Un santo y yo

Esta campanita se puede escuchar aquí, incluyendo su canción ya bellamente terminada:

La canción se puede escuchar y visualizar en un video con enlace a YouTube al final de la campanita.

En el año 1989, poco después de mi epifanía, cual relatada en una campanita anterior y en otra posterior, tuve la oportunidad de vivir en mi patria, en Bogotá, rodeado de familiares y amigos cercanos, quienes mucho me ayudaron en medio de tiempos difíciles en los que se derrumbaba, y finalmente sucumbió, mi matrimonio de ocho años.

Cuando pocos creían que Dios pudiera haberme tocado el corazón, como si algo bueno no pudiera salir de Nazareth—valga la desproporcionada analogía de un Natanael que aparecerá en una campanita futura—, Gladys, mi querida y piadosa suegra de entonces y a quien mucho le gustó posteriormente mi canción Oh Virgen preferida, sí vislumbró que algo bueno había pasado en mí y, así, decidió llevarme, con toda fe, al famoso barrio El Minuto de Dios de la capital para que allí compartiera con un sacerdote mi testimonio de conversión.

Llegamos en una fría tarde a finales de julio y nos sentamos a esperar que un servidor de Dios se desocupara. Allí, de pronto, me acordé de un compañero de universidad que salió del país como otros, pero que encontró su vocación más allá de las matemáticas o la ingeniería y, mejor aún, en el sacerdocio. Preguntamos por él y nos dijeron que saliéramos a la derecha y fuéramos a una oficina un par de puertas más allá.

Efectivamente, mi hermano, el Padre Camilo Bernal, estaba allí, y tuvimos un bello reencuentro que además coincidió, seguramente no por azar, con su cumpleaños. Hablamos, primero en la compañía de Gladys, y luego a solas, y allí comprendí que dicha cita, guiada no sólo por la fe de ella sino por el albur de mis recuerdos, estaba siendo orquestada para mi salud espiritual en los meses y años por venir.

Con el paso del tiempo, Camilo y yo nos adentramos en la amistad y presenciamos juntos duros eventos para el país como el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán. En un buen día, sin embargo, y en medio de nuestros encuentros frecuentes, él me contó que le había hablado de mí al Padre Rafael García Herreros, fundador de la obra de El Minuto de Dios, y que él quería conocerme.

El Padre García Herreros, quien partió en 1992, y con toda probabilidad hacia el cielo, continúa siendo, por sus múltiples contribuciones, un icono importante en Colombia. Su obra pionera en diversos ámbitos, incluidas la evangelización por medio de la radio y la televisión, la promoción activa de la paz, la lucha contra la pobreza, la educación en el barrio que fundó a nivel de colegios y universidad, y, de una manera notoria y eficaz, la construcción masiva de vivienda para comunidades marginadas involucrando a toda la sociedad del país, persisten hasta la fecha, y, claro, yo me sentí supremamente honrado de poder conocerlo …

… Con el paso de los días, el Padre Camilo me llamó por teléfono y me dijo que el Padre Rafael me estaba esperando. Yo le dije que me iba a arreglar y que tomaría un taxi apenas pudiera. Una vez le dije al taxista que iba al Minuto de Dios y habiendo yo compartido con él la emoción que tenía ante el encuentro con quien a diario se había comunicado al país por un minuto antes del noticiero nocturno nacional (de allí consistentemente «El Minuto de Dios»), el hombre sintió la necesidad de desahogarse conmigo contándome sus dolorosas infidelidades y, aunque él supo que yo no podía perdonar pecados al no ser sacerdote, me pidió el debido consejo, que claramente correspondía a pedir perdón de corazón, buscando la reconciliación, la cual, también de corazón, le deseé en el perdón de su esposa.

Cuando llegué a mi destino, el Padre Rafael estaba sentado en medio de un sofá y me invitó a sentarme a su lado. Tenía la mirada translúcida y suavemente penetrante de un santo, y de pronto me preguntó: ¿Y cómo es que te llamas? Al oír la respuesta, súbitamente se giró hacía mí y tocando mi sien delicadamente con los dedos pulgar y meñique de una de sus manos me dijo con firmeza: ¡Sueña Carlitos, sólo los que sueñan hacen algo en la vida!

