unidad muy especial, la cual le expliqué al “Jardinerito de Fusagasugá” un par de años después, cuando viví por un año en Colombia. Y esto lo cito, no como algo superfluo, sino porque Egan Bernal acaba de ganar el Tour de Francia precisamente por 1:11 sobre su compañero de equipo el galés Geraint Thomas, un minuto once segundos, lo cual para mí es una bella coincidencia de tres unos como lo explicaré al final de este escrito.

Con el paso del tiempo continué siguiendo los progresos de nuestros escarabajos. En un momento dado, en 1988, fui a ver una etapa del extinto Coors Classic en un bello circuito bordeando un lago en la ciudad de Oakland y allí estaba muy serio Álvaro Mejía, un gran ciclista y ahora médico, quien llegó a ser el mejor joven del Tour de Francia en 1991 (el segundo colombiano en hacerlo después de Fabio Parra en 1988) y cuarto en el Tour del año 1994.

Luego, cuando yo ya subía en el escalafón de mi universidad y ya me perfumaba de valiente (para citar a Silvio Rodríguez) intentando hablar acerca de la paz y el amor a partir de la ciencia, vinieron las gestas de Santiago Botero y Víctor Hugo Peña a principios del siglo y, en los últimos años, las hazañas de Nairo Quintana, Rigoberto Urán y Fernando Gaviria que han reanimado la afición por el deporte de las bielas.

“Santi” Botero fue un ciclista colombiano atípico, pues además de ser estupendo cuando la carretera se empina, fue, evocando al gran Cochise Rodríguez, campeón mundial en carreras individuales contra el reloj, incluyendo un notable triunfo de etapa en el mismísimo Tour de Francia del año 2002, en el cual terminó cuarto. Víctor Hugo Peña tiene a su haber el ser el primer ciclista colombiano en vestirse con la camiseta amarilla de líder del Tour, y esto lo logró por tres días felices en el 2003.

Y bueno, ya para terminar esta crónica inspirada por la gran victoria de Egan Bernal que no hace más que avivar la fe expresada en estas campanitas, debo decir que Nairo Quintana y Rigoberto Urán en verdad se han distinguido en los últimos años en el pelotón internacional (así se llama al conjunto de ciclistas en una carrera cuando viajan todos juntos, ¡hay quien no sabe de ciclismo!). Nairo, apodado entre otros apelativos “Nairoman”, se ha convertido en el mejor ciclista en la historia de Colombia y también de Latinoamérica, pues además de haber conquistado el Giro de Italia en el 2014 y la Vuelta a España en el 2016, ha sido dos veces segundo (2013, 2015) y una vez tercero (2016) en el Tour de Francia, en donde también ha sido el mejor joven dos veces. Hace tres años, en el 2016, fuimos en familia a animarlo al Tour en los Alpes y he aquí una foto de él conmigo detrás con bandera y todo:

Rigoberto Urán, “Rigo”, es otro gran ciclista colombiano cuyos logros han traído mucha alegría al país. Después de terminar segundo en la gran prueba de ruta de los Juegos Olímpicos de Londres del 2012 y de ser segundo en los Giros de Italia de los años 2013 y 2014, él también acabó segundo en el Tour de Francia del año 2017. Esta cadena de segundos, que dividida por dos genera más unidad, 1111, para nada empaña su maravilloso esfuerzo, el cual está bellamente acompañado por su carisma y buen humor. Y para concluir con otro ciclista de la Antioquia de Cochise, Botero y Rigo, es menester nombrar a otro ciclista colombiano atípico, Fernando Gaviria, quien vence a los expertos a gran velocidad al final de las etapas llanas. Este “sprinter” ganó una etapa en el Tour de Francia del año 2018 y eso le valió el honor de portar la camiseta amarilla de líder por un día, no poca cosa al ser el único desde Víctor Hugo Peña y uno de tres si se agrega a Egan.

Y bueno, llegó la ansiada convergencia y finalmente un colombiano, Egan Bernal, ganó el Tour de Francia 2019.  A continuación incluyo la letra de una canción “Allez Egan, Allez, Allez” que escribí en su honor mientras volaba de regreso a casa y luego de haber estado presente en el festejo del triunfo en el Parque de la Esperanza de Zipaquirá, la tierra del campeón, en donde canté el Himno Nacional.  Y luego viene un video que hice a partir de mi canción a capela, el cual sirve para resumir la alegría de lo ocurrido y que incluye, en su última línea, una exclamación espontánea y emocionada del joven maravilla que bien expresa mi emoción y la de muchos. Ojalá les guste el video a Egan y a su familia y ojalá la canción llegue a ser interpretada por grandes artistas colombianos para festejar el suceso. Ojalá se de este sueño inspirado por la más importante victoria en la historia del deporte colombiano, pues imagino que si la canción se hace muy bien, todos la bailaremos, así esto requiera, para algunos, de “un par de cervezas”.

Ciertamente las gestas de los escarabajos han acompañado mi “exilio” en estas bellas tierras californianas y sus triunfos han proveído un ánimo vital que ha contribuido a que yo también haya podido representar bien a mi país en la distancia. Ojalá este último triunfo sirva para entender que otros “imposibles” son posibles, como la ansiada y verdadera paz en Colombia, cuyo himno de amor revela la ruta unitiva, como se ha explicado y se seguirá explicando en estas campanitas.

Y es que el número correspondiente al nombre de quien murió en la cruz, sumando correspondencias en griego, es 888, y éste dividido por 8 da el 111 citado dos (o acaso tres) veces, el cual traducido de regreso al griego da ρια (100 + 10 + 1), lo cual denota lo que la fe real incita: RIA.

¡Vaya (o la exclamación de Egan) si nos hemos reído bastante por el gran triunfo en el Tour! ¡Y cuánto más nos reiremos en el futuro llenos de fe!

¡Allez Egan, Allez, Allez! ¡Que viva Colombia!

¡ALLEZ EGAN, ALLEZ, ALLEZ!

¡Allez Egan Bernal!

¡Felicidades por el primer Tour!

Y así fue…

Voló el gran Cochise ay por el pavé,
pasó el viejo Patro por el Tourmalet,
ay devoró Lucho el Alpe d’Huez,
en el Tour de Francia ay huele a café.

