Pentecostés siempre es

Tal y como lo relatan las Sagradas Escrituras y como fue resumido en la campanita anterior, Jesús ascendió al cielo cuarenta días después de su resurrección (Hch 1:3) y los discípulos oraron desde entonces, incluida María Santísima (Hch 1:12—14), hasta que vino del cielo el Espíritu Santo con sus lenguas de fuego diez días después, es decir en Pentecostés, 40 + 10, (Hch 2:1—4). Fue así como los seguidores del Señor celebraron una novena de oración, del día 40 al 49 después de la Pascua, o acaso rezaron diez días continuos, lo cual, al final, es simbólicamente lo mismo, pues 10 = 9.999….

Cual expresado ya en otras campanitas, unas que acaso vale la pena releer o considerar si no lo han hecho aún, la presencia del número nueve no es enteramente arbitraria. Después de todo, Jesús murió por nosotros, extendiendo sus brazos en la cruz, X = Y, precisamente a la hora nona (las tres de la tarde) (Mc 15:33) y el espiral positivo del nueve, en coordenadas polares, bien expresa el mismo flujo del amor que el Espíritu Santo tiene, el cual, al salir de sí, da lugar al número exponencial e, deducido a partir del famoso discurso de Jesús acerca de la vid y los sarmientos (Jn 15:1—10).

Ciertamente, el “calcular” bien el amor, válido en el integrar sin diferencias de la función exponencial—es decir, sumando con todos y sin dejar nadie afuera (Jn 13:34), está reflejado en el mismo llamado que Jesús nos hace hacia la santidad del Padre (Mt 5:48), la única condición que dota la unidad con Él (y en nosotros mismos) por medio del Espíritu de amor, el 9, en la bella y profunda ecuación:


Efectivamente, el nueve, con la misma dirección hacia afuera que e, se contrapone al seis diabólico, negativo y egoísta, y cuando Jesús nos dice que nos abandonemos y tomemos su cruz (Mt 16:24), no solo se refiere a los sufrimientos prescritos al seguirlo u otras vicisitudes de la vida, sino también a que a lo largo de nuestra existencia debemos escoger bien: evitando el menos en favor del más, para seguirlo en amor y en verdad

… En efecto, todo esto aplica a todos los días y, así, Pentecostés siempre es. Y el fuego amoroso del Espíritu, cual una exótica flor sorpresiva y a la vez consistente, siempre consistente, se refleja en las experiencias místicas cotidianas y ejemplares del agua viva de los Santos (Jn 7:38), lo cual también se observa en otras coincidencias nonas vitales para el día a día.

Por ejemplo, y muy seguramente no por azar, las bienaventuranzas que definen bendiciones divinas a nosotros dependiendo de nuestras buenas acciones, a: los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia, y los que sean injuriados y perseguidos por causa de Jesús (Mt 5: 3—12), son precisamente nueve y el fruto mismo del Espíritu Santo (en singular) es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí (Ga 5:22—23), nuevamente el mismo número de componentes, o sea nueve.

Todo esto es curioso y ciertamente bello cual un reinado de nueves, como lo es el que los apóstoles Pedro y Juan, llenos del Espíritu Santo, hayan hecho el primer milagro de la naciente Iglesia—la sanación de un tullido que sin duda me simboliza—a la misma hora nona del amor:

“En cierta ocasión, Pedro y Juan subieron al Templo para la oración de la hora de nona. Había allí un hombre tullido desde su nacimiento, al que llevaban y ponían todos los días junto a la puerta del Templo llamada Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban. El tullido, al ver a Pedro y a Juan que iban a entrar en el Templo, les pidió una limosna. Pedro, fijando en él la mirada juntamente con Juan, le dijo: ‘Míranos’. Él se quedó mirándolos fijamente, esperando recibir algo de ellos. Pedro le dijo: ‘No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te lo doy: En nombre de Jesucristo, el Nazoreo, echa a andar.‘ Y tomándole de la mano derecha, lo levantó. Al instante sus pies y tobillos cobraron fuerza, y de un salto se enderezó y se puso a andar. Entró con ellos en el Templo andando, saltando y alabando a Dios. Toda la gente que vio cómo andaba empezó a alabar a Dios; y, al darse cuenta que era el mismo que pedía limosna sentado junto a la puerta Hermosa del Templo, se quedaron estupefactos y asombrados por lo que le había sucedido” (Hch 3:1—10).

Así pues, para festejar, ojalá con el mismo asombro de antaño, la gran efeméride de la venida del Espíritu Santo, los invito a fijar su mirada y atención en la canción a continuación llamada “Recuerdo tierno”, una relacionada con experiencias improbables y dos composiciones mías acerca de capullos y rosas. Ésta está inspirada por un bello bolero de mi niñez, en el que un enamorado le pedía al rocío que cayera despacito para que no despertara a su amada.

Y más allá de mi propia inspiración, al final también los convido a alabar a Dios escuchando, con el debido permiso del artista, una significativa canción para la ocasión llamada “La llama de amor viva”. Ésta, hecha “como Dios manda” y dotando de esperanza a Shanti Setú, es una obra que siempre me produce escalofrío cuando la oigo, especialmente cuando me uno a su son sumando mis bongós. Ella es una inspirada versión musical del comienzo de la famosa poesía del místico San Juan de la Cruz, arreglada e interpretada al piano por mi amigo José María Vitier y cantada por Cecilia Todd.

¡Feliz día de Pentecostés! ¡Ven Espíritu Santo y renueva la faz de la tierra!

RECUERDO TIERNO

Inspirado por Miltinho

Se posó tu llama oh Señor
como un recuerdo tierno,
se posó tu verso oh Señor
y un capullo se va abriendo.

Ay anida siempre suavecito
para que el goce sea eterno,
ay anida presto, cual besito,
que sin tu luz, ay yo me pierdo.

Ven llama no te vayas
ay pódame, ay Dios,
ven canta tu tonada,
no te escapes, oh mi amor,
llena todo con tu fe anhelada.

Ay llama guía todo,
todo mi amor,
se tú mi buen mañana,
no te vayas, quédate,
oh sustento de mi vida sana,
¡oh sustento de mi vida clara!

(Abril 2005)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Y “La llama de amor viva” de San Juan de la Cruz y José María Vitier del álbum “Canciones del buen amor” está aquí…

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Fiesta en el cielo

Celebramos con alegría y con debido asombro uno de los eventos más espectaculares de la vida de Jesús: su ascensión al cielo.

Tal y como lo relata el Evangelio según San Juan, el primer discípulo en saber acerca del suceso, y de una forma profética, fue Natanael, quien, además de ser un israelita de verdad, fue visto por Él bajo la enigmática higuera. El emocionante relato dice:

Felipe encontró a Natanael y le dijo: ‘Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas; es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.’ Le respondió Natanael: ‘¿De Nazaret puede haber cosa buena?’ Le dijo Felipe: ‘Ven y lo verás.’ Cuando vio Jesús que se acercaba Natanael, dijo de él: ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.’ Natanael le preguntó: ‘¿De qué me conoces?’ Respondió Jesús: ‘Te vi cuando estabas debajo de la higuera, antes de que Felipe te llamara.’ Le respondió Natanael: ‘Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.’ Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y añadió: ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre‘ ” (Jn 1:45—51).

El evento en sí, sucedido varios años después y cuarenta días después de la resurrección del Mesías (Hch 1:3), está relatado en el Evangelio según San Lucas y en los Hechos de los Apóstoles de la siguiente manera:

“Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén llenos de alegría” (Lc 24:50—52).

“Fue levantado en presencia de ellos, y una nube lo ocultó a sus ojos. Mientras ellos estaban mirando fijamente al cielo, viendo cómo se iba, se les presentaron de pronto dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: ‘Galileos, ¿por qué permanecéis mirando al cielo? Este Jesús, que de entre vosotros ha sido llevado al cielo, volverá tal como lo habéis visto marchar‘ ” (Hch 1:9—11).

Aunque acaso no se comprenda a primera vista, las citas bíblicas usadas aquí están relacionadas de una manera coherente por el color utilizado. Por ejemplo, el azul del cielo y de Jesús y el verde de los higos se entrelazan, pues Betania, cerca de donde Jesús subió al cielo, quiere decir casa de higos en arameo. Y es que la conexión va más allá, pues dicho sitio es también el mismo en donde Él pasó la noche después de entrar a Jerusalén montado en un burrito, para luego volver a la ciudad, no sin antes maldecir y secar una higuera que acaso no tenía la culpa de no tener higos, pues no estaba en estación (Mc 11:12—14, 20—23).

