La mejor aventura

Cuando ha llegado nuevamente la época de carnaval, una en la que comúnmente se da rienda suelta a las pasiones para buscar las emociones y el “gozo”, deseo retomar en esta campanita lo sucedido cuando experimenté la epifanía que cambió mi vida.

Si acaso no han tenido la oportunidad de considerar mi segunda carta al Nobel José Saramago, allí en las páginas 7 y 8 se cuenta en detalle lo sucedido. Si van al texto y lo leen despacio—a números de Reynolds bajos—observarán que allí se cita, sin darle nombre, a un “buen amigo” que jugó un papel preponderante en todo lo ocurrido. Éste es, además de amigo, mi hermano Álvaro Alberto Aldama—AAA o 111 en griego—y él, conjuntamente con su esposa Elizabeth, fueron, como se verá, mis primeros “padrinos espirituales“.

Con esta bella pareja nos conocimos en la fría pero hermosa Cambridge, cuando Álvaro y yo estudiábamos nuestros doctorados en hidrología en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Allí, él se distinguía por su prodigiosa memoria, por la particular seriedad que le imprimía a su trabajo y por una seguridad esencial que ciertamente yo no tenía. Con el paso del tiempo y de la amistad, pude comprender la fuente de dicho estado y es que él y su esposa bien aceptaban que Cristo fuera su Señor.

Cuando llegaron los descubrimientos científicos que dieron lugar a mi conversión, Álvaro y Elizabeth me hablaron acerca de la relevancia de la experiencia de “nacer de nuevo“, cual relatada en el Evangelio según San Juan. Ellos me contaron porqué dicha acción era esencial para entrar al “reino de los cielos” y yo escuché, con atención, sabiéndome ignorante, pues entonces no conocía, ni siquiera de una forma coloquial, lo que dicho vocablo significaba.

Para que la Biblia hable por sí misma y para que quede claro mi agradecimiento a mis padrinos por su fiel proselitismo—explicado todo sin forzar nada—, aquí incluyo la cita que relata una vital conversación entre un hombre judío llamado Nicodemo y Jesús, tal y como aparece en la Biblia de Jerusalén y con énfasis mío (Jn 3:1–7):

“Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: ‘Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas, si Dios no está con él’. Jesús le respondió: ‘En verdad, en verdad te digo que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios‘. Nicodemo le preguntó: ‘¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?’ Respondió Jesús: ‘En verdad, en verdad te digo que el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne es carne; lo nacido del Espíritu es espíritu. No te asombres de que te haya dicho que tenéis que nacer de nuevo.’ “

Como se observa, el pasaje es particularmente relevante y por eso me lo explicaron mis buenos amigos: o se nace de nuevo o no se entra al Reino de Dios. La lógica del texto no da lugar a otra posibilidad, algo similar a lo expresado en la campanita anterior cuando se corroboraron de una forma geométrica las palabras de Jesús cuando Él afirmó que nadie llega al Padre sino por medio suyo, es decir por la hipotenusa.

Tal como fue relatado al Nobel de literatura, el experimentar el nacimiento espiritual en la cita bíblica fue para mí realmente emocionante. ¿Cómo olvidar el primer “calorcito” dulce y suave en mi corazón una vez toqué fondo y abordé a Jesús? ¿Cómo no evocar que tuve a mis hermanos Aldama como testigos de una fiesta en el cielo en mi honor? (Lc 15:7,10). ¿Cómo no reconocer una promesa fiel en lo sucedido, pues por encima de las vicisitudes de la vida, a partir de dicho evento ya nada fue igual?

Sin lugar a dudas, esa vivencia fue la mejor aventura que tuve y desde entonces se ha repetido por medio del mismo algoritmo de pedir perdón y perdonar, pues esto de nacer de nuevo es algo que no debemos hacer solo una vez sino durante el resto de nuestras vidas …
… Existe en Colombia una estupenda agrupación musical llamada el Grupo Niche, el cual ha compuesto diversas canciones que han llegado a ser grandes éxitos, dentro y fuera del país. Uno de sus temas emblemáticos, sin embargo, resulta ser contrario a lo enseñado por Cristo, pues le da vana gloria a las aventuras extramaritales, incitando, aún acaso sin proponérselo, a que la gente desee, por asociación con un muy bien logrado arreglo musical, hacer lo que no debe.