Y ya vino ay Parra, acabó de tres,
y el joven Mejía subió bien después,
ay Santi Botero reloj al revés,
en el Tour de Francia ay huele a café.

Y con Víctor Hugo ay líder cortés,
llegó Nairoman dos dos y un tres,
ay Rigo se ríe, el dos casi fue,
en el Tour de Francia ay huele a café.

Gaviria amarillo embala en un pie,
Egan de gregario lo hizo muy bien,
y ahora ya gana, oh Egan, allez,
en el Tour de Francia ay huele a café.

Y ahora fue…

Allez oye Egan, allez, allez,
no fue en Italia, el tour es de miel,
allez oye mijo, te repito allez,
hoy el Tour de Francia está a tus pies.

22 añitos y en Ineos ay fue,
joven maravilla, pa’lante, allez,
se escapó ay Egan, no pueden con él,
hoy el Tour de Francia está a tus pies.

En col de l’Iserán y avalancha de café,
mejor amarillo que blanco te ves,
ay por 1:11 has vencido al galés,
hoy el Tour de Francia está a tus pies.

Por años ay mira, por años soñé,
de Zipa a Zipa, histórico allez,
de Efraín a Egan trepando hacia el cien,
hoy el Tour de Francia está a tus pies.

Por toda la patria…

Que viva Colombia, ay óyeme allez,
oh luz invencible ay sí por doquier,
bello suena el himno, pa’lante y allez,
ay el Tour de Francia también lo gané.

Gran escarabajo, flamante grimpeur,
y todos los otros ay que no nombré,
hijo ejemplar y hombre de bien,
ay el Tour de Francia también lo gané.

Empieza la era de Egan se ve,
no es sueño papito, ganó bien es él,
oh beso con Xiomi, besito de fe,
ay el Tour de Francia también lo gané.

Bendice uno a otro, oh anhelo del ser,
se forja el destino, germina como es,
llorando contigo, qué lindo, allez,
¡mierda ay con Egan el Tour me gané!

(31 de Julio de 2019)

Un video a partir de la canción a capela se puede observar aquí…

Publicado en Campanitas

Anécdotas de la hipotenusa

La conferencia La hipotenusa: el camino de la paz”, también llamada “La geometría del amor”, “Turbulencia, hidrología y paz”, “Jesús, la hipotenusa, el único camino al Padre”, “¡Oye, decídete a amar: usa la hipotenusa!“, “Santo matrimonio: por la hipotenusa”, y “La ciencia lo confirma: sin Cristo no hay paz”, es la que más he compartido en mi vida de maestro.

En esta campanita evoco algunas anécdotas y vivencias, tanto significativas como simpáticas, que han sucedido en el transcurso de los años cuando he intentado enseñar por qué Jesús está simbolizado por la hipotenusa de un triángulo rectángulo, cual resumido, por ejemplo, en la campanita anterior

… En el año 2002, y con un fuerte terremoto incluido, tuve la alegría de visitar por primera vez la bella Puebla de los Ángeles en México para participar en una conferencia sobre Ciencia y Religión en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. Este fue el mismo evento ya mencionado en una campanita de Cuaresma en la que aparecieron, de una manera insospechada, las letras alfa y Omega, así precisamente, en un diagrama importante de la física.

Para la ocasión me fue permitido compartir la ponencia La hipotenusa el camino de la paz”. Al darme cuenta que acaso pocas personas irían a escucharme, al ser la mía la última charla concurrente en el último día del evento, hice lo que nunca más he vuelto a hacer. Me posicioné en el corredor externo a las aulas y me dediqué a invitar a los que pasaban, diciéndoles que no se perdieran mi plática, la cual era única pues ligaba expresamente cuestiones de ciencia y de fe e invitaba decididamente al amor de Cristo.

Cuando llegó mi momento, tenía ante mí unas veinte personas que incluían varios sacerdotes célebres—¡valga la redundancia!—y un miembro de la Academia Pontificia de la Ciencia con nombre de arcángel. Hice lo que pude en el corto tiempo que tuve (unos veinte minutos) y al final, para resumir y como suelo hacerlo, canté un fragmento de mi canción X = Y y también apartes de otra canción alusiva al tema llamada 609.

Todo terminó muy bien, con la debida camaradería de un bello evento compuesto por bellas personas, y procedimos, algunos de nosotros, a tomar unos taxis que nos llevarían a un buen restaurante en el que degustaríamos el famoso Mole Poblano. Cuando estaba yo en la calle, esperando en una esquina, se me acercó el sacerdote mexicano Alfonso Miranda quien súbitamente me dio un abrazo de oso y procedió a alzarme, subiéndome y bajándome del piso. Entonces, con toda emoción me dijo: “¡tú estás loco y ya quisiera estar tan loco como tú!”. Y luego de una breve pausa agregó: “¡cuando empezaste la plática pensé que eso no tenía nada que ver con nada, pero cuando lo explicaste, eso tiene que ver con todo!”

Sobra decir que recuerdo con mucha alegría dicho abrazo, tanto significativo como inesperado, y al otro día, cuando nos despedíamos, llegaron nuevas sorpresas. Algunos de los sacerdotes presentes—que hoy son mis amigos—bendijeron mi “ministerio”, incluido el Padre Rafael Pascual (ya citado anteriormente aquí) quien me ha invitado varias veces a compartir en Roma, otro Padre también español quien trabaja en el Vaticano y con nombre de rey mago, Melchor, quien me dijo, posteriormente, que mi charla era la forma más original que conocía para hablar de Cristo, y el nombrado científico célebre con nombre de arcángel, Rafael, que repetía una y otra vez al despedirnos : “¿entonces, hay un solo camino?”, a lo que yo le dije que eso era lo que había mostrado …

… En el verano del año 2004 asistí a una curiosa conferencia que se llevó a cabo en Star Island, una isla situada en la costa de New Hampshire, Estados Unidos, y tan pequeñita que su perímetro se recorre en menos de una hora.