El color magenta también aparece de una forma congruente y ligado con la simbólica higuera, pues lo que dijeron los dos hombres vestidos de blanco—con ese color para que puedan verse—se relaciona, a su vez, con el retorno de Jesús, cuando Él dijo, por ejemplo, en el Evangelio según San Marcos:

“De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que Él está cerca, a las puertas. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mc 13:28—31).

¡Vaya concordancias coloreadas las de la higuera con la ascensión—claramente en anaranjado—y también con el retorno de Jesús, y con Natanael y los demás discípulos, a su vez, unidos todos hasta nuestros días por la feen un tono marrón! Pues, por el lado opuesto, Adán y Eva—en rojo al pasarse el semáforo que no debían como lo hizo el maligno—intentaron cubrir infructuosamente el polvo de su pecado con hojas de higuera (Gn 3:7), y, también, no pocos seres modernos optan por no reconocer a Jesús y los símbolos de los que Él habló, en aras de acoger algo que suena bello, pero que no está así descrito en la Palabra: una unidad de Dios con todos, a como dé lugar, y sin excepciones.

Si no lo han hecho aún, los invito a considerar las campanitas “Hablemos de caos“, “La realidad del infierno” y “La higuera improbable“. Aunque lo que está allí no es trivial y toma su tiempo entenderlo, su mensaje es muy bello y provechoso, pues allí se muestra, a partir de una higuera moderna de la ciencia—¡así lo creo, en verde!—, que Jesús es la puerta angosta y que sólo por Él, con Él  y el Él podemos aspirar a ir a una gran fiesta real, que también nos podemos perder, simplemente por tontos.

Esta repetición de tres veces Jesús resulta ser no sólo un trabalenguas bonito y conocido, sino pura verdad Eucarística, tal y como se explica en la popular campanita “La sorpresa exponencial“, aunque primen en las explicaciones las matemáticas y la geometría, además de la Palabra

…  Jesús subió al cielo, en particular, para preparar mansiones a sus fieles seguidores (Jn 14:2), los cuales estarán presentes, al final de los tiempos, en la fiesta que cuenta: la majestuosa boda de la Iglesia verdadera con Él, el Cordero de Dios, quien vino a salvarnos (Ap 19:5—10). ¡Vaya celebración la que nos espera! Pero, en medio de la alegría y la anticipación, surgen tres preguntas: ¿Estaremos celebrando todos, toditos, todos, o sólo unos elegidos? ¿Será que el infierno es solamente un cuento y nadie terminará sufriendo allí contrario a lo que dejó ver María en Fátima? ¿Será que esto, y todo lo demás que estoy intentando mostrar por medio de estas campanitas es simplemente una suprema tontería?

Como es bien sabido, Jesús advirtió que no era menester de los apóstoles, incluidos Felipe y Natanael, el saber, en ese momento, cuándo retornaría Él (Hch 1:6—7), y más bien los instó a recibir el Espíritu Santo que les enseñaría todo y les recordaría todo lo que Él había dicho (Jn 14:26), de modo que ellos—y nosotros—pudiéramos llegar a ser testigos suyos hasta todos los confines de la tierra (Hch 1: 8).

Aunque el mensaje de amor pleno de Jesús ha sido, es y siempre será el mismo, la historia ha continuado desde que Él ascendió y, así, creo que es menester, hoy por hoy, leer los signos—los que Él mismo definió para darnos guía—de modo que estemos debidamente preparados cuando Él regrese. Pues, como se ha explicado en la campanita “Más señales y el lucero pleno“, tanto en una higuera moderna de la física del caos como en otras señales en la ciencia y en otros ámbitos verdaderos—cual fieles semáforos en verde—se pueden reconocer recordatorios esenciales que es prudente tener en cuenta, así la fecha exacta sea desconocida.

Aunque las conexiones resumidas aquí son ciertamente insospechadas, desecharlas pensando que nada bueno hacia la fe puede provenir de la ciencia, es ciertamente incoherente con la grandeza de Dios, como lo es decir que nada bueno puede salir de una pequeña ciudad universitaria llamada Davis.  Y es que negar el poder del Espíritu Santo, a su vez, es también un gran despropósito, pues, si Él lo quiere, Él puede enseñar y/o recordar a quien quiera, incluido un laico e hidrólogo que intenta comunicarse—hasta con el color del agua, ¡claro!.  En medio de esta reflexión, creo que es pertinente darle un eco largo a las palabras del apóstol Felipe—con la debida proporción—para invitar a mis lectores con humildad: “si no crees que hace sentido, estudia las campanitas despacio, y verás que sí“.

Tal y como le escribí al Papa Francisco—¡el azul aquí siempre debe ser su color!—, en una carta que sé él leyó, la higuera de la ciencia satisface unos misterios dignos de consideración y oración que se pueden compartir hasta en un Santo Rosario. Es verdad, y acaso todo llega de dónde no debería suceder, pero desde allí, desde lo puro, se vislumbra a Jesús, el único, X = Y, invitándonos al cielo y recordándonos, a su vez, con todo amor, Su comisión vital:

Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará” (Mc 16:15—16).

Sabiendo muy bien que la invitación suscrita a mí para participar en la fiesta eterna, la única que en verdad cuenta, ha sido escrita con la sangre bendita de mi Señor (Ap 19:8), entono, arrepentido de mi pecado y con un júbilo real y respetuosamente “proselitista“, la canción que viene a continuación.

¡Bendito sea Jesús quien subió al cielo y regresará, acaso pronto!

FIESTA ETERNA

Subió al cielo y es preámbulo…

Inspirada por Luis “Perico” Ortiz

Fiesta eterna,
ay la que cuenta,
gozo santo,
con baile y canto.

Fiesta eterna,
ay la que cuenta,
gozo santo,
con baile y canto.

En el amor tú lo hallas todo:
te unes al coro.

Con el amor no te falta nada:
bailas mañana.

Fiesta eterna,
(oye mi amigo, repara ya)
ay la que cuenta,
gozo santo,
(sanando el quebranto)
con baile y canto.

En la verdad vences to’ lo oscuro:
cantas seguro.

Con la verdad y sabiduría:
bailas el día.

Fiesta eterna,
ay la que cuenta,
gozo santo,
con baile y canto.

Shanti Setú…

Fiesta eterna,
no te la pierdas,
gozo santo,
con baile y canto.

Ay sólo en Cristo lo hallas todo:
te unes al coro.

Con su amor no te falta nada:
bailas mañana.

Fiesta eterna,
(oye mi amigo, vente pa’cá’)
no te la pierdas,
gozo santo,
(con las manos pa’rriba)
con baile y canto.

Ay sólo en Cristo vences lo oscuro:
cantas seguro.

Con su verdad y sabiduría:
bailas el día.

Fiesta eterna,
no te la pierdas,
gozo santo,
con baile y canto.

Puente de paz…

Fiesta eterna,
no te la pierdas,
gozo santo,
con baile y canto.

(Noviembre 1999 / Mayo 2019)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Y ¿qué pasó con Silvio?

Para festejar mis 30 años de vida espiritual, hace pocas semanas llevé a cabo un bello viaje por mi patria. Tal y como está relatado en la campanita anterior, además de compartir dieciséis conferencias durante mi estancia, fui entrevistado dos veces en el programa “Construyendo Sociedad” de la emisora de la Universidad Piloto de Colombia.

En la segunda de dichas entrevistas, realizada por mi amigo Felipe Santamaría, conté cómo se forjó un proyecto de canción que se ha convertido en un sueño vital, este es, el llegar a constituir una gran banda Shanti Setú para cantarle al Señor un canto nuevo. Como lo pueden escuchar a continuación, si se toman una hora para hacerlo—oh intervalo larguísimo que no tenemos en estos tristes tiempos modernos—, el diálogo se centró en mi amor desde niño por la música cubana y, en particular, en mi interacción con los grandes músicos Silvio Rodríguez y José María Vitier.

Ya aquí en el blog habían sido citados estos dos artistas. Mientras Silvio apareció en el primer escrito como el buen “culpable” de mis intentos de canción—y esto en virtud a un silencio no acordado de su parte luego de que lo conociera en La Habana en 1995, José María afloró en el relato de mi regreso a la isla—cuando en el año 2002 participé en un primer congreso internacional acerca de la teoría de la complejidad y tuve la buena fortuna de conocerlo conjuntamente con su esposa Silvia.

