Ay, como Dios manda/Oh, as God commands ♫

A translation of the entry into English is here.

Resumen. Esta campanita provee una serie de reflexiones acerca del pecado y aboga a que ya vivamos como Dios manda. El escrito se centra en un comentario de la letra de mi canción “Pureza y virtud”, la cual se puede escuchar aquí:

La canción también se puede visualizar animada en YouTube al final del texto.

La Presentación del blog provee información acerca del propósito de estas campanitas y la Organización del mismo muestra cómo las entradas se agrupan por categorías. Esta entrada pertenece a las categorías “Llamados a la conversión”, “Cuestiones de Fe , “Modernidades indeseadas” y “Campanitas vivenciales”.


Cuando el 2026 ha llegado jubiloso, escoltado por bellos e inteligentes fuegos artificiales en las grandes urbes del mundo, y cuando también ha llegado conflictivo, acompañado por otros fuegos genuinamente disparatados — ciertamente no acordes con el festejo de la Epifanía, en la visita de los Reyes Magos al Niño Jesús — escribo esta campanita, la 77 de mi cosecha inesperada, confiado en que pueda aportar algunos elementos útiles hacia la ansiada paz que todos inherentemente deseamos.

Esta reflexión se basa en un comentario de la letra de mi canción “Pureza y virtud”, la cual escribí originalmente hace un año pensando en que fuera una continuación madura de “Por amor, ay mi amor”, una tierna y sentida canción dedicada hace años a mis dos hijas, Cristina y Mariana, la cual se puede escuchar aquí. Una vez la letra nueva y su ritmo alegre de cha cha chá se asentaron en mí, noté claramente que, aunque la composición podría ser útil para las bellas destinatarias, ella era realmente más requerida por mí, para que mi amor hacia ellas fuera de veras fructífero, para que acaso fuera menos moralista y más coherente en su acción, de modo que, al aumentar mi propia pureza y virtud, pudiera intentar enseñar el amor desde el dificultoso arte del ejemplo.

Con el paso del tiempo y en especial ahora que el tema musical está siendo grabado, me he dado cuenta de que lo que escribí con un propósito puede también ser útil para sembrar amor y paz en estos tiempos modernos tan llenos de arbitrariedades y de  violencia. Así, aquí viene a continuación la letra de “Pureza y virtud”, la cual servirá de marco de referencia a este escrito.

PUREZA Y VIRTUD

¡La mejor forma!

Pureza y virtud:
ay, como Dios manda,
ya como Dios manda,
el amor sin mancha
bien dona su ser.

Pureza y virtud:
ay, como Dios, ¡anda!,
ya como Dios, ¡anda!,
su amor ay alcanza
fiel sana tu ser.

Ay, viene de antaño
al abrir la mujer,
desoyó la promesa
incitando a morder,
acudió aquel hombre,
aprobó quien esconde,
y perdieron poder.

Es asunto no extraño
fue fruto del afán,
abatida la empresa
al cruzar el umbral,
reveló falso informe
invitó al desorden,
no tuvieron ya imán.

Todo fue un engaño
no es historia irreal,
es cual vana pavesa
que se estima normal,
llegó ella conforme,
vino, ay Dios, él enorme,
pero fue funeral.

Crea polvo y gran daño
el pecado habitual,
la soberbia progresa
con su tinte mordaz,
al creerse deiforme
siendo empero deforme,
llega ausencia total.

Eso…

Shanti Setú…

Puente de Paz…

Ay, como Dios manda:
pureza y virtud,
su amor ay alcanza,
fiel sana tu ser.

Ay, renueva tu año
pa’ vivir y crecer,
ay, te digo progresa
es vital comprender,
que tu visión Él forme
y a tu ego transforme,
agua pura del ser.

Ay, como Dios manda:
pureza y virtud,
su amor ay alcanza,
fiel sana tu ser.

Ha de ser un peldaño
en perdón y deber,
ay, logra tu proeza
saneando el ayer,
sacia Él bien tu hambre,
colma, ay, con Su sangre,
y te admite a vencer.

Ay, como Dios manda:
pureza y virtud,
su amor ay alcanza,
fiel sana tu ser.

No lo estimes huraño
siempre regala más,
no lo pierdas, regresa,
es el verbo esencial,
deja todo rezongue,
ve para que te asombre,
santa es su verdad.