El evento se desarrolló en un ambiente relajado y particularmente comunal y allí me fue permitido compartir la ponencia La hipotenusa el camino de la paz” dos veces, cada una de una hora y en inglés. Recuerdo que en la primera ocasión asistieron unas diez personas, incluido el Profesor George Fisher de John Hopkins University, quien fue el organizador que me abrió las puertas para asistir al evento.

Sucedió que después de la charla y al ir a mi cabaña a buscar una chaqueta para guarecerme del frío de la niebla, me tocó por suerte escuchar el final de una conversación entre el profesor George y un sacerdote Jesuita del Observatorio Vaticano que asistía a la conferencia. Lo que oí, sin querer, fue breve pero significativo. El profesor le dijo al sacerdote: “Have you heard the talk by Puente? This guy has it all figured out!”—”¿Has escuchado la charla de Puente? ¡Este tipo lo tiene todo entendido!”

Quedé estupefacto ante semejante halago. Cuando volví a repetir la conferencia, sin embargo, el Ministro de Dios no vino y así no tuve cómo saber su opinión. Fue una pena que no hubiera venido, pero me quedó el consuelo de una dama—cuyo nombre no recuerdo——que predijo que mi parábola La Hipotenusa iba a aparecer en la lista de los libros más vendidos del periódico New York Times, lo cual, aunque no se vislumbra, puede suceder, si Dios lo quiere …

… Y siguiendo con las anécdotas, por allá en el año 2002 y aquí en la Universidad de California, Davis, un grupo de estudiantes palestinos organizó una exhibición en una zona verde central del campus y allí instalaron un conmovedor cementerio hecho de lápidas de cartón, que incluían el nombre y la edad de los fallecidos en el conflicto perenne con los israelitas.

El espectáculo me estremeció por su magnitud y aunque mi primer instinto fue continuar con mis actividades yendo hacia la biblioteca, me devolví a ver quién había hecho tal trabajo y así conocí a los responsables, que incluían a un activista ex-estudiante de la universidad y con nombre de profeta. Éste me reconoció como profesor, no directamente de él pero sí de un amigo suyo, y así entablamos una conversación. Después de diversos intercambios, le dije a Elías y a sus colaboradores más jóvenes si tenían tiempo para explicarles cómo resolver el conflicto de una vez por todas.

Una vez me dijeron que sí, allí, en una mesa al aire libre, les expliqué “La Hipotenusa” paso a paso. Tal y como se explica en el blog en las campanitas Jesús, el equilibrio y Jesús, la hipotenusa, les hablé primero de unos procesos matemático-geométricos que describen cómo ocurre la fragmentación, luego les mostré cómo dichos procesos dan lugar a las bien llamadas “escaleras del diablo”, posteriormente les ilustré cómo las ideas se relacionan con la turbulencia natural y con la que nosotros mismos creamos, y finalmente, empleando toda lógica, les expliqué cómo la rectitud y el amor de Jesús son la única solución para arribar a la paz y a la verdadera fraternidad.

Cuando llegamos al final, los allí presentes dijeron al unísono: “¡usted tiene que explicarle esto a Sharon!”, el primer ministro de Israel en esos días, y créanme que intenté hacerlo enviando mis escritos por esas latitudes. Nunca recibí respuesta alguna, lo cual también ha sucedido con diversas personalidades, incluyendo presidentes de naciones, pero guardo esperanzas que en su momento, o sea cuando Dios quiera, las ideas lleguen a ser útiles para enseñar el amor y así educar el mundo hacia Jesús …

… Y siguiendo con líderes famosos, evoco ahora un incidente en La Habana sucedido después de mi larga entrevista con el gran cantautor Silvio Rodríguez en el 2004, relatada antes en el blog aquí. Resulta que la conferencia acerca de la complejidad a la que asistía se encontraba en un pequeño receso y de pronto se oyó un rumor que fue creciendo y que llegó a dominar el espacio. Era que el mismísimo Fidel Castro había venido a la ceremonia de clausura de otra conferencia concurrente que tenía lugar en el mismo Centro de Convenciones. Allí estaba él muy activo, aunque los reportes del momento decían que estaba muy mal de salud.

Cuando supe que era él, instintivamente saqué de mi morral un artículo mío acerca de “La Hipotenusa” (el que se encuentra aquí) y salí a correr hacia el líder. Mi buen amigo José de La Luz Montero, ya nombrado en otra campanita que relata cuando volví a Cuba para participar en la primera conferencia acerca de la complejidad organizada en la isla, seguramente me salvó la vida gritando: “despacio que te pueden matar”.

Estuve a menos de un metro del hombre ataviado de verde oliva y quien hablaba muy concentrado con alguien que yo no conocía mientras se retiraba muy despacio del recinto. No tuve cómo interrumpir la conversación a pesar de la cercanía. Un guarda me preguntó qué quería y a él le di el artículo para su jefe. No sé si el presidente lo recibió o no o si lo leyó o no, y así mejor no especulo pues en verdad no sé. Ciertamente me habría gustado poder hablar con él, pues acaso hubiera entendido, por su educación con los Jesuitas, que el único sistema que funciona es el del amor, ni el capitalismo que aborrecía ni su comunismo obstinado, sino el amor de Cristo …

… En el año 2010 en Bogotá, me invitaron a compartir una charla “Turbulencia, hidrología y paz” en una universidad especializada en el área de la salud. Recuerdo que la audiencia, compuesta por unas treinta personas, estaba elegantemente vestida.

Al igual que a los muchachos palestinos y en todas mis conferencias al respecto, todo fue explicado paso a paso, con la debida lógica, permitiendo que los presentes comprendieran el mensaje despacio. Luego de finalizar con un par de canciones, se me acercó un hombre ataviado de corbata (como yo, cada vez que comparto) y me dijo muy serio, “¿le ha explicado esto usted a los judíos?”, a lo que no supe qué decirle. Pero él, antes que pudiera yo responder algo, me interrumpió repitiendo con voz más alta, “¿le ha explicado usted esto a los judíos?” a lo que él mismo respondió: “¡Yo soy judío y entendí!”. Es decir, este hombre elegante comprendió que Jesús es, en efecto, el único camino al Padre …

… Algunas de estas historias, cual variadas custodias albergando el Santísimo, y aquí todas halladas dentro de la campana y coloreadas como la bandera de Colombia, forman parte de mi correspondencia (por ahora unidireccional) hacia el Papa Francisco, con quien deseo poder hablar para intentar explicarle, de la ciencia a la fe, que el ecumenismo solo tiene sentido llamando a todos hacia Cristo, en efecto, el único camino dado a nosotros para nuestra salvación (Hch 4:12).