Si oyen la simpática entrevista o si leen las dos campanitas acabadas de citar, notarán que no está descrito lo que sucedió cuando tuve la oportunidad de volver a ver a Silvio. De aquí surge el nombre de esta campanita que continúa con la historia …

… En efecto, en enero del año 2004, ¡cómo pasa el tiempo!, volví a Cuba al segundo congreso bi-anual acerca de la complejidad y, contrario a lo sucedido dos años atrás, esta vez Silvio si estuvo y así pudimos tener un bello encuentro.

Nos reunimos en el vestíbulo de mi hotel situado en el centro de convenciones en donde se realizaba el congreso. Allí compartimos por cuatro horas seguidas y sin interrupción, salvo para tomarnos un refresco al final. Después de un saludo fraternal y mis felicitaciones, pues él acababa de ser papá y abuelo a la vez, empezamos a entrar en calor y muy pronto el tema de conversación fue “el creer o no creer”, en Dios claro.

Una vez se definió la temática esencial, él lo primero que me dijo, de una forma serena y firme, fue que no creía, a lo cual repliqué, instintivamente, que yo sí. A mí, en verdad, me tomó por sorpresa su afirmación, pues por años me alimentaba de concordancias directas entre muchas de sus canciones y la temática del amor divino. ¿Qué querría decir él entonces en sus composiciones “¿Qué hago ahora?”, “Sólo el amor”, “El reparador de sueños” y en muchas más? ¿No era a Jesús a quién había hallado y quien ahora lo era todo para él? ¿No era acaso el amor que cambia en milagro el barro el mismo del Dios creador? ¿No era nuevamente Jesús ese “enanito” que hacía su mejor tarea llevándolo todo a su propia luz?

Él me dijo que ciertamente había leído la Biblia desde niño y que eso seguramente lo influenciaba y, para no desvirtuar mi presunción, recalcó que existían otras personas conocidas suyas que también creían, equivocadamente, que él creía.

Habiéndole llevado copias recientes de mis libros, en adelante me adentré en el mensaje de La Higuera & La Campana para contarle, en particular, cómo, a partir de la ciencia moderna y de una forma coherente con su canción “Tocando Fondo”, había experimentado una epifanía real que cambió mi vida. Nuestra conversación sucedió despacio y él le prestó toda su atención. De mi parte me esmeré para que él pudiera comprender las explicaciones matemáticas y físicas, sabiendo que él no tendría problema alguno en identificar los símbolos comunes en mi trabajo y en el suyo. Recuerdo bien cómo todo fluyó bellamente en un “toma y dame” respetuoso y profundo.

Empleando las ayudas visuales en mi libro, nos adentramos en los apartes más importantes, capítulo a capítulo. Fue así como estudiamos las cascadas multiplicativas diabólicas de la turbulencia natural, la ecuación logística para comprender el caos infernal en el calentamiento excesivo de los fluidos, y una transformación renovadora y vital capaz de vencer la muerte y llevarlo todo hacia el infinito en una campana singular. Hablamos de aguaceros apocalípticos inspirados por una higuera caótica de la ciencia, como en sus canciones “El vigía”, “Rabo de Nube”, “Y tantos huesos chocarán” y “El día feliz que está llegando”; ponderamos los signos esenciales y la victoria del más sobre el menos y del equilibrio sobre la turbulencia, como en sus obras “¿Qué signo lleva el amor?”, “Canto arena”, “La maza”, “Entre el espanto y la ternura” y “Lo de más”; consideramos la mentira inherente en las inmensas desigualdades en el mundo y su origen diabólico, entendido en su “El viento eres tú” y “Quiero cantarte un beso”; y yo le dije, acaso no en el encuentro sino antes o después, que creía que la Madre que caminaba codo a codo con su clan en su “Cuando digo futuro” era en efecto la Virgen María, la Lupe, la Guadalupana, la rosa, a quien veía también en sus “Casiopea”, “En estos días” y “En el jardín de la noche”.

Cubrimos bastante territorio y al final exaltamos la preeminencia del amor, de mi parte entendido como el de Jesús entregado por nosotros, y de la suya en el mismo “Jerusalén año cero” que él cita y que percibo en varios de sus hermosos himnos como “Por quién merece amor” y “Con un poco de amor”. El encuentro fue, sin duda, muy bonito y estoy seguro que, al haber sido diferente e inesperado, también fue muy especial para él. Entiendo que apreció la forma, así hubiera sido extraña a partir de la ciencia, en que sucedieron mi conversión y epifanía, pues cuando pocos meses después le relaté ese mismo testimonio al Nobel José Saramago y le envié una copia, él reconoció que eso era precisamente de lo que habíamos hablado.

A veces, cuando comparto conferencias acerca de “La Hipotenusa”—cuya temática aparece en las campanitas Jesús, el equilibrio y Jesús, la hipotenusa—opto por nombrar al trovador para lograr una mayor atención en la audiencia. Y es que allí aprovecho para decir que él exclamó vigorosamente “¡qué nombre tan bien puesto!” cuando entendió en La Habana lo que eran “las escaleras del diablo”.

El encuentro pospuesto por casi diez años concluyó con un largo apretón de manos en medio del cual le dije que creía que él estaba muy cerca de creer—¡valga el juego de palabras! Él me respondió diciendo “pudiera ser…” o “acaso ser…”, lo cual yo no sabía era parte de su canción “Qué sé yo” que estaba contenida en su último y estupendo álbum “Cita con Ángeles” que me acababa de regalar y que, por ende, aún no conocía …

… Al regresar a casa, contento por haber compartido las buenas nuevas de nuestra salvación con mi trovador-—¡no poca cosa!—, me valí de diversas canciones del gran Silvio para escribir una larga poesía-canción “Creí que creías” que intenta explicar que mi “confusión” no había sido solamente un acto de locura, así sea cierto que mi canción favorita de él sea precisamente “Locuras”.

Mi composición, cual un agradecido homenaje, se encuentra a continuación y puede ser leída y/o escuchada sin canto. Ella sigue, línea por línea, y estrofa por estrofa, el orden progresivo de las 71 canciones que se encuentran aquí, en una lista bellamente elaborada por mi amiga Sharel Charry. Esta colección puede escucharse en cualquier orden, claro está,  y representa, al final, sólo una muestra de la gran producción del cantautor que ha acompañado con su especial lirismo y profundidad a no pocos, o sea a muchos, que no expresa exactamente lo mismo, pero es igual.

CREÍ QUE CREÍAS

Para mi buen trovador

Creí que creías
por miles amores,
por signo olvidado,
¡oh trino al destino!,
por flores, colores
y días con abrigo…

Creí que creías
por hallar la risa,
por roca cantora,
¡oh mentira prima!,
por arena buena
sin viento de prisa…

Creí que creías
por mujer y estrella,
por deseo y semilla,
¡oh hijo y el padre!,
por rosa en la noche
su clan y esa silla…

Creí que creías
por huesos chocando,
por honda tonada,
¡oh llanto de muerte!,
por luz y su cielo
intactos, conscientes…

Creí que creías
por rancio problema,
por alas, ternuras,
¡oh señas del alma!,
por besos cantados
y duendes en calma…

Creí que creías
por sueño lanzado,
por sana locura,
¡oh Dios y su acto!,
por enanito en tierra
secando tu llanto…

Creí que creías
por verbo despierto,
por amor sangrado,
¡oh Rey y su año!,
por ojalá encarnado
vigía del rebaño…

Creí que creías
por tus coordenadas,
por verano terrible,
¡oh serpiente arpía!,
por singular caricia
y un después, todavía…

Creí que creías
por tu tocar fondo,
por ave a las doce,
¡oh noche de Juan!,
por maza, silencio
y causa sin azar…

Creí que creías
por virtud en juego,
por toda esperanza,
¡oh rocío eterno!,
por eso encontrado
en Biblia y empeño…

Creí que creías
por hueso y cincel,
por abismo dulce,
¡oh lucero aquel!,
por mañana terca
acaso con él…

Creí que creías
por agua y aurora,
por amistad pura,
¡oh mi jardinero!,
por sol encendido
esperando su hora…

Pensé que creías
sensible poeta,
pues ya sospechabas
todita la orquesta.

Pensé que creías
ya cerca la huerta,
sabía que sufrías
por esos sin fiesta.

Ven vamos hermano
la lluvia se acerca,
la vergüenza humilde
dota recompensa.

Ven vamos hermano
de savia y de sal,
ya llega anidando
tu tema total.

Ven vamos hermano
se viene feliz,
tu día anhelado
se arrima por fin.

