Cuando volví a Cuba/When I came back to Cuba ♫

A translation of the entry into English is here.

Resumen. Esta campanita relata la historia de mi segundo viaje a Cuba, una vez regresé a la isla para compartir una charla en una conferencia acerca de las implicaciones de la teoría de la complejidad. Aquí se cuenta cómo conocí al extraordinario pianista y músico José María Vitier y al gran científico José de la Luz Montero. La canción “Por la bandera”, que aboga por la unidad de los cubanos y, por ende, de todos nosotros, se puede escuchar aquí bellamente arreglada por Lázaro Alemán e interpretada por Justo Emilio Rueda:

La canción también se puede escuchar y visualizar en un video con enlace a YouTube al final del texto.

La Presentación del blog provee información acerca del propósito de estas campanitas y la Organización del mismo muestra cómo las entradas se agrupan por categorías. Esta entrada pertenece a las categorías “Jesús el equilibrio, la hipotenusa y X = Y”, Llamados a la conversión” y “Campanitas cubanas”.


Pasaron los años, desde que en 1995 fui a La Habana por un día durante mi luna de miel en Cancún, cual relatado en La primera campanita, y el mundo cambió decididamente en el 2001 con la caída de las Torres Gemelas en Nueva York. Para entonces yo intentaba dar conferencias “de la ciencia a la paz” en Colombia, pero una vez sucedió el infame 11 de septiembre comprendí que debía compartir en donde pudiera y en dos idiomas.

Para esa época me enteré que se celebraría en La Habana, en enero del 2002, un congreso acerca de las implicaciones de la teoría de la complejidad y, claro, sometí una ponencia pensando además que podría departir nuevamente con Silvio Rodríguez. A él le había enviado, no con poca dificultad, una copia de mi libro La Higuera & La Campana, terminado mas no editado, y no sabía si la había recibido.

Al día siguiente de volver a Cuba, Machi, el mismo guía de mi primer viaje seis años atrás, me recogió para llevarme a varios lugares. Primero y muy temprano fuimos a los Estudios Ojalá, en donde desafortunadamente no se encontraba Silvio, pues estaba visitando algún lugar de la isla. Allí me mostraron en un cuartito el manuscrito que le había enviado y sus secretarias se alegraron al conocer quién era el que escribía con insistencia intentando comunicarse con el cantautor. Me dijeron que me avisarían si era posible un encuentro, pero éste al final no se dio pues él no regresó a tiempo.

Luego de los estudios del si Dios quiere, salimos hacia el centro de la ciudad y con dirección al Ministerio de Cultura a intentar conseguir los números telefónicos de algunos músicos con quienes pensaba que podría colaborar. Una señora sentada en un escritorio pequeñito, localizado cerca de la puerta principal, me dio con toda naturalidad la información requerida. Ella sacó de un cajón lateral una libretita empleada muchísimas veces y buscando allí, sin parafernalia oficial alguna, me leyó los números, escritos a mano, que le pedía. Salí asombrado y feliz hacia mi hotel para intentar comunicaciones antes que comenzara la conferencia.

Los números que me dieron o estaban fuera de servicio o no los contestaba nadie excepto uno, el del gran pianista y compositor José María Vitier. Marqué su teléfono y seguidamente entablé una amena conversación con una dama con quien hablamos de música y a la que le confesé que La llama de amor viva un famoso poema de San Juan de la Cruz arreglado por José María, era para mí una de las más bellas canciones que había escuchado jamás. Ella se agradó ante el hecho que yo, siendo extranjero, apreciara la bella música del artista y hacia el final intuí quién era. ¿Eres Silvia?, le pregunté y ella asintió. Era la esposa de José María a quien él comúnmente le ha dedicado su trabajo empleando sentidas expresiones de amor.