Para finalizar, a continuación viene una canción con ritmos vallenatos colombianos que enfatiza la rectitud de la hipotenusa cual tobogán hacia el origen. ¡Que la buena locura que el Padre Alfonso comprendió en Puebla se propague y que la genialidad de Cristo, cual elogio regalado por mi amigo el Padre Lino Otero a raíz de mi trabajo Del Nobel a la paz, toque muchos corazones!

Y siguiendo con lo que parece “imposible”, ¡que la alegría del gran triunfo en el Tour de France de Egan Bernal sirva para recordar que la paz también se puede alcanzar! ¡Que el gran himno, tal y como lo entonamos ayer en la ciudad de Zipaquirá conectados con Paris, suene plenamente y sea el lema para nuevas conquistas en todo ámbito!

¡Que viva Colombia!

TOBOGÁN CERTERO

Inspirada por Alfredo Gutiérrez…

Ten cuidado: ¡ningún otro camino llega!

Confiado en tus promesas
volando contento,
centrado en tu palabra
para compartir,
soñando buen futuro
abrazando lo cierto,
sumido en tu victoria
invitando a reír.

Trenzando nuevos versos
dotando tu aliento,
con amistad preclara
animando a cantar,
con la paz por escudo
oh vital sustento,
esgrimiendo tu gloria
oh fuerza colosal.

Tobogán certero
ay mi frenesí,
es tu verso
siempre sincero:
en ti soy feliz.

Tobogán del credo
que en fe yo elegí,
por tu signo
se aleja el miedo:
en ti voy feliz.

Creciendo en un silencio
gozando el momento,
oh número infinito
nueves para amar,
oh capullo increíble
inefable misterio,
promesas que son vida
ay guiños pa’ velar.

Siguiendo tu camino
ritmos predilectos,
convergiendo a la cita
oh premio sin igual,
ardiendo del deseo
por llegar a rosa,
ciencia de mis amores
oh verso esencial.

Tobogán certero
ay mi frenesí,
es tu verso
siempre sincero:
en ti soy feliz.

Tobogán del credo
que en fe yo elegí,
por tu signo
se aleja el miedo:
en ti voy feliz.

Puente de paz

Ay no te miento
Él sí me ama
gracias le doy,
llena mi centro
dota mi alma
con Su esplendor.

Así hoy lo siento
yo sí lo amo
gracias le doy,
sana mi vida
lo llena todo:
es mi Señor.

Puente de paz

(Abril 2005/ Abril 2019)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

Si lo desean, aquí pueden escuchar una charla reciente sobre la hipotenusa …

jaja

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¡Oye Colombia!

La mayoría de los himnos nacionales son odas que exaltan la libertad adquirida de los pueblos y también son arengas que llaman a la defensa de la patria hasta las últimas consecuencias. Sus repetidos vítores expresan que el honor debe primar hasta la muerte, que al opresor y al enemigo les corresponde y corresponderá siempre la condena y que a la bandera insigne le toca por obligación ondear firme, cueste lo que cueste.

Contraria a esta estructura común, el Himno Nacional de Colombia es una loa acerca de cómo llegar al destino deseado enfatizando explícitamente el mensaje de amor de Jesucristo. El texto, escrito por el entonces presidente Rafael Núñez, fue escuchado por primera vez en 1887, y el aparte que se canta en diversas celebraciones definiendo a los colombianos reza:

¡Oh gloria inmarcesible!
¡Oh júbilo inmortal!
En surcos de dolores
el bien germina ya.

Cesó la horrible noche
la libertad sublime
derrama las auroras
de su invencible luz.

La humanidad entera,
que entre cadenas gime,
comprende las palabras
del que murió en la cruz.

¡Oh gloria inmarcesible!
¡Oh júbilo inmortal!
En surcos de dolores
el bien germina ya.

Acaso algunas aclaraciones sean requeridas, aún para algunos colombianos. La primera, el que la palabra inmarcesible signifique que no se puede marchitar. La segunda, el que en el coro no se diga “el bien germina allá“, como en un lugar ajeno en el espacio, sino más bien “el bien germina ya“, es decir en el presente del tiempo. La tercera, el que la libertad sublime sea precisamente Jesús, libre al haber vencido la muerte (1 Co 15:55), y de una forma coherente también la invencible luz (Jn 8:12), quien regala su esencia en metafóricas y siempre hermosas auroras. Y la cuarta, el que la solución universal, para la humanidad entera, sea el comprender las palabras de Jesús, es decir el cumplimiento de sus mandamientos, pues es así como cesa la horrible noche y desaparecen los gemidos que acompañan nuestras oscuras cadenas de pecado.

Principalmente para los lectores no colombianos, aquí se encuentra una interpretación patriótica del himno, tal y como se escucha cotidianamente en las emisoras de radio del territorio nacional a las 6 de la mañana y a las 6 de la tarde. Sin duda, la música del italiano Oreste Síndici adorna bellamente la poesía y hace de la composición una coherente y armónica glosa …

… En la medida en que pude apreciar diversos elementos de las Buenas Nuevas a partir de mi trabajo científico, surgió la idea de invitar a cantar el himno al final de mis conferencias de la ciencia a la fe por la patria. Esto fue así pues el explicar que el amor de Cristo provee la solución para la paz en la reconciliación vital, por Él, con Él y en Él, tiene en el himno universal un corolario perfecto. Y es que una plática mía en verdad solo se torna útil cuando la audiencia, al observar la victoria de la luz y entender la razón de un júbilo eterno, llega a comprender que Él—quien murió en la cruz por nosotros, valga la repetición—es la única respuesta a los problemas que nos aquejan.

