Una serenata inmaculada

Durante la vivencia lejos de la patria hemos tenido la alegría de contar con buenos amigos que han hecho más llevadero el “exilio” de vivir en el extranjero. Prominentes entre ellos ha habido un grupo fiel aquí en Davis liderado por José Nel Becerra y Tina Castillo, quienes además han sido baluartes para muchos estudiantes latinoamericanos en la universidad.

Dadas sus claras dotes musicales y su energía vital, por años ellos organizaron, con sus hijos Felipe y Carlos y diversos amigos, un bello evento llamado La Serenata Colombiana, el cual se llevó a cabo en la primera semana de diciembre para hacerlo coincidir en lo posible, aunque no religiosamente, con el “día de las velitas”, la fiesta celebrada para conmemorar, el día 8, la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María.

Para mi alegría, en el 2004 me invitaron por primera vez a ser parte de la serenata y así sumarme a Los Primos en la sección de percusión, en la que me defiendo casi cual si fuera cubano. Ante una audiencia entusiasta interpretamos canciones colombianas provenientes de diversas regiones del país y recuerdo, con particular gusto, el cariño de la gente y la deliciosa y refrescante agua de panela que se sirvió al final. Fue un día espléndido que dio lugar a otras presentaciones y a muchos gratos momentos…

… La semana siguiente era la última de clases y yo estaba muy ocupado preparando un afiche que presentaría en San Francisco el día 14 de diciembre en la conferencia de otoño de la Unión Americana de Geofísica. El trabajo era particularmente relevante para mí pues cerraba una trilogía basada en mi entender de la ciencia a la fe, atreviéndome a presentar ante mis colegas, y en un contexto dispar, algo en verdad inesperado: un modelo de la Santísima Trinidad, algo parecido a lo que no hace mucho tiempo compartí en Roma en una conferencia llamada ¡Hágase la luz!

Para evitar distracciones en la universidad, le pedí a mi Marta que me dejara trabajar en casa y que se llevara a nuestras hijas Cristina y Mariana en la tarde, después de la escuela, para poder inspirarme mejor. Contrario a mis deseos, Mariana, quien entonces tenía 5 años y cursaba el kínder, irrumpió un día emocionada en la oficina y me preguntó, “¿quieres oír lo que voy a decir la semana entrante?”–-esto es, en una recreación de la Navidad en la que ella iba a ser un ángel con alitas y halo plateados y vestida de blanco brillante—y, claro, yo le dije que sí. Me dijo llena de entusiasmo y en inglés sus palabras memorizadas, “gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” y de mi parte supe, al instante, que no debía buscar más con qué expresión terminar mi afiche.

En medio de la semana recibí una llamada de parte de mi “prima” Marisa Escobar, alguien que he considerado más como una hermana, en la que me invitaba a acompañar al grupo el siguiente domingo cuando se celebraba, el 12 de diciembre, el día de Nuestra Señora de Guadalupe. Dije que sí con alegría y a su vez le pregunté qué cantaríamos y me dijo que simplemente lo mismo de la serenata, tal y como ya habían hecho varias veces en el pasado. Sabiendo del amor de los mexicanos a su Reina, a mí me pareció que eso no debería ser así pues las canciones que hicimos, aunque hermosas, no eran alusivas a Ella.

Así, en medio de la escritura del afiche, la contribución de mi Mariana y el hecho que ese viernes compartiría en la última clase de hidrología la charla “La hipotenusa el camino de la paz”—hoy por hoy también conocida como “Del Nobel a la paz”—, de la noche del jueves al viernes me apropié de la melodía de una sentida canción colombiana llamada Pueblito viejo del Maestro José A. Morales, que es como un himno patrio y que habíamos interpretado en la serenata, y le cambié los versos para escribir la campanita que se encuentra aquí bajo el título ¡Oh Virgen preferida!

De viernes a sábado, después de mi conferencia en la que explicaba por qué es bueno evitar los diabólicos catetos relacionados con la división, pulí lo escrito un poco y le canté la melodía primero a mis suegros Enrique y Gloria y luego, por teléfono, a mis padres Carlos y Connie en Colombia. A todos les gustó mucho y me lo dijeron emocionados y a Gloria además se le salió una lágrima que corroboró que la composición había quedado buena.

Cuando llegó el momento de la presentación, al otro día, no se hizo, al no estar debidamente ensayada, pero días después, cuando empezaron las novenas navideñas incluyendo primos y no primos, la plegaria, con bella introducción de guitarra de mi “primo” y tocayo Carlos Rueda, se convirtió en el último villancico, lo cual se repitió así, por años.

Cuando fui a San Francisco el día 14, cuando además celebrábamos  a uno de mis santos favoritos, San Juan de la Cruz, me atreví a cantar mi tonada ante una réplica de la tilma milagrosa, ésta hecha con mosaicos multicolores, en la muy hermosa Catedral de Santa María de la Asunción, en la cual, hoy por hoy, preside un fiel y valiente líder que, al cumplirse 100 años de las apariciones de la Virgen en Fátima, consagró su Arquidiócesis al Inmaculado Corazón de María. A propósito, el afiche fue bien recibido por los que estaban destinados a hacerlo y ese bello día tuve un sentimiento dulce de misión cumplida.

He pensado por años que esta canción puede llegar a ser un danzón o acaso también una sentida ranchera para ofrecérsela a Ella en la celebración de sus mañanitas. Hoy por hoy, y con el debido respeto al Maestro Morales,  la cantamos siempre al final del rezo del Rosario.

¡Oh Virgen preferida!

 ¡Para la Guadalupana!

Oh virgen preferida
Reina de los cielos,
fiel promesa eterna
regalo de Dios,
para que sanaran
toditos los pueblos,
oh Virgen divina
con fe en el amor.

Virgencita querida
por siempre enamorada,
por tus humildes votos
nació el buen Señor:
Él que enseñó a querer
con savia de tu ser,
y presto nos acoge
con tierno corazón.

En medio de maldades
soñando con verdades,
y con el alma abierta
deseando ya vencer,
pido Virgen querida,
oh Madre inmaculada,
recibe esta tonada
y guía mi proceder.

(Diciembre 2004)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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Una respuesta a Una serenata inmaculada

  1. ELIGIO PUENTE PEREZ dijo:

    EXCELENTE !!!!!!!!!!!!!!!!! BUENA ESA PRIMO !!!!!!!!!!!

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