Ay, como Dios manda:
pureza y virtud,
su amor ay alcanza,
fiel sana tu ser.

Mejor arte y rebaño
sacramento oficial,
su martirio endereza
da todita heredad,
que ya seas uniforme,
hazlo todo en su nombre,
oh diseño cabal.

Mambo…

Shanti Setú…

Puente de Paz…

Pureza y virtud:
ay, como Dios manda,
ya como Dios manda,
el amor sin mancha
bien dona su ser.

Pureza y virtud:
ay, como Dios, ¡anda!,
ya como Dios, ¡anda!,
su amor ay alcanza
fiel sana tu ser.

¡Pureza y virtud!

(enero 2025)

Como se puede notar, la canción — excluyendo sus alegres y proactivos coros — consta de dos conjuntos de cuatro estrofas, cada una compuesta por siete líneas. A continuación, se analizan tales grupos  paso a paso …

… El primer grupo, desde su primera línea “Ay viene de antaño, al abrir la mujer” hasta la última que concluye con “llega ausencia total”, se refiere, seguramente de una manera inesperada, a la caída de Adán y Eva en el Paraíso, el bien conocido pecado original del cual provino nuestra muerte.

La mujer que desoyó la promesa — una oferta divina de felicidad — fue Eva, quien incitó a morder a aquel hombre, es decir a Adán, cual aprobado por quien se esconde en la mentira, o sea, el diablo, aquel en la forma de la serpiente en el Libro del Génesis. Ciertamente, argumento yo en la canción, el asunto no es extraño, pues esto sucede cotidianamente en nuestros días regidos por el afán — siempre el caprichoso AFÁNque da lugar a abatir la buena empresa, es decir, a desobedecer los mandatos de Dios cruzando el umbral, o la coloquial línea, la cual representa la bondad en Jesús mismo, cuya precisa notación de línea recta con ecuación X = Y está explicada en este blog, de la ciencia a la Fe, aquí, aquí y aquí. Claro, el diablo revela un falso informe, pues no hay verdad alguna en él, y esto da lugar al desorden en nuestros primeros padres, quienes se cubren con hojas de la higuera y ahora tienen una unión perecedera con Dios, es decir, pierden el imán poéticamente citado.

Sin duda, ellos fueron engañados, no fue una historia irreal pues él también nos engaña, y en su caso — y quizás en el nuestro, y seguro en el mío — el asunto muy seguramente les sucedió por haberse creído a salvo, por hallarse distraídos creyéndose falsamente “normales”, siendo en realidad, ante la omnipotencia divina, como una pavesa vana que, al final, se pierde desvaneciéndose. Tristemente, ella llegó al acto conforme, como segura de sí, y vino él, ay, Dios, enorme, acaso todavía más seguro de sí — como en un acto sexual a destiempo, eminentemente pasional e ilícito — y, ellos, achacando a otros sus culpas, así consumaron su gran pecado, dando lugar a su funeral. Según lo sabemos, el acto creó un gran daño y generó castigos: de exilio del paraíso para ellos; de polvo y espinas para él; de esa regla colorada repetida para ella; de esa dominación indeseada de él a ella; y de el vagar para siempre en el polvo del demonio, quien desde entonces está siendo pisoteado por la mujer, María, Madre de Jesús y Madre Nuestra. ¡Grande es el Señor!

Pienso yo que este pecado original bien podría llamarse también el pecado habitual, pues está claramente presente en nuestros días en los que progresa la soberbia con su tinte mordaz, en el que, hoy por hoy, algunos con poder, o súper poder, se creen ya dioses, como si tuviesen asegurada su nube en el cielo y como si no existiera el infierno; y entonces olvidando el edicto cristiano de amarnos los unos a los otros —hasta a nuestros enemigos — y de no responder el mal con mal sino con el bien, éstos más bien emplean su patente fiereza, bombardeando a algunos y persiguiendo y expulsando a otros, definiendo una deformidad real que hace que haya una ausencia total de Dios, una anarquía voraz definida por una apostasía evidente de mentiras, que, en mi entender, apunta al retorno de Cristo, tal y como se explica en este blog en diversas entradas relacionadas con una higuera de la ciencia que post-figura, creo yo, aquella en la Palabra: aquí, aquí, aquí y también en una tercera charla breve encontrada aquí.