Ven vamos hermano
con fe en el don,
tu amigo mayor
derrotó el dolor.

Ven vamos hermano
de ímpetu fiel,
unamos bandera
con verso de miel.

Ven vamos hermano,
humano leal,
la vida regala
siempre lo de más.

(Enero 2004)

La poesía-canción leída se puede escuchar aquí…

Aunque no suscribo necedad que impida la conversión sincera a la verdad, ni rebeldías modernas de Evas que permitan desechar seres indefensos desde sus vientres, ni tampoco comparto una valoración vengativa de un ser sideral que venga a matar, cual canalla, a otros canallas, creo que a Silvio Rodríguez, por sus múltiples contribuciones poéticas en la lengua española y primordialmente por sus composiciones acerca del “Vamos a andar” del verdadero amor, le deberían otorgar, como ya sucedió con Bob Dylan, el Premio Nobel de Literatura.

Cual tres soles de catorce puntas dentro de la campana, que así sea, ojalá  …

… En el ya citado álbum “Cita con Ángeles” hay una canción también ya nombrada, “Quiero cantarte un beso”, en la que el trovador expresa que tal no es posible en medio de tantos líos sucediendo en el mundo que hacen poner en duda la existencia misma de la humanidad. Inspirado en dicha obra y respondiendo a su vez a la canción “Cita con Ángeles” allí mismo en el mismo álbum, escribí la canción a continuación que expresa que Jesús es la razón de que sí haya humanidad: sólo el amor real del hijo fiel—son en inglés y un ritmo esencial—quien siempre provee, por su nobleza, un beso veraz.

Sé que le gustaron a Silvio esta canción y el poema anterior. Lo sé porque José María Vitier me lo dijo.

SILVIO, SÍ HAY HUMANIDAD

Para siempre cantar un beso…

Con tanto lío
a diestra y siniestra,
con tanta desgracia
parece no haber.

Con tanta distancia
truenos y revancha,
con tanto misterio
pudiera no ser.

Con tanta avaricia
arriba y abajo,
con tanto sepelio
oh “Dios sin poder”.

Con tanto suspenso
inercia implacable,
con tanta injusticia
difícil creer…

Pero el amor vence
certero, sin mancha,
en instante pleno
de exquisito ardor.

Y en un acto eterno
dos palos recuerdan
oh verso imposible:
la vida volvió.

Por eso reescribo
salterio inmutable,
por eso me atrevo
a sueño y canción.

Por eso hoy intento
extender la gracia,
por eso te envío
un beso del son.

Oye bien…

Si hay humanidad
esa es la verdad,
un amigo bueno
regaló la paz.

Si hay humanidad
ay es toa verdad,
sinfonía del cielo
sanación leal.

Si hay humanidad
verbo colosal,
infante sincero
multiplicó el pan.

Si hay humanidad
ay vamo a cantar,
se acerca su hora
la de la hermandad.

Si hay humanidad
ay mira es verdad,
solo su nobleza
borra todo el mal.

Si hay humanidad
y es aquí y allá,
con toda certeza
llega su unidad.

Si hay humanidad
su signo es el más,
sana toa tristeza
con su caridad.

Si hay humanidad
ay ya pagarán,
se viene ya el día
de la libertad.

Si hay humanidad
y arcángel capaz,
converge locura
oh historia genial.

Si hay humanidad
ay para alabar,
se alinean los signos
vuelve la verdad…

(Abril 2004)

La canción a capela se puede escuchar aquí y no por azar la acompaña un colibrí…

Publicado en Campanitas

Crónica de un festejo bonito

En el mes de marzo llegué felizmente a mis 30 años de vida. No, no me estoy quitando las primaveras, es que estoy contando a partir de una inolvidable epifanía que cambió mi vida, una bella experiencia inspirada por descubrimientos científicos inesperados, cual relatada, por ejemplo, al gran escritor José Saramago.

Para celebrar mi “nacer de nuevo” dándole las debidas gracias a Dios, viajé a Colombia para compartir conferencias De la ciencia a Jesús y así dar testimonio de lo que Dios ha hecho en mi vida. Cuando con el paso de los días ya me parece que el viaje fue como un sueño, aquí relato lo sucedido, lo cual, como verán, fue muy bonito.

Como se puede observar (y, si se quiere, estudiar) aquí, en dos semanas compartí, a partir del material en mi clase seminario Caos, Complejidad y Cristiandad, un total de dos a la cuatro conferencias, o sea dieciséis. Este guarismo repetido, hallado ya en estas campanitas en el número de mis cartas al Papa Francisco y en el conteo de las puntas de un gran rosetón evocando dos de la chamuscada Catedral de Notre Dame, es, hoy por hoy, mi nuevo récord de charlas por la patria y representa desde ya una cifra para emular y acaso sobrepasar en otras ocasiones y latitudes.

Aunque la mayoría de los eventos sucedieron en universidades de Bogotá, hubo charlas también en dos Grupos de Oración en la capital, en un “retiro” en Guasca organizado por mi buen amigo Jorge Eliécer Rivera y en un Seminario en Zipaquirá promovido por el Señor Obispo Héctor Cubillos. Además de regresar a la Universidad Javeriana, a Uniminuto y a la Universidad de los Andes (mi alma mater), compartí también, y gracias a mi “promotor estrella” Juan Sebastián de Plaza, en otras cuatro universidades (¡dos a la dos!) en las que no había hablado: la Universidad Católica de Colombia, la Universidad de la Salle, la Universidad Santo Tomás y la Universidad Piloto de Colombia.

Puedo decir, con toda alegría, que todas las conferencias fueron muy bien recibidas. Tal y como ha sucedido ya por años, en la medida en que el mensaje de amor de Jesús a partir de la ciencia se va explicando y consolidando, aparece primero el asombro y luego un gozo vital en los asistentes. Ciertamente la inclusión de canciones siempre le agrega una dimensión diferente y especial a los encuentros y así ocurrió en este viaje. Hubo audiencias muy felices entonando “Oh virgen preferida” con ritmo del famoso “Pueblito viejo” (un himno muy especial en Colombia) y otras particularmente sonrientes al notar que cantaba mi “Nacer de nuevo” empleando una melodía inesperada.

Sabiendo muy bien que dos horas en estos tiempos modernos son algo así como “dos eternidades”, ¡dos a la uno!, a continuación incluyo el vídeo de la charla Oye, decídete a amar, usa la hipotenusa, la cual dicté, honrando al Padre Rafael García Herreros, en el Parque Científico de Innovación Social de Uniminuto invitado por mi amigo Juan Fernando Pacheco …

jaja

… Saludando de regreso a algunos que acaso han aprovechado “dos eternidades” para comprender que el amor viaja recto por la hipotenusa, puedo decir también que fue particularmente grato para mí el escuchar las palabras de reconocimiento y apoyo del Monseñor Héctor Cubillos al final de la conferencia Un canto nuevo, de la ciencia a Jesús en el Seminario Mayor San José de Zipaquirá. Él expresó públicamente que lo que se había escuchado, con canciones intercaladas con explicaciones, era en efecto muy útil para evangelizar de una manera novedosa y le pidió a Dios que me acompañara en mis quehaceres. Sus generosas palabras fueron en efecto tan bellas que le hicieron aguar los ojos a mi hermana Xiomara, mi “promotora esencial”. A continuación aparecemos ella, él y yo en la compañía de seminaristas claramente valientes.

Acordamos con el Señor Obispo que en otra ocasión compartiría todas las charlas de mi festejo de 30 años y acaso hasta las 18 horas de mi clase seminario. Al yo sugerir esta última posibilidad, él replicó que en ese caso podría quedarme a dormir en el Seminario para que fuera más fácil. ¡Ojalá así sea! ¡Que viva mi patria y que lo que logre hacer pueda contribuir a forjar la verdadera paz, tan requerida en el mundo! …

… Además de las siempre festivas charlas, cual una roseta de 16 puntas en la campana, sucedió que me entrevistaron en la radio en tres ocasiones, ¡como el número de colores arriba en la bandera de Colombia! En una ocasión fui convocado por la buena amiga de mi hermana Diana María Barrera a los estudios de la Iglesia Católica en Engativá (una zona de la extensa Bogotá) y dos veces fui invitado por mi nuevo amigo Felipe Santamaría a su programa “Construyendo Sociedad” en la emisora de la Universidad Piloto de Colombia.