Después que ella hablara con su marido y contrario al vaticinio lógico de mi hermano Germán Vives, quien pensó que dicho encuentro no sucedería, fijamos una cita. Vinieron a mi hotel un sábado y hablamos sin parar por cinco horas. ¡Fue algo realmente hermoso! Nos contamos las vidas compartiendo nuestra fe común y supe, por ejemplo, que la bellísima Misa Cubana a la Virgen de la Caridad del Cobre, cuyos apartes fueron oídos en La Habana por el Papa Juan Pablo II en 1998, fue el pago a La Rosa por la sanación de su hijo José Adrián, luego de haber sido encomendado a Ella como último recurso, cuando de niño estaba desahuciado. José María, al piano, compuso la música universal y finamente cubana de la bella Misa incluyendo secciones en latín, y Silvia escribió bellas letras en español, las cuales fueron interpretadas por Silvio Rodríguez y Amaury Pérez.

Nos hicimos buenos amigos y así nos hemos mantenido hasta la fecha. A mis amigos de entonces, pendientes de lo que pudiera suceder en mi regreso a Cuba, les reporté: ¡bueno, no pude ver a Silvio, pero conocí a Silvia! Y es que el apellido de ella es también Rodríguez

…La conferencia fue muy exitosa y en mi ponencia expliqué por qué la hipotenusa es el camino de la paz, tal y como se puede entender aquí, aquí y también aquí. Allí, en el llano del famoso son, es decir en La Habana sutilmente mencionada en el Son de la Loma, y levantando de un escritorio un pesadísimo micrófono, canté a capela una de mis canciones, que curiosamente apareció en las memorias del evento como si la hubiera escrito Silvio Rodríguez — ¡honor para mí!

Debo agregar que además de los Vitier conocí también durante ese viaje al gran científico cubano José de la Luz Montero, quien, aunque educado en la química, sabe más física y matemáticas que muchas personas. Él colaboró por años con otro destacado, Jesús Novoa, y, en contra de todo pronóstico, llegaron a avanzar muchísimo, con un tesón admirable por encima de las limitaciones en la isla.

Cuando nos conocimos, pocos minutos después de mi ponencia, él me preguntó, seguramente para ponerme a prueba, para ti, ¿cuál es el número más importante de todos?”, y yo le dije que el cero, explicando que eso era así pues cualquiera de nosotros elevados a dicha potencia lográbamos la unidad. Desde entonces y a pesar de las aguas y sistemas que dificultan comunicaciones, hemos sido amigos cercanos. Él fue quien tomó la fotografía mostrada arriba con el Maestro Vitier en una visita posterior a otra conferencia sobre la complejidad un par de años después, ocasión en la que también tuve la alegría que él me presentara al gran músico Lázaro Alemán, quien hoy por hoy es el director de mi proyecto Shanti Setú/Puente de Paz

…Volviendo a José María y Silvia, una de las canciones que les di gozoso en nuestro largo y fraternal encuentro fue una titulada Por la Bandera, la cual fue inspirada por la famosa historia del entonces niño Elián González, quien en el año 1999 sobrevivió lo que su madre no: el venirse de Cuba a Estados Unidos por alta mar en una balsa. Como es bien sabido, la llegada del balserito suscitó una batalla campal entre cubanos de aquí y de allá, lo cual fue un espectáculo bochornoso que duró varios meses de odios. Las arengas se repitieron empleando improperios aireados variados—hasta con Rosarios en mano—y la historia terminó violentamente con la entrega del niño a su papá quien lo regresó a Cuba. Fueron esos tiempos turbulentos que causaron muchas heridas y por ese incidente aumentó la desunión.

Meditando en lo que sucedía, un buen día me apropié de la canción cubana más famosa de todas, la Guantanamera y con el debido respeto a todo un pueblo cuya música he admirado y gozado desde niño — seguro desde el vientre de mi madre — me valí de una versión alegre de la famosa banda Irakere y le modifiqué el coro y las coplas martianas para convertirla en un llamado hacia la unidad y la paz de los cubanos y, por ende, en un modelo para todos nosotros.