Recuerdo con alegría la primera vez que invité a cantar el himno en público. Esto sucedió en la Universidad de los Andes, en Bogotá, a finales de 1990. Allí, apenas un año después de mi conversión, compartí una conferencia titulada “La probabilidad es determinista” que, entre otros temas, explicó lo que suscitó mi conversión. Ya describiré esta epifanía con calma más adelante en el blog, pero, si desean entenderlo todo ya—¡como en el himno!—, bien pueden hacerlo considerando mi correspondencia con el Nobel José Saramago.

La charla de antaño se centró en los que hoy por hoy son los más bellos descubrimientos científicos de mi carrera: primero, el que haya una familia de transformaciones matemáticas que, sin depender del azar, sean capaces de producir objetos que evocan observaciones naturales complejas y, segundo, el que exista una función particular en un límite vital que pueda llevar todo tipo de desorden al infinito, o sea hacia el “cielo”.

Allí, en el calor solidario de mi alma mater y mi patria, conté con el afecto de amigos tanto de matemáticas como de ingeniería y el evento salió muy bonito. Evoco, como si fuera ayer, la presencia de mi mentor y profesor de matemáticas Alberto Schotborgh, de mis hermanos y co-equiperos matemáticos Leonardo Venegas y Sergio Fajardo—sí, él mismo, Alcalde de Medellín y Gobernador de Antioquia y quien aspira llegar a servir como Presidente de Colombia—y de mis hermanas ingenieras Rebeca Spinel, la fiel Rebecation, y Morelia Álvarez.

En verdad no recuerdo bien cuándo fue que llegué a decidir la forma en que terminaría mi presentación, pero allí, en medio de explicaciones inesperadas hacia el amor de Jesús, me lancé, sin duda con valentía y también con algo (o mucho) de locura, a invitar a mi audiencia a entonar la gloria sin límite a Cristo. El suceso fue extraño, eso sí lo recuerdo bien, pues suscitó reacciones diversas. Por un lado, algunos experimentaron algo de vergüenza al pensar que yo hacía algo indebido en público, y por el otro, otros sintieron una gran emoción, reflejada en los ojos brillantes de Rebecation y el llanto de Morelia.

Por allá en 1997 y una vez se acabó de plasmar mi conferencia “La hipotenusa el camino de la paz”, la cual surgió explícitamente para intentar contribuir a los problemas de paz en Colombia, la invitación a cantar el corolario vital se ha repetido en diversas ocasiones. Ciertamente, el sembrar una semilla de paz se ha convertido en mi más bella obligación. Así, ha sido muy halagador sorprender múltiples audiencias entonando el himno y logrando emociones que, al estar sustentadas por razones, han ido un poco más allá del fervor característico, como el generado por un partido de fútbol de la Selección Colombia o por el triunfo de nuestros deportistas, incluidos los magníficos ciclistas que siempre brindan esperanza con sus logros heroicos: los emblemáticos escarabajos …

… Tal y como ya he intentado explicarlo en estas campanitas, es mi entender que a partir de la ciencia se puede mostrar y explicar que sólo el amor de Jesús permite la victoria de la luz sobre la oscuridad, de la unidad sobre la corrupción, de la transparencia sobre el engaño y de la paz sobre la violencia. Entiendo que a no pocos—”religiosos” o no—les pueda parecer extraño, pero a partir de ideas sencillas acerca de cómo ocurre la complejidad natural—y en particular la forma en que sucede la violenta turbulencia—se puede deducir, paso a paso, que Jesús es quien dijo ser: el camino, la verdad y la vida y el único medio que nos lleva al Padre (Jn 14:6).

Invito nuevamente al lector, aún si ya lo ha hecho, a considerar en orden las campanitas Jesús, el equilibrio, Jesús, la hipotenusaLa geometría del amor y X = Y, el único o, si desean variar un poco el flujo de las explicaciones, a escuchar y estudiar la conferencia Del Nobel a la Paz, la cual diseñé y grabé intentando contribuir a la verdadera paz, una vez le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz al presidente de Colombia Juan Manuel Santos, en el 2016. Este último trabajo, hecho con todo amor, constituye mi mejor aporte a la paz anhelada, pero no solo la de mi patria sino la de la humanidad entera, como dice el himno …

… Al final, la paz que perdura, cual una mariposa insospechada dentro de la libre campana, una que evoluciona y se posa serena evocando la llegada dulce y transparente del amor real, requiere de un intermediario, y ese es Jesús. Aunque en estos tiempos modernos muchos líderes quisieran que no fuera así, no hay otra salida, tal y como lo expresa el poema a continuación que mantiene la misma estructura del himno y que resume tanto las campanitas citadas como la presentación a raíz del Nobel:

¡Hay una solución!
¡Regala vida nueva!
Rectificando, sí,
la paz, mira, sí llega.

Sin espiral del 6,
el diablo mal ordena,
lo claro está con Él:
la Madre y su poema.

Espinas por doquier,
el polvo dota pena,
Él firma con su más
si aplicas su sistema.

¡Solo una solución!
¡Es la ofrenda plena!
Comprometidos, sí,
el himno es el lema.

Cuando hace pocos días, el 9 de Julio de 2019, celebramos el centenario de la coronación de Nuestra Señora de Chiquinquirá como Reina de Colombia y cuando hoy, 20 de Julio, se conmemora el día de la Independencia de Colombia, esta campanita, reiterativa y ojalá provechosa en Jesús y María, incluye, para finalizar, una canción alegre dedicada a la patria que sintetiza aún más la unicidad de la solución y que proclama, conjuntamente con el himno, que no hay paz posible sino el reconciliarnos todos ya en Cristo.

¡Que el amor real venga a nosotros, en Colombia y por doquier, de modo que podamos vivir verdaderamente libres y en paz! ¡Que Colombia, al comprender y poner en práctica el amor invencible de Jesús debidamente enseñado—incluido lo que puede explicarse a partir de la ciencia—llegue a ser la más educada, para así satisfacer un hermoso eslogan de quien goza del equilibrio a partir de dos ceros.

Y sabiendo que dos ceros juntos también denotan dos santitos que al unirse en Él adquieren gran poder, ¡que ya sea el año en que podamos cantar el himno esencial festejando un primer gran triunfo en el Tour de France! ¡Ánimo escarabajos Nairo, Rigo y Egan!

