Jesús, la hipotenusa

En la campanita anterior se estudiaron, rompiendo una barra de plastilina, dos juegos de niños que terminan produciendo espinas y polvo. Uno está definido por la propagación de desequilibrios:

y el otro está basado en la proliferación de vacíos:

Para apreciar aún más los dos juegos genéricos—las dos cascadas sencillas que comúnmente empleamos nosotros “los niños” para crear división—y como ellos dan lugar a objetos que no contienen nada individualmente mientras crecen a un infinito que no puede dibujarse, es conveniente considerar sus masas acumuladas desde su comienzo a un punto x.

Así, los objetos espinosos producidos por las cascadas, mostrados debajo a la izquierda, dan lugar a las plastilinas acumuladas dibujadas a la derecha, donde P(x) es la cantidad de masa que se halla de cero a x, con la salvedad que las escalas horizontales a la izquierda y a la derecha no se muestran iguales, aunque ambas van de cero a uno:


Para el juego turbulento arriba, el de los desequilibrios, se obtiene un perfil acumulado que evoca el de una nube de polvo—como la producida por una explosión volcánica o la implosión de una estructura—el cual, como se ve, contiene una multitud de muescas horizontales-verticales. La más notoria sucede cuando x es igual a un medio y tiene una altura de 0.7, pues desde cero a la mitad del objeto espinoso de la izquierda se halla, por construcción, precisamente el 70% de la masa. La “nube” contiene otra muesca visible en x igual a un cuarto y con altura 0.49, la cual corresponde al 70% del 70% de la masa, y relacionada al “rectángulo” más grande al segundo nivel de la cascada. A partir de la evolución del proceso aparecen, en efecto, muchísimas muescas, tantas que cualquier pedacito de la “nube” las contiene por todas partes.

Para el juego de los vacíos, que ajusta las capas del juego de los desequilibrios al variar la brecha original, se encuentra un perfil torcido y curioso—con el blanco y el negro perfectamente simétricos y definiendo un baldosín interesante—el cual posee, como se observa, una gran cantidad de mesetas que corresponden a las brechas o huecos sucesivos de dicha cascada. El segmento horizontal más largo ocurre de un tercio a dos tercios y tiene una altura de 0.5, pues la cascada empieza apilando la mitad de la masa hacia la izquierda y hacia la derecha no dejando nada en dicha brecha. Luego, siguiendo la dinámica del proceso, aparecen dos mesetas con longitudes de un noveno—el tercio del tercio—y alturas de un cuarto y tres cuartos, que corresponden a las dos brechas al segundo nivel de la cascada, y así sucesivamente.

Tal y como puede apreciarse, los perfiles acumulados de plastilina terminan siendo— cuando los juegos se repiten un número infinito de veces—unos “monstruos matemáticos”, pues, a pesar de ser ininterrumpidos de izquierda a derecha, ellos contienen muchísimos puntos en los que no se pueden definir tangentes. Mientras que el perfil del juego desigual no las tiene en todo punto al contener muescas por todas partes, el perfil del juego de los vacíos carece de ellas en todos los extremos de las mesetas que contienen, ya sea, transiciones horizontales-verticales (a la derecha de las mesetas) o verticales-horizontales (a la izquierda).

Así, los objetos acumulados dados por los juegos resultan ser localmente planosP(x) termina siendo horizontal para cualquier valor de x—y esto implica que las distancias, de abajo a arriba, yendo desde el punto (0,0) por dichas fronteras hacia el punto (1,1), miden dos unidades, es decir, una unidad horizontal más una unidad vertical.

Esta propiedad es, en efecto, universal, pues cuando se propagan desequilibrios p o vacíos h, arbitrarios, así sean minúsculos, los procesos definen espinas y polvo que siempre dan lugar a objetos acumulados con infinitas muescas o mesetas que, por lo tanto, tienen longitudes máximas de dos unidades. Lo mismo sucede al combinar los juegos para definir cascadas “más sofisticadas” que contienen desequilibrios y vacíos a cada nivel y también cuando se emplea el azar para definir cascadas aún más generales que poseen desequilibrios y vacíos variables, de nivel a nivel.

