La vacuna contra el maligno

Mientras vivimos los tiempos inciertos de la pandemia moderna y el aislamiento nos causa desazón, esperamos con no poca ansiedad el éxito de las vacunas que le pondrán, Dios lo permita, freno al mal que nos aqueja. La tecnología viene al rescate y esto no es poca cosa, pues con ella esperamos poder regresar a un estado mejor que el actual, a una “normalidad” que ojalá llegue a ser mucho mejor a la imperante antes del virus con coronita, lo cual está por verse.

Soy optimista, como científico que soy, pero a la vez estimo que para poder armonizar realmente la situación se va a requerir también que recibamos otra vacuna esencial, una antigua y gratuita en contra de quien nos incita al mal, es decir el maligno. Esta campanita reitera que el amor de Jesucristo, y solo el suyo, representa la “inyección” indispensable, una a la que podemos recurrir cuantas veces sea necesario y sin temor de efecto secundario alguno, la misma que, por su justa eficacia, nos permite arribar al cielo debidamente ataviados con una corona, tal y como lo explica San Pablo en sendas potencias de dos (2 Tim 4:8) …

… Lo que se explica a continuación ya ha salido anteriormente en otras entradas del blog. Pero, aunque así haya sido, pienso que su contenido merece una repetición, en particular para festejar la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, pues el texto que incluyo seguidamente fue escrito cuando conmemorábamos el Corazón Inmaculado de Ella y el Sagrado Corazón de su Hijo.

La epidemia ha sido difícil para mí, mentiría si no lo digo, pero también ha venido con bellos regalos, como el haber podido participar, remota pero sentidamente y por unos 80 días seguidos, de la Santa Misa celebrada en Alcalá de Henares por su Obispo y gran predicador Juan Antonio Reig Pla. Lo que viene a continuación es básicamente el escrito esmerado que le envié al Monseñor por correo expreso a España, uno que sé fue recibido con agrado conjuntamente con mis libros. Ojalá la lectura de esta misiva ilustrada inspire el que algunos hagan cita para recibir la mejor vacuna.

Davis, 19 y 20 de junio de 2020
Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
Memorial del Inmaculado Corazón de María

Acerca del plano inclinado
Para: Monseñor Juan Antonio Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares
De: Carlos E. Puente

Agradeciéndole una vez más las retransmisiones de la Santa Misa, le escribo como discípulo suyo desde California, pues ya he aprendido de usted por más de 70 días empezando el Jueves Santo. Como le conté en un mensaje anterior, soy un católico científico nacido en Colombia y me desempeño como profesor de hidrología en la Universidad de California, desde hace ya 34 años.

Habiendo rezado con usted la Oración de Consagración al Sagrado Corazón de Jesús y dado que ella cita tanto “la alegría del Evangelio” como “la nueva evangelización”, le escribo para comentarle algunos asuntos curiosos de la ciencia moderna que creo le van a gustar, pues, además de ser bellos, son útiles para proclamar la luz del Evangelio. Lo que le estoy enviando se relaciona con la proliferación del pecado y su dinámica, algo que el Monseñor ha expresado con claridad empleando el concepto del “plano inclinado”, lo cual le provee el título a este escrito.

Sucede que, en los últimos 30 a 40 años, la tecnología ha permitido desvelar la forma en que ocurre la turbulencia en el aire, es decir el modo en que se desata en la naturaleza el comúnmente violento poder del aire. Ocurre que, contrario a lo esperado, el asunto resulta ser particularmente sencillo y curiosamente universal y, como tal, puede entenderse en el flujo (de arriba a abajo) en la siguiente figura:

Arriba se muestra una masa de aire en quietud, o sea en equilibrio, lo cual ocurre si ella contiene poca inercia. Sin embargo, cuando dicha inercia o energía excede un umbral, definido por la viscosidad del aire, entonces el aire no tiene cómo permanecer unido y se rompe en una cadena o cascada irreversible de remolinos, que dividen y redistribuyen la energía original, una y otra vez.

Como se ilustra en el dibujo, sucede que lo observado, en diversos flujos naturales y también en el laboratorio, es consistente (para cualquier lugar de nuestro planeta) con una división conspicua de la energía, de nivel a nivel: cada remolino se divide en dos remolinos más pequeños y el proceso es tal que los remolinitos contienen el 70 y el 30% de la energía del remolino del cual emanan.