En la primera entrevista, llevada a cabo por Diana María con la ayuda de Alicia Rodríguez y de mi hermana Xiomara, se grabaron cuatro programas que salieron al aire en diversas emisoras católicas de la capital y más allá. Allí compartí con cierto detalle mi testimonio de conversión a partir de la ciencia y conté cómo se acumuló el conocimiento hasta dar lugar a mis libros y también a mis canciones. A este respecto, fue una dicha el cantar conjuntamente con Xio la canción mariana “Oh virgen preferida” citada antes. El suceso suscitó gran alegría en Diana y Alicia y también en el amable y entusiasta director del estudio de grabación. Alabamos a Dios y la pasamos muy bien.

Las otras dos entrevistas en “la Piloto” fueron también muy bellas y esto fue así por la amabilidad de quienes las hicieron y por el formato inusual que tuvieron. Resulta que siguiendo la sugerencia del ya nombrado Juan Sebastián de Plaza, “mi promotor estrella”, el primer evento, realizado por él y el ingeniero Felipe Santamaría, utilizó como base cuatro canciones mías que había enviado previamente. Así, la conversación acerca de quién era yo, de Ingeniero Civil a profesor universitario y de científico a un hombre de fe, estuvo adornada por mis composiciones, las cuales dieron lugar a explicaciones sobre la marcha. Puedo decir con emoción que fue muy significativo para mí el que mi mejor canción, esa larga oda al Señor con su coro definiendo la igualdad de su cruz y su silueta, “X = Y“, haya salido al aire de primera, sin que yo lo hubiera pedido así. Fue realmente una hermosa sorpresa que me llenó de alegría aquel día y que refrenda que no será por azar cuando llegue otro día en que suene mi banda Shanti Setú. ¡Que así sea!

Al final de la primera entrevista quedó claro que había material para hacer otra y así a la semana volví a los estudios y la grabamos conjuntamente con Felipe. A continuación se encuentra la primera conversación la cual dura sólo “una eternidad”, es decir 1 hora o ¡2 a la 0!. La segunda, Dios mediante aparecerá en la siguiente campanita.

Como acaso ya lo pudieron oír y como seguro lo pueden comprender, tuve un festejo muy bonito por la patria. Y regresé a la bella Davis agradecido con lo que pude hacer y también deseoso de poder hacer más, ojalá mucho más.

Aprovechando la ocasión para enviar un abrazo a las madres en su día, incluida María, nuestra Madre cuando se avecina Fátima, esta campanita concluye con una canción que refleja lo que ha ocurrido cuando he logrado mantener el sueño de compartir el amor de Dios. ¡Han pasado ya más de veinte años (acaso sólo una nada de tiempo como diría Carlos Gardel) y la divina compañía, a pesar de mi pecado, ha permanecido conmigo! ¡Alabado sea Dios!

EN TI

Si voy en ti Señor, todo va bien…

Me voy y vuelvo
en paz y gozo,
fui y regreso
en tu reposo. (2)

Te sigo y encuentro
tu luz en detalles,
provees mi sustento
en todos los viajes.

Recuerdas lecciones
alargas el tiempo,
sanas corazones
y me das aliento.

Me voy y vuelvo
en paz y gozo,
fui y regreso
en tu reposo.

Estás tan presente
un lucero cierto,
habitas mi mente
agua en el desierto.

Regalas tus llamas
sonríes muy dentro,
apoyas campanas
que alejan el viento.

Me voy y vuelvo
en paz y gozo,
fui y regreso
en tu reposo.

Te veo y suspiro
me bajo más quedo,
te sueño y espero:
eres mi alimento.

Inspiras mi canto
nutres mi esperanza,
preparas buen salto
en lluvia de alabanza.

Me voy y vuelvo
en paz y gozo,
fui y regreso
en tu reposo. (2)

(Febrero 1999)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

¡Que siga la fiesta!

Cuando celebramos la Octava de Pascua (y acaso más preciso si la llamamos la Infinita), me uno, con más Aleluyas, al festejo del evento más transcendental en la historia de la humanidad: la resurrección gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo.

Este evento fue, y hoy día es, la mayor revolución que haya existido jamás, una justa y fiel en contra del diablo y la muerte que prefigura una magnífica fiesta eterna por venir, acaso pronto. Nos espera la boda de Jesús con Su Iglesia, cual relatada por San Juan en el libro del Apocalipsis, y con debidos Aleluyas compartidos:

“Salió después una voz del trono, que decía: ‘Alabad a nuestro Dios, todos sus siervos y los que le teméis, pequeños y grandes.’ Y oí el ruido de una muchedumbre inmensa, parecido al estruendo de aguas caudalosas, al fragor de imponentes truenos. Decían: ‘¡Aleluya!, porque ha establecido su reinado el Señor, nuestro Dios Todopoderoso. Alegrémonos, regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero; su Esposa se ha engalanado y se le ha concedido vestirse de lino blanco y deslumbrante—el lino son las buenas acciones de los santos—” (Ap 19:5—8).

En verdad, no hay quien pueda parar el reinado de amor—el reinado de nueves—establecido por Jesús, pues Jesús mismo blanquea hasta la santidad las almas de los que temen a Dios. Nadie puede con Él, pues Él vive ya como el Rey de Reyes y el Señor de Señores (Ap 19:16).

Nuestra mejor opción siempre es continuar con la alabanza para nunca olvidar quién es la Vid y quienes somos los sarmientos. Y nuestro fiel deber es, hoy y siempre, compartir las Buenas Nuevas por todo el mundo, tal y cono Él lo comisionó (Mc 16:15—16) …

… Cuando hace pocos días se ha quemado por dentro un ícono hermoso en la luminosa París, evento que inspiró el escoger para esta campanita el rosetón mostrado de 2 a la cuatro puntas (o sea dieciséis) hallado dentro de la campana, me uno también a las voces que auguran una fiel reconstrucción de la Catedral de Notre Dame, agregando una oración—más allá de la edificación—por una verdadera Revolución Francesa que lleve a Cristo y que se convierta en un ejemplo de su amor redentor al mundo entero.

Que el mensaje urgente de arrepentimiento y oración en las apariciones francesas de María Santísima, Notre Dame, nos acompañe y guíe; que se lean con detenimiento sus ocho amorosos llamados—¿no son más bien infinitos?—en Notre Dame de Laus, Nuestra Señora de las Gracias, Nuestra Señora de las Victorias, Nuestra Señora de La Salette, Nuestra Señora de Lourdes, Madre de la Esperanza, María Madre de Misericordia y Nuestra Señora de la Oración; y que surja así la verdadera luz a partir de la oscuridad.

Para continuar con la fiesta del retorno de Jesús, aquí viene una canción con un título raro que expresa el asombro que genera el suceso, una tonada de paz con un ritmo real que reitera el júbilo de muchísimos Aleluyas.

¡Que viva Cristo Rey! ¡Aleluya, Aleluya! ¡Grande es su misericordia! ¡Alelu, Aleluyá!

¿QUÉ RITMO PONERLE?

¿Qué más decir?

Resucitó, resucitó,
resucitó, oh oh
ay pregunto yo,
¿qué ritmo ponerle?
aleluyá, aleluyá,
aleluyá, ¡que más!
oh verso veraz,
Él venció la muerte.

Resucitó, por ti y por mí,
resucitó, oh oh
ay aquel que acusa
no pudo tenerle,
aleluyá, ritmo de paz,
aleluyá, ¡el más!
oh sueño de amor,
el justo no pierde.

Puente total…

Resucitó, ven a bailar,
Él regresó, oh oh
ay todo lo cambia,
es la santa suerte,
resucitó, ven a gozar,
ay Él volvió, oh oh
su ritmo vital
forja bien la mente.

Resucitó, ven a alabar,
Él regresó, oh oh
ay todo lo sana,
es amor consciente,
resucitó, ven a sumar,
ay Él volvió, oh oh
su ritmo genial
conduce al deleite.

Resucitó, vente a casar,
Él regresó, oh oh
ay todo lo puede,
pues Él nunca miente,
resucitó, ven a cenar,
ay Él volvió, oh oh
su ritmo total
burló a la serpiente.

Resucitó, resucitó,
resucitó, oh oh
ay pregunto yo,
¿qué ritmo ponerle?
aleluyá, aleluyá,
aleluyá, ¡que más!
oh verso veraz,
Él venció la muerte.

Resucitó, por ti y por mí,
resucitó, oh oh
ay aquel que acusa
no pudo tenerle,
aleluyá, ritmo de paz,
aleluyá, ¡el más!
oh sueño de amor,
el justo no pierde.