¡Que viva Colombia, el país del Sagrado Corazón de Jesús!

NO HAY PAZ, AY, SIN CRISTO

A partir de Luis “Perico” Ortíz

¡Oye Colombia!

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

No te engañes, oye no,
Él ya la muerte venció,
la paz sí llega por Él,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye aplicalo ya,
aquel el himno vital,
la paz viene por su cruz,
no hay paz ay sin Cristo.

No lo dudes, ay no no,
Él ya al diablo acabó,
la paz solo está con Él,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

Está en el himno…

Se va la noche oscura…

Pero sin trampas…

No te engañes, oye no,
libertad es conversión,
la paz es ya su canción,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye aplica tú ya,
perdona bien y ya está,
la paz es su bendición,
no hay paz ay sin Cristo.

No lo dudes, ay no no,
Él ay por todos murió,
la paz acoge ya en Él,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

Sí es posible…

En surcos de dolores…

El bien germina ya…

No te engañes, oye no,
Él es el hijo de Dios,
la paz sí vence con Él,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye aplica tú ya,
pide perdón de verdad,
la paz brota de su luz,
no hay paz ay sin Cristo.

No lo dudes, ay no no,
Él juzgará nuestro mal,
la paz es sangre de Él,
no hay paz ay sin Cristo.

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

Oh gloria inmarcesible…

Oh júbilo inmortal…

La libertad sublime…

¡Shanti Setú con Juan Bautista!

Corta la loma
córtala, oye bien ay de verdad,
llena el valle
ay llénalo, ay que quede bien,
corta la loma
si te arrepientes, ay vas a poder,
llena el valle
ay aplana, mira por doquier,
corta la loma
ay lo tuyo lo tienes que saldar,
llena el valle
pero sin trampa por aquí y allá,
corta la loma
usa el Nobel, busca ay la paz,
llena el valle
no olvides, en Cristo eres capaz,
corta la loma
el equilibrio es la santidad,
llena el valle
si no se logra, falta la verdad,
corta la loma
córtala, córtala, corta ay papá
llena el valle
llénalo, llénalo ay mamá.

Derrama las auroras…

De su invencible luz…

Llena el valle
enmienda bien, óyeme tú farc,
corta la loma
y tú también, aprendiendo a amar,
llena el valle
no lo olvides, Cristo dota paz,
corta la loma
en la justicia no cabe disfraz,
llena el valle
oye amigo, sanemos el país,
corta la loma
que el enemigo también dote raíz,
llena el valle
rectifica mi patria por doquier,
corta la loma
para que todos podamos vencer,
llena el valle
nosotros sí Sagrado Corazón,
corta la loma
que solo Él sana tu dolor,
llena el valle
en Cristo, en Cristo está el poder,
corta la loma
Él solo nos puede componer.

Cesó la horrible noche…

Y como dijo un Pio…

Al pasado, su misericordia,
al presente, su amor
y al futuro, su providencia.

Al pasado, su misericordia,
al presente, su amor
y al futuro, su providencia.

La humanidad entera…

Que entre cadenas gime…

Comprende las palabras…

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

Oye sin Cristo no hay paz,
oye sin Cristo no hay más,
mira sin Cristo jamás,
no hay paz, ay, sin Cristo.

(Octubre 2015)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Pentecostés siempre es

Tal y como lo relatan las Sagradas Escrituras y como fue resumido en la campanita anterior, Jesús ascendió al cielo cuarenta días después de su resurrección (Hch 1:3) y los discípulos oraron desde entonces, incluida María Santísima (Hch 1:12—14), hasta que vino del cielo el Espíritu Santo con sus lenguas de fuego diez días después, es decir en Pentecostés, 40 + 10, (Hch 2:1—4). Fue así como los seguidores del Señor celebraron una novena de oración, del día 40 al 49 después de la Pascua, o acaso rezaron diez días continuos, lo cual, al final, es simbólicamente lo mismo, pues 10 = 9.999….

Cual expresado ya en otras campanitas, unas que acaso vale la pena releer o considerar si no lo han hecho aún, la presencia del número nueve no es enteramente arbitraria. Después de todo, Jesús murió por nosotros, extendiendo sus brazos en la cruz, X = Y, precisamente a la hora nona (las tres de la tarde) (Mc 15:33) y el espiral positivo del nueve, en coordenadas polares, bien expresa el mismo flujo del amor que el Espíritu Santo tiene, el cual, al salir de sí, da lugar al número exponencial e, deducido a partir del famoso discurso de Jesús acerca de la vid y los sarmientos (Jn 15:1—10).

Ciertamente, el “calcular” bien el amor, válido en el integrar sin diferencias de la función exponencial—es decir, sumando con todos y sin dejar nadie afuera (Jn 13:34), está reflejado en el mismo llamado que Jesús nos hace hacia la santidad del Padre (Mt 5:48), la única condición que dota la unidad con Él (y en nosotros mismos) por medio del Espíritu de amor, el 9, en la bella y profunda ecuación:


Efectivamente, el nueve, con la misma dirección hacia afuera que e, se contrapone al seis diabólico, negativo y egoísta, y cuando Jesús nos dice que nos abandonemos y tomemos su cruz (Mt 16:24), no solo se refiere a los sufrimientos prescritos al seguirlo u otras vicisitudes de la vida, sino también a que a lo largo de nuestra existencia debemos escoger bien: evitando el menos en favor del más, para seguirlo en amor y en verdad

… En efecto, todo esto aplica a todos los días y, así, Pentecostés siempre es. Y el fuego amoroso del Espíritu, cual una exótica flor sorpresiva y a la vez consistente, siempre consistente, se refleja en las experiencias místicas cotidianas y ejemplares del agua viva de los Santos (Jn 7:38), lo cual también se observa en otras coincidencias nonas vitales para el día a día.

Por ejemplo, y muy seguramente no por azar, las bienaventuranzas que definen bendiciones divinas a nosotros dependiendo de nuestras buenas acciones, a: los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia, y los que sean injuriados y perseguidos por causa de Jesús (Mt 5: 3—12), son precisamente nueve y el fruto mismo del Espíritu Santo (en singular) es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí (Ga 5:22—23), nuevamente el mismo número de componentes, o sea nueve.

