Resumen. Inspirada por la canción “Mi veneración” del cubano Miguel Matamoros y con un título alusivo al poema “Cultivo una rosa blanca” del también cubano José Martí, esta campanita incluye la canción “La Rosa blanca” dedicada a María, a Jesús, al Espíritu Santo y a Dios Padre, como una plegaria ferviente a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre (patrona de Cuba) para que lleguen la paz y la unidad al pueblo de Cuba — y, por extensión, a todo el mundo — en particular en este marzo del 2026 en el que depuro este escrito. La canción, bellamente arreglada por Jean Carlos Mompié bajo la dirección general de Lázaro Alemán, y con el canto sentido de Ludmila Orama Martínez (Luma) — todos cubanos — se puede escuchar aquí:
La canción también se puede escuchar y visualizar en un video de YouTube al final del texto.
La Presentación del blog provee información acerca del propósito de estas campanitas y la Organización del mismo muestra cómo las entradas se agrupan por categorías. Esta entrada pertenece a las categorías “Jesús el equilibrio, la hipotenusa y X = Y”, “María madre de Dios” y “Campanitas cubanas”.
Cuando la canción “La Rosa blanca”, cuya primera versión fue escrita en 2015, finalmente ya suena bellamente en este marzo del 2026 y cuando este feliz acontecimiento coincide con el ataque súbito de Estados Unidos e Israel a Irán durante la Cuaresma de este año, retoco algunos aspectos de este escrito para recalcar que tal composición representa una sentida plegaria a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, para que lleguen la paz y la unidad a todos los cubanos, también soñando que tal canción sea útil en todo el mundo.
Para darle un poco de contexto al suceso bélico y a la súplica cantada, pienso que es relevante recordar las lecturas bíblicas en la Iglesia Católica del 28 de febrero de 2026, el día en que empezó la última embestida en Oriente Próximo. Ellas fueron, tal y como las reportó la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y con retoques a color hechos por mí, como sigue.
Primera lectura, Deuteronomio 26, 16-19
En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: “El Señor, tu Dios, te manda hoy que cumplas estas leyes y decretos; guárdalos, por lo tanto, y ponlos en práctica con todo tu corazón y con toda tu alma.
Hoy has oído al Señor declarar que Él será tu Dios, pero sólo si tú caminas por sus sendas, guardas sus leyes, mandatos y decretos, y escuchas su voz.
Hoy el Señor te ha oído declarar que tú serás el pueblo de su propiedad, como Él te lo ha prometido, pero sólo si guardas sus mandamientos. Por eso Él te elevará en gloria, renombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho y tú serás un pueblo consagrado al Señor, tu Dios, como Él te lo ha prometido”.
Salmo Responsorial, Salmo 118, 1-2. 4-5. 7-8
R. (1b) Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Dichoso el hombre de conducta intachable,
que cumple la ley del Señor.
Dichoso el que es fiel a sus enseñanzas
y lo busca de todo corazón.
R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Tú, Señor, has dado tus preceptos
para que se observen exactamente.
Ojalá que mis pasos se encaminen
al cumplimiento de tus mandamientos.
R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Te alabaré con sincero corazón,
cuando haya aprendido tus justos mandamientos.
Quiero cumplir tu ley exactamente.
Tú, Señor, no me abandones.
R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Aclamación antes del Evangelio, 2 Corintios 6, 2
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Este es el tiempo favorable,
este es el día de la salvación.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio, Mateo 5, 43-48
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.
Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Sean, pues, perfectos como su Padre celestial es perfecto”.