En verdad, el proceso es como un “juego de niños”, uno notoriamente simple que la naturaleza repite en cascada, una y otra vez, hasta que los remolinitos se tornan tan pequeños que su energía cinética se disipa inevitablemente en forma de calor. Como se observa de una forma geométrica, los tales remolinos fluyen hacia adentro, o de más a menos en términos de presiones como en un feroz huracán, y así dibujan el espiral del número 6 (o su reflejo en un espejo). Colectivamente, muchos de ellos reflejan el cociente 2/3, empezando con el cero de la quietud.

Para seguir apreciando la naturaleza del juego divisivo, cual un flujo cada vez más precario como en el “plano inclinado”, si éste se lleva a cabo muchas veces más, las divisiones sucesivas generan un objeto claramente desequilibrado:

el cual está compuesto por una multitud de espinas de energía ordenadas por capas o estratos, las cuales (para cada capa) emanan de conjuntos de puntos dispersos que, al no tocarse, tienen, por ende, la estructura vacía del polvo. Es por esto que en el dibujo de la página anterior aparece con la flecha de arriba a abajo la palabra “polvo”, pues la turbulencia natural no recoge, sino que más bien desparrama y pulveriza lo que estaba unido, así lo haga con admirable sencillez.

Debo aclarar, para terminar esta descripción, que las nociones aquí expuestas no implican que la turbulencia (a lo largo de una línea) sea predecible. Aunque la organización de los remolinos naturales y sus energías exhiben capas como en el objeto espinoso, los remolinos más masivos en el aire no siempre suceden a la izquierda tal y como está mostrado en los dos dibujos. Lo observado en la naturaleza es uno de los muchísimos posibles re-ordenamientos de las espinas mostradas y eso impide conocer los detalles finales de una manifestación dada.

Sucede, Monseñor, que existe otra cascada de la ciencia que también puede emplearse para describir cómo ocurren otros procesos ligados con la fragmentación natural, como el que está presente en las capas de espinas dispersas acabadas de mostrar. Este resulta ser otro “juego de niños” similar al anterior, que, en vez de propagar desequilibrios, prolifera vacíos:

Nuevamente, empezando con el equilibrio, en este ejemplo las energías se dividen por el medio y se distribuyen a la izquierda y a la derecha, de modo que no aparezca nada en el tercio de la mitad. Al repetir este proceso en cada pedazo, éste da lugar a espinas iguales que, al no tocarse, emanan del polvo. Y si se varía el tamaño del hueco, aparecen entonces otras espinas iguales sobre polvos diversos, cuyas densidades, es decir las proximidades relativas de sus puntos, ajustan a las encontradas en las capas del juego anterior.

Pare resumir lo dicho hasta ahora, he introducido aquí dos “juegos de niños”, dos procesos divisivos naturales, dos cascadas, una que propaga desequilibrios y otra que prolifera vacíos o huecos. Ambos mecanismos están íntimamente relacionados con la forma en que ocurre la turbulencia en el aire y ambos dan lugar, en su incesante repetición, a espinas y polvo, características que también aparecen si se combinan los dos juegos para crear formas más exóticas de desorden.

Como imagino que el Monseñor ya se ha dado cuenta por los símbolos recurrentes, lo que está descrito aquí, a partir de la ciencia moderna inventada por Dios, es coherente con lo encontrado en la Biblia. En efecto, el diablo es el príncipe del poder del aire; el asesino real que nos quiere llevar con él al polvo, a la muerte, a la gehena; aquel que desea crezcamos espinas de modo que no demos fruto; el que busca nuestra desunión; y aquel, que al ser un mentiroso desde el principio y al no contener verdad alguna, está correctamente reflejado por su secuencia de espirales egoístas (hacia adentro) y siempre negativos, es decir el 2/3 citado.

Nosotros, claro está, podemos seguir al maligno o no, y como él opera en cascada,

es razonable emplear sus mecanismos divisivos, descubiertos en la ciencia, para describir (así no se pueda predecir) la dinámica de nuestro pecado, así para no pocos ya la palabra carezca de significado. Pues, si seguimos dichos procesos sencillos y sus combinaciones nos “alejamos más y más de casa”, lo cual, si no se corrige como sí lo hizo el hijo pródigo, nos mantiene fuera de la luz del Padre.