Todo esto es curioso y ciertamente bello cual un reinado de nueves, como lo es el que los apóstoles Pedro y Juan, llenos del Espíritu Santo, hayan hecho el primer milagro de la naciente Iglesia—la sanación de un tullido que sin duda me simboliza—a la misma hora nona del amor:

“En cierta ocasión, Pedro y Juan subieron al Templo para la oración de la hora de nona. Había allí un hombre tullido desde su nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban. El tullido, al ver a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les pidió una limosna. Pedro, fijando en él la mirada juntamente con Juan, le dijo: ‘Míranos’. Él se quedó mirándolos fijamente, esperando recibir algo de ellos. Pedro le dijo: ‘No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te lo doy: En nombre de Jesucristo, el Nazoreo, echa a andar.‘ Y tomándole de la mano derecha, lo levantó. Al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza, y de un salto se enderezó y se puso a andar. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios. Toda la gente que vio cómo andaba empezó a alabar a Dios; y, al darse cuenta que era el mismo que pedía limosna sentado junto a la puerta Hermosa del Templo, se quedaron estupefactos y asombrados por lo que le había sucedido” (Hch 3:1—10).

Así pues, para festejar, ojalá con el mismo asombro de antaño, la gran efeméride de la venida del Espíritu Santo, los invito a fijar su mirada y atención en la canción a continuación llamada “Recuerdo tierno”, una relacionada con experiencias improbables y dos composiciones mías acerca de capullos y rosas. Ésta está inspirada por un bello bolero de mi niñez, en el que un enamorado le pedía al rocío que cayera despacito para que no despertara a su amada.

Y más allá de mi propia inspiración, al final también los convido a alabar a Dios escuchando, con el debido permiso del artista, una significativa canción para la ocasión llamada “La llama de amor viva”. Ésta, hecha “como Dios manda” y dotando de esperanza a Shanti Setú, es una obra que siempre me produce escalofrío cuando la oigo, especialmente cuando me uno a su son sumando mis bongós. Ella es una inspirada versión musical del comienzo de la famosa poesía del místico San Juan de la Cruz, arreglada e interpretada al piano por mi amigo José María Vitier y cantada por Cecilia Todd.

¡Feliz día de Pentecostés! ¡Ven Espíritu Santo y renueva la faz de la tierra!

RECUERDO TIERNO

Inspirado por Miltinho

Se posó tu llama oh Señor
como un recuerdo tierno,
se posó tu verso oh Señor
y un capullo se va abriendo.

Ay anida siempre suavecito
para que el goce sea eterno,
ay anida presto, cual besito,
que sin tu luz, ay yo me pierdo.

Ven llama no te vayas
ay pódame, ay Dios,
ven canta tu tonada,
no te escapes, oh mi amor,
llena todo con tu fe anhelada.

Ay llama guía todo,
todo mi amor,
se tú mi buen mañana,
no te vayas, quédate,
oh sustento de mi vida sana,
¡oh sustento de mi vida clara!

(Abril 2005)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Y “La llama de amor viva” de San Juan de la Cruz y José María Vitier del álbum “Canciones del buen amor” está aquí…

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Fiesta en el cielo

Celebramos con alegría y con debido asombro uno de los eventos más espectaculares de la vida de Jesús: su ascensión al cielo.

Tal y como lo relata el Evangelio según San Juan, el primer discípulo en saber acerca del suceso, y de una forma profética, fue Natanael, quien, además de ser un israelita de verdad, fue visto por Él bajo la enigmática higuera. El emocionante relato dice:

Felipe encontró a Natanael y le dijo: ‘Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas; es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.’ Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’ Le dijo Felipe: ‘Ven y lo verás.’ Cuando vio Jesús que se acercaba Natanael, dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.’ Natanael le preguntó: ‘¿De qué me conoces?’ Respondió Jesús: ‘Te vi cuando estabas debajo de la higuera, antes de que Felipe te llamara.’ Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.’ Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre‘ ” (Jn 1:45—51).

El evento en sí, sucedido varios años después y cuarenta días después de la resurrección del Mesías (Hch 1:3), está relatado en el Evangelio según San Lucas y en los Hechos de los Apóstoles de la siguiente manera:

“Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén llenos de alegría” (Lc 24:50—52).

“Fue levantado en presencia de ellos, y una nube lo ocultó a sus ojos. Mientras ellos estaban mirando fijamente al cielo, viendo cómo se iba, se les presentaron de pronto dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: ‘Galileos, ¿por qué permanecéis mirando al cielo? Este Jesús, que de entre vosotros ha sido llevado al cielo, volverá tal como lo habéis visto marchar‘ ” (Hch 1:9—11).

Aunque acaso no se comprenda a primera vista, las citas bíblicas usadas aquí están relacionadas de una manera coherente por el color utilizado. Por ejemplo, el azul del cielo y de Jesús y el verde de los higos se entrelazan, pues Betania, cerca de donde Jesús subió al cielo, quiere decir casa de higos en arameo. Y es que la conexión va más allá, pues dicho sitio es también el mismo en donde Él pasó la noche después de entrar a Jerusalén montado en un burrito, para luego volver a la ciudad, no sin antes maldecir y secar una higuera que acaso no tenía la culpa de no tener higos, pues no estaba en estación (Mc 11:12—14, 20—23).

El color magenta también aparece de una forma congruente y ligado con la simbólica higuera, pues lo que dijeron los dos hombres vestidos de blanco—con ese color para que puedan verse—se relaciona, a su vez, con el retorno de Jesús, cuando Él dijo, por ejemplo, en el Evangelio según San Marcos:

“De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que Él está cerca, a las puertas. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mc 13:28—31).

¡Vaya concordancias coloreadas las de la higuera con la ascensión—claramente en anaranjado—y también con el retorno de Jesús, y con Natanael y los demás discípulos, a su vez, unidos todos hasta nuestros días por la feen un tono marrón! Pues, por el lado opuesto, Adán y Eva—en rojo al pasarse el semáforo que no debían como lo hizo el maligno—intentaron cubrir infructuosamente el polvo de su pecado con hojas de higuera (Gn 3:7), y, también, no pocos seres modernos optan por no reconocer a Jesús y los símbolos de los que Él habló, en aras de acoger algo que suena bello, pero que no está así descrito en la Palabra: una unidad de Dios con todos, a como dé lugar, y sin excepciones.

