¡Llegó el Espíritu Santo!

En medio de mi testimonio de vida, relatado al famoso escritor José Saramago en la campanita anterior, se introdujo una transformación peculiar, como el perfil de una nube que evoca alas de ángeles, un objeto en forma de alambre, técnicamente una función de x a y, cuya construcción puede entenderse, una vez más, paso a paso:

Empezando con tres puntos (los extremos y el del medio, denotados por cuadrados con cruces), el objeto aparece agregando una infinidad de puntos hacia arriba: los dos primeros a una distancia Z a partir del punto medio de las líneas que unen los tres puntos iniciales, los siguientes cuatro a una distancia Z al cuadrado a partir del punto medio de las cuatro líneas mostradas más arriba de izquierda a derecha, y así sucesivamente, en potencias de dos para el número de puntos y en potencias de Z para sus desplazamientos verticales.

Resulta que cuando Z tiende a su valor máximo de 1, de modo que todas las potencias de Z tiendan también a una unidad, la transformación límite llena el espacio, tornándose masiva como el plano, y allí tiene la propiedad de llevar cualquier entrada dx (definida sobre un conjunto infinito e incontable de puntos) a una salida dy con forma de campana, la cual termina centrándose y concentrándose en el infinito.

Este hecho notable—válido solamente en el límite—se ilustra en el siguiente diagrama, mas no en el límite sino cuando Z = 0.99, empleando como entrada un objeto dx compuesto por muchísimas espinas, el mismo ente ya explicado en el blog con relación a la turbulencia en el aire:

Evocando la famosa alegoría de la caverna de Platón, aquí se observa cómo un tal alambre angelical de x a y (arriba a la izquierda), al ser “iluminado” por el objeto dx (abajo), produce una “sombra” dy con forma de campana (a la derecha). Al final, la construcción es conceptualmente sencilla y puede describirse como sigue: cuando el objeto dx sube verticalmente hacia los puntos respectivos de la función de x a y, entonces lo visto desde el eje de las y—sumando las espinas de dx correspondientes a las mismas alturas en y—genera la campana dy, de modo que las áreas de dx y dy se equiparan.

Tal y como se argumentó en campanitas previas, nuevamente aquí y aquí, la turbulencia natural en el aire está relacionada con un proceso en cascada curiosamente sencillo que termina generando el objeto dx:

El proceso, cual un “juego de niños” explicado jugando con plastilina, empieza con un elemento uniforme y equilibrado que corresponde a una masa cohesiva de aire, la cual se mantiene junta solamente cuando existe muy poco viento. Sin embargo, cuando la velocidad del aire aumenta, la dinámica turbulenta se activa y esto da lugar a una secuencia de remolinos que se rompen en remolinos, que se rompen en más remolinos, y así sucesivamente—objetos que siempre rotan hacia adentro dibujado en sus espirales un número 6—hasta que la energía se disipa.

De una forma admirable, lo sucedido a lo largo de una línea en la naturaleza es coherente con que cada remolino se divida en dos remolinos cuyas energías siguen una proporción 70-30% de la energía original (o acaso 30-70% si el mayor sucede hacia el otro lado). Así, al principio aparecen dos remolinos y luego el proceso en cascada genera cuatro remolinos, y luego ocho, etc. en potencias de dos, y siempre las energías de los remolinos resultantes (de menor tamaño horizontal) ocurren en la misma proporción 70-30% de la del remolino predecesor, así no se sepa si los valores más grandes suceden a la izquierda o a la derecha.

Al final, aunque el proceso es impredecible en virtud a los múltiples ordenamientos posibles de energías localizadas a izquierdas y a derechas, la turbulencia contiene diversos niveles de energía concentrados en espinas dispersas que emanan del polvo, las cuales generan violencia en las espinas más altas y definen el poder del aire, lleno de simbólicos remolinos o 6’s:

De una forma notoria, también resulta ser cierto que esta cascada no es solamente útil para describir la distribución de la violencia natural, sino que dicho proceso, puede emplearse para estudiar un “juego de niños” que jugamos nosotros, en la forma en que ocurren las desigualdades de la riqueza en el mundo, cual reflejadas en las diferentes capas de energía (posesiones o ingresos) de las naciones. Por ejemplo y de una manera conspicua, la distribución de la riqueza en los Estados Unidos en 1998 utilizando la misma proporción misteriosa del 70-30% en la turbulencia en el aire.

Pero, aún de una forma acaso más insospechada, el mismo juego de niños, el cual define una cascada o cadena de desequilibrios, y “otro juego de niños” basado en la proliferación de vacíos y discriminaciones, el cual genera espinas dispersas, que, al no tocarse, emanan desde el polvo:

resultan ser particularmente propicios para ilustrar las formas genéricas que nosotros, como seres humanos, empleamos más allá de las desigualdades económicas, para romper, dividir o separar lo que no debemos en el día a día.

Esto es particularmente ilustrativo para nosotros, pues combinando los juegos y empleando a su vez diversas proporciones y variados tamaños de los vacíos (no siempre 1/3 como en la figura anterior), podemos visualizar cómo terminamos pecando—sí pecando, así la palabra parezca arcaica y ya muchos no la deseen oír. Pues, dichas estructuras divisivas bien reflejan la dinámica de nuestro mal proceder, ya sea mediante nuestros pensamientos, palabras, obras y omisiones, los cuales generan no pocas espinas y polvo, y causan, a la vez, no poco dolor a nuestros semejantes y a nosotros mismos.

Esto es así, pues la turbulencia natural (y la cascada recién mostrada) siempre termina en la disipación de la energía, es decir en la muerte del proceso, y nosotros, al dejarnos llevar por el príncipe de este mundo (Jn 12:31) y el príncipe del poder del aire (Ef 2:2), es decir el diablo mismo, terminamos experimentando las consecuencias de la división, creciendo espinas de pecado y, proverbialmente, mordiendo el polvo. 

En virtud a estas explicaciones y como la campana no se relaciona con la turbulencia sino más bien con la calma y con la paz—en particular con la forma en que ocurre la difusión natural ligada también con la conducción del calor y, por ende, contraria a procesos que esfuman la energía—el diagrama que muestra la transición de dx a dy, y mostrado nuevamente a continuación, es útil para reflexionar acerca de cuestiones más allá de la física, temas acaso inesperados pero particularmente relevantes, aún más en estos tiempos modernos tan llenos de falsas “normalidades”, y no me refiero únicamente a lo que el furor del virus con coronita ha creado.

Como el pago del pecado es la muerte (Rm 6:23) y como la función alada es capaz de transformar en campana una miríada de objetos que contienen espinas dispersas sobre el  polvo—por ejemplo todos los objetos generados por los dos juegos de niños y sus combinaciones, para proporciones arbitrarias en el primer juego y tamaños de los vacíos en el segundo y también todos sus posibles re-ordenamientos, ¡no poca cosa!—y más aún en una campana que eventualmente se centra en el infinito cuando Z tiende a uno, podemos percibir aquí una transición espléndida y universal del desorden al orden y de la disipación a la conducción, cuyo descubrimiento inesperado transformó mi vida del lamento al baile, haciéndome testigo de la certeza del amor y la luz de Jesucristo.

Pues en este diagrama formidable, uno claramente misericordioso al reflejar una relación universal con toda probabilidad, se puede entender cómo es posible trocar: la muerte en vida y paz (Rm 8:6), el lamento en gozo (Jr 31:13), los huesos secos a la vida  (Ez 37:1—14) y la amargura en bienestar (Is 38:17). Y también se pueden comprender, por el destino final de la campana en el cielo, las palabras jubilosas de San Pablo cuando afirmó con suma claridad, “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” (1 Co 15:55) …

… Como se observa en el diagrama de las tres componentes, la clave del éxito (o la gracia esencial) está relacionada con la existencia de la transformación vital, una siempre positiva que emana unidad por todas partes, la cual, al ser 1 = 0.999… y por ser el número 9 el espiral positivo opuesto al divisivo 6 del enemigo, contiene también una sinfonía doblemente infinita (si así pudiera llamarse) de amor. Sin duda, todo esto se relaciona con la persona de nuestro Señor Jesucristo quien satisfizo dicha unidad amorosa en su vida, y quien en virtud de haber acogido libremente la cruz positiva del bien y la verdad (y expirar en la hora nona), le agrega otro elemento simbólico y veraz a la construcción: el que ella contenga, a su vez, infinitas cruces que recuerdan de una forma potente el sacrificio por medio del cual se nos otorga la vida en abundancia.

La transformación límite, por ende, da testimonio de Jesús y proviene de Él y del infinito (en donde habita Dios Padre, en el cielo, claro está) (Jn 15:26). Y entonces, dicho objeto refleja la acción del Espíritu Santo, “el Espíritu de la verdad” (Jn 14:16—18), quien llegó plenamente como promesa certera a los apóstoles y otros (incluida María) en Pentecostés, para transformarlos, así a otros les hubiera parecido que estaban era borrachos (Hch 2:1—22). El alambre alado y vital representa entonces al paráclito, el consolador, que les recordaría a los discípulos todo lo que Él les había enseñado y los llevaría a la totalidad de la verdad (Jn 14:26, 15:13—15), incluyendo el poder entender mejor las buenas nuevas del Evangelio

… Habiendo introducido así una conexión inusual en la aparición de un objeto que refleja el Espíritu Santo (¡Llegó el Espíritu Santo!), una representación increíble para aquellos que piensan que la ciencia y la fe o la fe y la ciencia se deben reñir (incluyendo personas pertenecientes a ambos bandos), a continuación se tejen diversas citas bíblicas reflejadas en el diagrama ya repetido dos veces, y siempre pensando en el precioso límite.

Para empezar, a partir del alambre infinito del Espíritu Santo, una función alada majestuosa, podemos apreciar un poco más la gran verdad de la salvación, pues no hay condenación alguna para quienes están en Cristo Jesús y Su Espíritu (Rm 8:1–2). Similarmente, allí podemos visualizar que si creemos que Él murió y resucitó con el poder mismo del Espíritu Santo, de la misma manera Dios nos traerá de vuelta (1 Ts 4:14), usando la misma fuerza universal.

Todo esto no es poca cosa, claro está, y ciertamente es algo sorprendente, pero como lo explica San Pablo, si vivimos según la carne, el pecado reflejado en un espinoso dx, moriremos, pero si con el Espíritu hacemos morir las obras del cuerpo, viviremos para siempre (Rm 8:13, Jn 6:63), y esto se observa claramente en el diagrama notando que la carne (el pecado) y el Espíritu se oponen el uno al otro (Ga 5:17), pues un dx espinoso y polvoriento es perpendicular a la campana en el infinito dy, la cual no contiene mancha o aspereza alguna, o para decirlo de otra forma, ninguna entropía.

La salvación es pues, sin lugar a dudas, un regalo inefable (¡o doblemente inefable y mucho más!) que, como lo explica nuevamente San Pablo, sucede por gracia mediante la fe (Ef 2:8–9). Como tal, es reconfortante saber que “en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rm 8:28) y que “todas las sendas de Yahveh son amor y verdad para quien guarda su alianza y sus dictámenes” (Sal 25:10), lo cual está bellamente reflejado también en el diagrama, una vez más mostrado debajo ¿por qué no?, pues el destino celestial sólo puede lograrse en la plenitud de la fe y el Espíritu, o sea cuando Z tiende a 1, y solamente allí.

Y es que es cierto gráficamente que el amor (la transformación límite) cubre una multitud de pecados (un dx dividido) (1 P 4:8). Y así, para enmendar nuestras cascadas, trocando la muerte en vida, y para que nosotros podamos ser elevados a la vida eterna en el cielo, esto es, para que tengamos cómo experimentar la libertad por excelencia, tienen que suceder, universalmente, para cada uno de nosotros, una infinidad de signos más unitivos, pues sólo el sacrificio infinito de Jesús en la cruz hace posible el milagro que nos lleva de regreso al Padre (Jn 14:6).