En efecto, se pueden emplear estas nociones modernas más allá del cociente prescrito del 70-30 en la división natural en el aire y sus capas polvorientas, pues las cascadas bien reflejan los juegos que nosotros como “niños” seguimos comúnmente, de pensamiento, palabra, obra y omisión, cuando olvidamos la verdad. Los mecanismos en las cascadas son, en efecto, particularmente útiles para comprender nuestra dinámica en “planos inclinados”, por un lado, el implacable crecimiento de desequilibrios y desigualdades al creer, falsamente, que una persona sea más o menos que otra, y por el otro, el inclemente incremento de vacíos al pensar, también falsamente, que es justo discriminar a otros, incluidos, claro está, los desollados desde el vientre, los ancianos y otros más.

Y es que las ideas son útiles para no olvidar cuan fácil es pecar, pues la propagación de cualquier desequilibrio y o de cualquier vacío, sin importar el tamaño implícito de tal división, siempre crece espinas sobre polvo, algo que no refleja virtud alguna, así parezca, por ejemplo, que una partición 51-49 sea menos mala que una 70-30.

Bueno, ¿y qué hacer? Pues debemos rellenar los valles y cortar los montes para encontrar la solución, como lo dijeron San Juan Bautista (quien digo jocosamente fue un colega mío, un hidrólogo por su bautismo con agua) y los profetas Baruch e Isaías. Y esto, al aplicarlo a cualquier objeto desequilibrado o lleno de vacíos, como los objetos espinosos de las cascadas y sus combinaciones, simplemente retorna el equilibrio, es decir el mismo objeto llano y liso que, de acuerdo a la Palabra de Dios, es la salvación de Dios que podemos ver, o sea nuestro Señor Jesucristo.

Yo sé por experiencia que a algunos no les gusta del todo la asociación, pero ella es plenamente algorítmica: si se cortan los montes y se rellenan los valles, entonces aparece lo llano. Y es que esto es coherente con la naturaleza de Nuestro Señor, pues Jesús nunca pecó, satisfizo entonces el bien sin mal, y así no incurrió en desequilibrio alguno que pudiera reflejar una carencia de justicia. El objeto que lo simboliza es claramente recto y sólido como la roca, uno que no tiene mentiras, y es hacia allí que Él nos invita a descansar, como se leyó en la Santa Misa hace poco.

Para nosotros, ¿qué implica todo esto? Pues que debemos acoger el Sacramento de la Reconciliación cuando pequemos (o sea frecuentemente para mí), de modo que podamos reconciliarnos plenamente con la fidelidad de Dios, volviendo al único sitio sin espinas ni polvo en el que, por lo tanto, no tenemos miedo de caer, es decir regresando al terreno llano:

Como se observa, esto conlleva el invertir la dinámica (ahora de abajo a arriba), uniendo en vez de dividir, fluyendo de una manera contraria al mundo, o sea de menos a más, dejando el egoísmo, yendo hacia afuera en dirección de la positiva cruz, amando obedientemente a todos, de modo que logremos la ansiada unidad dentro de nosotros y con los demás, y satisfaciendo, en el proceso, la más bella ecuación infinita centrada en el amor real, la cual refleja nuestro abandono y humildad (hacia el cero) para satisfacer el bien y la perfección del santito:

Note Monseñor que los símbolos son espléndidos, incluidos los espirales, pues hubo (y siempre hay) oscuridad (disipación) desde la hora sexta a la novena, desde la turbulencia a la calma, cuando Jesús, el justo, fue (y es) coronado con las espinas de nuestras cascadas. Pues como usted bien lo explicó, el “eclipse de la verdad” que vivimos hoy es una oscuridad real fomentada por quien desea confundirnos.

De todo esto se desprende, como un corolario veraz, el que el equilibrio sea la senda recta; la única solución sin desvíos o mentiras o la condición verdadera en la que podemos unirnos; y el singular estado iluminado, que, al no disiparse, mantiene la luz y vive. Aquí se ve, de una manera fenomenal (para citar otro adjetivo suyo) que Jesús, el equilibrio, es, como Él mismo lo dice, “El camino, la verdad y la vida”.

La segunda parte de la famosa cita intentaré explicarla a continuación, pero para hacerlo debo incluir otras explicaciones, también llenas de símbolos geométricos.