Como los rugosos perfiles generados por las cascadas son localmente planos y como es imposible deslizarse por ellos, al carecer de tangentes inclinadas, si llegáramos allí en paracaídas, uno creería haber caído en tierra llana:

Por este claro engaño—pues el objeto acumulado repleto de mesetas no es verdaderamente llano, ni tampoco aquél compuesto de muescas—y en virtud a la fragmentación repetitiva y por ende diabólica de los juegos, previamente explicada en la campanita anterior, a dichos perfiles, serrados y con distancias máximas, se les conoce en la física y las matemáticas como las escaleras del diablo, una notación introducida por el gran matemático alemán George Cantor en 1883 …

… Una vez entendido el “juego” de acumular la masa de plastilina, esta misma operación se puede aplicar a la condición equilibrada que refleja el amor, es decir a lo encontrado cuando se “rellenan los valles y se cortan los montes” para hallar a Jesucristo, “la salvación de Dios” (Lc 3:56):

Claramente, existe un 25% de la masa desde el principio (cero) hasta la cuarta parte, un 50% de la masa hasta la mitad, etcétera, y la barra original de plastilina da lugar, al acumular, a una rampa recta. Como dicha línea, conocida además como la línea uno a uno, tiene una distancia mínima de √2 de abajo a arriba en virtud al célebre teorema de Pitágoras, se puede entender el por qué la hipotenusa del triángulo mostrado, al reflejar el amor pleno, siempre unitivo y sin violencia alguna, es el camino de y hacia la paz.

Contrastando la rampa fiel y las escaleras del diablo desleales, se observa que el mantener lo verdaderamente llano, en el uniforme equilibrio reconciliado del bien sin mal, equivale a viajar siempre satisfaciendo la corta y radical rampa cuya tangente existe y tiene pendiente unouno siempre pendiente—, mientras que el emplear los juegos en cascada corresponde a andar por escaleras del diablo ásperas y torcidas que son eventualmente tan largas como los catetos del mismo triángulo.

Así pues, nosotros, los niños, podemos entender, con la debida imaginación, por qué la ecuación de la línea recta más sencilla que define la hipotenusa, es decir, X = Y, representa, en efecto, a Jesús mismo. Él está allí en la acumulación del juego santo y, por ende, perfecto del amor, es decir en el equilibrio que siempre mantuvo (Mt 5:17), y también lo está en la expresión simbólica y geométrica que define su identidad. Pues Jesús murió en la cruz, X, extendiendo allí sus brazos, Y, para dotar su silueta redentora y universal y porque además solo por tal camino—la rampa, claro está—podemos viajar por la tangente y deslizarnos hacia el origen—el punto (0,0)—, que corresponde al Origen, con mayúscula, o Dios Padre:

De una forma insospechada pero ciertamente hermosa, y aunque algunos vean en esto una “herejía separatista” contra otros “posibles caminos”, estas observaciones completan el famoso verso “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14:6). La campanita anterior mostró la primera parte de la cita y ahora la segunda aseveración aparece, también de una forma nada ecuménica, acumulando la plastilina, pues solo por Él, por Jesús, la hipotenusa, se llega a la esencia, a Dios Padre.

De esta manera, para seguir a Jesús, el equilibrio y también la hipotenusa—pues la información en la uniforme plastilina y en la rampa es ciertamente la misma—no hay otra solución sino acoger el fiel algoritmo de la reconciliación, un real Sacramento que siempre contiene como primer paso el arrepentimiento (Mt 4:17). En verdad no existe otra manera sino regresar a la “barra original” de plastilina admitiendo nuestro “pecado original” en romperla, y esto es así dado que es imposible escabullirse por una escalera del diablo que siempre adolece de buenas tangentes.