Su acto me tomó por sorpresa y aquel toque inesperado se tornó en uno de los eventos esenciales de mi vida. ¡Vaya invitación la que recibí! ¡Vaya honor al provenir de alguien quien escuchó al Espíritu de Dios para soñar y así hacer realmente bastante por los demás! ¡Vaya recuerdo de un ser tan especial que, ojalá pronto, ha de ser declarado San Rafael García Herreros!

Él quería tener allí en el barrio, modesto en recursos mas no en amor, una academia de matemáticas y yo colaboré donando algunos libros y compartiendo algunas charlas a las que él asistía aportando siempre las mejores preguntas. Él invitaba a ellas escribiendo breves artículos en algún periódico de la ciudad y recuerdo una vez cómo demostró su desazón cuando alguna convocatoria suya no tuvo la acogida deseada, agregando que por eso no prosperábamos.

Con mucha alegría puedo afirmar que la presencia del Padre Rafael García Herreros subsiste en mis días del siglo XXI, en particular por medio de una foto suya titulada «Un profeta del siglo XX» que engalana mi oficina aquí en la Universidad de California, Davis y que me ayuda a no olvidar, y siempre recordar, aquel encuentro inicial. Ciertamente, su recuerdo me acompaña pues además puedo agregar, con vital agradecimiento, que él ha sido el sacerdote que más abiertamente me ha apoyado …

… Con el auspicio bondadoso de los Padres Camilo Bernal, quien celebró mi matrimonio con mi Marta luego de dos anulaciones, ¡vaya misericordia de Dios!; Harold Castilla, amable rector de la universidad del barrio por varios años; y Diego Jaramillo, padre espiritual de muchos—incluido yo—y fiel heredero de la noble causa de El Minuto de Dios, en el transcurso de los años he compartido con mucha alegría diversas conferencias en la Universidad Minuto de Dios, Uniminuto, fundada por el Padre Rafael.

No sé cuántas veces han sido, pero sí sé que las he dado con todo amor y siempre en honor a él. En varias ocasiones, y en múltiples instancias en el mismo día, he repetido la que naturalmente es la primera de un ciclo de charlas que explica, a partir de la ciencia, por qué Jesús es el camino, la verdad, la vida, la hipotenusa y el camino de la paz, el único que lleva al Padre, tal y como aparecerá resumido en unas campanitas por venir: aquí, aquí y también aquí.

Como homenaje al Padre Rafael y a los extraordinarios Padres Eudistas que continúan el legado de quien invitó a bien soñar asegurando que Jesús vive, he aquí la letra de mi canción Sueño, ay sueño, cuya primera parte fue transformada en una bella obra por el gran Lázaro Alemán, director musical de Shanti Setú/Puente de Paz. Tengo la impresión que el Padre Rafael, patrono por toque propio de estas campanitas de fe y fiel poeta del Señor, le ha dado un «me gusta» desde su celular infinito.

SUEÑO, AY SUEÑO

¡Para seguir soñando!

Sueño
que ya llega el día,
sueño
que vence el amor.

Sueño
y se anida poesía,
y el valor de la vida
es conciencia de unión.

Oh oh oh…

Sueño
que se oye este canto,
sueño
que ya reina la paz.

Sueño
y se vierte el encanto,
y el poder de lo sabio
se derrama cual más.

Ay sueño…

Sueño
que se abre el capullo,
sueño
que se escucha la voz.

Sueño
y se siente el arrullo,
y el clamor mío y tuyo
se refleja en la flor.

Oh oh oh…

Sueño
que se baila el pasito,
sueño
que se torna en acción.

Sueño
y se hunde otro mito,
y el saber infinito
es regalo del sol.

Ay sueño…

Puente de paz…

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Hoy lo veo venir,
ay creo,
será bendición.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Ay está cerca,
no hay quien lo trabe,
será fiel canción.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Como un capullo,
que crece a rosa
será protección.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Con su pasito,
mira qué rico,
será sanación.

Sueño, sueño,
ay sueño
que triunfa el amor.

Es un regalo,
inmerecido,
será nuevo sol.

Shanti Setú…

Sueña conmigo,
un nuevo sol.

Sueña conmigo
ay ven mi amigo.

Sueña conmigo,
un nuevo sol.

Ama a enemigo
mira te digo…

Sueña conmigo,
un nuevo sol.

Puente de paz…

Sueña mi amigo
el fiel abrigo.

Sueño, sueño,
ay sueño,
que vence el amor

Sueño…

(Junio 2002)

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