Sabiendo bien que es cierto que debemos levantar el recinto del pan y la verdad, empleé en el coro una alusión al bello himno “Vamos a andar” de Silvio Rodríguez y le pedí a mi hermano Fernando Duarte, duartecito, quien hizo las bellas carátulas de mis libros y dibujos variados que adornan mis libros y este blog, que hiciera un ícono alusivo a la bandera uniendo las dos costas.

La versión original de la canción se la regalé a diversos artistas cubanos en el transcurso de los años. Se la di, por ejemplo, a Pablo Milanés al final de un concierto en San Francisco, diciéndole que era el sueño de un colombiano para los cubanos. También se la regalé personalmente a Silvio Rodríguez cuando coincidimos un par de años después de este viaje, y a Chucho Valdés, Eliades Ochoa, Giraldo Piloto, Maraca Valle y Juan de Marcos González, entre otros que han venido a dar conciertos aquí en la Universidad de California, Davis o en el área de San Francisco.

El Maestro Vitier me dijo inmediatamente que tuviera cuidado con lo que hiciera empleando la famosa melodía, enfatizando con la debida seriedad: no te metas con la Guantanamera”. Yo le decía que acaso alguien pudiera arreglar mi versión de modo que no sonara igual, pero él persistió en su advertencia.

A continuación, se encuentra la letra final, pulida con el tiempo y ya no Guantanamera, pero arreglada por Lázaro Alemán para crear otra canción eminentemente cubana, con ritmo de son montuno. Esta alegre y vital versión fue interpretada bellamente por Justo Emilio Rueda (con sombrero), quien le agregó una cubanía peculiarrrrr que la engalana.

Los versos originales llegaron a mí 22 años atrás, y ¡vaya si ha valido la pena esperar, como lo van a comprobar al escucharla! Ojalá esta canción sirva para fomentar la paz por aquí y por allá, o sea para que entre todos regalemos rosas blancas para sanar el mundo.

¡Dios lo quiso y ya suena Shanti Setú/Puente de Paz! ¡Qué buena canción es la primera para bailar! ¡Dios es muy grande!, exclamaría mi abuelita Fanny.

¡Mambéalo! ¡A gozar!

POR LA BANDERA

“Cultivo una rosa blanca”
José Martí, 1891

Llámalo…

Es mi bandera, tu bandera, nuestra bandera…

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

El enigma sí se arregla
cuando todos comprendamos,
el enigma sí se arregla
cuando todos comprendamos,
que debemos perdonarnos:
por Rosa somos hermanos.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

El asunto no es culpar
al otro por el problema,
el asunto no es culpar
al otro por el problema,
hoy debemos ya acabar
con el rencor y la queja.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya sin pena.

El dilema no es externo
ni viene a ser un sistema,
el reto es volverse ejemplo
trocando en amor la pena.

Por la bandera
unida, adentro y afuera,
con la bandera
vamos a andar ya de veras.

Llámalo…

Los de aquí, los de allá, somos una misma cosa…

Unidos como hermanos…

Shanti Setú para soñar, Puente de Paz…

Unidos por la bandera
salgo en humildad,
unidos dentro y afuera
llevo una Rosa blanca,
unidos por la bandera
y canto con claridad, claridad
unidos dentro y afuera.

Dentro y afuera
vamos de veras. (2)

Llevo idea franca,
con los de aquí y los de allá,
sembrando la balanza,
y creciendo la amistad,
sanando sin revancha,
sin dejar a nadie afuera,
sin egoísmo ni otra mancha,
perdona ya tú verás,
sigue, sigue la Rosa blanca,
rectificando verdad,
y por Martí y la unidad
con la bandera.

Puente de Paz…

(marzo 2000/noviembre 2017)

La canción se puede escuchar y visualizar aquí…

Canción registrada ASCAP 914294829 copyright © 2022 by Carlos E. Puente

Esta entrada fue publicada en Campanitas y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

1 Response to Cuando volví a Cuba/When I came back to Cuba ♫

  1. Avatar de jacqueline castell jacqueline castell dice:

    Te felicito es una linda composicion, la musica se adpta muy bien hay una gran armonia y ni decir de su profundo mensaje

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.