Sin duda es mucho mejor caminar por y con la hipotenusa que por los catetos, tal y como lo expresa la siguiente canción bellamente arreglada por Lázaro en Cuba en el año 2010. A él le envié mis ideas a capela para recibir electrónicamente la música dividida en cincuenta pedazos, pues el ancho de banda de la red informática allí no permitía otra opción. La canción, que fue la primera que me envió el gran músico y que me tomó un tiempo en unir para solventar su fragmentación, me hizo llorar de la emoción por su sorprendente hermosura, pues además captó lo que deseaba mucho mejor de lo que yo mismo me podía imaginar.

Sabiendo bien que el Dios trino sí que sabe cómo sorprendernos hasta regalarnos lágrimas de gozo, espero que les guste esta canción y la empleen para alabar a Jesús repitiendo: ¡Ay por catetos no, ay Dios, usa la hipotenusa!

¡Usa la hipotenusa!

¡Mejor me voy recto!

Shanti Setú…

¿Te acuerdas?,
¿de los días de la escuela?
¿Te acuerdas?,
¿aprendiendo de veras?

¿Te acuerdas?,
¿pintando todo el día?
¿Te acuerdas?,
¿jugando geometría?

¿Te acuerdas?,
¿de los ángulos rectos?
¿Te acuerdas?,
¿de los tales catetos?

¿Te acuerdas?,
¿de hipotenusa y su distancia?
¿Te acuerdas?,
¿del teorema de tu infancia?

¡Pitágoras!

Ahora vamos a explorar
para qué más sirve eso,
ahora vamos a estudiar
su relación con lo nuestro.

Ahora vamos a explorar
para qué más sirve eso,
ahora vamos a estudiar
su relación con lo cierto.

Puente de paz…

Hay dos caminos
ve, no es invento,
el uno es mentira
y el otro es recto.

Camino largo
o viaje derecho,
exigiendo en vano
o dando alimento.

Conciencia ligera
o corazón pesado,
la vida plena
o el tiempo gastado.

Yendo por el medio
o por los catetos,
hallando la raíz
o perdiendo el centro.

Mira, esto es solo verdad,
mira, la vida como va. (2)

Aunque dudemos,
no hay más opción,
y aunque parezca exageración:
usamos la hipotenusa
o vamos por los catetos. (2)

Si tu corazón no miente
y comprendes que hay hermano,
si tú haces lo que es bueno
y al que sea das la mano:
la hipotenusa.

Y si me pongo iracundo
y mi ego incita al tajo,
si acumulo los rencores
sin perdonar desde abajo:
los catetos.

Si el amor guía tu día
en lo humilde de la entrega,
si construyes la alegría
en constante vida nueva:
la hipotenusa.

Y si me hago el bobo
con hipócrita conciencia,
y si lo ajeno es excusa
para crecer mi indiferencia:
los catetos.

¿No es cierto?

Entonces, corolario.

Coro, ¿qué?

Aprende el coro.

Shanti Setú…

Ay por catetos no,
ay por catetos no,
ay Dios,
usa la hipotenusa.

Ay por catetos no,
ay por catetos no,
no, no, no,
usa la hipotenusa.

Para vivir en paz,
para sembrar unión,
ay Dios,
usa la hipotenusa.

Para sanar dolor,
para gestar amor,
ay Dios,
usa la hipotenusa.

Para reír al fin,
para entender mejor,
ay Dios,
usa la hipotenusa.

La hipotenusa es Cristo
es el camino al Padre,
silueta en cruz lo define
la hipotenusa es arte.

La hipotenusa es Cristo
es geometría brillante,
vital potencia del cero:
la hipotenusa y pa’lante.

X = Y,
X = Y,
geometría,
usa la hipotenusa.

Ay por catetos no,
ay por catetos no,
ay Dios,
usa la hipotenusa.

Oye amigo…

X = Y,
X = Y,

geometría
usa la hipotenusa.

¿Está claro?

Ay por catetos no
ay por catetos no
no, no, no,
usa la hipotenusa.

(Agosto 1999/Febrero 2018)

La canción se puede escuchar aquí…

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