¿Cómo no contemplar la transformación unitiva y positiva e implorar con los discípulos, Señor, “auméntanos la fe” (Lc 17:5)? ¿Cómo no suplicar con el Salmista, “Retira tu faz de mis pecados, borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva” (Sal 51:11–12)? ¿Cómo no reflexionar acerca del diagrama que expresa la excelente transición de la muerte hacia el infinito y repetir fervorosamente la profunda oración en la liturgia de la Iglesia que Él fundó, Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: ‘La paz os dejo, mi paz os doy’, no tengas en cuenta nuestros pecados (un dx polvoriento y espinoso), sino la fe de tu Iglesia (la transformación límite, Z → 1) y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad (la campana pacífica y unida concentrada en el infinito y sin turbulencia alguna). Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos”? ¿Cómo no acoger la alegría de la Pascua en el diagrama vital, aquella que nadie nos puede quitar (Jn 16:22)? …

… Claramente, las nociones aquí expuestas no implican que nuestra respuesta deba ser el pecado mezclado con la fe, pues Jesús nos exhorta a ser perfectos tal y como Dios Padre es perfecto (Mt 5:48). Así, nuestra mejor réplica se ilustra a continuación, una vez más para el valor de Z = 0.99, a partir de un dx que expresa nuestras acciones reconciliadas en el equilibrio (expresando una condición compuesta por el bien sin mal), y de manera tal que el área de la campana dy sea igual a la del rectángulo dx, así no lo parezca al tener los dos dibujos escalas diferentes:

Ciertamente, la coherencia de la Buenas Nuevas implica que la fe y las obras deben ser parte esencial de nuestras acciones (St 1:22—23), de modo que satisfagamos otras citas como, “Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por las preocupaciones de la vida” (Lc 21:34) y “no os preocupéis del mañana: cada día tiene bastante con su propio mal” (Mt 6:34). De aquí se desprende que para saborear ya en la tierra la campana vital, debemos cumplir un famoso teorema asociado con la campana (técnicamente conocida como la campana de Gauss), el teorema del límite central, ¡vaya notación consecuente!, que expresa que al sumar variables aleatorias independientes o débilmente dependientes (algo así como azares no sistemáticos) siempre se produce, en el límite, una campana, también llamada una curva normal.

Así, la traducción en acciones para que nosotros podamos llegar a “santitos”—es decir a convertirnos en seres “normales”, ¡vaya notación perfecta nuevamente!, y así ser literalmente “salvados por la campana”, ¡para emplear el argot del boxeo!—, consiste en “agregar” muchos actos amorosos día a día (independientemente de lo sucedido en el pasado y también de lo que pasará en el futuro, es decir centrándonos en el presente), de modo que podamos satisfacer el gran mandato de amarnos los unos a otros (Jn 13:34), para aspirar así a habitar mansiones en el cielo (Juan 14:2—3). ¡Si este fuera el anhelado retorno a la “normalidad” después de la pandemia, qué cosa maravillosa fuera!

Y es que para este efecto no estamos solos, sino que contamos con la ayuda divina de los siete dones del Espíritu Santo recibidos en el Sacramento de la Confirmación, el don de sabiduría, el don de entendimiento, el don de consejo, el don de fortaleza, el don de ciencia, el don de piedad, y el don de temor de Dios. (Is 11:2); los cuales nos propelen a lograr en la plenitud de la iluminación esencial las nueve componentes del fruto del Espíritu Santo, amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, y dominio de sí (Ga 5:22—23). Como lo pueden notar, los rosetones escogidos para adornar esta campanita no fueron escogidos por azar, pues ellos tienen 7, 8 y 9 puntas, con la del ocho empleada para denotar el ∞ rotado.

De una forma certera, las nociones en esta campanita nos recuerdan que no hay otra alternativa que se equipare con el amor pleno, el único que nos lleva a una unidad verdadera y real (Jn 17:20—23) y a un matrimonio puro y fenomenal con el Cordero de Dios (Ap 19:7—9), pues en los diagramas límite podemos escuchar la exhortación siempre vigente, “no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios” (Rm 12:2 y Ef 4:22—24). Pues allí, en el límite, y sólo allí, podemos apreciar la relevancia de lo que dijo Jesús, “si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8:31—32), cual reflejado en la campana, símbolo común de la libertad, y más aún, en la hermosa expresión “la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rm 8:21).

Posponiendo para la siguiente campanita otras reflexiones a partir del diagrama que emana de la entrada equilibrada, es decir aquel cuyo dx tiene la forma de una “piedra angular”, y habiendo publicado ya acerca del misterio maravilloso de Pentecostés, aquí y aquí, aquí se incluyen, para continuar cantando y alabando, dos canciones más que intentan reafirmar el teorema amoroso del límite central.

¡Que este Pentecostés, al final de una cincuentena Pascual extraña por la incertidumbre del virus pero fielmente acompañada por las congruentes enseñanzas del Señor Obispo Juan Antonio Reig Pla de Alcalá de Henares a donde he “viajado” virtualmente día a día no por azar, sea el mejor de todos!

¡Ven Espíritu Santo y renueva nuestros corazones!

EL LÍMITE CENTRAL

¡El teorema de la libertad escogida!

Ya la campana sí suena
la noche oscura ya se aleja, se aleja,
la gran campana bien suena
oye mira, acoge el bello sistema.

Si tú sales libre de día en día
amando presto y dando fruto de hermano,
oye converges a un gran matrimonio
de gloria en gloria tú viajas de su mano.

Y si no, te quedas en ayer
continúan las dudas,
no puedes crecer.

Ya la campana sí suena
luz invencible aquí llega, aquí llega,
la gran campana bien suena
oye mira, aquí te explico el teorema.

Si tú viajas por el camino recto
cual fiel sarmiento adherido al justo,
Él te ensalza con todito lo bueno
y en auroras tú ya sueñas el cielo.

Y si no, no ríes y lloras
estás en cadenas,
no entiendes de paz.

Puente de paz…

Vamos a andar ya sin pena
oye mira, el infinito ya llega.

Tilín tilín, talán talán
la campana siempre llama,
su clave está adentro
allí en tu corazón…

Vamos a andar ya de veras
oye mira, el bendito niega.

No sigas más en el lío
vete despacio y perdona,
no vayas más a esa sombra
entiende el buen desafío…

Vamos a andar con la Madre
oye mira, que ya nada te espante.

La mujer te guía a estrella
y acompaña clan futuro,
Ella es también la Reina
la semilla de lo puro…

Vamos a andar sin ceguera
oye mira, no te quedes afuera.

Trenzando las banderas
y en libertad sublime,
se entienden los dolores
y se encuentra quien vive…

Vamos a andar sin cizaña
oye mira, que lo malo se vaya.

El justo venció la muerte
si perdonas tienes fruto,
el amor es to’ lo cierto
y la cruz es su sustento…

Vamos a andar ya con todo
oye mira, no nos comerá el lobo.

Los sacramentos son oro
y acompañan día a día,
la trinidad lo puede todo
y las ovejas con María…

Shanti Setú…

Vamos a andar, ay sí
vamos a andar ay sí, sí… (3)

(Noviembre 1997/Mayo 2020)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

UNO POR UNO

¡Una plena para hallar lo pleno!

Para multiplicar bien hacia el límite central…

Paso a pasito, día a día…

Uno por uno
sigue hoy Su guía,
vete ya despacio
canta tu alegría. (2)

Que ya el pasado
atrás se quedó,
céntrate en el día
lo viejo acabó.

Uno por uno
sigue hoy Su guía,
vete ya despacio
canta tu alegría.

Que el futuro
sólo él sabrá,
usa hoy tu día
no sabes si habrá.

Uno por uno
sigue hoy Su guía,
vete ya despacio
canta tu alegría.

Que el buen amigo
ya por ti sanó,
entrega la queja
ven al gozo hoy.

Uno por uno
sigue hoy Su guía,
vete ya despacio
canta tu alegría.

Que la ansiedad
te alarga la herida,
vente con confianza
únete a tu vida.

Uno por uno
sigue hoy Su guía,
vete ya despacio
canta tu alegría.

Que los momentos
son de luz o muerte,
oye el buen consejo
juégale a tu suerte.

Shanti Setú o Puente de paz…

Uno por uno
vive Su armonía,
vete ya derecho
canta en compañía.

Que en el amor
es donde está todo,
búscalo de lleno
no te hagas el bobo.

Uno por uno
vive Su armonía,
vete ya derecho
canta en compañía.

Que la esperanza
es fruto de un regalo,
sigue la balanza
crece bien abajo.

Uno por uno
vive Su armonía,
vete ya derecho
canta en compañía.

Que la amistad
dota libertad,
sueños y canciones
triunfo de unidad.

Uno por uno
vive Su armonía,
vete ya derecho
canta en compañía.

Que hoy el sol
en tu corazón sale,
únete al reino
vive lo que vale.

Uno por uno
vive Su armonía,
vete ya derecho
canta en compañía. (2)

(Mayo 1999/Mayo 2020)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

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Del lamento al baile

Esta campanita no es acerca de lo que esperamos celebrar colectivamente, Dios mediante pronto, cuando termine la epidemia que nos está coronando con no poco dolor. Ésta tampoco es una elegía bailable sobre nuestro regreso a una coherente “normalidad”, es decir, a un mundo mucho mejor que el previo a la calamidad. Más bien, este escrito, a todas luces modesto en comparación con los anhelos del mundo, sólo pretende animar—ojalá un poquito en estos tiempos duros—relatando cómo fue que yo mismo, por medio de la ciencia moderna, llegué a pasar del lamento al baile, cuando, en virtud de la misericordia divina, sucedió en mí la ansiada transición de las tinieblas a la luz grandiosa de Jesucristo.

Esta entrada al blog es más larga de lo común y será, muy seguramente, una de las más íntimas. Esto es así, pues aquí incluyo mi testimonio de vida, ya citado y cual relatado al famoso escritor y Premio Nobel de Literatura José Saramago, el cual plasmé en respuesta a una inesperada carta suya, ya hace casi 16 años. Salvo algunas mejoras y aclaraciones, el texto empleado aquí es básicamente el mismo de mi carta original. Pero, para darle una perspectiva mayor a lo sucedido, esta campanita incluye también algunas fotografías que resumen mi vida previa y posterior al evento, tal y como las empleo al compartir una conferencia “La fe de un hidrólogo: celebrando 30 años”, la cual empecé a impartir el año pasado para festejar mi caminar con el Señor, y que abarcará ésta y otras campanitas por venir …

… Para empezar, deseo contarles un poco acerca de dónde vengo. He aquí a mis abuelos maternos, Don Julito y Mamá Fanny, quienes tuvieron en mi mamá Dorita a su única hija y en mí a su único nieto varón. Como lo ven, ellos conformaron una bella pareja que reflejaba la paz de Dios, en la que se distinguía el buen humor de él y la dulzura de ella. Fueron además estupendos bailarines y era común que en las fiestas les hicieran una rueda para admirarlos.

Mi abuelita, quien fue mi mejor ejemplo de fe Católica, y quien rezaba y rezaba por todos sin desfallecer, se ganó la vida haciendo bellos ramos de novia. Resulta que cuando quedó claro que yo podría llegar a ser profesor en los Estados Unidos, ella empezó a ahorrar parte del dinero de sus trabajos florales y en uno de mis viajes a la patria, cuando ya empezaba a enseñar en la Universidad de California, me llevó a un centro comercial para regalarme, a pesar de mis explicaciones que ellos no eran requeridos pues no se usaban, tres vestidos completos con camisas y corbatas. ¿Cómo decirle que no?