Shanti Setú…

Para la paz…

Su ritmo es universal
ay Jesús revierte,
su ritmo derrota el mal
ay Jesús invierte. (2)

Las manos pa’rriba…

Su ritmo es universal
ay Jesús revierte,
su ritmo derrota el mal
ay Jesús invierte. (2)

Aleluya, aleluyá
únete al ritmo de la verdad,
alelu, aleluyá
súmate al ritmo de los que van,
aleluya, aleluyá
únete al ritmo del santo clan,
alelu, aleluyá
súmate al ritmo de la heredad,
aleluya, aleluyá
únete al ritmo del bien sin mal,
alelu, aleluyá
súmate al ritmo de la amistad.
aleluya, aleluyá
únete al ritmo de navidad.
alelu, aleluyá
súmate al ritmo de la unidad.

Canto total…

Aleluya, aleluyá
ay mira Él venció mamá,
alelu, aleluyá
su ritmo es la caridad,
aleluya, aleluyá
la muerte perdió papá,
alelu, aleluyá
su ritmo es la libertad,
aleluya, aleluyá
noticia, noticia es,
alelu, aleluyá
ay nadie derrota al fiel,
aleluya, aleluyá
noticia, ay oye bien,
alelu, aleluyá
el Cristo vuelve otra vez.

Resucitó, resucitó,
resucitó, oh oh
ay me pregunto,
¿qué ritmo ponerle?
aleluyá, aleluyá,
aleluyá, ¡qué más!
oh verso veraz,
Él venció la muerte.

Resucitó, por ti y por mí,
resucitó, oh oh
y aquel que acusa
no pudo tenerle,
aleluyá, ritmo de paz,
aleluyá, ¡el más!
oh sueño de amor,
el justo no pierde.

¡Qué cosa más grande!

Nada compara…

(Mayo 2009/ Abril 2013)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Muerte y resurrección por amor

¡Jesús ha resucitado y vive! ¡Aleluya! ¡Oh evento extraordinario digno de toda alabanza!

¡Él ha muerto por amor y ha vuelto por amor! La muerte, a pesar de todo el esfuerzo diabólico, no podía retenerlo. Es verdad y así ha sido (Hch 2:14—36). Jesús es quien dijo ser y cumplió con lo que le fue encomendado (Mt 17:22—23).

De acuerdo a los Evangelios Sinópticos, San Mateo, San Marcos y San Lucas, cuando Jesús fue crucificado hubo oscuridad en toda la tierra desde las doce del mediodía hasta las tres de la tarde, hora en la que Él murió (Mt 27:45, Mc 15:33, Lc 23:44).

En esos tiempos las horas no se medían como ahora, sino que se definían a partir de la salida del sol. Así, el relato completo de la muerte de Jesús según San Marcos es:

“Llegada la hora sexta, la oscuridad cubrió toda la tierra hasta la hora nona. A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: ‘Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?’, que quiere decir: ‘¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?’ Al oír esto algunos de los presentes, decían: ‘Mirad, llama a Elías.’ Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofreció de beber, diciendo: ‘Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarlo.’ Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró” (Mc 15:33—37).

Tal y como se explicó en una campanita anterior, los números 6 y 9 corresponden de una manera, tanto geométrica como matemática, a dos tipos de espirales que solo difieren en su movimiento. De un lado está el espiral negativo, el 6, escrito en coordenadas polares,

{\bf r  = e^{-\theta}}

y que rota hacia adentro, y del otro lado está el espiral positivo, el 9,

{\bf r  = e^{+\theta}}

que fluye hacia afuera, en donde {\bf r} es la distancia medida desde el origen, {\bf \theta}  es un ángulo calculado a partir del eje de las x (y en contra de las manecillas del reloj) y {\bf e} es el número exponencial (\approx 2.7172 \ldots), también ya encontrado antes.

Mientras que el espiral negativo ocurre en la naturaleza, por ejemplo en la cascada de remolinos de la turbulencia y visiblemente en el de un destructivo ciclón generado por un flujo que ocurre de mayor a menor presión, o de + a , el positivo no sucede naturalmente pues, al “viajar” matemáticamente de a +, es contrario a las leyes de la física.

Mientras que el espiral del 6, por su movimiento hacia su centro, bien denota nuestras posturas y acciones egoístas, el espiral del 9, al salir de sí, simboliza la opción consciente del verdadero amor, siempre entregado al otro.

Mientras que el espiral negativo es vengativo y mantiene una fijación con el pasado—por su movimiento contrario a las manecillas del reloj—, el positivo no guarda la ofensa sino que perdona viajando seguro hacia el futuro, acorde con las manecillas del reloj.

En este contexto de formas y movimientos, no es por casualidad que la oscuridad citada durante la crucifixión del Señor haya sucedido precisamente de la hora sexta a la hora nona y que Él haya muerto por amor en la positiva cruz precisamente a la hora 9 del amor. Y es que los símbolos son potentes y durante dicho intervalo, del 6 al 9,—y en cualquier tiempo—nos acompañan las penumbras del pecado, y dicho movimiento guiado por el 6 solo se invierte en 9 cuando acogemos la cruz de la verdad, el +, para seguir plenamente al lucero pleno (Mk 8:34), ¡valga la plenitud!, pues Jesús es la luz misma (Jn 8:12).

Basado en las mismas geometrías, tampoco parece ser por azar que el número asignado al nombre del hombre que será el anticristo sea precisamente 666 (Ap 13:18) y que al maligno mismo, al diablo, al ser un homicida y mentiroso desde el principio y no contener verdad alguna en él (Jn 8:44), se le pueda asignar una fracción incompleta que refleja su intrínseca maldad y su derrota:

2/3 = 0.666…

Y es que la práctica del amor que Jesús siempre ejerció (2 Co 5:21), es decir el de un 9 repetido y siempre positivo, donado gratuitamente a nosotros y por nosotros hasta su muerte en la cruz—¡oh geometría congruente la del sacrificio inefable!—, le permite a Él satisfacer una ecuación infinita muchísimo mejor:

1 = 0.999…

Esta expresión, acaso extraña si no se la ha meditado antes, relaciona bellamente la práctica cotidiana del amor con la unidad y bien expresa que solo Jesús—al satisfacer de una forma geométrica su crucifixión en X = Y (la cruz y su silueta) y cargando por corona las espinas de nuestro pecado—puede repararlo todo con su amor real e infinito.

Esta bella fórmula, que nos invita a nosotros mismos a la unidad adoptando con libertad el amor, se puede demostrar fácilmente. Si x = 0.999…, entonces 10x = 9.999… y así, restando la primera de la segunda ecuación resulta 9x = 9, lo cual implica x = 1 y entonces 0.999… = 1. ¡Todo funciona por los puntos suspensivos, es decir por el infinito, y esto mismo regala Jesús—vida eterna—si creemos que Él es quien es (Jn 3:36)! …

… Tal y como lo relata el Evangelio según San Lucas, Jesús resucitó y después de dicho evento extraordinario le explicó a sus discípulos:

” ‘Lo ocurrido confirma las palabras que os dije cuando todavía estaba con vosotros: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.’ Entonces, abrió sus mentes para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: ‘Está escrito que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas” (Lc 24: 44—48).

Jesús regresa de la muerte, del infierno mismo, para que quede claro que ha derrotado el mal y para así completar, con todo amor por nosotros, su obra redentora. Él regresa, a su vez, para enviar a los discípulos, también por amor, a todas las naciones de modo que enseñen a la gente a guardar todo lo que Él ha enseñado (Mt 28:19—20), es decir la primacía de su amor y solo de su amor (Jn 15:1-10).

La invitación amorosa y crucificada a la que Jesús nos llama no es otra sino a la de Su propia santidad y la de Dios Padre (Mt 5:48):

Y es que la santa potencia del cero (un “espiral” circular con ecuación r = 1 en coordenadas polares) se aprecia de una manera vívida y coherente en la conversión ejemplar del mismísimo Pedro—escogido por Jesús como roca de la Iglesia (Mt 16:18)—, quien, después de la resurrección, responde afirmativamente tres veces a la esencial pregunta del Salvador: ¿me amas? (Jn 21:15—17), una pregunta que fue pronunciada no solamente para el discípulo sino también para cada uno de nosotros. Y es que es bien sabido que Pedro negó a Nuestro Señor tres veces antes que el gallo cantara dos veces (Mc 14:66—72), y esa negación también la hemos hecho muchas veces, y de mi parte confieso que me he dejado seducir por el 6 abundantemente.