Esas aventuras, claro está, no son temas triviales y ellas rompen anillos (de diamantes o esmeraldas) y más tristemente corazones en mil pedazos. Y es que, aunque algunos seres “modernos” y situados en donde no deberían estar, repitan que el adulterio y otros “pecados de la carne” son menos serios que otros y que el entrar al Reino de los Cielos está “asegurado” pues el mismo infierno o está casi vacío o no existe, no se debe olvidar que no hay mejores escaleras del diablo que otras, como tampoco se debe pasar por alto, en particular, lo que Jesús le dijo categóricamente a Nicodemo.

Un buen día, dándole gracias a Dios por tener la fortuna de comprender un poco acerca de sus misterios, me apropié de la melodía de “Una aventura” y le escribí otra letra acorde con “la mejor aventura” que, de acuerdo a las Sagradas Escrituras, podemos y debemos experimentar.

Aquí está a continuación “Nacer de nuevo“, una canción que invita al amor infinito de Cristo, fuente del gozo verdadero y, por ende, sustento de un carnaval real. Ella surgió con el debido respeto al Maestro Jairo Varela, y representa una coherente convocatoria—sin forzar nada—para que nos adentremos a tener Cuaresmas renovadas y así lleguemos a celebrar mejor la Pascua de la Resurrección de Jesús, Nuestro Señor.

¡Cuánto me gustará cuando esta nueva versión, nacida de nuevo con la misma música, llegue a contribuir a la verdadera paz de mi patria y del mundo! ¡Cuán emocionante será oírla algún día, ojalá cercano, e interpretada por el mismísimo Grupo Niche!

Nacer de nuevo

¡Vaya aventura!

¡El mejor carnaval!

¡Mejor tocar fondo!

Nacer de nuevo
es muy hermoso,
es descubrir el sol
en tu interior.

Nacer de nuevo
es tan glorioso,
que todo te parece
una bendición.

Nacer de nuevo
es asombroso,
es encontrar en ti
la inmensidad.

Nacer de nuevo
es tan grandioso,
que al sueño hace
una realidad.

Sí, el mejor carnaval…

Perdonamos
y a todos mejor amamos,
y a la vez
ya de veras intentamos,
y de frente
hacia la luz ya caminamos,
y el trino eterno
se enciende en el corazón.

Puente de paz…

Nacer de nuevo
es muy hermoso,
es hallar el agua
que sacia tu sed.

Nacer de nuevo
es tan glorioso,
que aleja la queja
llamando a crecer.

Nacer de nuevo
es asombroso,
es escuchar la voz
que anima la fe.

Nacer de nuevo
es tan grandioso,
pues así conoces
a Dios en tu ser.

Seguro, gran carnaval…

Perdonamos
y a todos mejor amamos,
y a la vez
ya de veras intentamos,
y de frente
hacia la luz ya caminamos,
y el trino eterno
se enciende en el corazón.

Puente de paz…

Qué bello es vivir feliz
y comprender que nunca tendrá fin.

Hallas oasis en el desierto
y en el silencio escuchas lo cierto.

Qué bello es vivir feliz
y comprender que nunca tendrá fin.

En un instante lo crees todo
y en la quietud aprendes tu coro.

Qué bello es vivir feliz
y comprender que nunca tendrá fin.

Buscas de lleno y hallas el fuego
y desde entonces se aleja el miedo.

Qué bello es vivir feliz
y comprender que nunca tendrá fin.

¡Vaya, qué carnaval!

Perdonamos
y a todos mejor amamos,
y a la vez
ya de veras intentamos,
y de frente
hacia la luz ya caminamos,
y el trino eterno
se enciende en el corazón.

¿Ya naciste de nuevo?

(Julio 2000)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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