Como se puede observar en estos cuatro segmentos de la Palabra de Dios, los poderosos atacantes no cumplieron con ninguna de las santas lecturas de aquel día, las cuales reflejan el amor de Dios Padre: uno pleno, fiel, imparcial, libre y perfecto para con todos — esbozado en el llamado a nuestra santidad en la personita arriba — para que, aprovechando un tiempo favorable, logremos la salvación por medio de Jesucristo, camino, verdad y vida. Lo ocurrido en aquel día infausto y en los días siguientes — al estar todo basado en el orgullo, el odio, la violencia y la venganza —no es acorde con las normas divinas, así quienes bombardearon con la rimbombante fiereza épica esgriman la brutalidad del régimen enemigo, uno cuyas acciones han sido, haciéndole honor a la verdad, también deplorables.
Mientras que la primera lectura en el Deuteronomio nos recuerda la oración del Padre Nuestro en la recepción condicional del perdón divino — perdonando primero a quienes nos ofenden, claro ha de estar — tal lectura, el bello Salmo 118 siguiente y el Evangelio en sí, éste último conteniendo las palabras verdaderas de Jesús en el famoso Sermón del Monte, enfatizan la requerida entrega de corazón a la voluntad de Dios y la preeminencia del verdadero amor con todos, el cual provee la ansiada paz y la verdadera libertad, hoy y siempre.
Cuán triste es contemplar el desprecio, el miedo, la frialdad y el aislamiento creados en ésta y otras guerras — antiguas y recientes — que generan el horrible desasosiego de un “sálvense quien pueda” por medio de acciones claramente negativas, inmisericordes, turbulentas y caóticas. Pues la guerra diabólica nunca provee la solución, ni mucho menos el creer que existan seres humanos que sean más o menos que otros, pues, en realidad, todos tenemos una dignidad infinita al haber sido creados a imagen y semejanza de Dios — una honra que se torna de veras incalculable en virtud del sacrificio inefable de Jesús en su siempre positiva cruz, así tal dignidad de llegar a ser hijos de Dios sea condicional a que cumplamos los mandatos divinos, claro ha de estar otra vez …

… He aquí, para cambiar un poco el tema, una representación geométrica — casi infantil — de la terna María, Jesús y el Espíritu Santo, como si fuera un villancico navideño dibujado con elementos hallados en mis investigaciones científicas dentro de la campana de Gauss.
Allí mismo, en la colorida ilustración, se expresa — intento explicarlo yo — un verso misterioso de la canción “Testamento” escrita por mi trovador, el cantautor cubano Silvio Rodríguez, en la que él expresa enfáticamente, al final, como un grito cantando o un canto gritado, que le debe una canción a lo imposible: en su orden — dijo él — “a la mujer, a la estrella y al sueño que nos lanza”.
Pues, si acaso ésta no fuera la intención original del célebre autor, la asociación hace sentido, como sigue. Para empezar, María, es, en efecto, la mujer, aquella prefigurada en el Libro del Génesis pisoteando al maligno (Gn 3:15), aquella que, hoy por hoy, camina codo a codo con su clan — como lo repiten quienes le son fieles y reciben sus favores. En el retrato arriba, Ella corresponde a una delicada y firme roseta rosada de doce puntas, que refleja su corona en el cielo (Ap 12:1).
Siguiendo con la inusual representación, Jesús, el único, es la estrella, “el lucero radiante del alba” para ser exactos, tal y como Él mismo lo afirma al final del Libro del Apocalipsis (Ap 22:16), y Él, por su más famoso acto de amor, está simbolizado arriba por una graciosa y positiva cruz en la que dio su vida para salvarnos — con la cláusula condicional de aceptarlo a Él, claro está. Esa es una cruz verde–azul que en nada puede borrar su sufrimiento sangrado y real por nosotros (Rom 5:10), pues Él experimenta ese mismo dolor hoy día, en particular, en medio de los antes mencionados odios de guerras y rumores de guerras y las comunes carencias de misericordia y perdón que nos acompañan.