¡Cuán bello es observar en la conversión vital de 2/3 = 0.666… (con veraz aritmética en el canto del ave) a 3/3 = 1 = 0.999… (en darle el sí definitivo al amor), la transición requerida de lo incompleto, mentiroso y quebrado a lo amoroso, verdadero y completo! ¡Cuán maravilloso es notar que los símbolos son universales y que Jesús nos llama desde lo oscuro, desde lo que produce muerte, desde el negativo 6, hacia el reino real y libre del amor, a su reinado de nueves! ¡Cuán relevante es entender que debemos estar pendientes de responder al mal con el bien (Rm 12:21) y que esto solo sucede viajando recto por la hipotenusa, o sea por la raíz de dos, que también es Jesús!

¿Cómo no comprender que podemos experimentar, hoy por hoy, su resurrección en la misma conversión hacia la luz que cambió a Pedro—es decir, desde la muerte producida por el pecado hacia la vida—, sabiendo, además, que Jesús promete estar con nosotros día tras día hasta el fin del mundo (Mt 28:20)? ¿Cómo no repetir gozosos muchísimos aleluyas sin dejar de proclamar las Buenas Nuevas a toda la creación, como Él nos lo pide (Mc 16:15)? ¿Cómo no desear que el bautismo de Jesús sea impartido para la conversión y salvación de todos (Mc 16:16)?

Para terminar, a continuación viene una canción que expresa la bella convergencia a la unidad que intrínsecamente todos anhelamos, una tonada que invita, claro debe estar, al amor insuperable del Justo quien vive.

¡Bendito sea Jesús resucitado! ¡Feliz Pascua de Resurrección para todos! ¡Aleluya, Aleluya! ¡María está feliz! ¡Aleluya, Aleluya!

REINADO DE NUEVES

La unidad contiene infinitos nueves…

Reinado de nueves
deseando llegar,
con plenos amores
y bella unidad.

Reinado de nueves
deseando llegar,
llenando el espacio
con su libertad.

Oh convergencia
en amores queridos,
oh suprema coincidencia
en símbolos divinos.

Oh convergencia
que sana toda herida,
oh suprema coincidencia
que engalana la vida.

Reinado de nueves
deseando llegar,
con plenos amores
y bella unidad.

Reinado de nueves
deseando llegar,
llenando el espacio
con su libertad.

Oh convergencia
en la estrella y la rosa,
oh suprema coincidencia
en espiral generosa.

Oh convergencia
que crece santa fe,
oh suprema coincidencia
que suple toda sed.

Reinado de nueves
deseando llegar,
con plenos amores
y bella unidad.

Reinado de nueves
deseando llegar,
llenando el espacio
con su libertad.

Puente de paz, para la Pascua…

El día se vino
con su gran poder.

Llegaron los nueves
pa’ poder crecer.

El cielo derrama
su santa verdad.

Llegaron los nueves
pa’ poder cantar.

Ay sana tu herida
amando muy fiel.

Llegaron los nueves
pa’ poder crecer.

Que el reino te invita
a su libertad, a amar.

Llegaron los nueves
pa’ poder cantar.

Ay óyeme amigo
es tiempo del bien.

Llegaron los nueves
pa’ poder crecer.

Ay ama de lleno
forja la unidad.

Llegaron los nueves
pa’ poder cantar.

Reinado de nueves
deseando llegar,
con plenos amores
y bella unidad.

Reinado de nueves
deseando llegar,
llenando el espacio
con su libertad.

Shanti Setú…

Pa’ que la mente capte
amar, amar, amar,
pa’ que la boca cante
amar, amar, amar,
pa’ que el corazón arda
amar, amar, amar,
pa’ hacer lo que Dios manda
amar, amar, amar,
pa’ ser ya positivo, la cruz
amar, amar, amar,
pa’ andar por el camino
amar, amar, amar,
pa’ ver como es la cosa
amar, amar, amar,
para llegar a rosa,
amar, amar, amar.

La unidad contiene infinitos nueves, infinitos amores…

(Octubre 1999/ Marzo 2003/ Abril 2019)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas

Más señales y el lucero pleno

Acaso no sea por azar que esta semana hayan salido “a la luz” por primera vez imágenes de un agujero negro. Lo digo así pues aquí surge a la vez esta campanita planeada para el fin de la Cuaresma, la cual, como lo verán, también se trata sobre cuestiones fascinantes en el cielo y otras señales oscuras y graves acá en la tierra.

En el año 2002 tuve la alegría de participar en una conferencia sobre Ciencia y Religión que se llevó a cabo en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, UPAEP, en la muy bella Puebla de Los Ángeles en México. Recuerdo dicho evento con particular agrado. La camaradería reinante, muy superior a la de mis conferencias científicas, fue muy especial y la gastronomía fue también única, incluido el delicioso Mole Poblano y una sopa de tres quesos que me cautivó.

Durante la estancia tuvimos una excursión al famoso Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica en Santa María Tonanzintla, y allí, en la altura, continuaron las pláticas científicas en un gran auditorio en forma de domo que evocaba un planetario gigante. Ese día fue inusual pues nos despertó un fuerte temblor en la madrugada que impidió un buen descanso y el viaje en autobús no fue propicio para suplir la carencia de sueño. Así, llegué cansado a la jornada, y, para no molestar a nadie en caso que me quedara dormido, decidí hacerme en la penúltima fila del gran salón.

Aún recuerdo apartes de la amena plática impartida por el físico Alejandro González acerca de lo que se sabía hasta entonces sobre el “big bang”, la cual fue tan interesante que no tuve cómo dormirme. En medio de la conferencia, él mostró un célebre diagrama que le da soporte a la teoría, uno obtenido a partir de mediciones del satélite COBE—casi como el famoso jugador de baloncesto Kobe Bryant pero en realidad significando COsmic Background Explorer—el cual muestra que el trasfondo de la radiación cósmica (una vez se sustrae nuestra vía láctea) no es un ente uniforme sino que más bien contiene aglomeraciones de energía, unas un poquitín mas calientes dibujadas en rojo y otras un poco más frías y densas mostradas en azul, de donde se cree surgieron las galaxias, incluida la nuestra:

Yo ya sabía algo acerca del colorido diagrama que mira hacia el pasado remoto, uno que, al revelar el remanente del evento inicial, había sido denominado místicamente por el físico Hugh Ross como “las huellas digitales de Dios”. Yo sabía sólo un poco y las explicaciones se tornaron aún más emocionantes cuando, de pronto, el conferencista levantó un brazo cuyo reflejo pasó por el lado derecho de la figura, permitiéndome ver súbitamente una letra omega mayúscula, Ω.

Observándolo todo desde atrás y en un telón que medía por lo menos 8 metros de longitud, allí estaba lo que no había percibido antes, pero dudé un instante pues no lo había notado en los libros. Una vez desapareció mi duda y la última letra del alfabeto griego persistió, instintivamente me volteé hacia la última fila en la que estaba sentado mi buen amigo el Padre Rafael Pascual—quien acaso por dicha localización también pensó que podía quedarse dormido—y le pregunté, “¿ves una omega allí?” Él me preguntó, “¿dónde?” y yo le dije “en el primer cuadrante, ¿la ves?” y me dijo que sí. Casi al mismo tiempo, otro reflejo del brazo expresivo del ponente pasó por la misma zona y mi diálogo continuó diciéndole al Padre con emoción, “y allí mismo, un poco más a la derecha, está una letra alfa al revés ¿la ves?” y él, una vez la vio, agregó “sí pero es una coincidencia” a lo que yo le contesté, “pero, ¿la ves?”.

En la noche y con la debida calma, me reuní con el físico Alejandro y con otras personas en su habitación del hotel y en su computadora vimos, unos más rápido que otros, lo que tampoco habían percibido, que el famoso diagrama de la física contenía las letras alfa y Omega, α y Ω, es decir las mismas que denotan a Nuestro Señor Jesucristo, tal y como está descrito en el libro del Apocalipsis, “Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin” (Ap 22:13). Y es que dichas letras azules y por ende densas para propiciar galaxias—las ven bien, ¿cierto?—surgen con una orientación correcta si en vez de leer el diagrama desde la tierra al pasado, todo se hace desde la explosión inicial hacia la tierra y el futuro, observando la figura desde la parte de atrás del telón. ¡Vaya belleza inesperada el ver a Jesucristo allí, en la fuerza creadora de la naturaleza!

En el año 2006 los líderes del proyecto Cobe recibieron el premio Nobel de Física por su importante trabajo. Así, el que las dos letras famosas se vean allí, es decir en el diagrama más famoso de dicha misión, representa por lo menos una sincronía curiosa entre la física y la Palabra, una coincidencia a todas luces “bonita” que engendra en mí, y seguramente en otros (incluido el Padre Rafael), una sonrisa plácida ante la maravilla de Dios.

