Tic-tac: por Ende a Saramago

Esta campanita contiene una canción, Son 3, basada en trabajos de dos grandes escritores, el alemán Michael Ende y el portugués José Saramago. Aunque el relato comienza explicando mi improbable relación con el segundo, el título de la campanita refleja el orden empleado en la composición y, por ende, es correcto.

En el mes de septiembre del año 2003, en el infame día 11 para ser exactos, compartí una charla “De Platón a Borges” organizada por mi querido profesor Jairo Uribe Escamilla en la Escuela Colombiana de Ingeniería en Bogotá. Al terminar, su esposa Isabelita me instó enfáticamente a leer “La Caverna” de Saramago y, dada la vehemencia de la insinuación, me rendí inmediatamente a la sugerencia pidiéndole a mi padre, quien me acompañaba orgullosamente ese día, que me regalara el libro. Fue de esa manera como leí a este autor por primera vez en el que resultó ser un muy placentero regreso de Bogotá hacia Davis.

Habiendo captado el porqué de la prisa de Isabelita en la relación de la caverna con la misma cueva platónica presente en mi charla científica y habiendo comprendido la evidente razón por la cual el escritor ganó el premio Nobel de Literatura en 1998, llegué contento a casa habiendo gozado de la imaginación sutil del escritor que le dio vida hasta a un perro en el relato. Allí, en medio del encanto, concluí que, más allá de las obligaciones absorbentes de mi vida como profesor, a Saramago debía sacarle tiempo—cosa muy complicada y acaso cada vez más difícil en estos días modernos—pues su bella e inteligente prosa reclamaba su lectura.

Así, pocos días después y cuando todavía tenía tiempo antes que empezaran las clases, fui a la librería del centro de mi pueblo y terminé comprando un par de libros y pidiendo otros, dentro de los cuales estaba uno con un título particularmente interesante para mí: “El Evangelio Según Jesucristo”. Cuando me llegó el tal “evangelio”, y luego de haber disfrutado ya como abre bocas el excelente “Ensayo sobre la ceguera”, dejé mis quehaceres de investigación de los fines de semana a un lado y me dediqué a leer con particular atención, en verdad sin saber lo que encontraría en dicha novela.

Apenas empecé a leer, noté que el “evangelio según Saramago” contenía una versión tergiversada de los hechos revelados en los cuatro Evangelios. Como el escrito era ciertamente exquisito, continué leyendo y empecé a hacerlo cual si fuera una obra policíaca en la que mi labor era separar en la trama lo que era bíblico y lo que no. Asombrado por el ingenio del Nobel y entendiéndolo todo como un rompecabezas sutil con los papeles del diablo y de Dios trastocados, terminé una mañana riéndome a carcajadas al llegar al final de un capítulo en el que Jesús no puede revivir un árbol que él ha maldecido sin saber que podía hacerlo, y todo esto acompañado por un regaño de María Magdalena. Me causó mucha risa la ocurrencia contada con una humanidad conmovedora y de allí surgió la idea que le escribiría a Saramago para intentar explicarle lo que entendía con relación a una higuera que Nuestro Señor Jesucristo maldijo y secó durante la semana de su crucifixión y que dejó anonadados a sus discípulos.

Mi inesperada correspondencia con el Maestro José Saramago se encuentra aquí, al final, y, aunque toma tiempo leerla creo que merece la pena. Conjuntamente con mi primera carta, le envié al Nobel copias de mi parábola La Hipotenusa, de la charla antes nombrada “De Platón a Borges” y de un artículo que explicaba las conexiones que he observado por años entre una higuera de la ciencia y las de la Biblia. No obstante algunos amigos pensaron que no me contestaría, y aunque yo lo dudé también, en parte por su auto-calificación explícita de ateo, él regaló su tiempo y su respuesta elegante terminó sorprendiéndonos a todos.

Como su misiva vino con preguntas y esbozó la luz de una apertura, le escribí en mayo del 2004 una segunda carta larga que incluye un testimonio especial y poco usual que explica cómo mis propias investigaciones científicas me llevaron a experimentar el amor de Dios, algo que, aunque no me contestó, ojalá le haya sido útil en sus últimos días.

Aunque se planteó por correos electrónicos la posibilidad de una visita mía, esto finalmente no se pudo llevar a cabo, aunque sí tuve la oportunidad de rezar por él durante su funeral en Lisboa en el año 2010, pues él falleció casi a la misma hora en la que yo partía hacia Europa para participar en una conferencia acerca de la lluvia en Coimbra …

… Lamentablemente no recuerdo el nombre del sabio estudiante que me habló de la bella parábola “Momo” del magnífico escritor Michael Ende. Sólo sé que fue a raíz de una conversación acerca de mi parábola “La Hipotenusa”, la cual, como acaso lo acaban de leer si por curiosidad tuvieron tiempo, recibió un bello comentario del Nobel Saramago ligándola con un libro desconocido de Borges.

La verdad es que la parábola del Maestro Ende es formidable y la ocurrencia de una tortuguita llamada Casiopea—como una canción antes nombrada en otra campanita que me define—ayudando a la huérfana Momo a derrotar a los “hombres de gris”, ladrones del tiempo, es siempre digna de toda consideración, especialmente y como ya se ha dicho (por ende) en estos tiempos modernos carentes de tiempo.

A continuación se encuentra, y ya con su debida introducción, una canción sobre el tiempo basada en estos dos grandes autores. Los que han leído el brillante “Momo” seguro se acuerdan de un divertido e ingenioso acertijo repetido varias veces y los que han considerado el genial “Ensayo sobre la lucidez” de Saramago acaso recuerdan el santo y seña que debería emplearse para poder cruzar una frontera, que ahora se convierte en un coro, aunque sea en seña y santo.

Ojalá esta canción curiosa llegue a sonar y ayude un poco a recordar que sí hay tiempo, pues nos espera, si usamos bien el tiempo, la vida eterna.

Son 3

¡Ay que lio!

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

El primero, ay no está
pero pronto llega (2),
el segundo, ay se fue
y deja su estela (2).

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

El tercero es chiquitito
como un puntito (2),
y sin éste, ay tú ves,
los otros no juegan (2).

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

El tercero es un factor
ay muy importante (2),
pues por él primo hermanito
cambia su talante (2).

Conviviendo en una casa
hay tres hermanos (2),
dispares ellos son
pero se parecen (2).

No puedes parar, ay no,
y ver al tercero (2),
pues los otros dos, seguro,
completan tu vuelo (2).

Ay que lío, ¿qué es?

Son 3
ay mira tú, son familia,
son 3
tres en uno, es cómo es,
son 3
son un reino infinito,
son 3
es tu tiempo, ya lo ves.

Son 3
futuro, pasado, presente…

Son 3
la vida ocurre ahora,
son 3
el pasado ya no es,
son 3
el pequeño es el presente,
son 3
oh regalo para ser.

Son 3
futuro, pasado, presente…

Son 3
al pasado mira sana,
son 3
y al momento entrégate,
son 3
ay no fuerces el futuro,
son 3
que ya llega lo que es…

Shanti Setú…

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Parece que se acaba
pero la vida queda.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Con su tic tac seguro
si inviertes sanas pena.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Viene como un fluido
y todito lo llena.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

La muerte no lo acaba
y hacia lo eterno lleva.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Por eso dotó el cielo
oh increíble poema.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Si amas todo instante
evitas larga quema.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

Mira mi buen amigo
el cielo casi llega.

El tiempo siempre falta
el tiempo siempre llega.

A paso de tortuga
caminas sin problema.

(Julio 2004)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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