Y bueno, para terminar con la rara ilustración, quien nos lanza a los sueños “imposibles” — buenos sueños reales de paz y amor — es el Espíritu Santo, el Señor y dador de vida (Jn 6:63), quien dota la consciencia de quien ama y regala la inspiración fundamental para soñar el cielo. Este es el mismo tercer miembro de la Santísima Trinidad de los profetas que está representado arriba por una rosetón con nueve puntas, naranja y azules, el cual nos recuerda las nueve componentes del fruto real e incomparable del Espíritu, es decir, “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí” (Ga 5:22—23), todos elementos deseables para llegar a la pequeñez fundamental de la santidad, especialmente en estos tiempos modernos:

“La Rosa blanca”, a continuación, es una canción dedicada a la terna dibujada — y a Dios Padre, claro — una que aboga por la mediación de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, por la gracia de la paz y la unidad en la isla y en el mundo entero. Tal y como se nombró en la introducción, la estructura musical de la composición fue inspirada por “Mi veneración” del también trovador cubano Miguel Matamoros, aquella canción escrita en 1929 y que seguramente bailaron al son del famoso Trío Matamoros los padres y abuelos de diversos amigos y enemigos de estos escritos — ¡en serio! — la cual contiene el ruego perenne de un milagro de amor que sane el dolor — como en mi canción — y un coro sentimental e inolvidable que reza: “Y si vas al Cobre, quiero que me traigas una Virgencita de la Caridad”.
El título de la obra evoca también el famoso verso del “apóstol” cubano José Martí, quien bien regaló y regala — en medio de la entrañable canción “Guantanemera” —aquellas rosa blancas impolutas por todos lados: a diestra y siniestra, a amigos y enemigos, lo cual claramente muestra la única solución en la revolucionaria plenitud del amor. Como se verá, la temática de la plegaria se centra en diversos aspectos de la vida de María Santísima de donde provienen enseñanzas — casi infantiles — de amor y reconciliación. Estas exhortaciones también aparecen en otra tonada que llegó a mí llamada “Lecciones a lo Matamoros” encontrada aquí, que, al haber sido escrita modificando las letras de tonadas memorables, no podrá sonar así sin el debido permiso. Pero bueno, ahora que lo pienso — y lloviendo un poco sobre mojado — acaso sí se podrá hacer pronto satisfaciendo un buen sueño sin permiso, usando las manos para enarbolar guitarras y maracas, arando el porvenir con los viejos bueyes Siro, Cueto y Miguel.
Entonces mi querido lector, ¿dime lo que piensas tú — de todo esto — para citar una fábula enigmática del mismo trovador de la lluvia sobre lo mojado ya citado? De mi parte, y en el mismo espíritu insistente de la reiteración colosal que siempre borda, la significativa canción “X = Y” que resume la solución en la cruz equiparada a Su silueta — una tonada de la ciencia que exhorta a vivir el amor pleno, incluyendo allí al enemigo, ahora en verde — suena ya bien cantada, y no por mí, como se puede escuchar aquí.
Y las reincidentes escaramuzas, cargadas de egoísmos y odios acumulados, y argüidas en el Oriente Próximo bajo el pretexto del PAN — es decir, las “presuntas armas nucleares”, redefinidas en el paso del tiempo trocando la letra K por la N al final de la IRA —, una ira que pueblos bendecidos y llamados a compartir el pan no deberían albergar, en nada alteran el hecho fundamental de que, con bloqueo o sin él, “Sí hay humanidad”. Así lo afirma una canción que suena ya bien cantada y no por mí, la cual mantiene la vigencia de la misma solución, recordando además que los malvados ya pagarán por sus obras, como se puede escuchar aquí dedicada al gran Silvio Rodríguez, quien, con toda justicia, debería recibir el Premio Nobel de Literatura, tal y como sucedió con el estadounidense Bob Dylan.