Resulta Monseñor que los objetos espinosos generados por las cascadas también pueden visualizarse acumulando las energías de izquierda a derecha, empezando con el extremo izquierdo de los objetos y asumiendo que ellos abarcan una unidad horizontal en distancia y una unidad vertical en energía, de modo que cada cascada comience con un 100% de energía. El asunto no es muy difícil y lo encontrado se deduce a partir de la dinámica repetitiva de los dos juegos.

Llamando P(x) la cantidad de energía que existe desde el principio hasta una localización x, lo que resulta se muestra a la derecha del siguiente dibujo:

Para el juego desequilibrado (arriba) se obtiene un perfil que evoca el de una nube de polvo—como la producida por una explosión—el cual, como se observa, contiene una multitud de muescas horizontales-verticales. La más notoria sucede en la mitad y tiene una altura igual a 0.7, pues desde el principio hasta la mitad del objeto espinoso (a la izquierda) se halla, para la turbulencia, el 70% de la energía. A partir de la evolución sucesiva del proceso, aparecen muchísimas muescas, tantas que cualquier pedacito de la “nube” las contiene por todas partes.

Para el juego de los vacíos (debajo) se encuentra un perfil torcido y curioso, el cual posee una gran cantidad de mesetas que corresponden a los huecos sucesivos en dicha cascada. La meseta más larga ocurre de un tercio a dos tercios y tiene una altura de 0.5, pues el juego mostrado divide la energía hacia los dos lados, sin dejar nada en el tercio del medio. Siguiendo la dinámica del proceso, aparecen más y más mesetas, cada vez más pequeñas, las cuales ocurren, al final, por todos lados.

Tal y como puede apreciarse, los perfiles a la derecha terminan siendo—cuando los juegos se repiten muchas veces—unos “monstruos matemáticos”, pues contienen una infinidad de puntos en los que no se pueden definir tangentes. Mientras que el perfil del juego desigual no las tiene en ningún punto, el del otro no las posee en todos los extremos de las mesetas. Así, los perfiles de ambos juegos, para cualquier desequilibrio o cualquier vacío, son localmente planos y entonces tienen distancias, del punto (0,0) al punto (1,1), que son siempre iguales a dos unidades.

Como los perfiles de las cascadas divisivas son, en efecto, horizontales por todos lados, si llegáramos a ellos en paracaídas, uno creería haber caído en tierra llana:

Pero esto es mentira, un engaño, aunque sutil, pues el objeto mostrado, repleto de mesetas, no es verdaderamente llano, ni tampoco lo es aquél perfil que está lleno de muescas.

En virtud a esta falsa apariencia y dada la fragmentación repetitiva, y por ende diabólica, de los juegos que da lugar a distancias de (0,0) a (1,1) siempre máximas e iguales a dos unidades, a dichos perfiles, que carecen de tangentes inclinadas, se les conoce en la física y en las matemáticas como las escaleras del diablo”, una notación ciertamente congruente e introducida por el gran matemático alemán George Cantor en 1883, quién se escribía con los Pontífices de su época.

Incluí todo esto aquí para enfatizar dicha nomenclatura consistente, pues cualquier cascada divisiva, además de generar espinas y polvo simbólicos, da lugar, en efecto, a perfiles torcidos y ásperos que reflejan la ineficiencia del pecado (mortal) en sus distancias máximas de dos unidades. Y es que como dichos objetos carecen de tangentes inclinadas, se puede afirmar, coloquialmente y con toda exactitud, que del pecado no podemos “escabullirnos por la tangente”, pues es imposible deslizarse desde las escaleras diabólicas, a menos que, claro está, nos arrepintamos primero, de modo que lleguemos al verdadero terreno plano del equilibrio.

Ya para terminar, va a venir aquí algo que acaso va a ser inesperado para el Monseñor. Sucede que de la misma manera en que los juegos en cascada generan sus escaleras diabólicas, el equilibrio también da lugar a su perfil de energía acumulada, y este es una rampa recta que une los puntos (0,0) y (1,1):

Desde el comienzo a la mitad del objeto llano (a la izquierda) se encuentra la mitad de la energía, del comienzo a la cuarta parte del equilibrio se halla la cuarta parte de la energía, y así sucesivamente, lo cual define un plano inclinado, y también la hipotenusa del triángulo mostrado (a la derecha), cuya distancia es la menor posible e igual a la raíz cuadrada de dos, en virtud al teorema de Pitágoras.