Esto del AFÁN es algo muy común en nuestros tiempos modernos, en los que el Tic tac ya veloz del reloj se ha venido reemplazado por la inmediatez de un TikTok opresivo que solivianta la calma de una buena reflexión. Todo ha de decirse en pocos instantes so pena de no ser leído, pues la tal inteligencia artificial ya va reemplazando, con sus búsquedas instantáneas, la capacidad de razonar. Lamentablemente, las últimas generaciones — y también otras antiguas con poco temor a Dios — se han tornado decididamente impacientes: lo desean todo ya, como a veces yo; desean se cumpla su voluntad a la fuerza y de un tajo, como a veces yo; desean la plenitud del amor ya y a su manera, ay de mí; y en pocas palabras, desean (deseo) ser ya como los dioses, como les dijo la serpiente a Adán y Eva o Eva y Adán, para ser “correctos” en el uso moderno del género y los hechos.

Pero, claro, todo esto no está bien, pues es un engaño del descarado enemigo, el cual está reflejado en el “todo vale” de estos días duros e inciertos tan carentes de pureza y virtud, en los que ha surgido la creencia generalizada de la irrelevancia del pecado y la inexistencia del infierno, pues nuestras “equivocaciones”, aún aquellas citadas por San Pablo en su Carta a los Gálatas (Ga 5:19-21) se consideran validadas y aceptadas cuando muchos las cometen. ¿No se han dado cuenta que cada vez más se piensa que todos nuestros difuntos van automáticamente al cielo y que desde allí rezan por nosotros?

Estos tiempos desventurados andan al revés, digo yo, pues en la falsa lógica del mal se nos asegura que Dios, por su inmensa misericordia, lo perdona todo — así no nos arrepintamos — y que podemos seguir adelante sin esperar inteligentes consecuencias adversas a nuestras pérfidas acciones, siempre excusables por artificiales. En realidad, pienso yo, que nuestra conciencianos permite comprender la realidad en nuestro fuero interno, pues allí, si nos atrevemos, podemos entender que la gran mentira de estos días está en creer poderlo hacer todo alejados de Dios. Pero esto no es así, pues solo por Él, con Él, y en Él podemos experimentar la verdadera paz, tal y como se explica en la segunda charla breve antes citada, aquí.

Habiendo expuesto todo esto, debo decir que la temática general en estas observaciones también se encuentra ya en dos campanitas pasadas a las que invito al lector a considerar. Ellas se llaman “La modernidad imperanteaquí y ¡Cuán lejos de Santo! aquí

… Y bueno, una vez estudiada la primera mitad de la canción “Pureza y virtud”, y representando las palabras geométricamente en dos rosetones — uno interno acaso la pureza y una totalidad mostrada en la virtud, los cuales se encuentran admirablemente en la campana de Gauss — vayamos ahora a considerar los consejos en las cuatro estrofas de siete líneas que se entrelazan con un bello coro que repite “Ay, como Dios manda: pureza y virtud, su amor ay alcanza,  fiel sana tu ser”.

La primera estrofa, empezando con “Ay renueva tu año”, es genérica y habla de la necesidad de renovación para vivir y crecer, de la importancia del progreso basado en la comprensión coherente, de modo que nuestra visión sea como la de Cristo, para que Él transforme nuestro ego con su agua pura — es decir, mediante nuestra conversión — también ligada con San Juan Bautista, pasando del 6 al 9, de lo negativo a lo positivo, como se explica con un bello y dinámico canto aquí.

En la segunda estrofa, que empieza con “Ha de ser un peldaño”, se profundiza la idea un poco más, invitando paso a paso y poco a poco al perdón — es decir,  a pedir perdón  perdonar — para lograr la proeza real y liberadora de sanear el ayer. Pues así, y en concordancia con el Padre Nuestro, Jesús es quien sacia nuestras necesidades colmando con el poder infinito de Su sangre en la cruz, lo cual nos abre las puertas del cielo — es decir, admitiendo que podamos vencer.

La tercera estrofa, a partir de un “No lo estimes huraño”, sigue con las exhortaciones y lo hace argumentando que Dios siempre regala más, que es vital estar cerca de Él, regresar a Él si nos hemos alejado, pues Él es la esencia, el Verbo. Pues es mucho mejor dejar toda queja repetida, todo rezongue, para permitir que Él nos asombre exquisitamente, pues su verdad es, en verdad, santa y perfecta.