Finalmente, aquí están la letra de “La Rosa blanca” y su video, un son montuno urgente — pienso yo — como otro anterior del mismo género y también urgente llamado “Por la bandera” y rimando con Guantanamera, que se encuentra en estas campanitas de fe aquí. Por encima de la angustia de advertencias burdas y mafiosas de una intervención inminente, a mí me gustó mucho cómo quedó la plegaria a Ella por Cuba y el mundo: por su mensaje ojalá esperanzador y útil, por el estupendo y alegre arreglo musical de Jean Carlos Mompié y por la bella voz de Ludmila Orama Martínez (Luma), quien cantó la tonada con notable sentimiento y cubanía. Debo decir, que desde que supe cómo sonaría la canción — y no como “Mi veneración” al no tenerse el permiso — su coro y sus estrofas finales las he tenido pegadas. ¡Ojalá así suceda con muchos!
¡Que la caridad de la Virgen y su Hijo sane nuestros corazones! ¡Que ya triunfen la paz y el amor en Cuba y en el mundo! ¡Que viva la Virgen de la Caridad del Cobre! ¡Ojalá, ya llegue el anhelado día feliz y los santitos podamos comernos un gran helado, alabándolo a Él: el reparador de sueños!
LA ROSA BLANCA
¡Para todos los cubanos!
¡De igual a igual!
¡Aquí y allá!
¡Ayúdanos bendita!
Oh mujer iluminada,
verso puro y decisión,
oh María enamorada,
oh Madre casta en sumisión,
acogiste bien al Ángel,
Él notó tu perfección:
dijiste sí al instante
oh tú bella Rosa
amor en acción.
Virgen arca de la alianza
oh María revelación,
eres fuente de esperanza
oh Cachita, mi ilusión,
por el Espíritu Santo
te convertiste en canción:
te cubrió con todo mando
y vino el encanto
tu Hijo, que es Dios.
María dijo amén
gestó ay caridad,
vela hoy también
santa de verdad.
Jesús es quien es
bandera real,
por aquí y allá
ay toda bondad.
Shanti Seú…
Para sanar el mundo…
Puente de Paz…
Con el amor profundo…
Oh Reina inmaculada
siempre burlaste al burlón,
oh mi Lupita exiliada
no ganó una el dragón,
quédate Santa cercana
imploramos protección:
visítanos, ay, bendita,
tus hijos en Cristo
sueñan bendición.
María dijo amén
gestó ay caridad,
vela hoy también
santa de verdad.
Jesús es quien es
bandera real,
por aquí y allá
ay toda bondad.
Solo un camino…
La paz del amor…
Di amén amigo…
Reconciliación…
Oh mujer sacrificada
tu Rosario es comisión,
oh tú, cristiana sangrada
oh tu mensaje es conversión,
guíanos, Reina del Cielo,
Virgen de la Caridad:
pídele hoy a tu Hijo,
como agua a vino,
que sane tu clan.
María dijo amén
gestó ay caridad,
vela hoy también
santa de verdad.
Jesús es quien es
bandera real,
por aquí y allá
ay toda bondad.
Milagro de amor
grande es la mujer,
pisotea el mal
pierde lucifer.
Regalo veraz
oye para ti,
ay la Rosa Blanca
la del buen Martí.
Espíritu fiel
a Ella ungió,
y por caridad
su Hijo venció.
Espíritu fiel
a Ella ungió,
y Él con caridad
a su pueblo unió.
¡Di amén, te digo!
¡Que viva Cuba y el mundo!
¡Que viva la Virgen de la Caridad!
¡La del Cobre es!
(abril 2015/enero 2026/marzo 2026)
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La canción se puede escuchar y visualizar aquí.
Canción registrada ASCAP 935088907 copyright © 2026 by Carlos E. Puente
Otra canción que alaba a la Virgen María se puede visualizar a continuación, una ranchera para Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México y de toda América (o sea, de Estados Unidos y Cuba), la cual fue interpretada en vivo por Fabiola Jaramilo durante la celebración de Las Mañanitas del 2021 en la Basílica de Santa María de Guadalupe en Ciudad de México. La letra de la canción y un poco acerca de su historia se encuentran aquí y aquí.
Canción registrada ASCAP 914294816 copyright © 2021 by Carlos E. Puente