Esto no solamente es cierto, sino que es también particularmente hermoso, pues las nociones nos permiten apreciar que mientras el pecado acumulado viaja por un camino torcido y tan largo como los catetos del triángulo arriba, la santidad lo hace de una manera recta, radical y eficiente, por la hipotenusa.

Y es que, con una coherencia verdaderamente deslumbrante, la ecuación de la rampa, la más sencilla y más justa de todas, X = Y, en la que lo horizontal es igual a lo vertical y en la que sale lo que entra, describe también a Nuestro Señor Jesucristo, pues la X es la cruz y la Y su silueta crucificado en ella. ¡Oh hermosura fundamental que Dios nos ha revelado a los sencillos, cual el cielo abierto!

¿Qué más agregar, sino repetir que Dios no ha muerto nunca y vive? ¿Qué más decir, sino reiterar que Jesús es el profeta verdadero que vence y quien nos vacuna contra el maligno? ¿Qué más afirmar, sino que el Dios Trino nos llama al arrepentimiento y al amor?

Reconociendo, querido Monseñor, que no soy digno de haber recibido este entendimiento que llena mi existencia y que hoy brota con toda alegría hacia usted, aquí le muestro (con la certeza de saber que esto no fue orquestado por el azar) cómo es posible deducir la segunda parte de San Juan 14:6 a partir de estas ideas.

Si en vez de caer en una escalera del diablo, nos atrevemos, con toda fe, a lanzarnos hacia la rampa (teniendo por paracaídas al Espíritu Santo, claro), entonces al llegar al fiel plano inclinado nos terminamos deslizando hacia el punto más bajo, el (0,0), también conocido como el Origen, quién más sino Dios Padre:

Y es que es cierto que sólo se llega allí por la hipotenusa, por X = Y, por Jesús, pues es imposible hallar la luz del Padre a partir de una escalera del diablo que no contiene tobogán alguno.

Epílogo. Lo que he resumido aquí, se halla, a su vez, en mi blog “Campanitas de Fe” (campanitasdefe.com) en las entradas “Jesús, el equilibrio” y “Jesús, la hipotenusa”. Todo esto y más se encuentra también en mis libros “La Hipotenusa” y “La Higuera & La Campana”, los cuales le enviaré con todo gusto. Como un buen resumen de este envío, la campanita “La geometría del amor” incluye una canción X = Y, que es parte de una colección aún inédita que ha llegado a mí para cantarle al Señor un canto nuevo. Proveyendo vistas insospechadas del Espíritu Santo y la Santísima Trinidad, los libros y el blog muestran cómo la ciencia moderna termina iluminando el amor real de Jesucristo, y sólo el suyo, como la única solución, también urgente, a los problemas que nos aquejan por doquier…

… Bueno, y ya de regreso a California, sabemos que María, la mujer en el libro del Génesis, pisotea a la serpiente, al maligno (Gn 3:15). Así, para seguir dándole patadas repetidas y más que simbólicas al enemigo mediante un tiovivo que provee tres puntapiés, he aquí una explicación adicional que no le envié a Monseñor Reig Pla y que demuestra la efectividad de la vacuna esencial.

Como es bien sabido, el emblema más famoso de aquellos que buscan la libertad, la igualdad y la fraternidad, pero sin reconocer el amor de Cristo como el camino, la verdad y la vida es aquel que crea un flujo entre un compás y una escuadra:Si a este diagrama se le agrega la hipotenusa, Jesús cual repetido en esta campanita, entonces el eslogan geométrico de quienes desean dominar el mundo queda plenamente anulado y sin conexión posible:Claro, así tiene que ser pues Jesús es la luz (Jn 3:19) y eso es mucho más que aquel que transmite falsa luz y quien fue derrotado cuando el único resucitó, pues, en un sentido eminentemente positivo y geométrico, Él, por medio de su Santa Cruz, es también capaz de trasmutar la inmoralidad en inmortalidad (Jn 3:16)…

… Esta campanita concluye con dos canciones que me ayudan a no olvidar lo esencial y así resistir los embates del enemigo. La primera, “Los alineados”, invita a un gran festejo victorioso por mi patria y por doquier y lo hace empleando un coro optimista que ojalá llegue a ser oído. Y la segunda, “Bururú, el gurú”, relacionada a su vez con una campanita anterior, repite el mismo mensaje con otro ritmo, también alegre.

