¡Ay Bendito!

En el transcurso de este año 2017 una canción emanó de Puerto Rico y llegó a ser la más famosa del planeta. Triste y pavorosamente, su temática impulsiva le marcó el rumbo a un horrendo ciclón, el cual, luego de quedarse “mirando” la isla “un rato” como atraído cual “metal al imán”,  se fue “acercando” y “armando” su “plan” perverso de vientos voraces y “acelerando el pulso” sirviéndose de “malicia con delicadeza”, es decir viajando de una forma “lenta” y a la vez “salvaje”, se movió con soberbia, “sobrepasando las zonas de peligro”, para arrasar despacito, poquito a poquito y pasito a pasito, los “lugares favoritos”, es decir, toda la Isla del Encanto.

Ha sido muy doloroso ver la devastación creada por un huracán irrespetuosamente denominado y observar el sufrimiento generalizado de nuestros hermanos allí y en otras islas.  Ha sido en verdad extremadamente lamentable el escuchar un muy desgarrador ¡Ay Bendito!, además “gritado por olas” y por corazones asustados haciendo “bom, bom”, uno tan triste como un ardiente “sello” “en una playa”, tal y como concluye la pegajosa canción con coros sencillos, mas no apta para niños de todas las edades.

Los huracanes, y otras calamidades naturales, son eventos espantosos que nos fuerzan a pensar acerca de los “laberintos” de la vida y que, naturalmente, nos instan a ayudar a nuestros semejantes, tal y como lo enseña el mejor de los “manuscritos”. Ellos también nos permiten comprender algunas facetas del flujo natural violento del bien hacia el mal, lo cual podemos evitar en nuestras vidas, con la debida “destreza”, para encontrar la ansiada paz.

En el centro de la tormenta, guiada por un desequilibrio causado por aguas muy calientes debajo que se evaporan y suben para después llover, existe una zona de baja presión que atrae hacia sí el aire aledaño a más alta presión. En la cuenca del Caribe, cuando dicho movimiento de energías llega a establecerse, se forma un visible y diabólico número 6 que termina destruyendo, viajando hacia adentro, rotando siempre en contra de las manecillas del reloj, como recordando eventos pasados igualmente amargos.

Tal es también lo que nosotros mismos hacemos, guardadas las proporciones, claro está,  cuando escogemos fluir hacia adentro de una forma egoísta, como si creyéramos, al olvidar quiénes somos y a veces hasta “nuestro apellido”, que nos situamos en el mismo centro del universo. Como lo podemos comprobar por experiencia, la opción de actuar guiados por instintos, con prisa y no “despacito”, conlleva corazones rotos y soledades reales que son pésimos remedos de la verdadera unión. Pues la búsqueda de un triunfo inmediato y a la vez carente de real bondad, en su inexorable viaje del más (+) hacia el menos (-), no sana la herida original sino que la acrecienta …

… La canción incluida en esta campanita se llama El Pasito y, por ende, evoca la famosa y premiada, mas no en su temática. Lo que ésta aboga es, en efecto, el caminar pasito a pasito, ciertamente despacito y poquito a poquito, con cada paso hacia adelante, acorde al tiempo y sus manecillas, como en la rueda mostrada arriba, de modo que todos, como niños buenos y con toda pureza y virtud, practiquemos en el día a día lo opuesto al ciclón para llegar a vivir de una forma plena.

En verdad se puede aprender de la naturaleza, pues la bella “pieza del rompecabezas” que siempre encaja, la esencia misma de la entrega vital, se logra en el espiral no natural que gira hacia afuera, es decir, en el amor auténtico que no busca un placer desechable y perecedero sino que más bien sueña primero con lo eterno, o sea con la unidad real.

Como tal, la mejor opción, pues hemos sido dotados del libre albedrío, es el atrevernos a dibujar en paz un simbólico número 9, que, contrario al dañino, viaja de todo menos (-) hacia el ansiado más (+), es decir desde el mal hacia el bien o desde el pecado impúdico hacia la cruz del Justo, de donde proviene la simbólica y sabia relación que liga, por medio del amor, la santidad y la unidad:

Es curioso, aunque acaso no, que la última estrofa en la canción aquí, ya mayor de edad aunque sin permiso de licor, termine con una alusión a caminar con Ella, nuestra Madre, María, quien, sobra decir, al igual que su fiel esposo José, nunca fue un huracán.

Y es que esta aclaración acaso no es tonta, pues antes de la calamidad final en Puerto Rico hubo tres tormentas (katia, irma y josé) que asustaron y destruyeron simultáneamente, esbozando un claro 666 que recuerda un peligroso enemigo universal (Ap 13:18). Y es que, tal y como lo recuerda el Evangelio según San Marcos (Mc 15:33–37), cuando Jesús fue crucificado hubo oscuridad entre la hora sexta y la novena—en la que Él murió–, algo que bien refleja también hoy por hoy las elecciones que podemos tomar: desde lo negativo del mal, hasta la plena y positiva luz del bien.

Me dará mucha alegría cuando esta canción llegue a sonar bien y más si su mensaje se vuelve popular. Qué bueno fuera que se convirtiera en una plena borinqueña, y navideña, que ayude a que expulsemos, con la ayuda de Santa María, al terrible animal que trata de devorarnos.  Ciertamente, me encantará si de allí surge un luminoso y optimista ¡Ay Bendito!, cual lo acabo de agregar al final del texto. ¡Que viva Puerto Rico!

El pasito

!Qué gran baile!

¡Para construir el amor!

Apréndete el pasito…

Escúchalo y practícalo…

Shanti Setú, para bailar…

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito recto
y otro de verdad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito justo
y otro en hermandad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito noble
y otro en humildad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito excelso
y otro en santidad.

A la paz, a la paz,
con amor, con amor,
un pasito bello
y otro en caridad.

Shanti Setú…

¡Lo estás haciendo muy bien!

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito nuevo
y otro en igualdad.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito puro
y otro en claridad.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito bueno
y otro sin jamás.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito cuerdo
y otro en libertad.

Con amor, con amor,
por la paz, por la paz,
un pasito Trino
y otro con Mamá.

Puente de paz…

Ay pero que rico…

¡Ay Bendito!

(Junio 1999)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

Esta entrada fue publicada en Campanitas. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a ¡Ay Bendito!

  1. 119changeme dijo:

    Creo k todavía la mayoría de nosotros no comprendemos la devastación tremenda k el huracán ‘Maria’ causó en Puerto Rico. Más k nada se escucharon los comentarios políticos de los involucrados en responder a la situación tan desesperante. En situaciones como estas a veces no sabemos reaccionar y solo podemos decir ‘Aye Bendito’, y ayudar en la manera k nos permite cada uno según sus recursos y/o oraciones encomendas al Todopoderoso. Gracias por poner en palabras una repuesta k expresa nuestra solidaridad con el pueblo Puerto Riqueno e otros pueblos/Islas similarmente afectados.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.