Es así, en honor a ella, como he aprendido a vestirme de conferencista fino por donde voy, contando este acto de amor en mi festejo de 30 años acompañando esta foto, así sea cierto que mi último vestido, comprado por mí para asistir a una conferencia sobre la ciencia y la fe en la muy elegante Oxford, en el Reino Unido, me haya confinado a ser parte de una minoría formal …

… Aquí van mi abuelo Don Julito y mi mamá Dorita hacia el altar en el día de su matrimonio con mi papá Carlos. Yo no sé si el bello ramo de novia allí fue hecho por mi abuelita, pero lo que sí sé es que mi mamá estaba bellísima en su día.

Aunque el matrimonio se llevó a cabo en Bogotá y allí nacieron tanto mi hermana mayor Patricia, y, posteriormente, mi hermana menor Xiomara, yo nací en Cartagena de Indias, pues mis padres intentaron vivir allá, en la costa Caribe, por un tiempo …

… De regreso a la capital, cursé mis estudios de primaria y secundaria en el gran Colegio Alfonso Jaramillo. Tal y como se estilaba, a los 8 años recibí dos sacramentos, mi primera comunión y la confirmación (con Don Julito de padrino), y lo hice acompañado de grandes hombres, como quien me sigue con su cirio, Andrés González Díaz, el cual llegó a ocupar, por su inteligencia y dedicación, altos cargos representando a Colombia.

Aunque mi escuela no era religiosa como tal, asistíamos a la Santa Misa los viernes y posteriormente cantábamos los himnos de Colombia y del Colegio, incluyendo siempre un discurso formal de algún estudiante escogido para tal honor y otros para izar las respectivas banderas.

El himno nacional de Colombia contiene un alto contenido simbólico y Católico, pues expresa la victoria final en entender las palabras de quien murió en la cruz, lo cual ya se ha explicado en este blog aquí. El himno del colegio no lo era tanto, pero en verdad también lo era pues rezaba: “Cantemos a la vida, que ríe en nuestras frentes, como la faz del cielo sobre la nieve azul; hoy somos la promesa futura de una patria que alcanzará mañana gloriosa plenitud. Si niños sonreímos, en el jardín del mundo, tejiendo nuestras danzas y coros, angelical mañana ya varones, seremos por Colombia campeones del progreso y del alto de la paz.”

Es claro, en este preciso instante de evocación, que allí está esbozado ya mi sueño de canción de paz, en un Shanti Setú, el cual creo sería muy bien recibido por Don Alfonso Jaramillo, ejemplar educador y hombre de fe, Don Marcos Gómez, magnífico maestro de las matemáticas y de la vida y Don Julio Cortés, hábil pedagogo de la filosofía y del ser. ¡Cuántos recuerdos gratos acompañaron mi crecer! ¡Cuánta emoción se siente hoy por hoy al compartir con compañeros de infancia, como si el tiempo no existiera! ¿No es cierto Alberto, Fernando, Humberto y demás caballeros? …

… Bueno, y pasaron los años y llegué a la universidad. La foto de niño bueno debajo es de esa época, a mis 16 años, aunque debo decir que ya hicieron parte de mí diversos desvíos, que, nos dicen, vienen con la edad, aunque en realidad llegan cuando uno cree que sí, pero no ha entendido de qué se trata la vida.

Para empezar, y en contraste con las fotos incluidas, mi familia, en gran medida, no practicaba su religión. Mis padres asistían a matrimonios, bautizos y funerales, pero no acudían con ninguna regularidad a la Santa Misa. Jesús no era tema de discusión en casa y la “armonía” existente, pues mis padres se amaban, no se basaba en el sacrificio de Dios por nosotros. Es así como, al final de mi escuela secundaria, me rebelé diciéndole a mi papá: ¿y por qué debo yo ir a Misa en el colegio si tú no lo haces? Y él me dijo que debía hacerlo, porque así era por obligación, mas no argumentando mejores razones.

Estudié en la Universidad de los Andes, en Bogotá, Matemáticas e Ingeniería Civil y allí me centré en el estudio. Como ya no tenía la “obligación”, una vez me sentí grande dejé de ir a Misa por completo. Eso no quiere decir que no hubiese en mí una creencia en un Dios creador, pues ¿cómo podría estar configurado el universo sin dicha fuerza?, pero sí estaba seguro que Él no se interesaba personalmente en mí, sino que era completamente ajeno. En verdad yo no sabía, ni rudimentariamente, quién era Jesús y qué había hecho Él por mí y por muchos, o acaso por todos, que parece ser lo mismo, pero no es igual.

Aplazando el relato formal a mi carta a Saramago, debo decir que mi madre murió cuando yo tenía 20 años y que dicho suceso fue muy doloroso para todos nosotros, para mi papá, mis hermanas, mis abuelos y para mí. Como la educación seguía siendo la piedra de salvación, continué ese camino y conjuntamente con otros “co-equiperos” nos aprestamos a viajar al exterior para seguir aprendiendo y ojalá regresar a Colombia para servirle al país. ¿Cierto Carlangas, Roro y demás? …

… En mi caso, terminé estudiando en el famoso y exigente Instituto Tecnológico de Massachusetts, al cual llegué cuando tenía 24 agostos. Debo decir que a veces, cuando sentía la necesidad por la soledad inherente de estar lejos, iba a la Santa Misa en una capilla estudiantil cercana en Boston University, en la otra ribera del río Charles, pero lo hacía con recelo y sin leer la Palabra de Dios, así me hubiera traído de viaje, y en mi maleta, la pesada Biblia que había llegado a nuestra casa en Bogotá con la compra de una enciclopedia.

Durante mi estancia en Cambridge, durante seis años intensos, me casé con mi novia colombiana, obtuve un par de maestrías en Investigación de Operaciones e Ingeniería Civil, recibí mi doctorado en Hidrología, la ciencia del agua, y trabajé un par de años como investigador.

Fueron esos tiempos muy buenos, tiempos llenos también de gratos recuerdos, fieles momentos de crecimiento intelectual basados, sin duda, en la oportunidad especial de tener excelentes maestros y conocer a grandes pensadores. En retrospectiva, fue fundamental para mí el que Dios me haya llevado allí, pues cuando sucedió yo no tenía idea qué debía hacer. Claro, ¡Dios todo lo hace bien, ahora lo sé muy bien! Y es que, a pesar de los fríos nevados en Boston y sus alrededores, demasiado duros para alguien proveniente del trópico, mis días en el MIT—considerada la mejor universidad técnica del mundo, y por qué no de la galaxia—ensancharon no sólo mi conocimiento, sino también mi sentido estético, pues allí llegué a apreciar que algunos resultados de la ciencia son mucho más bellos que otros …


… Dicho todo lo anterior, y después de esta bella cruz cuyo origen explicaré en la próxima campanita como un descubrimiento insospechado e inmerecido que llegó a mí, retomo ahora sí mi carta al brillante escritor portugués, a quien le escribí al haber leído su libro “El evangelio según Jesucristo”. Dicha historia, a todas luces contraria al verdadero Evangelio, incluye la maldición de un árbol (pensando sin duda en una higuera de la Biblia pero sin nombrarla como tal) y describe la presunta incapacidad de Jesús para revivirlo (lo cual no está en la Biblia).  Habiendo estudiado el libro con alegre detenimiento, cual si su “evangelio” fuera una novela policíaca en la que yo intentaba hallar la siguiente ocurrencia falsa entrelazada con verdades, terminé escribiéndole y hablándole de una higuera de la ciencia que permitía entender dicho suceso y más en la Biblia, y su respuesta, otra vez aquí (severa y a la vez amable), suscitó escribirle de nuevo intentando explicarle cómo había sido que alguien como yo, como científico, llegué a creer en el Dios Trino.

Davis, 24 de mayo de 2004

Querido Maestro Saramago,

Agradecido por su carta del 10 de marzo e intentando responder algunos de sus profundos interrogantes, finalmente le escribo. Por favor, excuse mi tardanza en contestarle, pero desde que recibí su respuesta a mi envío, días después del fatídico 11 de Marzo en Madrid, no he hecho más que dictar clases y viajar por Canadá y Estados Unidos compartiendo algunas conferencias, incluida una llamada “De Platón a Borges”, la cual seguramente inspiró su respuesta.

Para empezar, debo decirle que comprendo muy bien su posición con referencia a Dios y sus misterios. Y lo digo así, pues no hace mucho tiempo tampoco me hacía sentido su presencia. Tal y como intento expresarle en esta carta, fue necesaria, en mi caso, una iluminación científica que transformó mi visión y le brindó un nuevo ángulo a mi vida.

Resulta que hace ya algo más de 16 años <¡ya 31 años!>, llegaron a mí, de una forma inesperada, hermosos descubrimientos matemático-físicos con referencia a un objeto central en la ciencia llamado la campana de Gauss. Sin haber hecho merecimientos para el hallazgo, un buen día encontramos, con mis estudiantes, cómo dicha campana podía obtenerse como la “sombra” platónica (técnicamente la proyección) de un alambre infinito casi arbitrariamente iluminado, es decir con toda probabilidad.

Esperando no abrumarlo, le explico un poco aquí, refiriéndolo a mi libro “La higuera y la campana, para más detalles.

En esta figura se observa cómo un tal alambre, que viaja del eje x al eje y (arriba a la izquierda), al ser iluminado por el objeto dx (abajo), produce una sombra dy que tiene forma de una campana (a la derecha). Con un poco más de precisión, el objeto dx sube verticalmente hacia los puntos respectivos del alambre, y cuando todo es visto desde el ángulo perpendicular, sumando las púas que corresponden a las mismas alturas en y, aparece el objeto dy.

Como creo lo puede reconocer, dx es el mismo objeto espinoso, polvoriento y diabólico de la parábola La Hipotenusa, ya discutida en el blog aquí y aquí, el mismo conjunto que describe, universalmente, la disipación de la turbulencia natural y el que aproxima las inequidades en el país más poderoso del mundo. La campana dy es, claro está, un hermoso símbolo de la libertad y también un objeto relevante en la forma no violenta en que opera comúnmente la naturaleza, pues está relacionado con el transporte por difusión, como cuando se infiltra el agua calmadamente en la arena, y con la conducción del calor.

Sucede que el alambre que da lugar a este resultado, que ya enfatizaré aún más adelante, se puede construir muy fácilmente. Como se muestra debajo, éste, con forma de nube o acaso como las alas de los ángeles, se encuentra a partir de tres puntos iniciales (los extremos y el del medio, denotados por cuadrados con cruces) agregando una infinidad de puntos hacia arriba: los dos primeros están a una distancia Z a partir del punto medio de las líneas que unen los tres puntos, los siguientes cuatro aparecen a una distancia Z al cuadrado a partir del punto medio de las cuatro líneas mostradas de izquierda a derecha, y así sucesivamente, en potencias de dos para el número de puntos y en potencias de Z para sus desplazamientos verticales:

Lo mostrado en la figura inicial (obtenido cuando Z es cercano al límite máximo de una unidad) resulta ser sorpresivo, en parte, porque el mismo alambre, infinito en longitud, da lugar universalmente a campanas en el eje y, para una variedad infinita de iluminaciones. Por ejemplo, el resultado no sólo se encuentra a partir de la división ligada con la turbulencia ya mostrada, sino que también ocurre, con toda probabilidad, para cualquier otro tipo arbitrario de división, y además para el equilibrio, como se observa a continuación.

Notablemente, un mismo alambre—cual un sistema peculiar—transforma infinitos procesos divisivos—muchísimas entradas al sistema—, incluyendo cualquier tipo de cascada, ya sea por desigualdades o vacíos, cual explicadas aquí, en una campana armónica—como salida del sistema—que no contiene ni simbólicas espinas ni polvo alguno, y esto naturalmente suscitó diversas preguntas esenciales: ¿Qué hacen la turbulencia y la difusión, la disipación y la conducción del calor, en un mismo diagrama, siendo dichos procesos opuestos en la naturaleza? ¿Existe pues un mecanismo—un sistema—capaz de transformar un desorden arbitrario en un orden armónico, una transformación vital? ¿En dónde se halla un tal alambre, pues las matemáticas dicen que existe y puede construirse fácilmente?

Estos interrogantes surgieron cuando ya florecía en diversas ramas del saber (física, ecología y economía, entre otras) la célebre teoría del caos, también rebosante de nociones universales en su asombrosa higuera, la cual, sin embargo, al explicar la transición del orden al desorden, viaja en sentido contrario a lo aquí esbozado. Pues el alambre que produce una campana en el infinito para muchísimas iluminaciones es como el anhelado antídoto del virus, o acaso, usando el apellido que no escogí, un puente certero del desorden al orden. Así, años antes de apreciar posibles conexiones escatológicas en la higuera caótica, intenté hallar el alambre en la ciencia, mas no lo logré al no encontrar observaciones coincidentes, pues la turbulencia y la calma no ocurren a la vez en la naturaleza, sino que una siempre precede a la otra.

El encontrar una interpretación coherente del rompecabezas sólo vino a plasmarse más adelante cuando se clarificaron diversos símbolos, los cuales empecé a observar a pesar de mis esfuerzos intelectuales por evitarlos, pues todo esto era “ciencia” y sombras nada más. Como se muestra debajo, existen otros alambres similares al anteriormente descrito, y éstos, que más bien se parecen a perfiles de montañas y no de nubes, dan lugar también a campanas límite.

Los signos mostrados encima de cada alambre definen la construcción de los mismos. Mientras que el caso “positivo-positivo” o “más-más” da la misma nube de antes, con puntos situados siempre por encima de líneas rectas, los otros corresponden a secuencias de puntos que no sólo suben, sino que también bajan (en potencias de Z): el caso “positivo-negativo” proviene de subir y bajar a partir de líneas de acuerdo al más y al menos, respectivamente, y el “negativo-negativo” de alternar el bajar y el subir todos los puntos, de generación en generación (en potencias de dos).

Al final, el tipo de campana que se obtiene como “sombra” (cuando Z tiende a uno) depende de los signos que definen el alambre. Curiosamente, el caso “menos-menos” da lugar no a una sino a dos campanas, las cuales oscilan de la una a la otra, en virtud a la construcción alternante de bajar y subir. En verdad, no fue fácil saber que eran dos, pues ellas están separadas por una cantidad pequeña relativa a la totalidad de la figura, y, así, al principio parecía que era solamente una. El caso “más-menos” (y también el “menos-más” que proviene de reflejar éste último en un espejo) dan, en efecto, una campana con un centro finito, pues el ir arriba y abajo da lugar a un único valor medio:

El caso “más-más” ya citado merece, sin lugar a dudas, párrafo aparte, pues, tal y como ya se aprecia en las dos figuras mostradas para Z = 0.99, este alambre produce una campana que termina concentrándose arriba, en el infinito. En el límite, oh concepto borgiano, el alambre sube eventualmente de uno en uno (las potencias de uno son siempre uno) y, así, no sólo el centro viaja hacia el infinito, sino que “la masa”, en su infinita mayoría, se agrupa allí, dando lugar a un mismo objeto insólito, singular, siempre conductor del calor y carente de entropía. ¡La campana límite ocurre para cualquier iluminación infinita, como si el proceso hacia el infinito fuera como el big bang al revés!

Este alambre “místico”, siempre máximo positivo y lleno de infinita unidad, troca, con toda probabilidad, cualquier tipo de división (y también el equilibrio) en bella armonía, levantando poderosamente cualquier polvo mortal hacia el alef, y este resultado alegórico no me fue posible despreciarlo, a pesar de mi precaria educación religiosa y mi rebeldía intrínseca hacia dichos temas. No tuve cómo no notar la gran diferencia entre las nubes y las montañas, entre el “cielo” y la “tierra”, y entre el más y el menos, y, así, en medio de mi asombro, compartí resultados con familiares y amigos, sin comprender plenamente lo que había hallado.

Al paso de las semanas y cuando ya se esfumaba el estupor colectivo por el descubrimiento, recibí, en el momento justo, una llamada telefónica de parte de mi buen amigo y hermano Álvaro Alberto Aldama, compañero de estudios en MIT, y a quien yo envidiaba secretamente, pues era él, y no yo, profesor en la prestigiosa Universidad de Princeton, aquí en nuestros días en Cambridge conjuntamente con su esposa Elizabeth y su hijo David.

Mi amigo comenzó hablándome acerca del precario estado del mundo de entonces (y no hablemos del actual, hace 16 años y ahora mismo en medio de la pandemia moderna) y luego de analizar juntos el futuro incierto de la humanidad me dijo, sin rodeos, que era importante el estar preparados, pues él creía, al igual que los miembros de su iglesia, que vivíamos tiempos que apuntaban al retorno de Jesucristo.

Le escuché estupefacto y con el respeto que siempre inspiró su claro conocimiento, a veces tan profundo que parecía enciclopédico, y, luego, controlando mis impulsos y sin duda sosegado por la campana y sus símbolos, le pedí que me explicara despacio, pues para entonces, y a pesar de mi bautismo de niño como Católico, yo no había leído las Escrituras. Me habló de profetas y de señales inverosímiles y remató explicándome la importancia del tal “nacer de nuevo” (tan mentado por estas latitudes) para entrar al improbable omega de los cielos.

Al pasar de los días me convencí que no tenía nada que perder con intentar tener un encuentro con lo divino. Si mi amigo y otros desechados por mí en el pasado tenían razón, Jesús vivía y yo podía concertar una cita con Él. Así, una noche, luego de intentos fallidos que me parecieron tanto bochornosos como cursis, me llené de valentía, abrí mi corazón como pude y sucedió.

Fue un largo monólogo de mi parte en donde recordé los no pocos dolores que había experimentado en mi vida y los muchos que había causado. En un tocar fondo pausado, para evocar al buen Silvio mi trovador, quien leyó la carta original a Saramago, rememoré mi primera imagen de niño en medio de una hernia casi asesina, reviví mi infancia feliz y sus pilatunas, recordé mi adolescencia tímida con sus penas de amor, y, luego de ojear otros laberintos vivenciales, me adentré en el misterio de la muerte que había manchado para siempre mi existencia cuando, a mis 20 años, mi madre, sin razones que pudiéramos prever, se quitó la vida.

Esa noche finalmente confronté el inmenso desazón que me impedía amar como niño, ese sentimiento mezquino y real que afloraba irremediable y sutilmente en momentos felices para recordarme que todo era mentira, el mismo que me hacía sentir culpable de una forma irrefutable por no haber hecho lo suficiente para salvarla. Esa noche, mientras mi esposa dormía a mi lado, lloré de corazón, mordí todo el polvo de mi cascada vital y me atreví a perdonar. En medio de una letanía humillada, perdoné a mi madre por habernos dejado a mis dos hermanas y a mí tan solos, ¡oh cuánto te he extrañado mamita!; perdoné a mi padre por no haber previsto el perverso suceso y por haberse casado nuevamente tan pronto; me perdoné a mí mismo por mi ceguera de joven intelectual hacia ella, por haberme perdido bailar con ella, aún mi futuro Shanti Setú, y por no haberla llevado al cine a ver a Cantinflas alguna vez que me lo pidió; y, finalmente, perdoné al mismo Dios (¡oh locura colosal!) por haber permitido que todo eso sucediera.

Luego, rematé mi oración, en realidad mi confesión posteriormente refrendada por un buen sacerdote, o sea Él mismo, diciendo sinceramente: ¡Deseo conocerte Jesús, o existes o esta vida es un engaño!, a lo que acto seguido recibí en mi corazón un ardor dulce e intenso proveniente de lo alto, como del techo, el cual luego se extendió, por difusión, a todo mi cuerpo, dejándome sentir una paz exquisita, una paz lúcida que no conocía.

¡Oh algoritmo clemente y consistente! Perdonando experimenté el perdón de Dios y nací de nuevo a mis 32 años. En esos instantes misteriosos supe, en todo mi ser, que los símbolos eran ciertos y que el tal alambre, positivo-positivo o cruz-cruz, lleno de unidad y que lo movía todo hacia arriba, era una transformación hacia Dios que siempre había estado guardada en mi pecho, allí, al alcance de mi mano. En esa noche asombrosa, y consistente con que el apellido de mis abuelos maternos es Angulo, mi ángulo de vida cambió perpendicularmente del eje x al eje y, del cínico dolor de muerte a la realidad del amor pleno, o sea del lamento al baile que bien define el título de este escrito …

… Si le dijera, Maestro Saramago, que mi vida a partir de entonces se volvió “color de rosas”, le mentiría. ¿Cómo no admitir que ella más bien se convirtió en un campo de batalla?

Los días posteriores al encuentro inicial fueron particularmente confusos. Mi asombro fue tal que mi mente no podía dejar de pensar en el suceso y, así, intentando comprender la Biblia de un sorbo, llegaron varias noches en las que no lograba conciliar el sueño. Mi júbilo era real y lo compartía de una forma exaltada con mis seres queridos, quienes empezaron a preocuparse por mí al escucharme hablar, contrario a mi “esencia”, del perdón y del Cristo a quien invocaba. Varios de ellos, incluido mi papá, mas no mi abuelita, pensaron que yo andaba muy mal y que ahora era yo el que se iba a quitar la vida.

Terminé en un sanatorio en Berkeley, cerca de la ciudad de San Francisco, por un mes. Mi esposa recordó uno de sus amores platónicos de niña en un médico psiquiatra, hijo de una amiga de su mamá, y, luego de consultas, él le recomendó mi hospitalización. Como en mi pasado había sufrido de depresiones de muerte y como ahora tenía pensamientos claramente maníacos, el diagnóstico fue sencillo. Me internaron, sin yo oponerme.

La experiencia en el hospital, que parecía más bien un centro vacacional por su pulcritud y la variedad de las actividades a las que los pacientes teníamos acceso, fue como una visión larga y extraña. Desarrollé instintivamente una afinidad especial por mis compañeros de infortunio, una compasión profunda por quienes me rodeaban sumidos en sus propios mundos, y, al principio, me sentí a gusto en ese entorno desconocido, sin creerme enfermo e intentando ayudar.

Cansado por mi ayuno de sueño y a pesar de sedantes, oscilaba, de mi parte, entre esa claridad vívida del encuentro divino y la confusión de estar allí, y a los pocos días, malentendiendo los “símbolos” que me ofrecían el infinito ya, de una vez, me lancé desde mi pináculo y me dí de bruces contra una ventana, que, gracias a Dios, no cedió por su grosor.

En adelante, los días se tornaron definitivamente oscuros. Me sedaron fuertemente y conviví irremediablemente por un par de semanas con una tembladera que muy seguramente aún estremece a los que me vieron. Aunque era consciente de la bondad de estar vivo, esos días los recuerdo como los peores de mi vida. No podía salir sino a una terraza que siempre parecía estar llena de humo, no dormía bien pues tiritaba y sudaba y mi campana parecía esfumarse en las tinieblas.

Cuando ya mejoraba, desperté a una pesadilla mayor. Resulta que, durante mi estancia, mi esposa, quien vino todos los días a visitarme tal y como lo notaban otros pacientes a quienes no, tuvo su propia crisis existencial (¿cómo no entenderla?) en la que concluyó, de una forma irrefutable, que nuestro matrimonio de 8 años había sido sólo un error. Así, mis citas con mi buen médico pasaron de ser conversaciones acerca de mi supuesto encuentro con Dios a cómo prepararme para afrontar lo que vendría, pues yo no le creía, como seguramente ella no a mí, que iba a disolver nuestra unión, que iba a cancelar todo mi soporte, y simbólicamente mi pasaporte, para volverlo todo otra vez pesadilla y llanto.

Pero así fue, justo como una construcción con cimiento de arena luego de una tempestad, se vino a pique toda mi estantería, como lo explica Jesús al final de su Sermón del Monte. De nada valieron mis intentos de explicación buscando la Cristiana reconciliación (nos habíamos casado por la Iglesia, claro está), y, al cabo de pocos meses, pasé a formar parte del grupo de personas que dicen que eso del divorcio no les pasará a ellos, pues eso sólo le ocurre a otros menos inteligentes y menos amorosos, lo cual evidentemente yo no era, pues debo aclarar que mi matrimonio terminó así por culpa mía …

… Siguiendo el consejo de mi buen médico, quien tenía la extraña virtud de estar plenamente presente conmigo cuando me atendía, regresé a Colombia (mi paraíso de origen) para contar con el apoyo de mi familia. Allí, en medio de lecturas más pausadas de la Biblia y con la fina guía de mi compañero de estudios de matemáticas y recién ordenado sacerdote, el Padre Camilo Bernal—con quien me reencontré no por azar en el día de su cumpleaños—pude empezar a armar el rompecabezas de mi existencia. El dolor era intenso y las dudas me embargaban en el polvo de mi nueva cascada turbulenta, pero el calorcito aquel, el de lo alto, me acompañaba con su recuerdo esencial y por la consistencia encontrada entre las Sagradas Escrituras y las investigaciones que continuaron, pude entender poco a poco y así crecer a la historia verdadera del Evangelio.

En retrospectiva, puedo afirmar que esos tiempos posteriores a la luz fueron vitales para hacerme notar mi gran altivez, pues ciertamente me creía mejor que muchos. Y es que, contrario a lo que podía creer meses atrás, en esos días comprendí, por primera vez, que Dios estaba no solamente conmigo, sino con todos en este planeta de locos, y entendí, también por primera vez, que las huestes, improbables pero reales, del maligno nos acechan hacia el manicomio, confundiendo nuestro libre albedrío con su engaño descarado.

Aunque por varios años quise negar mi enfermedad, como si ella desvirtuara mi iluminación inicial, lo cierto fue que requerí la ayuda que recibí muy a tiempo. Hoy por hoy, vivo agradecido por mi vivencia, pues cuando veo parejas desmoronándose me conmuevo y rezo por ellas, y cuando viajo a una gran ciudad no olvido que aquel hombre de la calle, despreciado y hambriento, bien pudiera ser yo, pues nadie sabe por cuántas cosas pasamos, confundidos ante las maquinaciones del enemigo, siempre mentiroso y despiadado.

Así pues, comparto mi entender diciéndole respetuosamente Maestro Saramago que Dios (con mayúscula) sí está en cada uno de nosotros, en los regalos cotidianos de la vida, en los momentos de gozo que vienen a acompañarnos en medio de tanta basura guiada por el príncipe de este mundo, en los talentos misteriosos que hemos recibido (¡vaya el que le ha dado a usted para escribir!), y en las oportunidades repetidas que tenemos para reincidir en el misterio eterno del amor, en mi caso en un nuevo, y tercer matrimonio—aunque en realidad el primero, pasando por dos anulaciones que demuestran la misericordia de Dios hacia mí—uno en orden después del caos con mi bella y virtuosa Marta y adornado por el regalo de dos hijas hermosas Cristina y Mariana, cual añadiduras fieles a promesas verdaderas, como se observa en esta fotografía reciente, posterior a la carta original, en Espetus, nuestro restaurante favorito en San Francisco.

¡Cuántas vueltas ha dado la vida y cuán ciertas son las promesas del cielo! Y es que mi mamá no se perdió al haberle llevado mi abuelo un sacerdote quien la ungió antes de morir y también fue así pues la salvación llegó a toda mi casa, cual resumido en la siguiente fotografía que incluye a mi papá Carlos, mi madrastra Connie y mis hermanas Patricia, a la derecha, y Xiomara. ¡Dios es muy grande!, lo decía con gran alegría y conocimiento mi abuelita.

¿Cómo no alabar a Dios? ¿Cómo no recordar un himno que aprendí con Aurita, mi madrina espiritual, y en el Minuto de Dios, hoy por hoy, hace más de 30 años?: “Has cambiando mi lamento en baile, me vestiste de alegría, por eso a Ti cantaré gloria mía, y no me estaré callado. Señor, Dios mío, te alabaré, te alabaré para siempre, pues has cambiado mi lamento en baile, Señor, Dios mío, te alabaré”

… Dijo Jesús que ¿quién no estuviera con Él estaría en su contra? Yo de mi parte creo que sí, como también creo que dijo a continuación que quién no recogía con Él más bien desparramaba, como lo atestiguan de una forma coherente las múltiples traducciones de la Palabra antigua y eterna. Aquí yo veo, tal y como lo intento expresar en la parábola de la recta hipotenusa, que la aseveración no es sólo cierta, sino que en verdad es muy fácil no permanecer en el amor mismo que es Él y más bien dedicarse a acusar y a dividir (en cascada) como lo hace siempre su opuesto, el diablo. Pues aunque la implementación de su amor a través de la historia ha estado manchada por la hipocresía humana, por nuestro pecado, la invitación a amar (la esencia de las Buenas Nuevas), expresada siempre por un remanente santo y contradictorio para el mundo, se mantiene como la única salida a nuestros meollos.

A este respecto me parece muy grave, compartiendo su entender, que algunos que se dicen ser “nacidos de nuevo” empleen esa misma notación en un contexto errado para justificar acciones de imperio que en nada son acordes con el mensaje de amor y reconciliación presente en el Evangelio. Pues Jesús nos dice también que no juzguemos, o más correctamente que no condenemos (así lo creo), y hay muchos “ricos” en este mundo que sienten que sólo por ellos murió Él en la cruz, y así, al sentirse dueños ya del reino de los cielos, sin admitir sus culpas, y como si no tuviéramos que tomar la cruz todos los días, desparraman con su falsa retórica y acompañados por sus inexcusables acciones. Porque si al Cristiano se le reconoce por el fruto del amor y si la “democracia” fuera en efecto la solución, no habría necesidad de bombardear al enemigo para mostrarle el camino.

Creo que usted tiene razón al mostrar lo que hay debajo de “las piedras”, pues la verdad es ineludible, aunque a veces parezca que en una manifestación por la paz, o en un gran triunfo deportivo, o acaso en una boda real, puedan suplirse las necesidades inherentes de la gente. Como bien lo expresó Platón en su alegoría del cavernícola (siempre tan moderna como usted lo sabe) y como está definido en las Buenas Nuevas, la persecución del iluminado es una realidad inevitable, y, así, en medio de dificultades y soledades, intento compartir un mensaje improbable de amor por medio de la ciencia moderna, confiando en el poder de Dios, en su tiempo perfecto y en sus promesas certeras.

Créame que no me es fácil el mostrar lo que tengo, ay tengo,  en medio de un mundo que vive tan aprisa, en medio de tantas mentiras tan obvias y tan arraigadas, en medio de diversas instituciones del saber, tan vanidosas, que ignoran a un pequeñín por su “fanatismo” al mezclar lo impensable o por su carencia de “educación” religiosa. Pero me lleno de valentía y, a pesar del susurro insistente de dos tercios, o sea del diablo en acción, me atrevo a repetir lo que parece imposible, pues intuyo el triunfo que todos deseamos, esa victoria verdadera y justa de un “pequeñismo” común y vibrante, una comunidad de santitos, que sólo puede lograrse, sin odio alguno, en la hermandad encarnada del amor de Jesús.

Como se lo propuse anteriormente, si lo desea podría visitarlo para aclararle lo que no esté suficientemente explicado en mi envío. Con gusto le contaría cómo experimenté otras noches y días enamorados más pausados, cómo han llegado otras piezas del rompecabezas: el diseño matemático bidimensional del ADN en la campana de Gauss, la insólita higuera de la ciencia moderna, el Espíritu Santo en las matemáticas y las Sagradas Escrituras (así lo creo, Sagradas) en el relato de la Vid y los sarmientos, la Santísima Trinidad en el tercer diagrama de arriba a abajo, y otras relaciones improbables pero coincidentes que nos muestran el amor de Dios y nos llaman a Él.

Sé muy bien Maestro Saramago que no he logrado contestar plenamente sus inquietudes y preguntas, pues en concordancia con las palabras del poeta León Felipe que usted citó, yo tampoco sé muchas cosas. Es así, en ese mismo espíritu de humanidad y humildad, pero animado por la fe que trasciende mi inteligencia, que le envío mis mejores deseos con un abrazo fraternal.

Con optimismo,

carlos

Como epílogo de este relato, es pertinente decir que a pesar de algunas comunicaciones menores entre nosotros, incluyendo una en la que él me dio permiso para usar lo que había escrito acerca de mi parábola La Hipotenusa (que le parecía que era como tener en sus manos un libro desconocido de Borges), no me fue posible departir con el Maestro Saramago en persona. Sin embargo y de una forma bellamente sutil, el destino permitió que yo estuviera en Lisboa, justamente en el momento de su velorio en 2010, cuando iba de paso a una conferencia de Hidrología en Coimbra días después. Allí, en la Plaza del Ayuntamiento y en medio de una vigilia secular muy sentida, oré por él una Novena de la Divina Misericordia. Ciertamente, le he pedido a Dios que mi carta le haya ayudado a ver la luz de Jesús

… Para finalizar esta campanita llena de tantos recuerdos, a continuación viene una canción que intenta resumir lo que se observa en el alambre positivo-positivo límite, uno repleto de cruces y de unidad infinita capaz de trastocar la muerte en vida.

¿Y si nos dejáramos ya transformar plenamente? ¿Si nos salvara la campana, justo antes de estar casi noqueados? ¡No habría ya entropía alguna sino sólo plena sabiduría! Como sólo el amor unitivo nos sana, nos libera del pecado y nos guía, allí llegaríamos a la verdadera normalidad, pues, como es bien sabido, a la campana de Gauss también se la conoce como la curva normal.

¡A bailar se dijo! ¡Hay fiesta eterna!

LA TRANSFORMACIÓN

¡Aquí está la clave, como alas de ángeles!

¡Siempre unitiva positiva y pa’ arriba!

¡Con la transformación hacia el cielo!

Hay una transformación
ay que vence la agonía,
existe sólo una oblación
ay que enciende la alegría.

Hay una transformación
ay que derrota la entropía,
existe sólo una oblación
ay que engendra la armonía.

Hay una transformación
ay que excluye la rebeldía,
existe sólo una oblación
ay que incita a la poesía.

Hay una transformación
ay que derroca la cobardía,
existe sólo una oblación
ay que regala toda cuantía.

Hay una transformación
ay que es santa sabiduría,
ay sólo esa oblación
a la noche vuelve día.

Ay sólo el amor,
sólo el amor,
ay sólo el amor…

Es verdad…

Ay te digo verdad
esto no es teoría.

El poder del amor
transforma tu día.

Ay pero con todo
dejando bobería.

El poder del amor
transforma tu día.

Ay to’ lo sana amigo
esto no es fantasía.

El poder del amor
transforma tu día.

Ay pero pleno na’ má
con toda valentía.

El poder del amor
transforma tu día.

Ay to’ lo puede
su canto cambia el día.

El poder del amor
transforma tu día.

Ay en el ciento
se haya su compañía.

El poder del amor
transforma tu día.

Ay sólo el amor,
sólo el amor,
ay sólo el amor…

Puente de paz…

Ay es poderoso
enciende la alegría.

Ay sólo el amor
te sana y te guía.

Ay todo provee
no exige regalía.

Ay sólo el amor
te sana y te guía.

Ay te repito
derrota la entropía.

Ay sólo el amor
te sana y te guía.

Ay su campana suena
todito el día.

Ay sólo el amor
te sana y te guía.

Ay acoge lo de más
como lo hizo María.

Ay sólo el amor
te sana y te guía.

Ay es fuego eterno
bautizo de poesía.

Ay sólo el amor
te sana y te guía.

Shanti Setú…

Hay una transformación
ay que es santa sabiduría,
ay sólo esa oblación
a la noche vuelve día.

Ay sólo el amor,
sólo el amor,
ay sólo el amor…

(Septiembre 2001)


La canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Tres rimas escatológicas

Estamos celebrando, al menos por cincuenta días, el suceso más importante en la historia de la humanidad: la resurrección de Jesucristo el Mesías, evento que abre las puertas del cielo a quienes, por el bautismo y en su nombre, se han constituido en Hijos de Dios (Ga 3:26—27). Los vítores han estado presentes en medio de la epidemia actual—en verdad, desde el principio, ahora y siempre—y los aleluyas nos han reconfortado recordándonos lo esencial. La muerte, aunque muchos no lo piensen así en estos días tristes, ha perdido la batalla, el amor ha vencido definitivamente y aquellos redimidos por Cristo alzarán banderas proviniendo de un mismo centro …

… Y hablando de acontecimientos, el más importante por suceder—aun si su fecha exacta no sea conocida (Mt 24:36)—es el retorno de Nuestro Señor Jesucristo con gran poder y gloria, es decir, su anunciada segunda venida. Este retorno está ciertamente predicho por diversas señales esbozadas en las Sagradas Escrituras (por ejemplo en Mt 24,25): algunas cumplidas ya en el transcurso de la historia hasta nuestros días; otras satisfaciéndose incluso por medio de la ciencia moderna, tal y como se resume en una campanita reciente; y otras más sucediéndose hoy por hoy, como el advenimiento mismo del virus pestilente con coronita y la apostasía imperante en el mundo, reflejada ésta por el desprecio generalizado a las promesas de Dios, tristemente incluido allí el que la autoridad de la Iglesia nos repita—en el mismo día en que celebramos al evangelista San Marcos—que la gran comisión de Cristo, dada a sus discípulos al final de dicho evangelio (Mc 16:15—16), debe basarse solamente en nuestro testimonio de vida y evitando explicaciones de las buenas nuevas que puedan convencer al interlocutor.

Todo esto no es algo superfluo, claro debería estar, pues si fijamos la atención en los signos, ellos plantean un llamado urgente, siempre urgente y también en medio de la modernidad imperante y la pandemia, a nuestra conversión. Pues sin nuestro arrepentimiento real—limpiándonos por dentro, cual inspirado por un aretito en una campanita anterior—y nuestra entrega plena al Señor no podemos acceder a la “normalidad” anhelada: la verdadera vida basada en el amor real y la única que dota tesoros certeros aquí y en el cielo.

Esta campanita incluye tres rimas escatológicas, es decir, tres canciones relacionadas con el gran regreso de Jesús, un evento anhelado por muchos, mas no por todos. Estas rimas, con sus coros alegres y repetitivos, intentan llamar al gozo de la liberación definitiva y lo hacen, a su vez, citando algunos símbolos ya recurrentes en el blog que invitan, de la razón a la fe, a la totalidad del amor como la hipotenusa y la higuera. Imagino que estas tonadas sonarán con un júbilo especial cuando sean interpretadas por mi gran banda Shanti Setú—si Dios lo quiere, claro está. Es así como sueño en que llegarán a sonar muchísimo mejor que mis muy modestas interpretaciones a capela, las cuales, sin embargo, brotan de corazón.

¿Y entonces, será que es bueno estar listos para el gran regreso? ¡Yo me preparo! ¿Y tú?

EL GRAN DÍA

¡Marana tha! (1 Co 16:22) ¡Ven Señor Jesús! (Ap 22:20)

¡Se viene, te digo!

Para bailar y bailar…

Con las manos pa’rriba…

Marana tha, Marana tha,
aquí llega el gran día,
Marana tha.

Marana tha, Marana tha,
ya se viene la alegría,
Marana tha.

Marana tha, Marana tha,
llega el reino y su consuelo,
Marana tha.

Marana tha, Marana tha,
aleluya, viene el cielo,
Marana tha.

Shanti Setú…

Marana tha, Marana tha,
ya la higuera brotó hojas,
Marana tha.

Marana tha, Marana tha,
ya viene amigo sincero,
Marana tha.

Marana tha, Marana tha,
llega el Rey y su victoria,
Marana tha.

Marana tha, Marana tha,
aleluya, es la gloria,
Marana tha.

Puente de paz…

Marana tha, Marana tha,
ay amigo da buen fruto,
Marana tha.

Marana tha, Marana tha,
que ya llama la campana,
Marana tha.

Marana tha, Marana tha,
ay mamá cuida tu aceite,
Marana tha.

Marana tha, Marana tha,
aleluya, viene el día,
Marana tha.

(Noviembre 1999)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

¡YA CASI!

¡A prepararse!

Inspirado por “No es fácil, que no, que no” de Los Van Van

Shanti Setú avisando…

Ya casi, ya casi,
ya casi vuelve el Señor,
ya casi. (2)

Aunque muchos no lo vean
la historia llega al destino,
van a llorar inconfesos
ay amor, ya viene el hijo.

Ha llegado una pandemia
y el mundo sigue dormido,
van a rechinar ay dientes
ay amor, ya viene el hijo.

Ya casi, ya casi,
ya casi vuelve el Señor,
ya casi. (2)

Las señales se entrelazan
y confunde lo mezquino,
va a extraviarse tanta gente
ay amor, ya viene el hijo.

Controlando su esperanza
el hombre aleja el trino,
van a perder serenata
ay amor, ya viene el hijo.

Ya casi, ya casi,
ya casi vuelve el Señor,
ya casi. (2)

Con el cielo por delante
y conscientes de fiel higo,
otros viajan hacia el Padre:
anuncian que vuelve el hijo.

Éstos mira hoy se caminan
degustando el santo abrigo,
y con voces jubilosas
anuncian que vuelve el hijo.

Ya casi, ya casi,
ya casi vuelve el Señor,
ya casi. (2)

Con Su gozo ellos animan
pregonando el gran aviso,
y con actos amorosos
anuncian que vuelve el hijo.

Sintiendo la llama dentro
por Su sangre ganan juicio,
y siguiendo a la Madre
anuncian que vuelve el hijo.

Ya casi, ya casi… (4)

(Agosto 2000/Abril 2020)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

FIESTA SÚBITA

¡No se sabe, pero llega cuando quiere!

¡Con las manos pa’rriba!

Puente de paz, para bailar…

Prepárate a una fiesta
ay una de verdad,
mira viene tu fiesta
eterna y por mitad.

Prepárate a una fiesta
oh verso sin igual,
ay ya llega tu fiesta
se acerca por piedad.

Prepárate a una fiesta
ya viene su heredad,
mira viene gran fiesta
un himno sin final.

Prepárate a una fiesta
con toda voluntad,
ay llega, ay, tu fiesta
se asoma el santo abad.

Prepárate a una fiesta
ay vence claridad,
ya viene esa fiesta
la que da la unidad.

Prepárate a una fiesta
ya perdió la maldad,
oh llega, sí, la fiesta
ya se consagra el clan.

Shanti Setú…

Fiesta preparada es bella
más si Él arriba súbito,
fiesta no planeada sella
el fiel arrebata, es único.

Fiesta preparada es bella
sólo cuando llega el único,
fiesta no planeada sella
el amor ay sana, súbito.

Puente de paz…

Fiesta preparada es bella
ay es muy bella, ay yo te digo mamá,
más si Él arriba súbito
porque si viene, es el gozo papá,
fiesta no planeada sella
así es, esa fluye de verdad,
el fiel arrebata, es único
oye Él es, Él oh derrota la maldad.

Fiesta preparada es bella
ay te repito, ay es muy bella mamá,
sólo cuando llega el único,
porque si llega, todo se puede papá,
fiesta no planeada sella
con su vientito, lo torna to’ en verdad,
el amor ay sana, súbito
así ay sí, cual colibrí presto te da.

Shanti Setú…

Fiesta preparada es bella
más si Él arriba súbito,
fiesta no planeada sella
el fiel arrebata, es único.

Fiesta preparada es bella
sólo cuando llega el único,
fiesta no planeada sella
el amor ay sana, súbito.

Puente de paz…

Fiesta preparada es bella
más si Él arriba súbito,
fiesta no planeada sella
el fiel arrebata, es único.

Fiesta preparada es bella
sólo cuando llega el único,
fiesta no planeada sella
el amor ay sana, súbito.

Y otra vez…

Fiesta preparada es bella
más si Él arriba súbito,
fiesta no planeada sella
el fiel arrebata, es único.

Fiesta preparada es bella
sólo cuando llega el único,
fiesta no planeada sella
el amor ay sana, súbito.

(Marzo 2014)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

La modernidad imperante

Estamos viviendo en estos últimos días un evento insólito que está afectando todos los confines de la tierra. Así, al encontrarnos proverbialmente en la “misma barca”, hemos sido convocados todos por el Papa Francisco a “despertar” a Jesús para que Él calme el ímpetu de la tormenta, de modo que no perezcamos (Mt 8:23—27). En verdad, no hay otra solución y debemos acudir a Él, tomándonos también de su mano, para sobrellevar con fe y sin miedo el temporal (Mt 14:22—33).

Cuando ya pronto comienza la Semana Santa, finalizando así la Cuaresma, es acaso pertinente también meditar acerca de otro evento en la Palabra de Dios, en el cual los papeles de los despiertos y el dormido se invierten, tal y como sucedió en el Jueves Santo antes de la Pasión del Señor, y como lo recordamos en el primer misterio doloroso del Santo Rosario:

Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: “Sentaos aquí, mientras voy allá a orar”. Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice:“Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo“. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú”. Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro:“¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil”.  Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: “Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Viene entonces donde los discípulos y les dice: “Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca” (Mt 26:36—46).

¿Está Nuestro Señor dormido en estos días aciagos e inesperados, o somos más bien nosotros—sus discípulos y sus no discípulos—los que dormimos? ¿Siente Él hoy tristeza y angustia ante su sacrificio inminente por la humanidad o tal vez tiene dichos sentimientos por nosotros, ante nuestra incapacidad de velar y orar juntos con Él?

Aunque algunos—y ojalá incluido yo—despiertan del sueño común al “tercer llamado”, arrepintiéndose de su pecado y ya listos para su pasión personal, es indudable que el mundo moderno (o pos-moderno, como lo llaman los expertos) anda, en gran medida, dormido.  Si comparamos lo revelado a nosotros en la Palabra antigua con la “normalidad” a la que se desea regresar una vez desaparezca el virus letal, podemos concluir que no todos navegan en la misma barca con Jesús. Al contrario, muchísimos no cuentan con su sustento y guía, tal y como lo ilustra el muy incompleto decálogo a continuación.

¿Duerme y no siente tristeza Jesús ante la pandemia de niños desechados desde el vientre materno y que no dejan ir a Él (Mt 19:14), unos 40 a 50 millones de personitas al año, que suman en tres años más muertos que las guerras mundiales juntas? ¿Duerme y no siente angustia Él ante las inmensas desigualdades económicas en la tierra alimentadas comunalmente por el príncipe de este mundo (Jn 16:11), disparidades que concentran la riqueza en pocas manos y naciones y que dejan a muchos en una pobreza real enfangada por hambrunas? ¿Duerme y no siente tristeza Jesús ante la velocidad ansiosa de la vida moderna más allá del día a día (Mt 6:25—34), la cual no da tiempo a muchos ni para pensar en ayudar masivamente a los más necesitados, incluidos los ancianos? ¿Duerme y no siente angustia Él ante la inmoralidad e impureza generalizadas y salpicadas de escándalos sexuales por doquier (Mc 7:20—23), incluidos aquéllos que no deberían suceder en la mismísima Iglesia que Él fundó? ¿Duerme y no siente tristeza Jesús ante el “orgullo” de quienes practican relaciones contra natura (1 Cor 6:19), los cuales, con ayuda de muchos gobiernos, se apoderaron del arco iris de una alianza divina para volverlo suyo? ¿Duerme y no siente angustia Él ante los sistemas que buscan el poder en el mundo, las cuales, empleando la corrupción, las mentiras y también el odio, terminan llamando mal al bien y bien al mal incitando a la violencia (Is 5:20)? ¿Duerme y no siente tristeza Jesús ante declaraciones aparentemente “unitivas” pero claramente apóstatas que implican que todo camino llega al cielo, negando así la necesidad del sacrificio suyo para nuestra salvación eterna (Hch 4:12) y también otras enunciaciones que minimizan el papel preponderante en dicha salvación de Nuestra Madre la Virgen María? ¿Duerme y no siente angustia Él ante la persecución continua de sus seguidores por regímenes vengativos, arrogantes y ateos, así Él haya predicho que por su causa así sería (Mt 5:11—12)? ¿Duerme y no siente tristeza Jesús ante el establecimiento de un nuevo orden mundial promovido por sociedades ocultas y visibles, en las que el hombre, siguiendo al diablo y sintiéndose falsamente poderoso, ya no aprecia a Dios, sino que se erige como Dios (2 Tes:7—8)? ¿Duerme y no siente angustia Él ante lo que sucederá con todos sus adversarios cuando Él venga con gran poder y gloria a juzgarnos a todos, sabiendo que Él es misericordioso y que su deseo esencial es el arrepentimiento del pecador (2 Pe 3:9)?

Mientras algunos dicen que la peste en estos últimos tiempos es un castigo coherente con el plan divino, otros repiten—falsamente—que Dios no castiga, ni antes, ni ahora ni después, y mucho menos eternamente. Ciertamente, lo que sucede durante la cuarentena generalizada es por lo menos un llamado consonante a nuestra conversión en medio de la Cuaresma, de modo que las cosas no sigan “como si nada”, sino que cambiemos, pues lo que ocurre nos recuerda la necesidad de estar preparados para el retorno súbito de Cristo. Pues las plagas—la peste—son, en efecto, señales previas a su venida (Lc 21:11), tal y como lo es el advenimiento de una higuera que aparece el próximo Martes Santo—así no lo festejemos en dicha ocasión—y que también nos invita literalmente a velar y a orar (Lc 21:29—33).

En estos tiempos modernos en los que la “ciencia” y el “progreso” han alejado al hombre de la sabiduría del temor a Dios (Prov 1:7), lo que está sucediendo debe servir como mínimo para recordar lo esencial, pues el estar despiertos es en efecto de vital importancia, tal y como lo afirma Jesús mismo durante su discurso escatológico:

“Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!(Mc 13:33-37).

Así pues, que el final de esta Cuaresma con cuarentena forzosa nos lleve a arrepentirnos plenamente para así acercarnos al único quien nos salva …

… Para seguir meditando acerca de la modernidad imperante, a continuación incluyo con un gusto especial un lúcido credo publicado en 1936 por el sacerdote argentino Leonardo Castellani (1899-1981), el cual me ha acompañado desde que lo descubrí en la red informática. Escrito con la misma estructura y cadencia del Credo de los Apóstoles, allí se resume, con buen humor, cómo el hombre rebelde trastoca lo verdadero para declararse encima de Dios.

EL CREDO DEL INCRÉDULO

Creo en la Nada Todoproductora, d’onde salió el Cielo y la Tierra.
Y en el Homo Sapiens, su único Hijo Rey y Señor,
Que fue concebido por Evolución de la Mónera y el Mono.
Nació de la Santa Materia,
Bregó debajo del negror de la Edad Media.
Fue inquisionado, muerto achicharrado
Cayó en la Miseria,
Inventó la Ciencia
Ha llegado a la era de la Democracia y la Inteligencia.
Y desde allí va a instalar en el mundo el Paraíso Terrestre.
Creo en el libre Pensante,
la Civilización de la Máquina,
la Confraternidad Humana,
la Inexistencia del pecado,
El Progreso Inevitable,
la Rehabilitación de la Carne
y la Vida Confortable.
Amén.

Como se puede notar, el Padre Castellani entendía muy, pero muy bien, ya desde el año en que nació el también argentino Papa Francisco. En efecto, este credo refleja nuestros tiempos, tanto sin y como con el virus presente, y así merece varias lecturas …

… Para terminar, esta campanita incluye dos canciones que ojalá sean útiles para seguir invitando a la conversión durante la Semana Santa que se avecina y también después. La primera contrasta las opciones finales que siempre tenemos, malas o buenas, para invitar al matrimonio definitivo (Ap 19:7—8), así los tiempos de la cuarentena estén pasando para algunos sin pensar en lo fundamental, es decir viviendo “como si nada”. La segunda es un himno alegre que empieza describiendo algunas facetas del hombre moderno para posteriormente invitarlo a volverse a Jesús, Nuestro Salvador y Señor.

¡Que Dios nos bendiga a todos!

COMO SI NADA

¡Ay que lio!

Los días pasan
como si nada, como si nada,
como si el verbo
no convocara, no convocara.

El mundo vive
como si nada, como si nada,
como si el cielo
no sentenciara, no sentenciara.

Se viene el tiempo
del aguacero,
de polvo extraño
de caos severo.

Se acerca el tiempo
del equilibrio,
de trecho llano
de amplio alivio.

Se viene el tiempo
del precipicio,
de rancio llanto
de eterno juicio.

Se acerca el tiempo
del testimonio,
de atuendo blanco
de buen binomio.

Los días pasan
como si nada, como si nada,
como si el verbo
no convocara, no convocara.

El mundo vive
como si nada, como si nada,
como si el cielo
no sentenciara, no sentenciara.

Se viene el tiempo
del agujero,
de averno huraño
de ardor certero.

Se acerca el tiempo
del fiel convivio,
de gozo sano
de bello atisbo.

Se viene el tiempo
del desperdicio,
de alma ingrata
de gran desquicio.

Se acerca el tiempo
del matrimonio,
de aceite puro
de santo encomio.

Los días pasan
como si nada, como si nada,
como si el verbo
no convocara, no convocara.

El mundo vive
como si nada, como si nada,
como si el cielo
no sentenciara, no sentenciara.

(Agosto 2001/Marzo 2020)


La canción a capela se puede escuchar aquí…

 

HOMBRE MODERNO

O pos-moderno para ser exactos

Siguiendo el ritmo de la Típica 73…

Hombre moderno
con penas de amor,
recorres tu tiempo
buscando el control.

Tu visión es borrosa
y el misterio no ves,
el trabajo te acosa
y en regalo no crees.

Tu ciencia no cambia
es de muerte la voz,
tus entrañas reniegan
y deseas ser Dios.

Hombre moderno
con penas de amor,
recorres tu tiempo
buscando el control.

En el ruido reposas
desafiando la luz,
y malgastas tus horas
olvidando la cruz.

Tu mentira es inmensa
y tu éxito infiel,
la ganancia te guía
y a un hermano no ves.

Hombre moderno
con penas de amor,
recorres tu tiempo
buscando el control.

Puente de paz…

Ay hombre moderno
con penas de amor,
regresa a tu esencia
que es mucho mejor.

Ay vive el camino
sin más decepción,
ay vuélvete nuevo
con fiel corazón.

Aprende tu coro
regalo del bien,
ay canta seguro
que sana también.

Shanti Setú…

En el amor puro
lo bello se ve,
el guía tu tiempo
con su buena fe.

Ay óyeme hermano
con dudas de amor,
intenta lo cierto
y sana el dolor.

Ay sé inteligente
y no artificial
regresa a lo eterno
todita verdad.

Ay deja el cinismo
y suma tú ya,
ay no da lo mismo
ven hoy a alabar.

En el amor puro
lo bello se ve,
el guía tu tiempo
con su buena fe.

Ay óyeme hermano
decídete a dar,
ya cambia tu signo
vente a celebrar.

Ay busca tu puesto
sin más ansiedad,
confía ya en Cristo
que todo lo da.

En el amor puro
lo bello se ve,
el guía tu tiempo
con su buena fe. (2)

(Septiembre 1999/Noviembre 2019)


La canción a capela se puede escuchar aquí…

 

Publicado en Campanitas

¡Agüita pa ti!

Cuando por doquier la “pataleta” de un virus invisible nos ha “coronado” forzándonos a una cuarentena cruel e inesperada que nos recuerda la realidad de la muerte y mientras celebramos a su vez otra temporada de 40 días, es decir, la Cuaresma, escribo esta campanita intentando animar a lo esencial, esta vez rociando con todo amor un poquito de agua, ojalá viva.

Es evidente que es menester prestar atención a las recomendaciones que nos dan los expertos respecto a nuestra salud corporal y es claro que debemos también escuchar sabios consejos para mantener nuestra salud mental. Sin embargo, hay algo que es aún mucho más importante y ésta es nuestra salud espiritual, pues ella es la que nos permite, en su prescrita vitalidad, llegar a entrar al Reino de los Cielos.

He aquí por donde corre segura la agüita, pues en estos tiempos modernos como en el pasado, con cuarentena o no, ahora y siempre, la clave está en escuchar y responder los llamados concurrentes, primero de Juan Bautista y luego de su primo Jesucristo cuando los dos proclamaron con toda urgencia: “Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos” (Mt 3:2; 4:17) …

… El meollo de la Cuaresma, que en algunos ámbitos no parece tener la misma premura de la cuarentena forzada, es el arrepentirnos de corazón, dejando atrás toda arrogancia, bajándonos del árbol del pecado al que tendemos a subirnos, para acercarnos a Dios con toda sinceridad buscando su perdón y guía. He aquí cómo la humildad vital y la penitencia coherente nos permite experimentar la vida en plenitud, vida santa que es Jesús mismo, el cual siempre dota, si abrimos la puerta, torrentes de agua viva (Jn 7:38).

Rodeados por el miedo al contagio a la enfermedad, es decir por el miedo a morir, pasan estos días tan carentes del temor a Dios. En estos tiempos modernos en los que se desprecian los mandamientos, se afirma que todo camino es igualmente válido y se desecha el castigo hasta la inexistencia misma del infierno, no es del todo raro (por no decir seguro) que lo que sucede en estos días sea parte del diseño divino para llamarnos a nuestra conversión.

Y al ser así sin azar, ¿qué tal si esta cuarentena diera lugar a una Cuaresma igualmente seria de la cual saliéramos todos santitos? ¿Qué tal si este tiempo encerrados nos diera la suficiente conciencia para que no deseáramos volver a la mal llamada “normalidad” (anterior al brote del asesino silencioso), una condición llena de vicio y perdición ya deseada por muchos para salir del paso, para salir del problema? ¿Qué tal si en unas semanas (o meses) saliéramos ya bellos a un mundo muchísimo mejor que el anterior en el que primara el amor de Cristo? Ojalá así sea y todo lo que hoy ocurre sea propicio para sembrar la verdadera unidad en el equilibrio del bien sin el mal. ¡Que así sea!

Incluyo a continuación una canción ya antigua a la que le agregué sus últimas estrofas en estos días aciagos. Ella está dedicada, con toda humildad, a Juan Bautista, a quien por años he denominado como el mejor hidrólogo, por su bautismo con agua, claro debe estar. Debo decir que cuando en alguna conferencia, por “el desierto” moderno que me ha tocado habitar, he afirmado públicamente que él y yo somos colegas del agua, esto ha suscitado sonrisas amables y a veces carcajadas de parte de la concurrencia. También debo decir que no en pocas ocasiones, y en virtud a mi proclamar a Cristo, y sólo a Él, algunos me han “cortado la cabeza”, así ella no haya sido llevada a una arpía en una bandeja.

Al final, luego de la canción y para invitar al arrepentimiento vital por medio de la ciencia, vuelo a traer a colación mi conferencia “¡Oye, decídete a amar: usa la hipotenusa!”, grabada el año pasado en el Parque Científico de Innovación Social de Uniminuto en Bogotá, la cual muestra que Jesús es el antídoto deseado, en efecto, el camino, la verdad y la vida y el único que nos lleva al Padre (Jn 14:6). Ahora que “tienen más tiempo”, los invito a estudiar la charla con calma, ya sin el afán de la vida moderna y como si fuera una bella penitencia cuaresmal en cuarentena. ¡Les aseguro con alegría que su temática aleja toda angustia y desazón, pues explica que Jesús venció la muerte y vive!

Como le dijo el arcángel Gabriel a María, en el día en que Jesús se encarnó en Ella, celebrado hoy 25 de Marzo de 2020, “para Dios no hay nada imposible” (Lc 1:26—38).

EL MÁS PEQUEÑO

De veras, el mejor hidrólogo…

(Lc 1:5—25, 39—80; 3:1—22; Mt 3:1—17, 14:1—12; Mc 1:1—11, 6:16—29)

Su padre perdió la voz,
su madre guardó el secreto,
él ya en vientre estuvo lleno
del gozo de amor perfecto.

Con saltamontes y miel
proclamó por el desierto:
que en camino recto y fiel,
se aprecia cercano el reino.

Que toda montaña caiga
que todo valle se llene,
que la división ya salga
y que el equilibrio llegue. (2)

Entendió el uso del agua
llamó al fruto más sincero:
sumersión vital de faltas
reconciliación de lleno.

Explicó que él no era
que otro en fuego ya vendría,
advirtió que el hacha Él usa
pa’ talar la hipocresía.

Que toda montaña caiga
que todo valle se llene,
que la división ya salga
y que el equilibrio llegue. (2)

Por paloma y voz él supo
cuando el tiempo ya era pleno,
y comprendiendo el destino
vivió en hacerse pequeño.

Y aunque aquel en elogio dijo:
no hay más grande de mujer,
el más pequeño en los cielos
será más grande que él.

Que toda montaña caiga
que todo valle se llene,
que la división ya salga
y que el equilibrio llegue. (2)

Por decir verdad un día
llegó él a fría celda,
y por danza primorosa
le cortaron la cabeza.

Su mensaje hoy perdura:
es vital la conversión,
la cuarentena es propicia
ay sana tu corazón.

Que toda montaña caiga
que todo valle se llene,
que la división ya salga
y que el equilibrio llegue. (2)

(Octubre 1997/Marzo 2020)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

 

El material de la conferencia debajo también se explica, aquí, aquí, aquí y también aquí.

jaja

(Marzo 2019)

Publicado en Campanitas

De la mano del justo

Cuando el mundo anda alborotado ante un virus silente, asesino y con corona, esta breve campanita simplemente recuerda la vacuna esencial que dota nuestra sanación y salvación: Jesucristo, no por azar coronado con nuestras espinas de pecado, a quien debemos entregarnos día a día, y en particular en estos días del blanco y negro enmendador de la Cuaresma …

… Pues, como se ha explicado, por ejemplo aquí, aquí y aquí, no existe otra manera, tal y como lo reitera San Pedro elocuentemente, y lleno de Espíritu Santo, “Él es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despreciado y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hch 4:11, 12).

Así pues, recordando que el mismo Pedro asió la mano de Él cuando se hundía en medio de su propia incertidumbre (Mt 14:22—33), hagamos lo que los expertos nos digan que debamos hacer pero sin olvidar, ni un instante, quién es quien nos proporciona el verdadero impulso.

¡Que la canción a continuación sirva para animar y que su coro se vuelva viral!

CON IMPULSO

¡Caminando de su mano!

Sólo un camino, sólo Él: el justo…

Pa ’lante te digo ay sí,
pa’ lante repito bien,
insiste, mantén tu fe
no dudes, sacúdete eé.

Pa’ lante coro del ser,
pa’ lante el fiel creer,
procede, confía en Él
ahora, entrégate eeeé.

Pa’ lante en donde estés
pa’ lante siguiéndole,
corrige, ay haz el bien
no mientas, sincérate eé.

Pa’ lante te digo ay sí
pa’ lante ay como aquel,
pues solo con su poder
la vida ay puede ser eeeé.

Puente de paz…

Siempre con impulso
de la mano del justo,
ae ae eé
así no hay disgusto.

No pierdas el pulso
únete con el justo,
ae ae eá
y así se va el susto.

Oye bien…

Siempre con impulso
de la mano del justo,
ae ae eé
así vives con gusto.

No pierdas el pulso
únete con el justo,
ae ae eá
y así logras indulto.

Para seguir el pulso…

Siempre con impulso
de la mano del justo.

Pa’lante oye con todo impulso,
ay no te pierdas únete al justo.

No pierdas el pulso
únete con el justo.

Pa’lante mira nunca pa’trás,
el justo oye siempre te da.

Siempre con impulso
de la mano del justo.

Pa’lante oye con el buen pulso,
no ay coronita que gane al justo.

No pierdas el pulso
únete con el justo.

Pa’lante mira al cielo y ya está,
el justo oye sana e verdad.

Shanti Setú…

Siempre con impulso
de la mano del justo,
ae ae eé
así no hay disgusto.

No pierdas el pulso
únete con el justo,
ae ae eá
y así se va el susto.

Oye bien…

Siempre con impulso
de la mano del justo,
ae ae eé
así vives con gusto.

No pierdas el pulso
únete con el justo,
ae ae eá
y así logras indulto.

Puente de paz…

Y aumenta el impulso…

Siempre con impulso
de la mano del justo.

Pa’lante oye con fe vital,
el justo vence ay pierde el mal.

No pierdas el pulso
únete con el justo.

Pa’lante mira ay con el justo,
su sacrificio provee el indulto.

Siempre con impulso
de la mano del justo.

Pa’lante oye y sin disgusto,
ay no te dejes, no tengas susto.

No pierdas el pulso
únete con el justo.

Pa’lante mira ay no hay más ná,
el justo dice tranquilidad.

Otra vez…

No lo olvides…

Siempre con impulso
de la mano del justo,
ae ae eé
así no hay disgusto.

No pierdas el pulso
únete con el justo,
ae ae eá
y así se va el susto.

Oye bien…

Siempre con impulso
de la mano del justo,
ae ae eé
así vives con gusto.

No pierdas el pulso
únete con el justo,
ae ae eá
y así logras indulto.

Shanti Setú…

Siempre con impulso…

¡Es tuya Juan de Marcos!

(Abril 2012/Marzo 2020)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Dos consejos o tres

Cuando empieza el año nuevo y con vigor renovado hacemos impetuosas resoluciones, aquí comparto algunos consejos prácticos en la forma de tres canciones, las cuales, cuando empezó el escrito, eran solo dos …

… Que el 2020 venga con bendiciones infinitas y pa’lante. ¡Claro debe estar en el dibujo!

BATALLA ESPIRITUAL

Mejor tocar fondo, ¿no es cierto?…

Inspirada por un sermón del Padre John Campoli

No te compliques,
no controles,
echa pa’lante y
no te quejes, ay Dios. (2)

En estos tiempos modernos
te digo una gran verdad,
pasamos perdiendo el tiempo
ay condenando a los demás.

No te compliques,
no controles,
echa pa’lante y
no te quejes, ay Dios.

La clave está en las palabras
de aquel que es toa caridad,
pues no fueron sugerencias
sino mandatos para llegar.

No te compliques,
no controles,
echa pa’lante y
no te quejes, ay Dios.

Ay triste problema, amigo,
oh cáncer espiritual,
si no cambiamos el modo
no se refleja la inmensidad.

No te compliques,
no controles,
echa pa’lante y
no te quejes, ay Dios.

Violencia sale de la lengua
acto demente que hace llorar,
por eso mira ay te digo
de la conciencia brota la paz.

No te compliques,
no controles,
echa pa’lante y
no te quejes, ay Dios.

Con el orgullo no saco nada
sólo maltrato mi corazón,
y por la fuerza no logro nada
sólo edifica la buena acción.

No te compliques,
no controles,
echa pa’lante y
no te quejes, ay Dios.

El amor lo puede todo
es poderoso y universal,
ay perdonemos ofensas
que la victoria es en humildad.

No te compliques,
no controles,
echa pa’lante y
no te quejes, ay Dios.

Conciencia amigo conciencia
rectifiquemos con dignidad,
que toda la vida ay toda
es cosa triste sin claridad.

No te compliques,
no controles,
echa pa’lante y
no te quejes, ay Dios. (2)

(Julio 2004/Enero 2020)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

SANTA REALIDAD

Inspirada por recuerdos gratos y una canción navideña de Ismael Rivera

Oye, es la realidad
siempre la vida florece hermosa
si te entregas más.

Óyeme hermano…

Oye, es pura verdad
si perseveras el cielo dota
siempre en cantidad.

Todo a su tiempo te digo oye
fiel es el amor,
si tu persistes llega su fruto
santa es la oración.

Si mantienes el rumbo amigo
en valiente fe,
hallas del cielo toda semilla
y sacias tu sed.

Óyeme hermano…

Oye, es la realidad
siempre la vida florece hermosa
si te entregas más.

Óyeme hermana…

Oye, es pura verdad
si perseveras el cielo dota
siempre en cantidad.

El amor puro todo lo puede
nunca es perdedor,
el verso claro da a su rebaño
vital redención.

Si tú lo buscas oye amiga
con todo tu ser,
su fuego ardiente te dará vida
y hallarás su bien.

Créeme hermana…

Oye, es la realidad
siempre la vida florece hermosa
si te entregas más.

Óyeme hermano…

Oye, es pura verdad
si perseveras el cielo dota
siempre en cantidad.

Shanti Setú…

Puente de paz…

Toda bondad mi hermana
te acompañará,
la fiel promesa y su tonada
serán tu verdad.

La vida tendrá sentido
es la realidad,
y tu conciencia estará tranquila
por su caridad.

Óyeme hermano…

Toda bondad mi hermano
te acompañará,
la fiel promesa y su tonada
serán tu verdad.

Y tu familia ay por la puerta
también entrará,
cuando noten tu alegría inmensa
ellos sanarán.

Créeme hermana…

Toda bondad mi hermana
te acompañará,
la fiel promesa y su tonada
serán tu verdad.

Puente de paz…

Oye, es la realidad
siempre la vida florece hermosa
si te entregas más.

Ay óyeme hermano…

Oye, es pura verdad
si perseveras el cielo dota
siempre en cantidad.

(June 2006/Enero 2020)

La canción a capela se puede escuchar aquí y dura π…

ALEGRA HOY EL CIELO

Pa’lante pa’l cielo…

El cielo está triste, oh oh
por una muralla:
el ego demente
que todo lo daña.

El cielo se alegra, sí sí
con una palabra:
sublime perdón
que todo lo sana.

El cielo está triste, oh oh
por una batalla:
un acto insolente
que todo lo daña.

El cielo se alegra, sí sí
con una campaña:
armar la unidad
que todo lo sana.

El cielo está triste, oh oh
por una cizaña:
consejo inclemente
que todo lo daña.

El cielo se alegra, sí sí
con la voz amada:
humilde “lo siento”
que todo lo sana.

El cielo está triste, oh oh
por una maraña:
dolor incongruente
que todo lo daña

El cielo se alegra, sí sí
oh franca mirada,
oh destello eterno
que todo lo sana.

Alegra hoy el cielo
completa tu hazaña,
ay, halla el camino
que todo lo sana.

Ay ama sin miedo
acepta tu entraña,
ay, crece a lo cierto
que todo lo sana.

Perdona de lleno
oye la campana,
ay llega a la vida
que todo lo sana.

Y te digo que…

Alegra hoy el cielo
completa tu hazaña,
ay, halla el camino
que todo lo sana.

Ay ama sin miedo
acepta tu entraña,
ay, crece a lo cierto
que todo lo sana.

Perdona de lleno
oye la campana,
ay llega a la vida
que todo lo sana.

¡El camino, la verdad y la vida, claro!

(Agosto 2000)

Un fragmento de la canción a capela se puede escuchar aquí…

 

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