Y la cuarta estrofa, comenzando con “Mejor arte y rebaño”, concluye repasando que, en efecto, el arte mayor está en ser parte del rebaño — la Iglesia Católica, fundada por Jesús, lo entiendo yo — que dicha pertenencia es la mejor, pues allí se encuentra el gran Sacramento de nuestra salvación instituido por Jesús en su cuerpo y sangre, o sea en la sagrada Eucaristía. Y también allí está aquel Sacramento despreciado del “borrón y cuenta nueva”, el de la reconciliación, el mismo basado en el arrepentimiento que Adán y Eva incumplieron, es decir, en el también conocido como el Sacramento de la penitencia. Y también allí bellamente está, prefigurando, el Sacramento de la unión eterna con Jesús en el cielo, aquel basado aquí en la tierra en la pureza y la virtud: es decir, el del matrimonio entre un hombre y una mujer.

Pues, para enfatizarlo nuevamente en la letra, el martirio de Jesús en la cruz lo endereza todo, aún nuestro pecado habitual — en verdad, todo nuestro pecado — dándonos por su perdón y potestad, la herencia definitiva y divina en el cielo en el matrimonio definitivo con Él, pero solo si estamos convertidos o uniformes, cual explicado en la primera charla breve en la campanita anterior aquí, de modo que lo hagamos todo en el nombre de Jesús, quien es el diseño fiel y cabal para nuestra redención.

¿Por qué estos fehacientes consejos son realmente primero para mí? Pues por mi pecado. Por ejemplo, cuando el engaño de la impaciencia del AFÁN ha aflorado en mí con su ira, haciéndome reo ante el Sanedrín y reo de la gehenna de fuego (Mt 5:22), mis propios consejos para mis seres queridos se han convertido en palabras de hipocresía que han causado y contribuido a la desunión. Ay de mí, lo repito, ay de mí, pues yo mismo rezongo, rezongo-ro-cosongo sin su ley — para recordar una alegre canción que vino a mi mente — pues en tales instancias se nota la crudeza real de mi pecado, mi incapacidad de amar como Dios manda. Y claro, esto ha dejado huellas difíciles de sanar en los laberintos de los recuerdos y las emociones de quienes amo, de donde provienen indeseadas rebeldías, no solo contra mí, sino contra Dios mismo. ¡Ay de mí!

¡Cuánto me duele no ser fructífero siempre! ¡Cuánto me duele el mal que he causado! ¡Cuánto deseo ser ya un santito! Es por esto que esta canción “Pureza y Virtud”, cuyo video se puede observar al final, es eminentemente para mí, para que no me olvide de su claro mensaje …

… Desde que experimenté una vital conversión hace 36 años cual relatada aquí, he tenido la oportunidad de comprender que Dios no es para nada huraño, que no nos castiga como lo merecemos, que nos regala una y otra oportunidad, que nos asombra cotidianamente con sus detalles si lo permitimos, que Él está exquisitamente en control de los tiempos y que sí es cierto que podemos entregarnos a Él para vivir sin afán — así yo lo olvide — que su amor alcanza y nos sana, siempre y cuando regresemos a Él buscando vivir con su pureza y su virtud, como Dios manda. Es así como lo entiendo yo, recién confesado para concluir este escrito, y como lo deseo en este instante para mis seres queridos y para los que lleguen a leer esta confesión coherente con una canción de antaño llamada “Lo admito y lo confieso”, la cual se puede escuchar aquí.

Dándole gracias a Dios por este instante y por Su inspiración en la escritura de la canción, la cual es acorde con el Salmo 40 leído el pasado 18 de enero en la Santa Misa:

Esperé en el Señor con gran confianza,
Él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias.
Él me puso en la boca un canto nuevo,
un himno a nuestro Dios
(Sal 40: 2,4).

Y sabiendo muy bien que Él es el buen alfarero quien nos moldea a todos esmeradamente, ojalá al lector y al oyente les quede de aquí un buen mensaje. Ciertamente, la canción está bellamente interpretada por Justo Emilio Rueda, con él y con Idalia Martínez Espina y Lázaro Alemán López en los coros estupendos y pegajosos, y con el inspirado piano y arreglo final por Jean Carlos Monpié, bajo la dirección de Lázaro Alemán López.

Que el 2026 sea, al final, un gran año, lleno de pureza y virtud

Canción registrada ASCAP 934171096 copyright © 2026 by Carlos E. Puente

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