Y es que aunque la caligrafía en el diagrama no sea perfecta y, por ejemplo, la parte inferior de la letra Omega luzca como los zapatos de la pata Daisy, la novia del pato Donald, ¡vaya imaginación!, los niños podemos observar, por nosotros mismos, una señal poderosa en el cielo, una presencia sutil y real de Jesús en uno de sus signos más significativos (Mt 24:30), así sea solamente un presagio silencioso y no luzca tan espectacular como la totalidad de las señales apocalípticas prescritas antes de su venida (Mt 24:29—30, Is 13:10,13).

Debe estar claro para algunos de mis lectores—si es que no lo estaba desde antes—que como α y Ω corresponden además a los números 1 y 800 de una llamada gratis, no creo que la presencia de las letras en el diagrama de la física sea una coincidencia superflua.

Y siguiendo con otras señales ya explicadas recientemente, no creo que sea una simple casualidad el advenimiento en la ciencia de la higuera caótica que apunta a que debemos estar preparados para el retorno del Mesías (Mt 24:32—35), como sucedió cronológicamente durante la Semana Santa que comienza:

como tampoco creo que sea una sincronía baladí el que en la piedra ovalada hallada debajo de la barbilla del crucificado en el  Manto de Turín y en concordancia con la noción que “las piedras hablarían” (Lc 19:40) se encuentren, con la debida caligrafía, las tres letras J X y Y:

corroborando que Jesús, por razones eminentemente lógicas y geométricas, esté simbolizado por la hipotenusa y la recta uno-a-uno con ecuación X = Y, denotando su silueta crucificada en la cruz, tal y como celebramos con no poco dolor en la semana que ya empieza.

En verdad no creo que estas señales constituyan casualidades triviales que puedan ser descartadas fácilmente. Y creo que esto es así, pues todas ellas, en grupo, además de invitarnos a la reflexión, nos terminan llamando a la conversión tanto en la Cuaresma como en cualquier otro periodo del año. Estas concordancias las entiendo como señas o pistas enviadas de lo alto, como ayudas sensibles hacia la fe, que aunque sean silenciosas son en verdad poderosas, así haya algunos que no las vean bien aún …

… La Palabra de Dios nos dice que en los tiempos del fin sucederán otras coincidencias dolorosas, otras señales para tener en cuenta, como por ejemplo la predicción que en ese tiempo el amor de muchos se enfriará (Mt 24:12). Y hoy por hoy, pensando en la oscuridad inherente en nuestro planeta desviado, cual agujerito negro, creo que una manifestación notoria de dicha señal puede palparse en las horrendas estadísticas del aborto—entérese aquí—, un problema global y aparentemente silencioso que en pocos años excede la mortandad de todas las guerras mundiales y locales juntas y que sin duda se contrapone al pedido famoso de Jesús, “dejad que los niños vengan a mí” (Mt 19:14) y al quinto mandamiento de la Ley de Dios de no matar.

Así, surgen varias preguntas que despiertan mi interés en esta temporada de introspección y penitencia, como si estuviera sentado aún en la parte de atrás de un gran auditorio y sin tener cómo dormirme: ¿Cuándo parará este gran holocausto carente de sonido pues a dichos niños no les es posible llorar? ¿Cuándo entenderán las madres que sus hijos no son “células nada más”, como una canción acerca de sombras irreales? ¿Cuándo comprenderán ellas, y también ellos, que la libertad no está en poder dedicarse a “experimentar” para después destruir sino en entregarse a construir con amor? ¿Hasta cuándo seguirá este mal terrible? ¿Cuándo parará semejante inmolación diabólica?

Y siguiendo con nuestros tiempos modernos, llenos de amores tibios y plagados siempre de egoísmo, ¿Cómo es posible que 26 magnates del mundo tengan tanto como 3.8 billones de personas? ¿Cómo es posible que existan tales inequidades? Claro, sabemos que “no solo de pan vive el hombre” como nos lo recordó Nuestro Señor Jesús al ser tentado por el diablo después de ayunar 40 días para definir la Cuaresma (Mt 4:4), pero ¿Cuándo parará esta cascada descomunal? ¿Hasta cuándo llegará esta sordera del silencio? ¿Quién la resolverá?

Sabiendo también que están predichas otras coincidencias recias y particularmente dolorosas para quienes no estén preparados (Mt 25:1—13), yo de mi parte le apuesto todo lo que tengo a lo que veo: a la venida del Señor, al retorno de Jesús, el Mesías. Y es que tal y como se describió en una campanita reciente, más allá de escándalos generalizados silenciados por el encubrimiento de pecados mortales, se vislumbra, a la vez, un abandono de las creencias fundamentales para dar paso, aún en donde no debería estar, a una apostasía prescrita—¡oh palabreja horrenda!—mencionada tanto en la Biblia (Mt 24:10—12) como en las apariciones de la Virgen María, especialmente en sus palabras conmovedoras en Fátima y La Salette.

¡Cuán triste es ver exaltado al hombre y no a Dios en estos días! ¡Cuánto desorden prescrito aparece en el mundo ante la búsqueda de poder sin la compañía del Salvador! ¡Cuánto debe sufrir Dios ante tanta desobediencia! ¡Cuán lamentable es el desprecio inherente que se le hace a Jesús, Nuestro Señor, como si su sacrificio en la cruz, digno de toda reverencia y debida genuflexión, no fuera ya requerido en estos tiempos del “todo vale”! En verdad vivimos en tiempos de amores fríos y egoístas, tiempos previos a Su venida. Yo no sé si lo vean así o no, pero las señales apuntan a Su regreso. ¡Así lo veo, así lo creo y por eso escribo!

Animando pues de una forma coherente a la conversión, y en particular advirtiendo de los peligros que conlleva desechar las señales cual meras casualidades, esta campanita concluye con una canción alegre y vital que proclama el evento más maravilloso por suceder: el retorno Jesús, el lucero pleno, pues Él es la luz del mundo (Jn 8:12). Cuando esto ocurra, acaso pronto, se cumplirá la coincidencia más grande de todas y todo cambiará. Allí ya no importará si alguien creyó o no porque todos, independientemente de credos, lo verán (Mc 13:26). Oh maravilla la que se avecina y qué gran matrimonio el que vendrá para los fieles (Ap 19:6—9).

Ya dispuesto a adentrarme en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo después que Él entrara a Jerusalén sentado en un burrito, aquí reitero la fe de los que esperamos, ¡Marana tha! (1 Co 16:22), ¡Ven Señor Jesús! (Ap 22:20).

EL LUCERO PLENO

Inspirada por El Conjunto Clásico

Mira las señales…

El verso llamaba a fondo
entretejiendo lo pleno, (2)
y con fuerza silenciosa
enamoraba de lleno. (2)

Coincidencias
ay del cielo,
el mundo dice socorro
la coherencia cojea. (2)

Era un canto feliz
que dotaba la esperanza,
soñando llegar al fin
a regalar toda gracia. (2)

Ay el cielo se viene
con su voz,
ay ya mira
llega el lucero. (2)

Y unos bien entrarán
y otros darán un grito,
el drama termina así
definiendo el infinito. (2)

Ay el cielo se viene
con su voz,
ay ya mira
llega el lucero. (2)

Y unos se casarán
y otros quedarán fritos,
no salvarán las pesetas
sólo un corazón contrito. (2)

Ay el cielo se viene
con su voz,
ay ya mira
llega el lucero. (2)

Oye mira, lucero pleno…

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Los signos lo anuncian
ya viene el lucero.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Brotes en la higuera
letras en el cielo.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Sanea tu amor
que llega lo pleno.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Acepta la voz
amando de lleno.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Es puerta real
es verso sereno.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

La verdad es fiel
no cambia el lucero.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Ay bájate ya
no tengas más miedo.

Ay no te quedes atrás
con lucero a ganar. (4)

Shanti Setú…

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Llena el corazón
de todo lo bueno

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Hay fiesta eterna
no te la pierdas.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Busca en tu interior
allí está el lucero.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

En manto ay está
su símbolo añejo.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Lo advierte el Señor,
corrige y se bueno.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

Se viene, ya llega,
el lucero pleno.

Sana tu dolor
viene ya el lucero.

El lucero,
el lucero, el lucero…

(Agosto 2003/Febrero 2019)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

Publicado en Campanitas