¡Agüita pa ti!

Cuando por doquier la “pataleta” de un virus invisible nos ha “coronado” forzándonos a una cuarentena cruel e inesperada que nos recuerda la realidad de la muerte y mientras celebramos a su vez otra temporada de 40 días, es decir, la Cuaresma, escribo esta campanita intentando animar a lo esencial, esta vez rociando con todo amor un poquito de agua, ojalá viva.

Es evidente que es menester prestar atención a las recomendaciones que nos dan los expertos respecto a nuestra salud corporal y es claro que debemos también escuchar sabios consejos para mantener nuestra salud mental. Sin embargo, hay algo que es aún mucho más importante y ésta es nuestra salud espiritual, pues ella es la que nos permite, en su prescrita vitalidad, llegar a entrar al Reino de los Cielos.

He aquí por donde corre segura la agüita, pues en estos tiempos modernos como en el pasado, con cuarentena o no, ahora y siempre, la clave está en escuchar y responder los llamados concurrentes, primero de Juan Bautista y luego de su primo Jesucristo cuando los dos proclamaron con toda urgencia: “Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos” (Mt 3:2; 4:17) …

… El meollo de la Cuaresma, que en algunos ámbitos no parece tener la misma premura de la cuarentena forzada, es el arrepentirnos de corazón, dejando atrás toda arrogancia, bajándonos del árbol del pecado al que tendemos a subirnos, para acercarnos a Dios con toda sinceridad buscando su perdón y guía. He aquí cómo la humildad vital y la penitencia coherente nos permite experimentar la vida en plenitud, vida santa que es Jesús mismo, el cual siempre dota, si abrimos la puerta, torrentes de agua viva (Jn 7:38).

Rodeados por el miedo al contagio a la enfermedad, es decir por el miedo a morir, pasan estos días tan carentes del temor a Dios. En estos tiempos modernos en los que se desprecian los mandamientos, se afirma que todo camino es igualmente válido y se desecha el castigo hasta la inexistencia misma del infierno, no es del todo raro (por no decir seguro) que lo que sucede en estos días sea parte del diseño divino para llamarnos a nuestra conversión.

Y al ser así sin azar, ¿qué tal si esta cuarentena diera lugar a una Cuaresma igualmente seria de la cual saliéramos todos santitos? ¿Qué tal si este tiempo encerrados nos diera la suficiente conciencia para que no deseáramos volver a la mal llamada “normalidad” (anterior al brote del asesino silencioso), una condición llena de vicio y perdición ya deseada por muchos para salir del paso, para salir del problema? ¿Qué tal si en unas semanas (o meses) saliéramos ya bellos a un mundo muchísimo mejor que el anterior en el que primara el amor de Cristo? Ojalá así sea y todo lo que hoy ocurre sea propicio para sembrar la verdadera unidad en el equilibrio del bien sin el mal. ¡Que así sea!

Incluyo a continuación una canción ya antigua a la que le agregué sus últimas estrofas en estos días aciagos. Ella está dedicada, con toda humildad, a Juan Bautista, a quien por años he denominado como el mejor hidrólogo, por su bautismo con agua, claro debe estar. Debo decir que cuando en alguna conferencia, por “el desierto” moderno que me ha tocado habitar, he afirmado públicamente que él y yo somos colegas del agua, esto ha suscitado sonrisas amables y a veces carcajadas de parte de la concurrencia. También debo decir que no en pocas ocasiones, y en virtud a mi proclamar a Cristo, y sólo a Él, algunos me han “cortado la cabeza”, así ella no haya sido llevada a una arpía en una bandeja.

Al final, luego de la canción y para invitar al arrepentimiento vital por medio de la ciencia, vuelo a traer a colación mi conferencia “¡Oye, decídete a amar: usa la hipotenusa!”, grabada el año pasado en el Parque Científico de Innovación Social de Uniminuto en Bogotá, la cual muestra que Jesús es el antídoto deseado, en efecto, el camino, la verdad y la vida y el único que nos lleva al Padre (Jn 14:6). Ahora que “tienen más tiempo”, los invito a estudiar la charla con calma, ya sin el afán de la vida moderna y como si fuera una bella penitencia cuaresmal en cuarentena. ¡Les aseguro con alegría que su temática aleja toda angustia y desazón, pues explica que Jesús venció la muerte y vive!

Como le dijo el arcángel Gabriel a María, en el día en que Jesús se encarnó en Ella, celebrado hoy 25 de Marzo de 2020, “para Dios no hay nada imposible” (Lc 1:26—38).

EL MÁS PEQUEÑO

De veras, el mejor hidrólogo…

(Lc 1:5—25, 39—80; 3:1—22; Mt 3:1—17, 14:1—12; Mc 1:1—11, 6:16—29)

Su padre perdió la voz,
su madre guardó el secreto,
él ya en vientre estuvo lleno
del gozo de amor perfecto.

Con saltamontes y miel
proclamó por el desierto:
que en camino recto y fiel,
se aprecia cercano el reino.

Que toda montaña caiga
que todo valle se llene,
que la división ya salga
y que el equilibrio llegue. (2)

Entendió el uso del agua
llamó al fruto más sincero:
sumersión vital de faltas
reconciliación de lleno.

Explicó que él no era
que otro en fuego ya vendría,
advirtió que el hacha Él usa
pa’ talar la hipocresía.

Que toda montaña caiga
que todo valle se llene,
que la división ya salga
y que el equilibrio llegue. (2)

Por paloma y voz él supo
cuando el tiempo ya era pleno,
y comprendiendo el destino
vivió en hacerse pequeño.

Y aunque aquel en elogio dijo:
no hay más grande de mujer,
el más pequeño en los cielos
será más grande que él.

Que toda montaña caiga
que todo valle se llene,
que la división ya salga
y que el equilibrio llegue. (2)

Por decir verdad un día
llegó él a fría celda,
y por danza primorosa
le cortaron la cabeza.

Su mensaje hoy perdura:
es vital la conversión,
la cuarentena es propicia
ay sana tu corazón.

Que toda montaña caiga
que todo valle se llene,
que la división ya salga
y que el equilibrio llegue. (2)

(Octubre 1997/Marzo 2020)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

 

El material de la conferencia debajo también se explica, aquí, aquí, aquí y también aquí.

jaja

(Marzo 2019)

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