En caso que algunos hayan quedado con la curiosidad de escuchar a Monseñor Reig Pla, al final, después de las canciones, se encuentran sus sabias palabras en contra de la eutanasia, un mal moderno del maligno.

¡Que María Inmaculada nos ayude!

LOS ALINEADOS

¡Para una gran fiesta!

¡Oye Colombia!

El país del Sagrado Corazón…

Lo escuchan,
se integran,
se mueven:
los alineados.

Lo intentan,
se entregan,
si pueden:
los alineados.

Ay no te confundas
mordiendo el anzuelo,
estos lo dan todo
y creen en el cielo.

Ay no te equivoques
cayendo en el miedo,
estos se avergüenzan
y buscan consuelo.

Lo escuchan,
se integran,
se mueven:
los alineados.

Lo intentan,
se entregan,
si pueden:
los alineados.

Ay no te confundas
buscando un pretexto,
estos ven el modo
y sueñan el ciento.

Ay no te equivoques
por petardo muerto,
estos armoniosos
crecen a lo cierto.

Lo escuchan,
se integran,
se mueven:
los alineados.

Lo intentan,
se entregan,
si pueden:
los alineados.

Los alineados
ay este país si me gusta a mí,
los alineados
ay estos amigos sí me dan la mano,
los alineados
con su pasito mira viven muy bonito,
los alineados
ay si caen levantan, ay te lo digo,
los alineados
andan por tos lados, ay son mis hermanos,
los alineados
y a mí me acompañan son fieles soldados,
los alineados.

Puente de paz…

Porón, porón
porón, pon, pon,
alinea ya tú papá.

Porón, porón
porón, pon, pon,
que la vida viene ya.

Porón, porón
porón, pon, pon,
alinea ya tú mamá.

Porón, porón
porón, pon, pon,
ay entiende la verdad.

Alinea ya tú papá
oye no vaciles más,
alinea ya tú mamá
ay camina a la unidad,
alinea ya tú papá
oye mira cómo va,
alinea ya tú mamá
ay siembra la claridad.

Shanti Setú…

Porón, porón
porón, pon, pon,
esta gente si ganó.

Porón, porón
porón, pon, pon,
este pueblo se alineó. (2)

Este pueblo se alineó… (3)

Que viva la libertad,
este pueblo se alineó,
ay Señor, por caridad,
este pueblo se alineó,
ay mi gente si entendió,
este pueblo se alineó,
oye bien que es por doquier,
este pueblo se alineó,
que el amor va a vencer.

Porón, porón
porón, pon, pon. (4)

(Abril 2001)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

BURURÚ, EL GURÚ

¡Oye Roro!

¡Hay que dar lo que tenemos!

Lo recto lleva al Origen…

Si tú lo sabes
entonces enseñas,
la ciencia ay dota
y eres un gurú.

Y si te fluye
mensaje más bello,
el amor ya puro
no es un tabú.

Si tú compartes
y bien lo reseñas,
la vida ay canta
con su bururú.

Y si confluye
el verso unitivo,
el verbo ay mira
ya no es revolú.

En lo recto
está la esencia,
no en logaritmo
ni su espiral,
pues lo torcido
rompe cadencia,
sólo en el nueve
eres lineal.

Pendiente uno
hacia el origen,
la hipotenusa
para llegar,
potencia cero
es la que quiero,
pues sólo entonces
puedo soñar.

Si tú lo sabes
lo malo bien echas,
lo cuerdo ay llega
y eres un gurú.

Y si te fluye
valiente de lleno,
el baile ay oye
ya no es un tabú.

Si tú compartes
entonces lo sellas,
lo tierno se viene
y hay bururú.

Y si confluye
el hijo querido,
no hay más cascada
no hay revolú.

En lo recto
está la esencia,
no en logaritmo
ni su espiral,
pues lo torcido
rompe cadencia,
sólo en el nueve
eres lineal.

Pendiente uno
hacia el origen,
la hipotenusa
para llegar,
potencia cero
es la que quiero,
pues sólo entonces
puedo soñar.

(Marzo 2015)

La canción a capela se puede escuchar aquí…

La conferencia del Monseñor Reig Pla se puede escuchar aquí…

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2 respuestas a La vacuna contra el maligno

  1. nobregonn dijo:

    Maestro gracias por compartir. Efectivamente necesitamos muchas vacunas contra el maligno.

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