Si no lo han hecho aún, los invito a considerar las campanitas “Hablemos de caos“, “La realidad del infierno” y “La higuera improbable“. Aunque lo que está allí no es trivial y toma su tiempo entenderlo, su mensaje es muy bello y provechoso, pues allí se muestra, a partir de una higuera moderna de la ciencia—¡así lo creo, en verde!—, que Jesús es la puerta angosta y que sólo por Él, con Él  y el Él podemos aspirar a ir a una gran fiesta real, que también nos podemos perder, simplemente por tontos.

Esta repetición de tres veces Jesús resulta ser no sólo un trabalenguas bonito y conocido, sino pura verdad Eucarística, tal y como se explica en la popular campanita “La sorpresa exponencial“, aunque primen en las explicaciones las matemáticas y la geometría, además de la Palabra

…  Jesús subió al cielo, en particular, para preparar mansiones a sus fieles seguidores (Jn 14:2), los cuales estarán presentes, al final de los tiempos, en la fiesta que cuenta: la majestuosa boda de la Iglesia verdadera con Él, el Cordero de Dios, quien vino a salvarnos (Ap 19:5—10). ¡Vaya celebración la que nos espera! Pero, en medio de la alegría y la anticipación, surgen tres preguntas: ¿Estaremos celebrando todos, toditos, todos, o sólo unos elegidos? ¿Será que el infierno es solamente un cuento y nadie terminará sufriendo allí contrario a lo que dejó ver María en Fátima? ¿Será que esto, y todo lo demás que estoy intentando mostrar por medio de estas campanitas es simplemente una suprema tontería?

Como es bien sabido, Jesús advirtió que no era menester de los apóstoles, incluidos Felipe y Natanael, el saber, en ese momento, cuándo retornaría Él (Hch 1:6—7), y más bien los instó a recibir el Espíritu Santo que les enseñaría todo y les recordaría todo lo que Él había dicho (Jn 14:26), de modo que ellos—y nosotros—pudiéramos llegar a ser testigos suyos hasta todos los confines de la tierra (Hch 1: 8).

Aunque el mensaje de amor pleno de Jesús ha sido, es y siempre será el mismo, la historia ha continuado desde que Él ascendió y, así, creo que es menester, hoy por hoy, leer los signos—los que Él mismo definió para darnos guía—de modo que estemos debidamente preparados cuando Él regrese. Pues, como se ha explicado en la campanita “Más señales y el lucero pleno“, tanto en una higuera moderna de la física del caos como en otras señales en la ciencia y en otros ámbitos verdaderos—cual fieles semáforos en verde—se pueden reconocer recordatorios esenciales que es prudente tener en cuenta, así la fecha exacta sea desconocida.

Aunque las conexiones resumidas aquí son ciertamente insospechadas, desecharlas pensando que nada bueno hacia la fe puede provenir de la ciencia, es ciertamente incoherente con la grandeza de Dios, como lo es decir que nada bueno puede salir de una pequeña ciudad universitaria llamada Davis.  Y es que negar el poder del Espíritu Santo, a su vez, es también un gran despropósito, pues, si Él lo quiere, Él puede enseñar y/o recordar a quien quiera, incluido un laico e hidrólogo que intenta comunicarse—hasta con el color del agua, ¡claro!.  En medio de esta reflexión, creo que es pertinente darle un eco largo a las palabras del apóstol Felipe—con la debida proporción—para invitar a mis lectores con humildad: “si no crees que hace sentido, estudia las campanitas despacio, y verás que sí“.

Tal y como le escribí al Papa Francisco—¡el azul aquí siempre debe ser su color!—, en una carta que sé él leyó, la higuera de la ciencia satisface unos misterios dignos de consideración y oración que se pueden compartir hasta en un Santo Rosario. Es verdad, y acaso todo llega de dónde no debería suceder, pero desde allí, desde lo puro, se vislumbra a Jesús, el único, X = Y, invitándonos al cielo y recordándonos, a su vez, con todo amor, Su comisión vital:

Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará” (Mc 16:15—16).

Sabiendo muy bien que la invitación suscrita a mí para participar en la fiesta eterna, la única que en verdad cuenta, ha sido escrita con la sangre bendita de mi Señor (Ap 19:8), entono, arrepentido de mi pecado y con un júbilo real y respetuosamente “proselitista“, la canción que viene a continuación.

¡Bendito sea Jesús quien subió al cielo y regresará, acaso pronto!

FIESTA ETERNA

Subió al cielo y es preámbulo…

Inspirada por Luis “Perico” Ortiz

Fiesta eterna,
ay la que cuenta,
gozo santo,
con baile y canto.

Fiesta eterna,
ay la que cuenta,
gozo santo,
con baile y canto.

En el amor tú lo hallas todo:
te unes al coro.

Con el amor no te falta nada:
bailas mañana.

Fiesta eterna,
(oye mi amigo, repara ya)
ay la que cuenta,
gozo santo,
(sanando el quebranto)
con baile y canto.

En la verdad vences to’ lo oscuro:
cantas seguro.

Con la verdad y sabiduría:
bailas el día.

Fiesta eterna,
ay la que cuenta,
gozo santo,
con baile y canto.

Shanti Setú…

Fiesta eterna,
no te la pierdas,
gozo santo,
con baile y canto.

Ay sólo en Cristo lo hallas todo:
te unes al coro.

Con su amor no te falta nada:
bailas mañana.

Fiesta eterna,
(oye mi amigo, vente pa’cá’)
no te la pierdas,
gozo santo,
(con las manos pa’rriba)
con baile y canto.

Ay sólo en Cristo vences lo oscuro:
cantas seguro.

Con su verdad y sabiduría:
bailas el día.

Fiesta eterna,
no te la pierdas,
gozo santo,
con baile y canto.

Puente de paz…

Fiesta eterna,
no te la pierdas,
gozo santo,
con baile y canto.

(Noviembre 1999 / Mayo 2019)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas