La última campanita

Después de 42 meses, llega a su feliz término éste mi proyecto inesperado de campanitas de fe. Algunos amigos, en su amorosa generosidad hacia mí, me han instado a que continúe, pero desde que la idea se plasmó quedó claro que lo que tenía que decir estaría en 69 entradas, en tres temporadas de 23 escritos.

Son pues 69 campanitas y la razón se entiende meditando en lo que celebramos el pasado Viernes Santo, cuando Jesús murió libremente por nosotros. Resulta que dichos números, el seis y el nueve, denotan las horas en las que hubo oscuridad cuando Él estuvo crucificado por nosotros: de las doce del mediodía (la hora sexta) a las tres de la tarde (la hora nona), hora ésta en la que Él expiró (Mc 15:33—37). Estos números en forma de espirales nos recuerdan, a su vez, la inmensa diferencia que existe entre rotar con egoísmo hacia adentro y hacerlo con amor pensando en el otro hacia afuera, o sea la diametral diferencia que hay entre lo negativo y lo positivo (bien reflejado en la notación matemática), símbolos que nos recuerdan también la inmensa diferencia que acaece entre la práctica repetida del mal en la fracción incompleta 2/3 = 0.666… y el empleo consecuente del bien en la fracción completa 3/3 = 0.999… = 1.

Al final, existen 69 campanitas de fe pues tal número recuerda la vital transformación a la que estamos llamados: el ir de nuestro 6 oscuro a nuestro luminoso 9, de modo que con Jesús podamos satisfacer nuestra esencia unitiva en su santidad (1 Pe 1:15—16):

Así pues, en esta campanita deseo contar una última crónica que confío ilumine un poco más el mensaje de amor de estos escritos. Sucede que después de mi epifanía vital cual relatada al Nobel José Saramago y a ustedes aquí, viajé de Estados Unidos a Colombia y estuve en Bogotá un año y medio a partir de mayo de 1989. Aunque el tiempo ha pasado, recuerdo bien las fechas, pues fue después, en julio, cuando el ciclista californiano Greg LeMond le ganó el Tour de France al francés Laurent Fignon en la última etapa y por 8 segundos, número relevante éste para mí como se verá a continuación.

Cuando regresé a la patria, todos en mi familia, excepto mi abuelita materna Fanny, dudaban acerca de lo que yo decía me había sucedido: que había tenido una experiencia de Dios, que había sentido un calorcito tierno en mi corazón al convocar por primera vez a Cristo salvador, y que había escuchado una voz—en inglés—que me había dicho que no me preocupara y que mi número era el 8. Todo eso era claramente inverosímil para ellos y también para mis amigos cercanos—los comprendo a todos—, sobre todo si se considera que después de mi iluminación requerí ayuda en un hospital por varias semanas.

¿Qué decir una y media nadas después, usando la nomenclatura de Gardel una vez más? Solamente reiterar, en éste mi último escrito en campanitas, que poniendo en práctica el fiel algoritmo definido en el Padre Nuestro, es decir, pidiendo perdón y perdonando, nací de nuevo y esa fue la experiencia más importante de mi vida, una que espero repetir no olvidando lo que Jesús ha hecho por mí para mi sanidad vital hasta el fin de mi existencia terrena …

… Con el paso de los días, y una vez llegó mi menaje doméstico desde California, terminé viviendo en un confortable apartamento cercano al de Xiomara, mi hermana menor, en un conjunto residencial cerrado llamado Atabanza—que bien podría haberse llamado Alabanza—localizado, a su vez, cerca de donde vivían nuestros abuelos maternos, Don Julito y la ya citada Mamá Fanny. Mi hermanita, editora de estas campanitas conjuntamente con mi fiel esposa Marta, mi Puchunguita—y a quienes les doy las gracias por haberme apoyado y ayudado hasta el final—, ya era mamá de sus hijos y frecuentaba con ellos el patio de recreo en donde varios niños intentaban malabarismos y hacían edificaciones de arena. Allí iba otra mamá norteamericana, esposa de un misionero en tierras suramericanas, que a veces le hablaba a ella con el debido convencimiento de Jesús, lo cual yo también hacía, pero acaso ella mejor que yo, pues ella no se esforzaba en hacerse entender intelectualmente, cual definido dada mi formación. El hecho es que mi hermana recibió un refuerzo divino a dos voces, sin duda consonantes en su esencia, y esto se tornó, en el momento perfecto, en cuatro y es que nuestra madrastra Connie empezó a invitarla a un grupo de oración de la Asociación María Santificadora, y a su vez una vecina de su mismo edificio, Blanquita de Wells, le habló de otro grupo de oración en donde, decía ella, se sentía la fuerza del Espíritu Santo.

Siguiendo la invitación de Connie, mi hermana empezó a asistir los jueves a tal grupo de oración y posteriormente decidió también dejarse llevar por la vecina al otro grupo que se reunía los viernes. Su experiencia en este último fue simplemente maravillosa y contó con una oración profética de quien lideraba el grupo, quien en nombre de Dios la animó describiendo su bella familia, que ya incluía por pocos meses a la risueña Silvia María, hoy madre de dos bellos hijos: Don Tomás y Doña Elena. Los claros carismas de Aurita de Gutiérrez le tocaron el corazón a Xio y ella me dijo: «te tengo que llevar hermanito», a lo cual yo asentí …

… Llegamos el siguiente viernes a un garaje en donde ya se escuchaban cánticos de alabanza, a veces algo desafinados, pero, en verdad, llenos de una alegría palpable—Y bueno, ¿quién soy yo para hablar de afinaciones si ya ustedes han escuchado mis múltiples deficiencias de canto en estas campanitas? El hecho es que hicimos una elipse en la periferia del salón, una treintena de personas, y en un momento dado se nos dijo que rotáramos hacia la izquierda—90 grados, aunque así no se dijo—y que rezáramos por quien teníamos enfrente. Recuerdo que me tocó un hombre más bajito que yo y vestido elegantemente con saco y corbata, el cual rezó por mí cuando nos dijeron que nos diéramos vuelta. En la primera orientación, una señora, Teresita Calderón su nombre, rezó por mí y percibió cosas bonitas, tanto que me instó a que fuera adelante al final del servicio de oración para que Aurita también orara por mí.

Di un paso al frente conjuntamente con mi hermana Xiomara y esperé mi turno. Después de varios minutos, finalmente llegó el momento y me senté en una silla plástica, tal y como me lo indicaron. Aurita, con los ojos llenos de dulzura, me dijo pusiera las manos hacia arriba y no con las palmas hacia abajo como las tenía, y después de preguntarme mi nombre procedió a bautizarme. Ella repitió la conjura trinitaria esencial y esto me pareció extraño pues me sabía bautizado. De pronto, acompañados todos los allí presentes por lágrimas que no podíamos reprimir, ella empezó a repetir emocionada y llorando a su vez: «¡Gracias Señor, qué lindo, qué lindo!» y me dijo: «¡Dios te da el don de entender la Palabra y hablar de ella, vas a ir por el mundo predicando el Evangelio, y vas a sanar con las manos!».

En este instante, años después, brotan de mí nuevamente lágrimas agradecidas, las cuales acompañaron y acompañan la fragilidad de ese recuerdo especial, y es que, a pesar de mi pecado, algunas de esas palabras del Espíritu de Dios se han satisfecho en mí, así muchas veces me ha parecido, en medio de mis dificultades, soledades, rechazos, y silencios, que aún me falta mucho para cumplir con la totalidad de la profecía.

Ese fue un día muy singular y cuando llegamos a almorzar al apartamento de mi papá Puentecito y nuestra querida Connie, mi hermana se conmovió tanto que no pudo contar lo que había sucedido, como era expresamente su deseo. Ese día, Dios refrendó bellamente que yo no estaba del todo mal de la cabeza y fue el comienzo de mi amistad con mi «madrina espiritual», a quien echo de menos, pues subió al cielo sin que pudiera despedirme. Aurita siempre rezó por mí desde aquel día, me daba estupendos consejos cuando la llamaba, y me organizó conferencias improbables hasta en su propia casa, unas que recuerdo con alegría, pues ante la escasez de recursos, dos personas sostenían pliegos de papel mientras yo explicaba acerca de higueras de fe, que el Espíritu Santo clarificaba más allá de las dificultosas matemáticas del caos …

… ¿Qué más decir en esta última campanita? Para atar bien los cabos, debo contarles un poco más acerca del número 8, el cual ya han visto retratado en rosetones hermosos color sangre—acaso la de Cristo—, el color preferido de mi papá Puentecito quien como médico reconocía que sin sangre no había vida. El 8 es el mismísimo infinito rotado y así ¡cuán bello es mi número y también el de ustedes y cuán preciosa la sangre que nos provee vida eterna!

Resulta que en las matemáticas que inspiraron mi conversión y tal y como está explicado aquí, existe un diagrama que muestra de dónde emana, puntito a puntito, un alambre fractal. Si lo recuerdan, o no (no importa mucho), el objeto en cuestión se muestra de nuevo a continuación y proviene de reiterar dos reglas, una que opera hacia la izquierda (en azul) y otra hacia la derecha (en rojo):

Sucede que un buen día pensé que este dibujo podía usarse para meditar acerca del matrimonio, ¡vaya ingenio extraño que Dios me ha regalado para hacer un puente entre cosas que acaso no deberían estar relacionadas! Después de todo y para hacerme entender, los aros pequeños a los lados eran como los dos cónyuges—hombre y mujer, claro—y ellos, al unirse en el medio arriba, dotaban vida en potencias de dos, a la izquierda y a la derecha (o a la derecha y a la izquierda), como en la división progresiva de las células.

Una vez me adentré en el Evangelio, aprendí lo poco y mucho que Jesús había dicho al respecto del bello Sacramento (Mt 19:4—6), y el que dos ya no fuesen dos sino uno (1 + 1 = 1) me hizo pensar en cómo modificar el diagrama que claramente no funcionaba bien al contener los aros separados. Así, utilizando la imaginación y moldeando el objeto como si fuera de plastilina, uní los dos círculos pequeños que debían ser exactamente del mismo tamaño y deberían rotar cambiando de color y hacia el futuro, acorde con las manecillas del reloj como en el espiral amoroso del número 9—vaya profundidad nada trivial en estas aseveraciones verdaderas e imposibles de cumplir sino sólo en Jesús mismo, no por azar el de la nona—, y todo se convirtió como en un muñeco de nieve patas arriba, en el que observaba la unión de los esposos en la tierra en la cruz debajo (¡la del matrimonio denotando un puntito, cual recuerdo de la requerida santidad!) y la eventual reunión otra vez en el cielo en la cruz de arriba (en otro puntito definido por la salvación proveída por Cristo), pero esta vez yendo cada uno por separado, como suele suceder:

En verdad me gustó el trabajo deductivo y así estuvo archivado por un buen tiempo hasta que mi sobrino Andrés Camilo hermano de Silvia María, entonces de cuatro años, vio allí un claro número 8 que estoy seguro ustedes también ven ya imaginando dos círculos iguales. ¡Vaya, la voz que escuché en inglés era un recuerdo del infinito, o el alef esbozado en las matemáticas y allí estaban lecciones importantes para la felicidad conyugal! Acaso sobra decir que en esos instantes terminé de rodillas y llorando de gozo ante la aclaración evidente de quien hoy es ya el padre de un bello niño, Don Vicente.

Y la alabanza continuó después, y hasta estos días, cuando supe que el nombre en griego de aquel que me salvó, Iησουσ se traduce en 888, o sea tres infinitos. ¡Dios es muy grande, diría emocionada mi abuelita Fanny! …

… Esta emotiva campanita surge de mí cuando celebramos la infinita u octava de Pascua, la majestuosa Pascua de Resurrección que anuncia el triunfo del amor sobre la muerte y que al ser aceptada le da fecundidad a nuestro dolor.

Esta campanita incluye dos nuevas canciones y una poesía que expresan un poco más mi creencia e intentos de fe, estos últimos recalcando en la poesía que aún me hallo lejos de santo. Las tonadas se llaman «No hay más nada» y «Apostándole al Reino» y la poesía «Lo veo venir». Mientras que la primera canción reitera que el amor de Cristo lo es todo para mí, la segunda expresa vivencias experimentales de crecimiento espiritual, las cuales se resumen como realidades eventuales en la poesía final, llena de intentos y sueños.

Finalmente, la última entrada al blog concluye con dos videos adicionales. El primero, un bello regalo de Víctor Peñaranda y David Serrano, «nieto» y «bisnieto» míos en la ciencia—por medio de mi «hijo» Nelson Obregón—, quienes convocaron a los músicos José Luis Rodríguez, Fernando Remolina, Oscar Carreño y Gerardo Crespo a interpretar una versión de mi canción «La Transformación«.  Y el segundo, un video de mi canción «El capullo» acompañada por mi toque de bongó, como un preámbulo de Shanti Setú …

… Convidándolos a descargar y leer mi artículo reciente «De la ciencia de la complejidad al amor de Jesús» como un resumen de estas campanitas y a visitar ahora y en el futuro la página conferencias en donde residirán diversas charlas, deseo darles las gracias a ustedes mis lectores amigos por haberme apoyado y acompañado en estos 42 meses, curiosamente los mismos tres años y medio de tiempos malos por venir una vez se manifieste el feroz maligno (Ap 13:5), algo acaso cercano cual expresado en la campanita anterior y cantado también aquí.

Ciertamente, le pido a Dios que lo aquí expuesto haya sido edificante para algunos y le sirva en el futuro de legado a mis hijas Cristina y Mariana; a los hijos de mi hermana Patricia: Juan Carlos y sus hijos Don Juan Esteban y Don Jerónimo e Illya y un bello bebé por llegar; a las hijas de mi hermano William, hijo adoptivo del mismo Topa del color rojo: María Camila y Valeria felizmente casadas pero aún sin hijos; y a los ya nombrados hijos de mi hermana Xiomara y sus hijos; y, claro está, todas las respectivas familias.

Aunque el blog seguirá estando activo para que ojalá algunos lo puedan descubrir, prometo no molestarlos más con mis correos electrónicos, excepto para dejarles saber que alguna canción de Shanti Setú ya suena un poco mejor. Y esto de modo que pueda seguir invitándolos, Dios permita pronto, a una gran fiesta, una que espero bailemos haciendo una rueda, como si fueran ocho pares de piernas, claro ha de estar …

¡Que el festejo de la infinita de Pascua sea el mejor y se aprecie su Divina Misericordia!

¡Jesús en verdad resucitó y mató a la muerte! ¡ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA!

¿Quién como Dios? ¡Nadie como Dios!

Gracias nuevamente…

NO HAY MÁS NADA

Para seguir resumiendo…

Shanti Setú…

No hay más nada para mí,
todo lo cubre,
todo lo abarca,
todo lo une.

¡Así es!

No hay más nada para mí,
todo lo suple,
todo lo enmarca,
todo lo pule.

Una vez sentí un ardor
supe de la claridad,
la Palabra vino a mí
sembrando su realidad.

Desde que oí una voz
misteriosa por su alef,
la promesa llegó a mí
animando mi entender.

No hay más nada para mí,
todo lo cubre,
todo lo abarca,
todo lo une.

¡Es verdad!

No hay más nada para mí,
todo lo suple,
todo lo enmarca,
todo lo pule.

Con el tiempo pude ver
consonancias del amor,
mil razones a mi fe
y semillas de canción.

Poco a poco vi crecer
alegorías a la unión,
real remedio a mi sed
y galardones de oración.

No hay más nada para mí,
todo lo cubre,
todo lo abarca,
todo lo une.

¡En serio!

No hay más nada para mí,
todo lo suple,
todo lo enmarca,
todo lo pule.

Puente de paz…

Hoy pregono con fervor:
caos podrido no oscurece el sol,
el amor puro siempre es ganador,
y si te entregas recibes su don.

Ay repito con rigor:
simple cascada rasga el corazón,
sin conversión se pierde la razón,
sólo su gracia dota bendición.

Hoy explico con valor:
ley de potencia dota desazón,
la cruz divina es la solución,
el cielo llama, es tu decisión.

Así que…

Únete a gran serenata
ay no pierdas tu basa,
decídete, tú tienes la llave
ay su verdad encanta.

Únete a la serenata
ay no pierdas tu basa,
ay únete, ve al 9 de lleno
ay su dulzura sana.

Únete a gran serenata
ay no pierdas tu basa,
decídete, tu sitio en el cielo
ay no pierdas tu casa.

Shanti Setú…

Únete a la serenata
ay no pierdas tu casa.

Ama a amigo y enemigo para entrar,
enmienda bien tus faltas…

Únete a la serenata
ay no pierdas tu casa.

X = Y, el hijo fiel,
la mejor serenata…

Únete a la serenata
ay no pierdas tu casa.

Ven y canta, te digo Él es el Rey,
su amor ay siempre gana…

Únete a la serenata
ay no pierdas tu casa.

Y con María, la Reina y tu mamá,
aprende de su gracia…

Puente de paz…

Únete a gran serenata
ay no pierdas tu basa,
decídete, tú tienes la llave
ay su verdad encanta.

Únete a la serenata
ay no pierdas tu basa,
ay únete, ve al 9 de lleno
ay su dulzura sana.

Únete a gran serenata
ay no pierdas tu basa,
decídete, tu sitio en el cielo
ay no pierdas tu casa.

Shanti Setú…

Que no haya más nada para ti,
que todo lo cubra,
todo lo abarque,
y todo lo una.

¡Ay ojalá!

Que no haya más nada para ti,
que todo lo supla,
todo lo enmarque,
y todo lo pula.

¡Que sea Cristo!

(Mayo 2006/Marzo 2021)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

APOSTÁNDOLE AL REINO

Jugando a ganar…

Acumulando la poesía,
sembrando la alegría,
intentando la armonía,
y evitando la agonía. (2)

Vivo hoy
esperando lo cierto,
ando hoy
amasando el consuelo.

Vivo hoy
retomando mí sueño,
ando hoy
apostándole al Reino.

Acumulando la poesía,
sembrando la alegría,
intentando la armonía,
y evitando la agonía. (2)

Vivo hoy
pregonando en desierto,
ando hoy
esperando en silencio.

Vivo hoy
anhelando ser siervo,
ando hoy
remontándome al cielo.

Acumulando la poesía,
sembrando la alegría,
intentando la armonía,
y evitando la agonía. (2)

Vivo hoy
añorando buen premio,
ando hoy
adentrándome al verso.

Vivo hoy
confiado en el Trino,
ando hoy
creciendo al destino.

Acumulando la poesía,
sembrando la alegría,
intentando la armonía,
y evitando la agonía. (2)

Sal ya raíz de dos…

(Mayo 2000/Marzo 2021)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

LO VEO VENIR

De verdad, lo veo…

Muchas veces lo he creído…

A veces parece
que viene el encanto,
y al final se escapa
y es sólo adelanto.

A veces el sueño
surge de lo alto,
y un símbolo bueno
se marcha sin mando.

A veces parece
que llega fiel manto,
y presto se aleja
dejándome intacto.

A veces el sueño
trina sin quebranto,
y un verso sincero
se aleja sin pacto.

A veces parece
que emana la flor,
y pasa el instante
y sigue el verdor.

A veces el sueño
se nutre de ardor,
y fluye un todavía
sangrando mi amor.

A veces parece
que ya voy armando,
y empleo otra pieza
que no es de lo alto.

A veces el sueño
se empina llegando,
y vivo y comprendo:
¡cuán lejos de santo!

Pero, a pesar de todo…

La vida regala
su verso febril,
se acerca mi sueño
lo veo venir.

La campana escribe
su canto sutil,
ya llega lo bello
lo veo surgir.

La luz engalana
su aurora gentil,
se acerca mi sueño
lo veo venir.

La higuera ay esboza
lo recto hasta el fin,
ya llega lo bello
lo veo surgir.

Un capullo abre
galante en abril,
se acerca mi sueño
lo veo venir.

La raíz divina
augura un festín,
ya llega lo bello
lo veo surgir.

Clarito, en silencio
lo puedo sentir,
se acerca buen sueño
la veo venir.

Paciente, seguro
cual fiel colibrí,
ay llega lo bello
va pronto a surgir.

Y lo sigo viendo…

(Marzo/Agosto 2002/Febrero 2021/Abril 2021)

La poesía se puede escuchar aquí…

El video de «La transformación» se puede observar aquí…

El video de «El capullo» se puede observar aquí…

 

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