Un santo y yo

En el año 1989, poco después de mi epifanía, cual relatada en una campanita anterior, tuve la oportunidad de vivir en mi patria, en Bogotá, rodeado de familiares y amigos cercanos, quienes mucho me ayudaron durante tiempos muy difíciles en los que se derrumbaba, y finalmente sucumbió, mi matrimonio de ocho años.

Cuando pocos creían que Dios pudiera haberme tocado el corazón, como si algo bueno no pudiera salir de Nazareth—valga la desproporcionada analogía de un Natanael que aparecerá en una campanita futura, Gladys,  mi querida y piadosa suegra de entonces y a quien mucho le gustó posteriormente mi canción Oh Virgen preferida, sí vislumbró que algo bueno había pasado en mí y, así, decidió llevarme, con toda fe, al famoso barrio El Minuto de Dios de la capital para que allí compartiera con un sacerdote mi testimonio de conversión.

Llegamos en una fría tarde a finales de julio y nos sentamos a esperar que un padre se desocupara. Allí, de pronto, me acordé de un compañero de universidad que salió del país como otros, pero que encontró su vocación más allá de las matemáticas o la ingeniería y, mejor aún, en el sacerdocio. Preguntamos por él y nos dijeron que fuéramos un par de puertas al salir a la derecha.

Efectivamente, mi hermano, el Padre Camilo Bernal, estaba allí, y tuvimos un bello reencuentro que además coincidió con su cumpleaños. Hablamos, primero en la compañía de Gladys, y luego a solas, y allí comprendí que dicha cita, guiada no sólo por la fe de ella sino por el albur de mis recuerdos, estaba siendo orquestada para mi salud espiritual en los meses y años por venir.

Con el paso del tiempo, el Padre Camilo y yo nos adentramos en la amistad y presenciamos juntos duros eventos para el país como el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán. Un día, en medio de nuestros encuentros frecuentes, él me contó que le había hablado de mí al Padre Rafael García Herreros, fundador de El Minuto de Dios, y que él quería conocerme.

El Padre Rafael, quien partió en 1992, y con toda probabilidad al cielo, continúa siendo un importante icono en Colombia. Su obra pionera en diversos ámbitos, incluidos la televisión, la educación y la evangelización persisten hasta la fecha, y, claro, yo me sentí muy honrado de poder conocerlo …

… Un buen día el Padre Camilo me llamó por teléfono y me dijo que el Padre Rafael me estaba esperando. Yo le dije que me iba a arreglar y que tomaría un taxi apenas pudiera. Una vez le dije al taxista que iba al Minuto de Dios y habiendo yo compartido con él la emoción que tenía ante el encuentro con quien a diario se había comunicado al país por un minuto antes del noticiero (de allí consistentemente “El Minuto de Dios”), el hombre sintió la necesidad de desahogarse conmigo contándome sus dolorosas infidelidades y, aunque él supo que yo no podía perdonar pecados al no ser sacerdote, me pidió el debido consejo, que claramente correspondía a pedir perdón de corazón, buscando la reconciliación, la cual, también de corazón, le deseé en el debido perdón de su esposa.

Cuando llegué a mi destino, el Padre Rafael estaba sentado en medio de un sofá y me invitó a sentarme a su lado. Tenía la mirada translúcida y suavemente penetrante de un santo, y de pronto me preguntó: ¿Y cómo es que te llamas? Al oír la respuesta, él súbitamente se giró hacía mí y tocando mi sien delicadamente con los dedos pulgar y meñique de una de sus manos me dijo con firmeza: ¡Sueña carlitos, sólo los que sueñan hacen algo en la vida!

Sobra decir que todo esto me tomó por sorpresa. ¿A quién no, especialmente en un primer encuentro? Y debo agregar, a la vez, que aquel toque inesperado y su mensaje se tornaron esenciales en mi vida. ¡Vaya invitación la que recibí y proviniendo de quien escuchó el Espíritu de Dios para hacer bastante! Y sobre todo de parte de alguien considerado por muchos de ser digno de ser llamado algún día, ojalá cercano al estar en proceso, ¡San Rafael García Herreros!

Él quería tener allí en el barrio, modesto en recursos mas no en amor, una academia de matemáticas y yo colaboré donando algunos libros y compartiendo algunas charlas a las que él asistía aportando siempre las mejores preguntas. Él invitaba a ellas escribiendo breves artículos en algún periódico de la ciudad hasta catalogándome como un “joven sabio” y recuerdo una vez cómo demostró su desazón cuando alguna convocatoria suya no tuvo la acogida deseada, agregando que por eso no prosperábamos.

Con mucha alegría puedo afirmar que la presencia del Padre Rafael subsiste en mis días, en particular por medio de una foto suya titulada “Un profeta del siglo XX” que engalana mi oficina aquí en Davis y que me ayuda a no olvidar el encuentro inicial. Ciertamente, su recuerdo me acompaña pues además puedo decir, con vital agradecimiento, que él ha sido el sacerdote que más abiertamente me ha apoyado.

Con el auspicio bondadoso de los Padres Camilo Bernal, quien celebró mi matrimonio con mi Marta luego de dos anulaciones, ¡vaya misericordia de Dios!; Harold Castilla, amable rector de la institución por varios años y Diego Jaramillo, padre espiritual de muchos—incluido yo—y fiel heredero de la noble causa de El Minuto de Dios, en el transcurso de los años he compartido con mucha alegría diversas conferencias en la Universidad Minuto de Dios, Uniminuto, fundada por el Padre Rafael. No sé cuántas veces han sido, pero sí sé que las he dado con todo amor y en honor a él. En varias ocasiones, y en múltiples instancias en el mismo día, he repetido la que naturalmente es la primera de un ciclo de charlas que explica por qué Jesús es la hipotenusa y el camino de la paz, tal y como aparecerá resumido en una campanita por venir.

Hace unos años casi sale publicada una versión colombiana de mi parábola La Hipotenusa en la casa editorial de El Minuto de Dios, pero al final no sucedió. En el espíritu de la canción a continuación, confío que algún día sí se pueda realizar dicha empresa. También confío que existan aún más oportunidades para  dictar muchas más conferencias acerca de la verdadera paz, la de Jesucristo, a partir de la ciencia a todos los estudiantes de Uniminuto y por toda Colombia, y esto último con la ayuda de los extraordinarios Padres Eudistas, quienes continúan el legado de quien invitó a bien soñar para repetir que El Man está Vivo. Tengo la impresión que el Padre Rafael, patrono por toque propio de estas campanitas de fe, apoyaría dicho sueño.

Sueño, ay sueño

¡Para seguir soñando!

Sueño
que ya llega el día,
sueño
que vence el amor.

Sueño
y se anida poesía,
y el valor de la vida
es conciencia de unión.

Oh oh oh…

Sueño
que se oye este canto,
sueño
que ya reina la paz.

Sueño
y se vierte el encanto,
y el poder de lo sabio
se derrama cual más.

Ay sueño…

Sueño
que se abre el capullo,
sueño
que se escucha la voz.

Sueño
y se siente el arrullo,
y el clamor mío y tuyo
se refleja en la flor.

Oh oh oh…

Sueño
que se baila el pasito,
sueño
que se torna en acción.

Sueño
y se hunde otro mito,
y el saber infinito
es regalo del sol.

Ay sueño…

Puente de paz…

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Hoy lo veo venir,
ay creo,
será bendición.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Ay está cerca,
no hay quien lo trabe,
será fiel canción.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Como un capullo,
que crece a rosa
será protección.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Con su pasito,
mira qué rico,
será sanación.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Es un regalo,
inmerecido,
será nuevo sol.

Shanti Setú…

Sueña conmigo,
un nuevo sol.

Sueña conmigo
ay ven mi amigo.

Sueña conmigo,
un nuevo sol.

Ama a enemigo
mira te digo…

Sueña conmigo,
un nuevo sol.

Puente de paz…

Sueña mi amigo
el fiel abrigo.

Sueño, sueño,
ay sueño,
que vence el amor

Sueño…

(Junio 2002)

Un fragmento a capela se puede escuchar aquí…

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